Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 36
77%

Capítulo 36

Recorro la casa con la mirada de arriba a abajo. Mantengo el rostro serio. Planeo visitar a Medi pero lo haré después de esto. No puedo retrasarlo más. Aunque llegué a dudar sobre venir, las palabras de Macsen me han servido como último empujón. ¿Qué escondes, Rhoan? Libero un suspiro cansado.

Hay un par de cartas en la entrada de mujeres aprovechando que no está. Las cojo, las rompo en trozos diminutos y hago un agujero profundo al otro lado del camino . Las entierro a un nivel al que nadie podrá llegar con una expresión impasible.

Me aseguro de que no haya nadie y poso mi mano en la cerradura.

Los filamentos de piedra se introducen y amoldan a la forma de la llave.

Hago el giro y se escucha el desbloqueo.

Bien . Me asomo una última vez revisando que no haya transeúntes y entro en un parpadeo.

En cuanto me veo envuelta en el silencio, dejo escapar un suspiro que disipa parte de mis nervios.

No puedo perder tiempo en la nostalgia que siento y las ganas de verlo. Amortiguo mis pasos con musgo y voy directa a las escaleras.

En la segunda planta hay tres puertas a la izquierda y dos a la derecha.

La casa parecía pequeña desde abajo pero es más grande de lo que pensé.

Sé cuál es su dormitorio ya que Celyn me lo dijo.

Lo dejó cerrado , pienso al ver la puerta a mi derecha.

Hincho los labios y husmeo. La primera a la izquierda es un dormitorio sencillo.

En la siguiente hay un escritorio lleno de papeles y varios mapas, es evidente que es su estudio.

Al salir me encuentro con el baño así que continúo al final donde hay otro dormitorio sencillo.

Doy pasos hacia la habitación que me falta mientras el estómago se me revuelve. En el momento en que toco el pomo, cojo aire y me abordan los latidos frenéticos. Más vale que valga la pena, Celyn Aither. Abro la puerta.

Cierro los ojos antes de recorrerla con la mirada.

Es el lugar donde más se concentra su aroma.

Una vez reúno una cantidad moderada de aire, observo sin dejar ni un detalle de lado.

En un principio algunas cosas me extrañan.

Hay un tocador femenino y armarios innecesarios.

En la pared paralela a la puerta hay una ventana grande similar a la mía.

Bajo ella yace una cajonera. Me ilumina la luz que entra del exterior, he venido a buena hora.

En la pared siguiente que mira a la cama hay un armario alto en un extremo junto a un espejo de pie, después el tocador y le sigue otro armario.

A la derecha hay una silla bonita con una mesa de esquina.

Es una habitación preparada para un matrimonio.

Plantada en el centro de la habitación, con los pies hundidos en el musgo que voy creando, dejo ir un fuerte resoplo.

—No hay nada, Celyn —gruño.

Por su tono misterioso creí que encontraría algo importante.

No me queda de otra que examinar al milímetro.

Empiezo por la mesita de noche que tengo más cerca, la cajonera en la que tampoco encuentro nada importante a pesar de levantar las cosas con cuidado y revisar hasta el fondo y después voy al primer armario.

El aroma de Rhoan entra por mis fosas nasales, inspirándome a llenar mis pulmones.

Por un segundo me quedo admirando cada prenda.

Mi necesidad de volver a verlo y escuchar su voz crece con fervor.

Solo un breve instante más y cierro las puertas asegurándome de que todo esté como lo vi.

Me deslizo al tocador que también está vacío.

Solo me queda hurgar en el segundo armario.

Lo abro resignada a que no encontraré nada y tendré que irme y me quedo helada.

Se desatan temblores en mis labios, los estremecimientos me abordan con la intención de debilitarme las rodillas y los ojos se me enfocan en un objeto doblado con sutileza en la superficie de la madera.

Levanto el pequeño trozo de tela, observándolo sin palabras.

Lo reconozco de aquella noche que hicimos la apuesta.

La pareja, con certeza, sigue intacta en Blackriver.

Es mi cinta.

El nudo en la garganta me impide respirar bien y me ahogo en millones de preguntas a un suspiro del colapso.

¿Por qué está mi cinta en un armario vacío…

en su dormitorio? ¿Por qué se la quedó? Macsen no la mencionó.

¿Nunca la entregó? ¿No era para confirmar mi existencia?

No, con el mechón de cabello era suficiente, entonces, ¿por qué me la quitó en un principio?

¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?

Me duele la cabeza.