Capítulo 44
El cuerpo no me responde, sentados en la cama en un silencio sofocante de dolor.
Me es imposible frenar mis lágrimas. Me duele el corazón hasta el punto en que me cuesta respirar.
Él me observa en silencio mientras absorbe con amor cada gota que se me desborda.
No sé qué decir, no le llego ni a los talones a mi Adair, al hombre que me buscó casi una década, al que me llenó el camino de flores sin yo saberlo.
Uno que protegió no solo mi corazón sino el de mi pobre padre sin yo ser consciente del daño que le causaría.
—Lo siento —me dice, como si su relato no fuese suficiente—.
No creí que mi decisión te haría tanto daño.
Pensé que como tu despertar había sido tardío también lo serían tus instintos hacia tu aetheris.
Sabía que me querías pero subestimé la intensidad, por eso creí que tenía más tiempo y, aun así…
, te imploro que guardemos nuestro amor en secreto por ahora.
Sé que estás conociendo a tu padre y aún no lo ves como él quisiera, pero te pido tiempo para que él mismo entienda que no está solo.
Bajo la mirada sollozando y apretando las sábanas en mis manos.
No lo consideré cuando pensaba en querer estar con Rhoan y ahora me arrepiento.
Si me alejo, ciega por un amor incontrolable, no sé cuánto mal le causaré a Garran.
No pienso hacerle daño después de sus años en soledad cuando podría haberme criado con amor.
Yo podría haber sido su sol y él el mío.
Es como dice Rhoan, me duele admitir que todavía no veo a Garran del mismo modo en que veo a mis padres los duques, pero con el tiempo sucederá y me arrepentiré si tomo la decisión equivocada ahora.
Asiento, cojo sus manos y las beso en devoción.
—Estoy de acuerdo —apoyo mi frente en sus nudillos—, lo haremos como dices.
Lo oigo exhalar aliviado.
—Gracias —susurra entrecortado.
Continúo encogida y sin conseguir comprender cómo este hombre ha sido capaz de soportar cada día que pasó hasta hoy.
Estaba viviendo en un infierno y yo no hacía más que sentir resentimiento por evadirme.
Por supuesto, le era imposible rechazarme y su único escape era la omisión, sofocando su amor por mí, por su Xyla.
Algo me hacía sentir familiarizada con ella y Adair.
Cada vez que leía sobre ellos sentía que había olvidado algo y ahora sé por qué.
A Rhoan, nuestra unión trascendental lo tenía con un pie atado al fondo de un abismo que no soy capaz de imaginar.
Al conocer lo que hay de trasfondo en nuestras almas, muchas cosas tienen sentido.
Mi búsqueda constante, mi delirio cuando no lo volví a ver, mi necesidad de sentirlo siempre a mi lado y de tener contacto físico con él.
—¿Qué hago, Rhoan? —fragmento—. Llevo casi dos años sintiendo que la vida me pesa cuando no estás a mi lado.
Ahora que sé lo que somos y la longevidad de nuestra unión, me abruma el miedo a que lo de Celyn vuelva a suceder, pero que la próxima vez te toque a ti.
No sabes el terror que sentí, corrí por los tejados como una desquiciada, perdí el control, pude…
pude haberle hecho daño a alguien, si es que no lo hice y no me he enterado.
Se mantiene en silencio un momento y oigo su resoplo.
—Ven aquí.
Me estrecha con fuerza y nos acuesta, permitiéndome soltar el nudo en la garganta en sus brazos.
—Lobelia, mi muerte no será a manos de una bruja —susurra con cariño.
Mis labios se entreabren.
—¿Y cómo piensas morir?
Retrocede y me regala una sonrisa con su mirada relajada, colmada de un amor que por fin puede liberar.
—Dentro de trescientos años o más, después de haberme casado y tenido hijos, nietos y bisnietos, moriré feliz y satisfecho por la vida que tuve, dormido junto a mi amada.
El corazón me late con furor. Mis lágrimas se detienen y nos miramos en un silencio sanador en el que nacen sueños y anhelos del futuro.
—Eso suena como una buena muerte —expreso en un intento de sonrisa.
—¿No tienes curiosidad por quién podría ser mi amada? —pregunta bromista.
Hincho mis labios, él aprovecha de secar mis lágrimas.
—Supongo que la mujer que pretendías engañar para que se casara contigo —recalco de la historia que me contó. No pienso olvidar esa parte.
Deja ir una risita.
—Recuerdo que era mi aetheris, ¿no es así? Y tampoco se veía reacia a ello.
Me quedo mirándolo hasta que escondo el rostro en su pecho con timidez. Mi reacción le hace reír y al cabo de unos segundos vuelve a hablar.
—Sabes, hay un momento en común, en nuestras cientos de vidas, que me habría gustado recordar.
—¿Cuál?
Deja ir un suspiro.
—El momento en que te vi por primera vez en cada una de ellas, durante los millones de años que he tenido la bendición de estar a tu lado. Haría cualquier cosa por poder recordar todas las primeras veces que te vi.
Sus dulces palabras se mezclan con caricias en mi piel, mi visión se vuelve borrosa. Hoy mis ojos no han tenido tregua. Lo beso con suavidad y acaricio su barba.
—No sabía que fueses capaz de decir encantos como ese —susurro—. Espero con ansias conocer este alter ego.
En sus labios aparece una sonrisa.
—Solo hablo con el corazón.
Desearía que el tiempo se detuviese en este instante.
—Tu corazón es precioso, más precioso que cualquier cosa en este mundo.
—¿Más precioso que Emdor? —Alza una ceja.
Frunzo los labios.
—¿Seré castigada por él si la respuesta no es de su agrado?
Suelta una carcajada.
—Sé que lo entenderá, nos conoce más que nosotros mismos.
La felicidad me mantiene en un permanente estado de plenitud, sin embargo la tensión liberada, el haber hecho el amor y mi llanto constante me tienen al borde del colapso. Sin querer, se me escapa un bostezo.
—Cierra los ojos un rato —sugiere al descubrirme—. Quiero disfrutar que por fin te tengo en mis brazos.
Sin respuesta verbal, asiento con un murmullo y cierro los ojos. Besa mi frente una y otra vez, despacio y colmado de felicidad.
—Te amo, mi Xyla —susurra casi imperceptible.
Despierto a su lado con mi pierna enredada con la suya. Es tan mágico que temo que sigo soñando, no obstante el dolor en el cuerpo me confirma que no. ¿Qué hora es? Abro los ojos en la oscuridad de la habitación. Giro el rostro y termino de despertar cuando veo el sol acostado entre las montañas.
—Rhoan —lo despierto agitada.
—¿Mm? —Me coge en sus brazos, sus caricias erizan mi piel.
—Me tengo que ir —susurro, algo tentada a quedarme. Si sigue toqueteándome así estoy dispuesta a correr el riesgo.
Con mis palabras abre los ojos, se da cuenta de la hora y tiene la misma reacción que yo.
—¡Oh, mierda! —suelta.
El agotamiento nos ha pasado factura y si no llego a casa pronto Garran se preocupará.
Aprisa nos limpia con su poder, me pongo el vestido y me ayuda a atar las cintas.
Busca ropa limpia para él. Cojo mis cosas en un santiamén y salimos con precaución.
Tras ver que no hay nadie, corremos las primeras calles alejándonos de su casa.
La adrenalina en las venas nos hace sonreírnos el uno al otro.
Una vez en zona segura, caminamos con tranquilidad y recuperamos el aliento para evitar sospechas.
Nuestro trote hace que lleguemos a la esquina de mi casa al poco tiempo. Nos detenemos uno frente al otro antes de estar a la vista de las ventanas donde Garran se podría asomar, controlando el júbilo por nuestro amor correspondido.
—¿Ahora qué vendrá? —le pregunto.
Se me queda mirando con cariño.
—Otro día, pero mil veces mejor.
En su rostro se dibuja una sonrisa que me contagia.
Miro a los lados y muevo los dedos creando un muro que se mezcla con los de las casas y, sin pensarlo demasiado, me acerco y lo beso de puntillas con una inocencia que dura poco, solo hasta el momento en que coge mi cintura y escucho su largo suspiro risueño.
Su lengua se curva en la mía un par de veces y mi vientre reacciona, siento el hervor regresando a mi entrepierna.
Me arrincona, peino su cabello, lo entrelazo a mis dedos y sonrío entre besos, sin un centímetro de distancia.
—Olvidé confesarte algo —susurro.
—¿El qué?
—Ese día que entraste en mi habitación me asusté porque me estaba tocando pensando en ti —suelto y se detiene—. Estaba a punto de llegar cuando tocaste la puerta.
Su respiración es tan ruidosa como la de un caballo.
—Por eso oí que me llamabas.
—Si me oíste esa vez, debo agregar que no ha sido la única. —Me muerdo el labio—. Lo he hecho casi todos los días desde esa mañana que me enseñaste lo que eran los aetheris.
Aleja el rostro y sus ojos grises se clavan en mí con ganas de convertirme de nuevo en su presa.
—¿Cuando te bañabas? —pregunta y asiento—. Esa vez casi me quemé con el sartén.
—Lo siento. —Alargo la sonrisa.
Un silencio cargado de tensión nos aborda hasta que me suspende en el aire y apoya mi espalda a la pared.
—Llegaré tarde —suelto en el jadeo y lo abrazo por los hombros.
—Entonces más vale que nos demos prisa. —Sube la falda de mi vestido—. Tendrás que pedirle a Medi ropa interior nueva.
La rompe en un parpadeo. Siento los latidos de mi corazón en todo el cuerpo.
Lo envuelvo con las piernas por la cintura.
El roce de su miembro hace que mi mente se ponga en blanco.
Lo incrusta sin dudar y chillo en voz baja.
Mueve sus caderas con movimientos fuertes y persistentes que hacen que mi espalda se presione contra la pared.
Nuestras lenguas se enredan en el aire espeso de nuestra excitación.
Se hinca fuerte. Suelto un gemido en voz alta sin querer y me calla con un beso.
Cojo su pelo y le muerdo los labios, lucho por no volver a gritar porque el placer que me recorre el cuerpo es abrumador.
—Más…