IX
Dionna
Abro un ojo. Luego el otro. Cometo el error de girarme. Lo primero que veo es a Clummy con un espejo flotante a su lado y una tabla encantada en una mano, como si fuese un enfermero Arcanista en una comedia de muy mal gusto.
—¿Qué parte de «dame cinco minutos más» no está en tu maldito protocolo? —le espeto.
—Todas las partes —responde, bajando la tabla encantada y activando un hechizo flotante que genera una réplica semitransparente de mi cuerpo sobre la cama.
Les encanta crear dobles en donde puedas verte hasta los pelos de la nariz.
¡Ay, mi madre! ¡Cuánta celulitis tengo!—. Procedo a revisar tus constantes.
—No. Procede a desaparecer.
—Demasiado tarde. El protocolo de preparación previa para la Primera Gran Prueba ya está activo —dice mientras una esfera azul escanea mi réplica holográfica desde los pies hasta la coronilla—.
En cuanto termines tu desayuno, comenzaremos el módulo de enfoque psicoestratégico, seguido por el módulo de predicción de amenazas. Y sí: ambos son obligatorios.
—Clummy —gruño, enterrando la cara en la almohada—. Te lo voy a decir una sola vez. No me interesa ningún módulo, ni predicciones, ni escaneos, ni tu madre en bicicleta. Solo quiero café. Y pan. Y que nadie me hable durante veinte minutos. Si sobrevivo a eso, consideraremos una conversación.
—No tengo madre y si la tuviese, no usaría bicicleta como transporte —dice él, con esa neutralidad de funeral que lo caracteriza—. Prepararé el desayuno. Pero antes…
—¿Qué parte de «que nadie me hable» no quedó clara? —grito exageradamente, como siempre.
—...antes —insiste, ignorando toda dignidad humana—, debo entregarte tu Informe de Estado Operativo Personalizado. Es un protocolo especial para Aspirantes con historial emocional inestable en vísperas de la prueba de Fuerza.
¿¡Historial emocional inestable!? Debe de ser una puta broma.
Me siento... ni sé cómo me siento: mal, despeinada, irritada y con el corsé aún a medio quitar desde anoche.
Ninguna teta se me ha escapado. Todo un logro.
Necesito verle al lado positivo a algo ya o creo que me voy a morir antes de pisar la Arena.
Recojo el poco orgullo que me queda y pregunto:
—¿Me estás diciendo que alguien ha programado un puto protocolo para algo llamado «historial emocional inestable»?
—Correcto. Y has sido clasificada como nivel 2 en la Escala de Imprevisibilidad Afectiva, por lo que estás dentro de los márgenes aceptables, pero cerca de la zona roja. Nivel 3 implica explosiones involuntarias de ira. Nivel 4, colapsos nerviosos. Nivel 5, destrucción masiva con o sin intención.
Le lanzo un cojín. Lo esquiva sin ningún problema.
—¡Clummy, basta ya, por favor! Te juro por la Fundadora que no voy a soportar una palabra más sobre mi estabilidad emocional sin ponerme a llorar.
—Es por tu bien. Como veo que esto te ha afectado, comenzaré ya con el módulo.
Lo primero será tu estado físico —dice, proyectando de nuevo la silueta de mí misma en el aire, resaltando partes del cuerpo en colores alarmantes—.
Resumen: Tono muscular bastante aceptable.
Tanto por cien de grasa un poco alto para tu altura estéticamente, pero funcional.
Resistencia cardiovascular moderada/baja.
Tensión acumulada en cuello, hombros, mandíbula y, curiosamente, en los dedos del pie izquierdo.
—Debe ser mi pie emocionalmente más afectado —digo mientras me enrosco en la manta como un capullo.
—Probabilidad de calambres durante la prueba: 23%. Probabilidad de lesionarte haciendo algo estúpido por impulso: 78%.
—¿Puedes bajarle a ese número? Me está dando ansiedad. —Bajo un poco la manta para mirarlo.
—¿Quieres que te mienta?
—Quiero que me traigas café.
—En camino. Mientras tanto, tu perfil psicológico —dice mientras aparece otro gráfico, esta vez con figuras triangulares, una calavera animada y lo que parece un gato llorando.
Un puto gato llorando, no me lo puedo creer—.
Tendencia a la autocrítica destructiva, humor defensivo, y ansiedad camuflada bajo sarcasmo hostil.
Alto nivel de resiliencia, pero frágil al contacto emocional verbal y no verbal.
Miedo al fracaso, al abandono y a las pelucas flotantes —dice eso último sin inmutarse.
—¡Eso fue una vez! ¡Y era un maldito bardo borracho en una fiesta de mi prima!
—El subconsciente no diferencia contexto. Lo he anotado.
—¿Lo anotaste? ¡¿Dónde?!
—En tu informe interno de compatibilidad —dice, y lo peor es que parece real. Saca una lista flotante—. Personas con las que deberías mantener interacción hoy:
Cristalith Garethil. Nivel de compatibilidad: 8.4. Inteligente, sensata, no te deja hacer tonterías. Probabilidad de supervivencia conjunta: 77%. Probabilidad de conflicto por sarcasmo cruzado: moderada.
Sándor Dobren. Nivel de compatibilidad: 7.2. Fuerte, leal. Probabilidad de supervivencia conjunta: entre un 50% y un 80% Probabilidad de distracción mutua en momentos críticos: alta.
Odrien Veldrán. Nivel de compatibilidad: 6.9. Discreto, eficiente, emocionalmente disponible si se le insiste. Probabilidad de supervivencia conjunta: 42%. Probabilidad de conversación incómoda durante una emboscada: media.
Ernys Branal. Nivel de compatibilidad: 7.2. Apuesta emocional, pero no estratégica. Fiable en ambientes adversos, aunque tiende a la evasión introspectiva. Probabilidad de supervivencia conjunta: 60%. Compatible con tus sarcasmos.
Devrian Valendris. Nivel de compatibilidad: ∞. Nivel de peligro: ∞. Comentario de sistema: Cuidado. Te va a liar, y lo sabes.
—¡¿Pusiste infinito?! ¡Eso ni siquiera es una nota válida!
—Es una alerta emocional reforzada por tus signos vitales durante el último baile. Tus pupilas se dilataron un 11%. Tu frecuencia cardiaca aumentó 23 latidos por minuto y se te erizó la nuca cuando te tocó la muñeca. Los datos no mienten.
—¡Tú analizas lo que quieres ver, eso es lo que haces! ¡Mientes! —Pero ya estoy roja como un tomate, y no puedo evitarlo.
—En mi naturaleza está el siempre decir la verdad a menos que me pidas que te mienta. En cuyo caso, agregaría una nota de advertencia —responde Clummy, imperturbable.
—Vale, ahora sí. Cinco minutos más. Solo cinco, por favor te lo pido.
—Mientras tanto, te dejaré el café en la bandeja junto a tu cama y activaré la secuencia musical de motivación suave: categoría «guerrera melancólica con traumas y sentido del humor».
—Perfecto —digo desde debajo de la manta—. Si suena una flauta, te quemo.
—Confirmado. Sin flautas. Solo cuerdas graves y percusión suave con tintes épicos. Imagínate blandiendo tu daga y no gritándole a piedras.
Le lanzo otro cojín, sin éxito de nuevo. Mientras suena la música y el aroma del café se mezcla con mi agotamiento, me quedo en silencio. Clummy se sienta en una esquina de la habitación y no dice nada más.
Por fin. Cinco minutos para ser humana.
Pienso saborear este desayuno como si fuese el último: a una de morir, morir llena.
◆◆◆
Nos hacen formar en línea y mi estómago no para de quejarse, el café me sentó más amargo que la noche anterior. Clummy me dio un tónico que me quitó la resaca de encima, pero no la sensación de haberlo vivido todo. Nadie habla, lo cual es preocupante. Solo caminamos hacia nuestro destino.
La Arena de Espejismos ya no es la misma.
Donde antes había mármol pulido y simetría ceremonial, ahora solo hay ruina.
Pilares rotos emergen del suelo, algunas plataformas flotan a distintas alturas, como restos de un templo olvidado.
Los fragmentos a diferentes alturas hacen que parezca un volcán.
Una plataforma con un templo, cuyas puertas dan al otro lado de la Arena me hace pensar que esa es la meta final.
Algunos de los fragmentos que dan a las puertas arden.
El calor lo impregna todo, sube desde el centro de la tierra como si la Fundadora nos recordase que sigue viva y puede devorarnos si se lo permitimos.
Me quito la capa ceremonial sin que nadie me lo ordene. El sudor ya me recorre la espalda. No estamos aquí para desfilar como hicimos hace unos días: estamos aquí para no morir. Ciento treinta. Esa es la cifra que suena por boca de uno de los Arcanistas, con una voz amplificada por magia.
—Ciento treinta Aspirantes se presentan hoy para la primera prueba letal. Veinte han desertado tras el Baile de Acero. Abandonaron por voluntad propia. No serán juzgados —dice y hace una pausa, breve pero cargada de significado—, pero tampoco serán recordados.
No sé qué me remueve más, si la palabra «letal» dicha con tanta naturalidad, o esa condena final. «No serán recor-dados». Como si el olvido fuese la verdadera pena de muerte. Levanto la vista hacia los palcos superiores.
La familia real tiene un espacio especial solo para ellos, y detrás de ellos, proyectados en pantallas mágicas flotantes, están los rostros de quienes ya cayeron en el olvido antes de haber muerto.
Uno por uno son proyectados con una gran X roja tachando sus caras.
El mensaje es claro: nadie es indispensable y no todos llegaremos al siguiente baile; ya sea por decisión propia o porque la dama oscura nos lleve.
El suelo tiembla y no es una ilusión. Un estruendo sacude la estructura entera y del centro de la Arena emerge algo que parece un altar de piedra fundida, con runas brillando en rojo. Sobre él, un Arcanista de túnica carmesí nos mira como si ya supiera quién va a caer hoy.
—La Prueba no comenzará aún —anuncia—. Pero desde este momento, todos los hechizos de protección quedan desactivados. Las decisiones que tomen serán suyas. —Juro que me mira por un segundo—. El daño también.