Capítulo 43 #2
Las brujas empezaron a volverse eufóricas, anunciaban entre gritos blasfemos la identidad de Lobelia con la intención de llamarla mentirosa, de que no pertenecía a los humanos, pero eso solo provocó que se mostrase el lamento en su familia al no poder protegerla.
Se podía ver que los Benmore mantenían su lealtad en el Gran Roble.
Y en el momento en que una de ellas se atrevió a probar su sangre, la furia me bañó entero.
—¡Su corazón nos dará mucho poder! —exclamó una de las mujeres.
De repente escuché su voz y me petrifiqué.
— Rhoan… —me llamaba. Ante el fin de su mundo, ella me estaba llamando. Mi mente estuvo en blanco un segundo hasta que algo me poseyó y me levanté.
—Nuevo plan, me llevo a Lobelia al pueblo y vosotros reventáis a esas dos —les anuncié a Aron y a Celyn, bramé bajo al final—. ¡Quiero que sufran!
—De acuerdo —aceptaron sin dudar ya que sabían cuál era mi prioridad.
Salí de entre los árboles y la primera en verme fue la duquesa con una confusión que no le cabía en el rostro.
—Si tocáis a esa mujer os mataré de la manera más dolorosa y cruel posible —anuncié mi presencia y señalé a la bruja de agua—. Tú ya no tienes opción, ya que te atreviste a probar su sangre.
Todo pasó en un parpadeo, con la escena transformándose en un mar de caos y fuego, gracias a que Celyn y Aron se encargaron de cumplir mi petición a la perfección.
Después tocó la despedida de su familia, dejando a mi equipo para llevármela al pueblo.
Se sentía como un sueño y no lograba asimilar que por fin sucedía.
Su vida cambiaría a partir de ahora. No obstante, por más que yo estuviera rebosante de felicidad, ella sollozaba sin parar en mis brazos.
Su sufrimiento por tener que separarse de su familia junto con el dolor físico seguro era demasiado.
No podía ni atreverme a imaginar por lo que estaba pasando.
Por fortuna, de algún modo conseguí calmarla hasta que llegamos a los límites. Apenas cruzamos al área respirable, me alivié de ver que se sentía mejor. Estaba tan desesperado por confirmarlo con mis propios ojos, que me quité mi anillo aprisa y se lo enseñé.
—¿Por qué no probamos si con esto te sientes aún mejor? —Le ofrecí—. Este anillo me ayuda a respirar fuera del bosque, además de tener muchas otras funciones mágicas, pero ahora que estamos dentro de los límites no lo necesito y te conectará con él. ¿Quieres intentarlo?
Lo observó con curiosidad, lo cogió en su debilidad y accedió. Las ansias me devoraban desde mis entrañas. Le di las indicaciones pero se detuvo.
—¿Estás seguro de que está bien?
¡Por Emdor!
—Solo hazlo.
Estaba a punto de gruñir.
Me miró dudosa un segundo más, hasta que decidió hacerme caso.
En el instante en que el anillo hizo contacto con su dedo, me entraron unas ganas viscerales de llorar de felicidad.
Todas mis penas se desvanecieron tras un soplido de su alma tocando la mía, y un cosquilleo recorrió mi cuerpo al mismo tiempo que las runas de unión brillaban en la madera. Me había quedado sin palabras.
—Tenías razón, el dolor ahora es mucho más soportable —expresó.
Mojé mis labios y, por fin, le regalé mi primera sonrisa en veintiún años. Débil, llorosa y colmada de un amor que no sabía controlar.
—Me alegra que funcione.
Sí, el dolor se había ido.
Al poco tiempo se quedó dormida, era imposible no mirarla cada dos segundos en el camino a casa. Tenía un milagro en mis brazos, uno que había anhelado desde mis catorce años, o mejor dicho, desde los cuatro.
Cuando me detuve frente a la entrada del pueblo llegó el momento de tomar una decisión muy importante.
La llevaré con Emdor , fue lo primero que pensé.
Cuando despertara, podía convencerla de hacer el ritual de matrimonio sin que ella supiera de qué se trataba.
No conocía nada de nuestra cultura, por lo tanto sería sencillo.
Puedo decirle que es para que se sienta mejor.
—¿Te molestarás conmigo cuando lo descubras, Lobelia? —le susurré.
Iba a casarse conmigo sin saberlo. ¿Funcionaría aunque ella no tuviese un anillo? Servían como canalizadores pero las runas podían aparecer en su piel.
La observé mientras dormía en mis brazos y, tras admirar la paz con la que llenaba sus pulmones aliviados, lo reconsideré.
Primero querrá conocerme. Por mucho que estuviéramos destinados a unirnos, debía darle espacio, al menos por un tiempo.
Eso me llevaba a la segunda opción: llevarla a mi casa sin que nadie lo supiera.
Si le pedía que se quedara para recuperarse, iba a parecerle normal, ¿no?
Podía pedirles a Celyn y a Aron que mantuvieran el secreto, eso me daría tiempo de estar a solas con ella al menos unos días para convencerla de casarse conmigo.
De cualquier modo, necesitaba llegar al matrimonio. No quería esperar ni un segundo más.
Mientras, repasé mi conversación con ella… y recordé a Garran. Me mantuve callado y pensativo mirando al vacío.
—Maldita sea —suspiré.
Me arrepentiré de esto , presentí, pero era la decisión correcta.
Se me escapó una sonrisa viéndola dormir, moviéndola un poco para probar cómo de profundo era su sueño.
Toqué su frente y frunció la boca pero no despertó.
Mi mano se movió sola hacia sus labios, manteniéndose allí unos segundos hasta que no aguanté más.
La subí un poco más a mi nivel, besé su frente con gentileza e inhalé su aroma.
Me aseguré de cubrir entre sus prendas el anillo brillando y caminé al pueblo.
Era temprano por la noche y había muchas personas en las calles.
—¿Quién es esa mujer?, está llena de sangre —escuché a alguien murmurando.
—¿Por qué Rhoan la lleva en brazos? —se preguntó una de las que me molestaban. Apreté a Lobelia contra mí y observé a la mujer con recelo.
Se quedaban en shock al ver las runas brillantes en su pecho y la sangre que cubría su vestido. Era la primera hija de Emdor en tener un despertar tardío. Los escuchaba cuchichear pero no se acercaban porque sabían que no les daría una respuesta amable.
De repente alguien decente apareció cerca, estaba cerrando su tienda.
—Medi —la llamé y me le detuve enfrente.
Ella se giró y me miró con su cara malhumorada de siempre, hasta que notó a Lobelia y su expresión cambió a sorpresa.
—Está hecha un desastre —No preguntó ni quién era, mirando a mi alrededor—. ¿Dónde están Celyn y Aron?
Solo preguntaba por Celyn.
—La hemos rescatado, ellos volverán pronto —indiqué—. Pero necesito que me hagas un favor, te lo pagaré después.
Exhaló ruidosa y se cruzó de brazos.
—¿El qué?
—Necesito que busques a Garran y le digas que vaya a casa de mis padres —le pedí—. No la menciones a ella, solo dile que es urgente.
Siguió mirando a Lobelia.
—Tiene su cabello —adivinó con rapidez—. Vale, lo haré, él siempre ha sido bueno conmigo.
—Gracias.
Continué a casa de mis padres. Lobelia respiraba con tranquilidad. Parecía que ya no tenía malestar. Como aceleré el paso ya que no hacían más que mirarla llegué en un parpadeo. Abrí la puerta sin tocar y escuché los pasos agitados.
—¡Hermano! —me llamó Mabli desde la segunda planta. Sin embargo se paralizó al ver a Lobelia—. ¿Quién es?…
—Hijo, llegas pronto —apareció mi madre feliz detrás de ella. Puso la misma expresión al ver a Lobelia y se cubrió la boca.
—¿Rhoan? —mi padre estaba en la sala de estar, me veía confundido.
—Necesito ayuda —les pedí.
—¿Está herida? —preguntó Mabli, escondiéndose detrás de mi madre debido a la sangre.
—Solo está dormida, cariño —la tranquilizó mi madre—. Ven, tráela a tu antigua habitación.
Asentí y subí las escaleras con mi padre detrás de mí.
—Por Emdor, ese cabello —murmuró mi padre.
—Su nombre es Lobelia, la rescatamos en el bosque —expliqué—. Después os contaré la historia completa.
Supongo que ya no era necesario ocultar que llevábamos año y medio sabiendo de su existencia. Al subir al segundo piso, Mabli fue valiente y se acercó. Al mirarla con más detenimiento, sonrió.
—¡Es como el tío Garran! —exclamó en voz baja—. Sus cejas son iguales, y su cabello y…
Mencionaba cada detalle centrada en Lobelia. Ya no le importaba la sangre.
—Sus ojos son iguales también —agregué caminando por el pasillo—. Verde manzana.
—Nadie más en el pueblo tiene esas características —comentó mi padre en susurros.
—Le pedí a Medi que lo trajera.
Se hundieron en un silencio tenso. Sabían qué significaba.
Todos hablábamos en voz baja para no despertarla. Mabli se adelantó y abrió la puerta de mi viejo dormitorio. Me acerqué a la cama y la acosté con cuidado. Ahora a esperar. Suspiré aliviado.
—No creo que despierte hoy —advertí peinando su cabello—. Estaba grave cuando la encontramos.
—Eso parece —dijo mi padre mirando las runas en su cuerpo—. Habrá que pedirle a Artur que la revise.
—Y también hay que avisar a los líderes —comentó mi madre.
—Ya estaban al tanto, pero les diré que ha llegado después de que venga Garran —respondí, sentándome al borde de la cama.
—¿Por qué su vestido está manchado de sangre? Pobrecita —soltó mi madre con tristeza. Levantó su mano para acariciarla y el anillo en su dedo llamó la atención al segundo, debido al brillo inextinguible que emanaba.
—¿De quién es ese anillo? —preguntó mi padre.
Peiné mi barba. Al mismo tiempo miraron mi mano y vieron mi dedo vacío. Los ojos de Mabli parecían salirse de sus cuencas.
—¡¿Tu futura esposa?! —chilló eufórica.
—Shh, hija, vas a despertarla —la calmó mi madre, aún cuando en su rostro también se veía el impacto.
Fue entonces cuando los miré con cariño.
—Supongo que sí —contesté a Mabli con una sonrisa.
Mabli cambió su expresión y mis padres se encogieron al borde del colapso. Caminó hacia mí y cogió mi rostro con gentileza.
—¿Esa es una sonrisa de verdad? —preguntó.
Mi piel se erizó tras su pregunta, mis ojos se humedecieron.
—Sí, Mabli —volví a sonreír, con una lágrima que recorrió mi mejilla y mojó su mano—, con todo mi corazón.