Capítulo 44 #2
Sin despegar su boca de la mía, acelera su movimiento y me embiste con salvajismo.
Si sangro juro que voy a sonreír. Muerdo su hombro y aprieto la pelvis con fuerza tras el satisfactorio rebote rítmico de mi cuerpo con el suyo.
Escucho sus gemidos de éxtasis. Gimo para mis adentros y aprieto los labios.
Con una mano le araño la espalda mientras que con la otra me aferro a su cabello.
Hace que mi cuerpo salte suspendido en el aire.
La fuerza con la que me sujeta con seguridad y sin debilitarse es magnífica.
—¡Vas a… hacer que… te rompa! —advierte con un rugido bajo, sincronizado a sus embestidas profundas.
Mis colmillos se clavan en su cuello para no gritar cuando termina por impulsarse en mí, con unas últimas dos embestidas que me hacen liberar la tensión, alcanzando ese orgasmo del que me habló.
Poco después se detiene llenándome con su semilla.
Estamos unos segundos en silencio simultáneo a nuestros jadeos mientras permanecemos en esa posición con su miembro dentro de mí. Mi cabeza no funciona, en su rostro hay una sonrisa relajada que me contagia. Sin decir nada, nos reímos.
—Esto será un problema.
Abro la puerta liberando una bocanada de aire cautelosa. Está bien, Rhoan me dejó impecable antes de despedirnos y no es tan tarde, puedo decir que estaba hablando con él sin que suene sospechoso.
De inmediato me encuentro a Garran en la entrada de la cocina. Mi alegría y la adrenalina de minutos atrás se atenúa al recordar la historia que me contó Rhoan y el sufrimiento de mi padre. Qué desconsiderada fui. Vuelvo a la realidad y cierro la puerta.
—Hola, hija.
—Hola… —Lo abrazo con los ojos cerrados.
Todo estará bien . Agradezco haber descubierto la verdad a tiempo.
Si hubiese seguido por el camino que iba, Garran habría notado mis sentimientos por Rhoan y quién sabe cuál habría sido la consecuencia.
Solo hay que tener un poco de paciencia, Rhoan y yo seremos prudentes para así darle el tiempo que su corazón necesite.
Ahora que estamos juntos, aunque sea a escondidas, la carga es mil veces más llevadera. Podremos con esto.
Al separarme de él noto algo que me inquieta.
—¿Qué hiciste hoy? —Bebe del vaso que tiene en la mano. Me mira con una expresión inusual, más serio de lo habitual.
—Trabajé por la mañana pero ya habrás escuchado lo que ocurrió con Celyn. —Actúo con normalidad—. Macsen me mandó a casa temprano.
Está actuando raro. Su silencio es intenso y esa mirada con los ojos un poco entrecerrados me alertan.
—Hija, ¿hay algo que quieras decirme?
Me quedo helada. Me veo obligada a mantener mi mirada en la suya con los nervios a flor de piel.
—¿Como qué?
—No intentes negarlo. —Se cruza de brazos.
Busco algún modo de aguantar las ganas de desmayarme, ya sea mordiéndome el labio por dentro con fuerza o cualquier otra forma para mantenerme de pie con serenidad.
¿Me vieron entrando con Rhoan a su casa?
O tal vez, ¿ya se habla de cómo me subí a los tejados y lo relacionó con su llegada?
¿Cómo pude ser tan indiscreta? , lamento.
Al instante me arrepiento de mis acciones irracionales.
Acabo de prometer a Rhoan que fingiremos que no hay nada entre nosotros y en pocas horas la he liado.
¿Cómo se lo diré? Dios mío, ¿le he roto el corazón a Garran? No, por favor, no. ¡Emdor, ayúdame!
—Solo sucedió.
Gira el rostro unos centímetros.
—¿ Solo sucedió ? —repite insatisfecho.
Los ojos se me nublan.
—¡No podía hacer nada! ¡Mis instintos actuaron por sí solos! ¡Tú sabes que no se puede controlar! —intento explicar.
Pasa de estar muy serio a mostrar una sonrisa impregnada de emoción.
—¡Por supuesto que sería por instinto! ¡Eres una genio! —exclama atiborrado de alegría, dejándome descolocada—. ¡Hija, eres asombrosa! ¡Me llenas de orgullo!
Me estrecha en sus brazos con gran amor. Frunzo el ceño más confundida que un pez de río en el océano.
—¿Estás orgulloso? —parpadeo.
Me suelta y asiente con cariño.
—¿Quién no lo estaría, Lobelia? Todo el pueblo está hablando de cómo salvaste la vida de Celyn —indica—. ¿Puedes mostrarme tu nuevo elemento?
Coge mis manos y las junta entusiasmado.
Mis nervios pasan de mil a cero en un instante.
Cierto, mi poder , recuerdo. Pasaron tantas cosas que olvidé que ahora puedo manipular el metal.
Por fortuna no se trata de mi relación y casi meto la pata al confesar yo misma sin darme cuenta. No obstante, sigo confundida por algo.
—¿Cómo te enteraste? Fuimos muy discretos.
—Me lo contó Seren, y a ella se lo contó Calamir, que fue al consultorio por una medicina para su hija porque tiene fiebre —responde—. Idam hablaba de ello maravillado.
—A ese niño tendré que regañarle —gruño.
—No cambies de tema y muéstramelo.
Pienso un segundo. Bueno, al menos no sabe nada de lo de Rhoan, me consuelo dejando ir un suspiro.
Abro las manos y libero mi poder. Tras conocer la historia de Rhoan, me pregunto por qué no me he desmayado, a pesar de que mi cansancio no tiene límite.
Quizás porque él tenía catorce años cuando le sucedió.
Las hebras de metal se funden formando un tenedor.
Es lo primero que se me ocurre porque tengo hambre.
El rostro de Garran irradia asombro y maravilla.
—Es increíble —piensa en voz alta mientras coge el tenedor—. Mi hija es increíble.
Sonrío con timidez, conmovida por el orgullo que muestra. Dice mi hija una y otra vez, recordándoselo a sí mismo para aferrarse al hecho de que no está soñando, que de verdad estoy a su lado. Quizás no ahora, pero tengo fe de que pronto le corresponderé y podré llamarlo papá desde el corazón.