Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 34 #2
74%

Capítulo 34 #2

Rhoan me mira y solo entonces me doy el lujo de retomar mis nervios. Mis ojos terminan por plantarse al suelo.

—Deberíamos ir a la entrada, mi abuelo debe estar esperándonos con Jac —menciona Aron—. Celyn sabrá que estamos allí cuando salga.

Doy gracias porque está aquí, o no sé con qué cara enfrentaría a Rhoan.

A pesar de que el pueblo solo queda a unas horas, ellos permanecerán en Blackriver tres días para vigilar a las brujas y evaluar cuál de las estrategias que han planeado es la mejor.

Por lógica, cazar un aquelarre es más complicado que una sola bruja.

Cabe añadir el hecho de que los humanos no deben descubrirlos.

El viejo Macsen conversa sobre los preparativos con Jac Adair, el jefe del equipo. Permanezco a su lado ya que no vine en modo despedida sino como asistenta.

Jac es un hombre de cabello grisáceo peinado hacia atrás, muy respetado entre los cazadores.

Ojos azul cielo, una nariz alargada y cejas pobladas como arbustos.

Su mirada es impasible aunque permanece con las comisuras con gentileza hacia arriba.

Casi doscientos años estuvo luchando como cazador, hasta que el jefe del equipo Drago se retiró y le ofreció su lugar.

Una gran cicatriz rinde memoria a sus años de combate.

Se muestra desde su sien izquierda y recorre su mejilla hasta terminar en la clavícula.

Arruga su piel con ligereza y sobresale en un tono rosáceo. Es un hombre gentil y sociable.

—¡Lobelia! —me llama Aron sentado en un banco con Celyn a un lado más desanimado de lo habitual, y Rhoan al otro con sus ojos siguiéndome similar a un halcón. En el instante en que hacemos contacto visual desvío la mirada y siento un revoltijo en el estómago.

—Ve con ellos, pequeña. —Macsen me da una palmada suave en el hombro—. Sé que quieres despedirte.

¡No! Es decir, sí, pero no estoy lista para acercarme.

—No es necesario, puedo quedarme aquí —contesto con una sonrisa forzada.

—¿Cómo puede ser más entretenido pasar el rato con dos viejos? Ve, niña, que llevan un rato llamándote —añade Jac.

—Tiene razón —lo apoya Macsen.

Sé que si insisto sospecharán. Resignada, le doy un toque en el brazo.

—Entonces iré.

Camino enfocada en Aron y Celyn, en una lucha a muerte por borrar a Rhoan de la vista para no mostrar ansiedad. Sus pensamientos deben estar en la cacería mientras que los míos lo llaman a él.

—¿No nos escuchabas? ¡Llevo un rato llamándote! —se queja Aron.

—Perdón, estaba concentrada en lo que hablaban —invento una excusa y miro a Celyn, ignorando a Rhoan que me mira casi sin pestañear—. ¿Estás bien? ¿Cómo salió todo con Medi?

Él resopla.

—Tengo tres días para pensar en cómo convencerla de que soy su aetheris —responde.

Me hace sonreír.

—Sé que puedes. Si estáis predestinados, el amor siempre encuentra la forma de romper las barreras.

Me arrepiento solo un poco de mis palabras al caer en la cuenta de que Rhoan también me escucha.

—Gracias, tienes toda la razón —contesta Celyn más animado.

Hay un silencio en el que Aron se ve en la lucha de idear un nuevo tema de conversación. Es inteligente, sé que percibe que hay algo raro. En el asfixiante aire se oye que Rhoan libera un resoplo fuerte.

—Ven conmigo un segundo. —Se levanta y el corazón se me para en seco. Alzo el rostro amedrentada, lo veo alejarse a un callejón y el miedo de que me rechace antes de estar con la mente preparada me paraliza.

—Vamos —me anima Aron en un susurro. Lo descubro tanto a él como a Celyn con medias sonrisas para brindarme coraje.

Trago saliva y voy tras sus pasos. Cuando me detengo frente a él en el callejón, el silencio se vuelve difícil de sostener.

—No descuides tu entrenamiento mientras no estoy —me pide—. Te vendrá bien aprender de Garran, es el mejor de tu elemento.

—De acuerdo.

¿Me ha traído aquí solo para decirme eso?

Sigo sin poder mantener el contacto visual.

Sin embargo, no quiero que se vaya de este modo.

No quería este resultado, no debí emborracharme ayer hasta erradicar de manera fatal mi impecable compostura.

¡Todo iba bien! Bueno, él me evadía pero no había esta tensión y podía mirarlo a los ojos.

Quiero volver a cuando reíamos juntos, a cuando nos tratábamos como si nos conociéramos desde siempre.

Termino por entender que no podré soportar su rechazo, me partirá el alma en dos así que solo puedo seguir un camino. Cojo una bocanada de aire discreta y alzo la mirada. Cada segundo es una posibilidad para él de decirme que no me quiere.

—No debí presionarte anoche —suelto y enseguida relaja la mandíbula—.

Entiendo que hay límites que has marcado con claridad y fue error mío intentar cruzarlos.

Espero que olvides todo lo que dije. Finjamos que no sucedió y volvamos a nuestra amistad de siempre, ¿vale?

Me acostumbraré y cuando conozca a mi aetheris te olvidaré. Te lo prometo.

Los ojos se me nublan con el dolor que me causan mis propias palabras. No quiero olvidar ese momento en el cual me armé de valor pero necesito hacerlo para recuperar nuestra cercanía. Alejarme de él no es una opción.

En su rostro se muestra una inesperada tristeza, casi tan visible como la mirada afligida que logré avistar frente a Garran.

Titubea en silencio y al poco tiempo sella sus labios para asentir mientras contiene su dolor.

Sudo frío. Con esa reacción confirmo que pensaba rechazarme.

Al menos significa que mi disculpa ha funcionado.

Lo único que necesito es que no me diga que no lo busque más.

A punto de proponerle volver con los demás, se me ocurre algo.

—Dame un momento —le pido.

Abro las manos tan concentrada que olvido el entorno. Entre mis dedos se forma la figura de un lobo utilizando madera de ébano. Lo cubro en mis manos y cierro los ojos para rezar. Al cabo de unos segundos se lo entrego.

—Es un amuleto, te protegerá —murmuro con timidez. Un dolor punzante me escuece el alma con un déjà vu de cuando le entregué el pañuelo a Lucian. Ahora entiendo por qué Medi no quiso despedirse. Rhoan regresará. Es fuerte, lo he visto. Es imparable , me convenzo.

Sus labios permanecen entreabiertos, cautivado admirando los detalles. Poco después me dedica una sonrisa dulce.

—Gracias —su voz es afligida. Dejo ir un resoplo con las comisuras alzadas unos milímetros.

—¡Rhoan!

Se oye la voz de Aron. Es la hora. Los ojos se me cristalizan y un nudo en la garganta me corta el aire.

Rhoan guarda el amuleto, salimos del callejón y vamos a paso de tortuga a la entrada.

El corazón me late despiadado, los labios me tiemblan.

Nos encontramos con ellos antes de ir con Macsen y Jac.

Por un segundo en el que Rhoan está más lejos, Celyn se me acerca y susurra en un parpadeo.

—Ve mañana.

Mi corazón se acelera un instante.

—Lo pensaré —le susurro.

Llegamos a la altura de Macsen y empieza la despedida final.

—Ven aquí —Macsen abraza fuerte a Aron, cerrando sus ojos con sentimiento.

—Viejo, te he dicho que no me abraces así en público —refunfuña Aron sin alejarse.

—Llámame abuelo. Abuelo —lo corrige Macsen—. ¿Por qué no sigues el ejemplo de Lobelia y Medi? ¡Las dos me llaman abuelo y fue a ti a quien crié!

—Es porque tienes un don para encantar a las mujeres —dice Aron entre risas.

Sonrío leve dándole la razón.

—Bueno, como sea —responde Macsen habiéndole gustado su respuesta y le da un beso en la frente—. Que Emdor te proteja, Aron Bedelia.

—Y que su luz nos mantenga unidos —completa Aron con una sonrisa.

Es la conocida despedida del cazador: con una bendición del Gran Roble. Presenciar la de Aron y Macsen hace que le eche más leña al fuego. Calma, solo son tres días , me digo, esforzándome en que no se note mi estrés.

—Que Emdor os proteja a los tres —habla Jac a su equipo—. Cuidaos los unos a los otros y no os separéis en ningún momento. Siempre juntos, siempre en equipo.

Cada detalle me va acuchillando como recordatorio de que Rhoan estará en peligro y estará lejos de mí.

Macsen agita su cabello como hace de modo habitual.

—Cuídate, niño.

Él asiente. A los pocos segundos Rhoan y yo nos miramos.

Deben irse, sé lo peligroso que es una bruja, lo he vivido en carne y hueso.

Muero por darle la despedida del cazador pero me dirá que no.

Prefiero mantener la distancia como le prometí.

Aun así, no puedo evitar levantar las cejas afligida.

Al borde de decirle un sencillo adiós , Rhoan da un paso y sus brazos se cierran a mi alrededor.

Me muerdo el labio inferior tan fuerte que percibo un sabor metálico y su cariño provoca que las lágrimas salgan sin más.

—Te veo en tres días —promete.

—Ten cuidado, por favor —susurro delatando el nudo en la garganta.

Siento su cuerpo hincharse en mi mejilla a medida que coge una extensa y profunda inhalación. Al soltar aire, me deja ir y me dedica una media sonrisa. Al fin empiezan a caminar.

—Nos vemos —se despiden Celyn y Aron.

—No bajéis la guardia, por favor.

Asienten. Me quedo al lado de Macsen y casi como si me leyera la mente o pudiera adivinar mis emociones, me da un abrazo de lado. Cuando Rhoan ya no mira atrás, sollozo en voz baja con el corazón a un latido de colapsar.