Capítulo 38
Comer con Medi no me ha servido de mucho para aliviar el peso que llevo en el corazón.
Ella está desanimada, yo también y nuestras escasas ganas de hablar han convertido la hora del descanso de la tarde en un silencio fúnebre que ha terminado con mi andar apesadumbrado de vuelta a la Central.
Con ella ensimismada en sus propios problemas, ¿cómo podría agregarle los míos?
Aún no ha surgido la ocasión para contarle lo que ocurrió con Rhoan esa noche en El Agujero o lo que descubrí en su casa.
Por cierto, regresa hoy , recalco y con eso mi corazón salta abrupto.
En unas horas nos volveremos a ver cara a cara y haré que me suelte todos los secretos. Resistirá, pero yo más.
—¡Lobelia! —aparece Seimon con una sonrisa.
De inmediato levanto la guardia, preguntándome qué quiere.
¿Rhoan no le dio una paliza hace un par de días?
¿No le da vergüenza aparecerse frente a mí?
Puedo ver que tiene moretones en todos lados.
Yo querría esconderme hasta que sanaran, por mi orgullo.
Ha venido en el peor momento de todos. Prefiero evadirlo.
—Estás preciosa hoy, como siempre.
Suspiro exasperada. Como estos días no he tenido entrenamiento con Rhoan, he ido al trabajo con vestido. No escucharía esto de Seimon si estuviera usando mi atuendo de combate.
—Seimon, no estoy de humor —le advierto de una vez.
—Vamos, no seas así —contesta con una risilla—. Quería disculparme por lo que sucedió en El Agujero, me gustaría compensártelo.
Pienso en Rhoan cuando se pone a mi derecha siguiéndome el ritmo.
—¿Disculparte?, ¿con esa poca sinceridad? —Le lanzo una mirada con frialdad sin detenerme—. ¿Y con qué piensas compensarme por tus faltas de respeto?
En sus ojos puedo ver que lo toma como una oportunidad.
—Pues, se me ocurrió que podría llevarte a…
—No —niego apenas escucho su tontería—. Si es compensarme con una salida, me niego.
—¿Por qué?
Ladea la cabeza sin eliminar la sonrisa de su rostro. Mi rechazo parece divertirle. Necesito hacer que este tipo toque tierra, pero desde una caída de treinta metros o más.
—No necesito darte una razón. No me gustas.
Mi irritación supera mi raciocinio en este momento. Su sonrisa se desvanece por un segundo.
—Aun así, no me voy a rendir —declara con terquedad y vuelve a sonreír.
Otra vez intenta coger mi mano. Alzo mi brazo a toda velocidad y la palma de mi mano se plasma en su rostro.
La bofetada es tan fuerte que lo obliga a girar la cabeza.
Queda un rasguño sangrante en su pómulo que más tarde se hinchará.
Primero se queda un segundo impactado, para después mirarme con ira.
A nada de hacerme algo se escucha la tierra bajo él junto con un leve sismo.
Queda paralizado, ya estoy al borde de salirme de mis cabales.
—Ah-ah. —Niego con el dedo sin parar el temblor bajo sus pies, y lo miro más serena y oscura—.
Esa vez no me dio tiempo de responderte porque Rhoan lo hizo por mí, pero no creas que soy alguien a quien puedes tocar porque te da la gana, Seimon Aither.
Si te atreves a faltarme el respeto otra vez, una montaña atravesará tu entrepierna y la hará trizas.
Dale gracias a mi padre que me ha enseñado algunos trucos, y a mi otro padre el duque que me enseñó a no permitir que me pisoteen.
Me observa callado y baja los brazos. Para mi sorpresa, levanta las comisuras.
—Resulta que tienes un lado feroz muy encantador.
Rechino los dientes, cuando es empujado al suelo por un latigazo. Se escucha su grito por la sorpresa, mientras que yo parpadeo con la mía. Ha sido una raíz gruesa. Miro a mi alrededor y veo la cabellera casi negra de Caradoc.
Parece muy enfadado.
—Lobelia, ¿estás bien?
Me pregunta acercándose con sus manos en mis brazos.
—Sí, gracias. —Asiento mientras Seimon se soba el coxis.
Entonces se planta con un mirada severa sobre él.
—Oye, ¿no la vas a dejar en paz? Si no entiendes lo que es un no es porque te falla algo en la cabeza —Caradoc lo observa de brazos cruzados—. Ya escuché lo que hiciste en El Agujero, agradece que solo te he empujado en vez de romperte los dientes.
Seimon gruñe sin contestar.
—Olvídalo, vamos a la Central —le ofrezco para calmarlo.
Lo piensa hasta que resopla y accede. Observo a Seimon una última vez.
—La próxima vez te dejo sin huevos.
Me emociono ya que es la primera vez que digo algo tan vulgar. Medi estará orgullosa de mí cuando se lo cuente.
Permanece quieto en el suelo al tiempo que nos alejamos.
Al cabo de unos segundos, después de que ha desaparecido de mi vista, me restriego las manos en el rostro y suspiro con el agotamiento visible a kilómetros.
Primero el descubrimiento de Rhoan, el tema con su inexpresividad y ahora este idiota ha decidido que la paliza que le dieron no ha sido suficiente.
—No se rendirá todavía —señala Caradoc—. No dudes en decirme si te vuelve a molestar.
Le sonrío tenue.
—Gracias, pero Rhoan es un buen maestro y mi padre también, sé cómo plantarle cara.
A duras penas eleva sus comisuras. Lo siento, Caradoc .
—¿Cómo te va con tu equipo? —pregunto para distraerme del estrés.
—Estaba pensando en cambiar a una zona más peligrosa —comenta—. Me gusta cazar en Druviel pero quiero exigirme más.
—Tiene sentido, ¿en qué equipo estás pensando?
Tarda un segundo en responder.
—El equipo Drago —contesta y le lanzo una mirada—. ¿Qué?
—Nada, solo que yo también estaba pensando en ser cazadora, aunque no aún.
Sonríe.
—Espero que no estés considerando el equipo Drago.
—Para nada —hablo con un sarcasmo evidente, esbozando una sonrisa moderada.
Caradoc en su modo amistoso es divertido.
—En ese caso tendríamos que tener un duelo cuando termines tu año de aprendiz.
Mi sonrisa se extiende.
—Escuché que puedes acortarlo a medio año si eres sobresaliente.
Fue lo que hicieron Rhoan y Aron. En respuesta, él alza una ceja.
—¿Es una advertencia? —pregunta.
Suelto una risita.
—No he decidido nada —levanto el dedo índice—, pero si lo hago no llores cuando te gane.
—No te preocupes, guardaré el pañuelo para ti —contesta sonriente.
¿Insinúa que seré yo la que llorará?
—Eres competitivo —opino.
—Tú también.
Hablar con Caradoc después de ese momento desagradable con Seimon es como un respiro, sin embargo noto que sus ánimos se van apagando en el silencio.
—Bueno, todavía no es seguro que entre en el equipo Drago.
—¿Porqué? —Ladeo la cabeza.
Me observa en silencio.
—Quizás no sea conveniente para mí.
Mis labios se entreabren, recordando la mentira de Rhoan que me deja sin saber qué responder. Iba a decir algo cuando oímos unas voces alteradas que nos distraen.
—¡¿Lo has visto?!
—¡Había mucha sangre! —cuchichea una de ellas.
—¿Qué sucede? —preguntamos a las personas que pasan murmurando.
Se ven entre ellas con la preocupación que sobresale de sus rostros.
—Los cazadores del equipo Drago acaban de llegar hace unos minutos —dice una estremeciéndome—. Hay uno que está herido de gravedad, lo llevaron al consultorio de Artur.
Palidezco, mi estómago se descompensa. Me recorre un escalofrío mortal, el sonido al exhalar se hace más fuerte, separándome del presente a un nivel aturdidor.
—Lobelia…
Escucho a Caradoc pero mi mirada no se despega del vacío. Veo el camino, perdida en el terror que me hiela la piel, erizándola y llegando a mis pies como un manto tenebroso.
—¡Lobelia!
Dejo a Caradoc atrás.