Capítulo 37
—Pequeña, has estado seria desde que volviste del descanso, ¿ha pasado algo? —pregunta Macsen cuando voy a regresar a casa.
Quiero contárselo, pero tendría que confesarle que allané la casa de Rhoan y me sermoneará. La jornada de la tarde ha sido un suplicio por mi desánimo y no estoy preparada para que me regañen.
—Estoy bien, solo que se me hizo raro no comer con Rhoan —al menos le digo una verdad.
Peina el largo de su barba sin apartar la mirada de mí. Al segundo fuerzo una sonrisa suave y le doy un toque en el brazo como siempre hago.
—No te preocupes, estoy bien. Nos vemos mañana.
Me despido y salgo al pasillo. Veo pequeños grupos que salen de sus oficinas y se dirigen hacia la misma dirección.
Están en su propio mundo, conversando entre amigos, reuniéndose y hablando sobre ir a alguna taberna o a El Agujero mientras que yo no consigo dejar ir lo que me preocupa.
Bajo las escaleras y cuando llego a la primera planta camino mezclándome entre la multitud, esperando pasar desapercibida.
—¡Hola! Me llamo Binner Adair —Un cazador se me acerca y casi ruedo mis ojos.
¡Puta mierda! Es la primera vez que suelto un insulto tan vulgar. Olvidé que me estaban molestando desde esta mañana porque a la hora de la comida corrí a la casa de Rhoan. Por desgracia no sé cómo ser cruel con los demás. Noto que hay otros con el ojo sobre mí.
—¡Pequeña! —me llama la voz de la salvación.
Abro los ojos y me doy la vuelta.
—¡Macsen! ¿Qué sucede?, ¿necesitas algo más? —me aproximo al viejo que termina de bajar las escaleras.
—Te acompañaré a casa —anuncia y todos retroceden en un parpadeo.
—Me encantaría.
Entrelazo mi brazo con el suyo y salimos por la puerta atravesando los grupos como reyes. Cuando nos alejamos de la Central, Macsen estalla en risas.
—¿Qué te hace tanta gracia? —me quejo golpeando con suavidad su brazo, aunque sé el motivo.
—Te estaban acechando como buitres, fue muy gracioso —contesta jocoso para después suspirar sonriente—. Me recuerda a los viejos tiempos. A Elis, la bisabuela de Rhoan, le hacían lo mismo.
Pongo morritos.
—Todo es porque él no está.
—Lo sé, temen su temperamento y por eso se han mantenido a raya desde tu llegada.
Eso me hace pensar en todas las cosas que ha hecho por mí.
Se convirtió en mi maestro cuando se sabía que no aceptaba a nadie, fue intermediario para que conociera a mi padre, le dio una paliza a Seimon Aither…
Creía que todo era por Garran pero desde que vi la cinta no he hecho más que cuestionar cada una de sus acciones.
¿Estoy exagerando? ¿Y si solo se le olvidó y ya?
No, si fuese el caso, lo habría recordado al menos una vez al ver el armario en su habitación. Un armario vacío.
—Mañana tenemos que preparar el presupuesto del equipo Abedul —menciona Macsen.
—Vale.
Vuelvo a guardar silencio hasta que él suspira.
—Solo espero que mi nieto esté bien.
—¿Por qué no habría de estarlo? —reclamo—. No hagas que me preocupe más de lo que ya estoy, por favor.
—Sí, sí —contesta con una risita.
Estaba tan distraída con lo que encontré que había olvidado mi angustia.
¿Rhoan estará a salvo? En su equipo falta un Xyla y están en el territorio más peligroso.
Si tan solo tuviesen a todos los miembros me sentiría más tranquila.
Necesito que ese hombre regrese, no importa si descubre que entré a su casa sin permiso, yo solo…
tengo muchas preguntas que hacerle y a su vez quiero recordar lo que es estar en sus brazos.
Mantenemos una charla relajada hasta que al llegar a la entrada me encuentro con una visita inesperada.
—¿Mabli?
—¡Lobelia! —Se lanza sobre mí con una emoción desbordante, para después abrazar a Macsen con una cara jubilosa—. ¡Hola, abuelito!
—¡Criatura! ¿Cómo te fue en la escuela? —La estrecha en sus brazos con amor.
—¡Genial!, ¡vine a ver a Lobelia! —Coge mi mano y me mira con una sonrisa espectacular—. Pensé que extrañarías a mi hermano así que vine a reemplazarlo. ¡Cuando lo necesites puedes mirar mis ojos grises!, ¡son igualitos a los suyos!
Los abre como si fuese a sacárselos para enseñármelos con gran ánimo. Me remueve el corazón su dulce forma de actuar. Aun así, sus palabras me hacen ser consciente de que he sido mala ocultando mis sentimientos. ¿Cómo lo supo esta niña? Bueno… ya no importa demasiado.
—Es cierto —acaricio su cabello y lo abro en dos—, son igual de brillantes.
—¡Muy inteligente, Mabli! A Lobelia le hacía falta una dosis de tu ternura. ¿Bera sabe que estás aquí?
—Sí, mamá dijo que te diera un abrazo y eso hice —suelta entre risitas—. Vendrá a buscarme más tarde.
Macsen nos da un toque sutil en la cabeza.
—En ese caso, ya que está todo en orden me iré, pequeñas.
—Nos vemos mañana, abuelo —me despido de mejor humor.
—¡Adiós, abuelito!
Lo vemos irse y me dirijo a Mabli. Ha venido en el momento más oportuno, necesito distraer la mente con algo o terminaré mal de la cabeza.
—Tengo una idea, ¿qué te parece si hacemos galletas y nos las comemos con Garran?
Su rostro irradia alegría y pega un salto.
—¡Sí! —acepta al segundo mientras entramos a la casa.
—Nos vamos a divertir mucho —le aseguro.
Apenas se quita su abrigo me sigue a saltos a la cocina, iluminando cada rincón con su presencia.
Nunca me había considerado una persona maternal hasta que conocí a Mabli Adair y empezó a ir con frecuencia a mis entrenamientos.
Ahora cada vez que la veo abro los brazos por instinto, con la preciosa vista de ella corriendo hacia mí con una sonrisa atiborrada de felicidad.
Es una niña alta así que no necesita un taburete para ayudarme en la isla central.
Es la primera vez que cocino con alguien que no es Garran o Rhoan.
Empezamos a mezclar los ingredientes hasta obtener una masa lista para aplanar.
He hecho estas galletas tantas veces con Garran que ya me las sé al pie de la letra.
Ella intenta manipular la masa con el rodillo pero se cansa fácil por lo que me ocupo yo.
Me observa en silencio, creo que tiene ganas de decir algo.
—Lobelia, ¿cuánto extrañas a mi hermano?
Detengo el movimiento, mirando la masa en silencio.
Con sus ojos sobre mí de fondo, mi cabeza regresa al vacío.
Cuánto extraño a Rhoan, ¿eh? Esa es una pregunta difícil de responder.
No porque me cueste decidir sino porque me duele pensarlo.
Siento la molestia crecer por los secretos que he descubierto y los que me faltan por descubrir, pero él está al acecho de unas monstruosidades arriesgando su vida.
Estoy tan enfadada que me hierve la sangre, sé que no lo recibiré con una sonrisa pero aun así estoy desesperada por verlo.
Tengo la necesidad de pestañear con rapidez varias veces por las lágrimas que se agolpan.
Al mirar a Mabli, noto sus ojos curiosos y serios a la vez.
Me pregunto qué pasa por su cabeza en este momento.
—No te imaginas cuánto —confieso.
Con mi respuesta se queda quieta, me mira como si pasaran mil cosas que decir por su cabeza e intentase escoger entre ellas. Para mi sorpresa, coge mi rostro en sus pequeñas manos.
—Lobelia, todo estará bien —susurra con una mirada cariñosa e inocente. Pareciera que supiera lo confundida que estoy en este momento. Al final sonríe de oreja a oreja—. A partir de ahora llámame Bli, así me llaman mamá y papá.
—Gracias, Bli —suelto entrecortado sin querer.
Le satisface mi reacción. Cuando metemos las galletas en el horno se escucha la puerta. Mabli sonríe antes de correr a saludar.
—¡Sorpresa! —Se para frente a Garran.
—¡Mabli! ¿Cómo estás?
—¡Estoy haciendo galletas con Lobelia! —responde ella con un brinco.
—Eso es fantástico —la emociona.
—Hola —me acerco y lo abrazo—, ¿qué tal tu día?
—Fue tranquilo, ¿y el tuyo? —Me mira cariñoso.
Le doy un vistazo a Mabli y sonrío.
—Ha terminado muy bien. —Peino su cabello con suavidad, para entonces dirigirme a ella—. ¿Por qué no escoges un libro? Te lo leeré cuando las galletas estén listas.
Sus cejas se levantan.
—¡Vale!
En menos de un segundo corre a la estantería y camina alrededor para leer todos los títulos.
Escucho un suspiro a mi derecha. Al girar el rostro noto que Garran la observa con una extraña mirada, como si quisiera que el tiempo retrocediera.
En un mes aún no lo he llamado papá o padre y, al verlo así, el remordimiento me rasga el corazón.
Suspiro y sonrío, imaginándome en qué piensa. Le doy una caricia suave en la espalda.
—Aquí estoy.
Eso le hace reaccionar.
—Lo sé. —Esboza una sonrisa melancólica—. Es solo que me pregunto si habrías sido así de niña si hubieras crecido conmigo. Hurgando entre los libros con curiosidad, correteando por la casa.
Suspira a medida que habla señalando a Mabli con el mentón. El corazón se me encoge al escucharlo. Solo basta un momento para abrazarlo con fuerza.
—Nos quedan muchos años para recuperar lo que no vivimos. —Cierro los ojos.
Papá , pienso con la intención de que salga de mi boca, sin embargo lamento no ser capaz. Si lo hiciera no sería con íntegra sinceridad. Mi corazón siente que es muy pronto.