Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 43
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Capítulo 43

Rhoan

Hace un mes.

— Rhoan —escuché su voz en mi cabeza, llamándome como si fuese su único consuelo en el mundo. Me mordía el labio cada vez que lo hacía.

Debí llevármela en cuanto pude.

Existen Aetheris tan antiguos que una vez que se conocen y sienten el vínculo, no pueden separarse por demasiado tiempo.

Como Lobelia aún no había alcanzado su despertar, estaba seguro de que solo me echaba de menos, pero para mí era necesario verla o empezaría a perder los estribos.

Los líderes me ordenaron vigilarla desde la distancia, por ende me vi obligado a desaparecer de su vida y decidió aceptar un futuro compromiso que ni siquiera la convencía.

Aun así terminó con sus lágrimas derramadas frente a la tumba de ese hombre.

Mi instinto por desear su felicidad me impidió celebrar que el obstáculo había caído por sí solo, e incluso llegué a sentir lástima por el humano.

Era fácil enamorarse de ella. Tuve que conformarme con admirarla desde la distancia en sus meses de dolor en los que parecía estar a la espera de que la muerte tocara a su puerta.

Odiaba el hecho de que eso era, en efecto, lo que le ocurría.

Lobelia creía que iba a morir.

—Sigues aquí —escuché detrás de mí un movimiento cuidadoso. Era Celyn—. Veo tu mal humor a kilómetros.

—Igual que ella —contesté con una mirada dolorida oculta en los árboles—. Actúa como si no tuviese nada en el mundo, a pesar de que mañana es su cumpleaños y yo…

Le entregaría el mundo si me lo pidiera , terminé en mis pensamientos. Oí su resoplo, deteniéndose a mi lado.

—No me acostumbro a verte expresivo y, me alegra que hayas encontrado a tu aetheris, pero tampoco me agrada que no has hecho más que lamentarte desde que la conociste —expresa.

Tragué saliva, con mis ojos plantados en ella, de pie y en silencio al borde de la colina en el trigal.

Su pelo ondeando al viento me hacía envidiar el aire, tras conocer el aroma que disfrutaba proveniente de su silueta.

Esa noche que fui a verla y robé esa cinta que me ayudó a soportar el año de suplicio sin poder tenerla, había percibido una exquisita esencia a primavera.

No se trataba de artificio alguno como perfumes o baños en aceites, era ella , su existencia era especial, rebosaba a naturaleza y yo sabía por qué, pero no debía decírselo.

No mientras no comprendiese lo que significaba ser Xyla, la primera alma en existir.

—¿Es la hora? —murmuré desanimado.

—Sí, debemos repasar el plan una última vez.

Tres brujas acechaban su pueblo y ella no lo sabía, tampoco lo necesitaba, porque yo me encargaría de que el mundo fuese seguro para ella hasta que llegase el momento de traerla a mi lado.

Sin embargo, las cosas cambiaron de un momento a otro.

—¿Qué hacen? —susurró Celyn.

Era la noche siguiente. Seguíamos a las mujeres para acorralarlas, hasta que las vimos caminar aprisa hacia la entrada del bosque, ese que toda bruja precisamente evitaba.

Era aún más extraño el hecho de que parecían estar esperando algo.

Decidimos mantenernos ocultos y observar hasta que unos minutos después aparecieron unas personas a caballo cruzando el puente de piedra.

En el momento en que vi de quiénes se trataba, el tiempo se detuvo y mis ojos se cristalizaron en lágrimas acumuladas.

—¿Esa no es Lobelia? —preguntó Aron, mientras veíamos cómo bajaban de sus caballos al inicio del bosque.

Sangre, solo veía la sangre en su vestido y su tez pálida como la de un cuerpo sin vida. Mi corazón se desgarró desde dentro. Di un paso y Celyn me detuvo con su mano en mi pecho.

—No lo hagas —me aconsejó—. Nos delatarás y los pondrás a ellos en peligro.

—Es cierto, no sabemos cómo reaccionarán las brujas —lo apoyó Aron—. Están más cerca de Lobelia que nosotros.

Apreté los puños y tuve que contener mis ganas de correr hacia ella. La revisé desde la distancia pero no veía heridas. Cuando vi las manchas en su mentón, deduje que había vomitado la sangre.

La situación se volvía problemática. Por norma, no debíamos ser descubiertos por humanos. Su familia peligraba si no hacíamos algo. ¿Por qué estaban llevando a Lobelia al bosque? ¿Qué le sucedía? Sentía algo distinto en ella, como si su presencia fuese más intensa para mí.

—Algo no me cuadra —susurré.

—A mí tampoco —contestó Celyn.

Los duques se adentraron en el bosque y las brujas los siguieron. Nos miramos entre nosotros.

—Mismo plan, distinto lugar —decidimos.

Seguimos a Lobelia y a su familia, dispersándonos alrededor. Caminaban enfocados en ella sobre el caballo, su aflicción era casi tangible. Por el año que había pasado observándola, sabía cuánto la querían.

—Te sentirás mejor a medida que nos acerquemos a los límites, bebé —pude escuchar que le decía su madre.

Mis latidos se desenfrenaron. ¿Llevarla a los límites?

, ¿para qué?, ¿cómo habían llegado a esa decisión?

Fue en ese momento que una corazonada me causó un latido agresivo.

¿Era posible? ¿Por eso percibía algo en su presencia?

Mis ojos se humedecieron, mi rostro se bañó en expectativa y una lágrima se derramó.

Aun así, mojé mis labios y sequé mi rostro.

Debía guardar silencio en mi posición y, lo más importante, debía concentrarme en la misión.

Si cometía el más mínimo error, ella iba a morir y no sabía qué sería de mí.

Los humanos comenzaron a mirarse entre ellos y sus expresiones cambiaron. La duquesa cogió las riendas del caballo y el duque y su hijo se acercaron.

—Salid ahora —ordenó el duque—. Nos habéis estado siguiendo.

Eso va dirigido a las brujas. No eran humanos comunes pero eso los ponía aún más en peligro. Ellas salieron de sus escondites y nosotros aprovechamos para reunirnos poco a poco al tener más libertad de movimiento. Mientras, los duques conversaban con ellas.

—Nos dijeron que podíamos conseguir buena leña en este bosque, pero… —inventaba una de ellas.

Miré a Lobelia, me preguntaba cuál sería su reacción.

Los hijos de Emdor podemos reconocer a las brujas, solo nosotros somos capaces de ver la contaminación en sus ojos, mientras que los humanos ven colores comunes.

Me agité aún más por su expresión desesperada, me daba a entender que también percibía su naturaleza oscura.

Pero, ¿no le había ocurrido antes? ¿En veintiún años no se había cruzado con ninguna bruja?

No, si tenía razón, en ese preciso instante Lobelia estaba teniendo su despertar.

No puede ni moverse… Quería llorar, pero Celyn y Aron llegaron a mi lado.

—Hay que atacar ahora —les susurré.

—No, esperemos a ver qué hacen. Esto no lo habíamos visto nunca —sugirió Celyn.

—Tiene razón —lo apoyó Aron—. Si atacamos, no sabremos cuáles son sus planes.

—Sus planes son matar a Lobelia —respondí.

—¿Cómo lo sabes?

La señalé, sin poder esconder mi frustración.

—Está teniendo su despertar, joder. Puedo sentirlo. ¡Morirá si no la llevamos ahora mismo al pueblo! —exclamé en susurros.

Aron abrió sus ojos y Celyn enmudeció.

—¡Mejor aún!, ¡matemos a estos tres y juguemos con ella un rato! —nos interrumpió el griterío de una de las brujas y callamos.

La familia ducal se detuvo frente al caballo, intentando formar un escudo para que no tocaran a Lobelia. No los conocía y ya les debía el mundo.

—¿Quiénes sois y para qué queréis a mi hermana? —las interrogó su hermano.

—¿Nosotras? ¡Somos brujas! —confesó una de ellas sin dudar, nos miramos entre nosotros. De la nada unas rocas los golpearon, y la tierra los atrapó de rodillas en el suelo.

—Deteneos…

Escuché decir a Lobelia con su débil voz, y sus lágrimas se convirtieron en una condena para mi corazón.

—Cálmate —me susurró Aron, apoyando una mano en mi hombro—. Vamos a sacarla de ahí.

Lo miré con una expresión vulnerable y en silencio asentí con la cabeza.

Los duques le susurraban que escapara y Lobelia, leal a su familia, se veía incapaz. Con debilidad apoyó una mano en su pecho y frunció el ceño. Me agité por la ansiedad, había que hacer algo de inmediato, pero si actuábamos de forma precipitada su familia iba a morir y Lobelia nunca lo superaría.

—Niña, ¿por qué no bajas de allí? —las brujas comenzaron a dirigirse a ella.

Odiaba no poder hacer nada.

—¡Ni siquiera puede bajarse! ¡Está al borde de la muerte! —rió una de las tres—. La ayudaré.

Elevaron a Lobelia del caballo con brusquedad y la llevaron frente a ellas. La tenían colgada como una muñeca sin fuerza. ¡No podía ni siquiera mantenerse de pie! Me desesperé. No… ¡No! Estaba a punto de levantarme pero Celyn me paró y negó con la cabeza.

—¡Soltadla! ¡Soltad a mi hija, monstruos! —gritó la duquesa atrapada en la tierra.

Solo le bastaba un movimiento a la bruja de tierra para aplastarlos a los tres, sin embargo el caballo galopó hacia ellas y nadie lo pudo detener. Pateó a una de las mujeres. Al fin. Era nuestra oportunidad de comenzar a movernos.

—¡Animal estúpido! —exclamó una de las brujas, empujando al caballo con una ola que lo llevaría directo a golpearse contra un árbol. Levanté mis manos, tomé control del agua sin que se diera cuenta y el caballo logró salir ileso. Cayó a nuestro lado.

—Quédate ahí —le susurró Celyn. El caballo movió las orejas y permaneció acostado.

Al poco tiempo, una de ellas atravesó el pecho de la que había quedado inconsciente por la patada, y siguieron parloteando estupideces.

Fue una buena decisión esperar , pensé, cuando de repente un quejido de Lobelia me alertó.

No nos llegaba la vista desde donde estábamos, pero podíamos ver el reflejo de la luz en los rostros de las brujas.

Estábamos tan impactados como ellas al observar algo que sabíamos que solo se veía en recién nacidos.

—Un despertar tardío —soltó Aron. Era la única respuesta lógica a la situación.