Capítulo 39 #3
Sus quejas son incesantes a medida que prosigo con la pierna que se me hace más fácil. Con la pieza metálica de antes corto los últimos hilos y resoplo.
—Ahora el vendaje —anuncio—. Idam, la miel.
—Aquí tienes.
Retiro la vara de la boca de Celyn.
—¿Puedes mover los dedos? —le pido. Al segundo se ve el movimiento en su pie y sonrío alegre por él—. Bien, no perderás la pierna.
Medi estalla en un llanto de alivio. Tras la desaparición del peligro y el caos, Celyn la mira con amor y acaricia su mano.
—¿Todavía quieres… pensarlo?
Su pregunta es un tanto divertida, aunque estuvo a punto de morir. Ella arruga las cejas hacia arriba.
—¿Tú qué crees, tonto? —Lo besa entre lágrimas.
Sonrío feliz por la nueva pareja, hasta que en silencio Rhoan limpia mi ropa y mis manos.
Solo entonces puedo volver a mirarlo a los ojos.
Me cruzo con los suyos, tensos y a la espera del qué diré cuando esto acabe.
Una vez limpia sigo con lo mío. Aplico con cuidado la miel sobre la herida y realizo el vendaje.
Celyn se calma y siente alivio instantáneo.
He terminado.
—¡Lobelia, eso ha sido increíble! —exclama Aron, dándome una palmada en el hombro entre risas en las que libera los inmensos nervios con los que venía.
Sonrío con moderación en respuesta, empezando a sentir orgullo por lo que he hecho. Celyn está dolorido pero al menos ya no morirá, quedará con una cicatriz y una buena historia para contar. Ahora su único deber es recuperarse para volver a caminar y retomar su vida normal.
—Lobelia, te debo mi vida… —agradece en su dolor, sintiéndose la admiración en su voz. Su rostro se ve de mejor color al igual que su pierna.
—¿Eres tan buena persona que lo olvidaste? —contesto gentil—. Fuisteis vosotros quienes salvasteis mi vida y la de mi familia primero. Solo estoy pagando mi deuda.
Él sonríe.
—Espero no necesitar que me pagues de esta forma —cuchichea Aron.
—Yo también lo espero, Aron Bedelia —le advierte Macsen, provocando que Aron haga una mueca y todos rían. Aun así, no consigo expresar mi alegría del todo.
Seco el sudor de mi frente con la manga de mi camisa y exhalo en profundidad. Estoy exhausta. Medi continúa acariciando el rostro de Celyn, inmersa en su mirada. Por fin expresa su amor sin dudar y ahora nadie los podrá separar. Al cabo de un segundo, escuchamos la puerta abrirse de golpe.
—¡Prepara los vendajes, Idam! —Prys Bedelia hace una entrada escandalosa. Parece haber venido desesperado.
—No grites, niño. Ya está solucionado, solo prescribe el tratamiento —dice Jac, quien me mira con una sonrisa llena de orgullo. Prys observa el vendaje en la pierna de Celyn y mira a Idam sorprendido.
—N-No fui yo. —Me señala.
El hombre me dedica una sonrisa.
—Lobelia, muchas gracias.
—Fue un placer.
—Lobelia, querida —me llama Jac aproximándose—. ¿Has pensado en convertirte en aprendiz de cazador?
El corazón me salta un latido.
—Es muy pronto, Jac —aconseja Macsen. Después me mira—. Sin embargo, mañana tendrás una reunión conmigo y los otros líderes. Lo vi con mis propios ojos pero ellos también lo necesitarán.
—¿Por qué? —pregunto.
—Acabas de hacer historia, pequeña —indica, señalando las agujas y la pieza afilada.
Me miran en un ambiente raro.
—Hizo esas cosas de la nada, ¡creó metal! —escucho que Idam le susurra a Prys, observándome con admiración.
—¿Es así? —murmura él, con ojos encantados.
Rhoan suelta un gruñido que solo yo percibo.
Hacemos contacto visual y mi rostro se vuelve rígido.
En su mirada hay algo distinto, siento que si le pregunto si está así por celos, por fin dirá que sí, pero en todo en lo que puedo pensar es en que tengo cosas pendientes con él que me mantienen en un estado de amargura constante.
Lo peor es que todas las preguntas que tenía en la cabeza por la mañana, dejaron de tener peso en el instante en que mencionó los anillos.
La rabia es incontenible, no sé cómo gestionarla en este momento.
Con Celyn a salvo, todo viene como una montaña que me aplasta sin dejarme respirar.
—Guardad discreción por el momento, ¿de acuerdo? —pide Macsen—. No queremos que Lobelia se sienta abrumada.
Todos asienten. Necesito salir de aquí antes de arruinar el ambiente feliz. Medi y Celyn merecen celebrar su unión sin tener mi cara larga de fondo.
—Necesito ir a casa, estoy agotada. —Me pongo de pie sin energía.
—Cógete un par de días, pequeña. Te enviaré a alguien para la reunión —dice Macsen.
—Gracias, abuelo —contesto con suavidad.
Empiezo a caminar.
—¡Lobelia! —me llama Medi. Me doy la vuelta y la encuentro con una sonrisa conmovedora que me encoge el corazón—. Gracias…
Celyn también me mira emotivo a su lado. Les sonrío con cariño y asiento, retomando mi salida.
—Te acompaño —se pronuncia Rhoan y mis latidos estallan. Mi única respuesta es el silencio.
De camino a la puerta, dos personas más tropiezan para entrar al consultorio con sus rostros azules del susto. Son los padres de Celyn. Para su suerte han llegado cuando ya está estable, y solo les queda la noticia de que se ha revelado su aetheris.
Igual que el mío.