Capítulo 39
No es él , aseguro mientras corro a la mayor velocidad que me es posible, tropezando con los brazos de la gente que en este instante oscuro son solo sombras para mis ojos.
Siento las lágrimas en el rostro y los ojos me arden como si alguien les estuviese pegando fuego.
Estoy a punto de caer en más de una ocasión, choco con las paredes de piedra de las casas en las intersecciones al no poder bajar la velocidad pero nada me detiene.
El mundo se silencia y me obligo a escuchar mi ruidosa respiración agitada.
Me atormenta al oído tras vivir el mayor terror que he sentido.
No tengo expresión, la boca permanece abierta entre temblores.
Rhoan , lo anhelo a medida que el camino se me hace eterno. ¿Por qué no puedo correr más rápido?
Miro hacia arriba y tengo una idea. Con una enorme roca me elevo al techo.
Cojo mi vestido como puedo y sin pensarlo salto entre las casas impulsándome con grandes raíces que salen del suelo a gran velocidad.
Unas se extienden a donde quiero llegar mientras las otras me llevan hacia delante formando puentes entre los techos.
Mi pánico me impide pensar con claridad, mi poder se desborda y las raíces se desarrollan más de lo que busco.
Algunas personas en el suelo gritan del susto cuando brotan a sus lados, sin embargo en lo único que pienso es en él.
Cuando alcanzo la última casa veo personas amontonadas murmurando fuera del consultorio.
Se cubren sus bocas como si hubieran visto una escena horrenda, entonces veo las gotas de sangre en el suelo.
Es un camino largo. Siento el cuerpo gélido, el nudo en la garganta me ahorca, no obstante no puedo desmayarme todavía.
Extiendo una última vez una enorme roca para bajar del techo.
—¡Por Emdor! —Tomo por sorpresa a algunas personas.
—L-Lobelia.
Una voz me hace girar, es Medi. Si ya suele estar despeinada, ahora es un desastre.
Jadea tratando de recuperar el aliento, ha corrido igual que yo.
Nos miramos con nuestro pánico fundiéndose en uno y, al mismo tiempo, atravesamos la multitud hacia el consultorio.
Por fortuna las personas no están obstaculizando y conseguimos abrir la puerta de sopetón al poco tiempo.
Nada se puede comparar con mi penumbra en este momento. Si Rhoan muere, no sé qué será de mí. No me lo había planteado tanto como en este preciso instante en el que no tengo idea de con qué me voy a encontrar.
Escuchamos las voces agitadas en la habitación.
—¡Niño, ten cuidado! —se oye a Jac gritando.
Medi coge mi mano, está helada como yo. Apenas nos asomamos, mis ojos buscan.
—¿Lobelia, Medi? —Nos ve Aron, sorprendido—. Es mejor que no veáis esto.
Una herida inmensa y profunda en el muslo.
—¿Lobelia…?
Me estremezco al escuchar la voz que tanto anhelé mientras hacemos contacto visual.
Mis ojos se terminan de convertir en cascadas.
Permanece de pie a un lado de Celyn, quien está bañado en sangre con un torniquete en su pierna pálida, empezando a verse un poco azul.
Mientras tanto, el chico a su lado intenta adivinar qué tiene que hacer.
Al menos mantienen su pierna elevada. Jac y Macsen están a un lado, atentos a que el joven aprendiz no cometa un error.
—¡Celyn! —grita Medi y corre a su lado.
Celyn se ve perplejo en su debilidad. Ella olvida su resistencia del pasado y coge su mano, buscando con desesperación lo más preciado para ella.
No sé cómo luzco yo en este momento, pero la expresión de Rhoan es de impacto. Me acerco a él temblorosa, dudando de si estoy soñando con que está de pie como si nada y cojo su mano. Mis mejillas bañadas en lágrimas se sienten frías y las cejas levantadas muestran mi caótico estado emocional.
—R-Rhoan… Rhoan… —Lo reviso en un segundo, veo que tiene sangre en todos lados. Mi cabeza no da para pronunciar otra cosa más que su nombre.
Por un momento sigue sin palabras tras ver mi inestabilidad. Levanta las manos y coge mi rostro.
—Estoy bien, respira —me dice con suavidad—, no estoy herido. Ni un rasguño.
Asiento con la cabeza, vulnerable, soltando un leve sonido con el que a duras penas retengo el llanto. La sangre es de Celyn.
—¡No te atrevas a morir! —le grita Medi al hombre entre lágrimas.
Me hace reaccionar. Cierro los ojos un instante y cojo varias respiraciones. Rhoan está bien, ha vuelto en una sola pieza. Mi amigo Celyn no. Los abro y dejo a Rhoan de lado para acercarme.
—¿Cómo te llamas? —le pregunto al aprendiz.
—I-Idam.
Es un chico de cabello negro ondulado y esponjoso. Su piel es morena oscura y sus ojos como avellanas. Es alto pero le falta musculatura. Sus cejas son poco pobladas y, entre ellas, luce una nariz fina y una boca con el labio inferior más carnoso.
—Idam, ¿dónde están los médicos? —Sigo mientras veo la herida.
—Una mujer se puso de parto y hubo un accidente en el campo de entrenamiento de los cazadores —contesta tembloroso —. Tanto Artur como Prys tuvieron que irse con urgencia y no sé qué hacer, ¡esto no lo he aprendido todavía!
Sé que las emergencias son poco frecuentes en el pueblo.
Ir al próximo consultorio tardaría demasiado, por no mencionar que está el riesgo de moverlo.
Si no ha llegado otro médico es porque están todos ocupados en este inoportuno momento.
Es obra del destino: o que Celyn muera, o…
que yo impida que ocurra. No queda otra.
—Yo me encargaré, conozco el procedimiento —anuncio.
Medi me mira conmovida.
—¿Estás segura? —pregunta Jac.
—Dejadla, ha trabajado con médicos antes —me apoya Rhoan.
—¿Cuánto—
—¡JODER! ¡Mejor que ella haga algo a esperar como imbéciles! —le ruge Medi exaltada. En el instante Jac alza las manos rindiéndose y deja de hablar. Todos retroceden para que yo pueda empezar.
—¿Cuánto tiempo lleva así? —pregunto examinando el corte. Es grande, con la carne dividida en dos, levantada e inflamada.
—Cerca de hora y media —responde Aron.
Hay una zona donde se concentra la sangre y se puede ver hasta el hueso.
No consigo ver la vena por la cantidad de sangre que hay acumulada formando un cuenco.
Aunque los hijos de Emdor nos curamos con rapidez, la herida la ha hecho una bruja.
Sanará más lento de lo normal, por lo que estamos en tiempo de riesgo.
Por suerte, el torniquete se hizo a la perfección o ya estaría muerto.
Si llegaron en hora y media tienen que haber venido sin coger aire.
El trayecto en el bosque es de entre dos y tres horas.
No estoy acostumbrada a ver heridas tan graves como esta pero sé tratarlas porque el señor Nicolas me lo explicó en incontables ocasiones y me hizo practicar miles de veces cuando no había pacientes en su consultorio.
Además, lo he leído en los libros de Nagary, el reino más avanzado en medicina en Opania, nuestro continente.
Se nota que el corte ha sido hecho con piedra.
Una bruja de tierra. En mis días como asistenta de Nicolas suturé heridas de los caballeros en sus entrenamientos pero nunca una vena.
De hecho, que Celyn siga vivo es un milagro.
El lado positivo es que me he mentalizado muchas veces para estas situaciones.
Agarro sus brazos y piernas con raíces, en especial la parte de su herida para que no pueda moverse ni un centímetro.
—Rhoan, lávame las manos —pido—. También necesito que limpies la herida, aprovecha para sacar cualquier resto de piedra que veas con sumo cuidado.
—Sí.
Acude aprisa.
—Lobelia, ¿puedes salvarlo? —pronuncia Medi con los nervios a flor de piel. No para de llorar.
—Pondré mi alma en ello —prometo.
La seriedad de mis palabras la hacen asentir agradecida.
—¿En qué te ayudamos? —pregunta el resto.
—Necesitaré una aguja y el hilo más delgado que tengáis. Si es de seda mejor.
—¡Yo lo traigo!
Corre Idam. Rhoan se arrodilla para ver mejor y, sin pedírselo, Aron abre la palma de su mano formando una leve llama que lo ilumina.
No existe nada más purificador que el agua de un Adair.
Con sus manos a una corta distancia, manipula el agua para cubrir la herida y va sacando hasta los restos más diminutos de piedra, sin necesidad de ponerle un dedo encima.
Sin embargo, a Celyn le duele como el infierno y grita hasta que su voz se resquebraja.
Como acto reflejo, Medi envuelve su rostro con sus manos.
—Mírame, concéntrate en mí.
Él tiembla con sus ojos expandidos y hace caso.
Creo una vara y se la acerco, lo entiende al segundo y abre la boca.
Continúa llenando la habitación con sus gritos interrumpidos, apretando los dientes en la vara.
Medi llora a su lado y vive su sufrimiento.
Con la herida limpia consigo ver dónde está el punto más grave.
Por suerte la vena es visible pero, si aflojan un poco el torniquete, Celyn se desangrará.
No obstante, necesita que la sangre circule o perderá la pierna. Debo sellar la vena ahora.
—Creo que ya está —avisa Rhoan poniéndose de pie.
Presto atención a la herida.
—Esto es lo que tenemos —aparece Idam con todo—. Lo siento, creo que Prys se llevó las agujas más pequeñas…
El hilo está bien, pero es cierto que la aguja es demasiado grande para una vena.
Todos me miran, esperando a ver qué haré.
Cojo una bocanada de aire, necesito una aguja de metal.
No me arriesgo a que la madera, al tener que hacerla tan delgada, se rompa en pleno proceso.
La piedra podría dejar rastros, por ende tampoco me sirve.
Una última opción pasa por mi cabeza. Dudo hasta que escucho una voz, un eco desde mi interior dulce y susurrante que me estremece.
— Hazlo, Xyla .