Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 34
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Capítulo 34

—Después de un año decidió abrir su boutique y centrarse en el trabajo —culmina Celyn—. Muchas veces intenté acercarme pero ella cortaba la conversación diciéndome que dejara de tenerle lástima.

Hemos tenido que sentarnos en un banco en el camino para terminar la historia.

—Medi me habló de la muerte de su prima y cómo fue su proceso de luto pero no te mencionó nunca —murmuro con pena en cada sílaba.

Se recuesta en el respaldo del banco con la mirada en las nubes.

—Puedo imaginarlo ya que se aseguró de que no existiera un ella y yo . Fue Macsen quien le ayudó a bajar la guardia hasta que llegaste tú y reabriste su corazón —asegura, inspirándome a levantar las comisuras—. Desde el fondo de mi alma te lo agradeceré siempre, Lobelia.

Nos dejamos llenar por un silencio agradable, me da un toque con el codo y continúa:

—Y en agradecimiento por escuchar mi historia, te daré información importante sobre Rhoan —anuncia en voz baja.

Los latidos se me disparan. Separa los labios y me mira directo a los ojos.

—Para los que lo sabemos, mantener el silencio ahora supone una tortura y nos duele mucho —expresa y mi rostro se atenúa aflojando la mandíbula.

—¿A qué te refieres?

Casi puedo leer sus pensamientos preguntándose si está bien seguir.

—He estado con Aron en casa de Rhoan muchas veces y cuando Aron se emborracha hasta quedarse dormido, Rhoan me pide que le ayude a llevarlo a la habitación de invitados.

En ocasiones Aron insiste en dormir en la habitación de Rhoan porque la cama es más grande —murmura muy bajo, sin yo poder captar a dónde quiere llegar con esos detalles—.

Lobelia, cuando nos vayamos, ve a su casa y entra en su habitación.

Es la primera puerta al subir las escaleras.

Desorbito mis ojos.

—¿Estás loco? ¡¿Sugieres que me cuele en su casa?!

—Confía en mí y hazlo mañana en tu descanso de la tarde. Cuando estés allí lo entenderás. —La certeza se refleja en sus ojos—. Sé cuidadosa y no dejes ni una huella, recuerda que Rhoan es un cazador meticuloso.

Mantengo la mirada con la suya y creo ver un atisbo de emoción por el posible resultado que traerá el que siga su intrépido consejo. Se pone en pie y estira los brazos dejando ir un quejido. Puedo ver que está satisfecho con lo que me ha dicho sin un atisbo de arrepentimiento.

—¿Vamos?

Lo observo un momento, resoplo y asiento. Me separo del banco cuando de la nada pienso en algo, con la oportunidad de hablar a solas con uno de los tres miembros del equipo Drago.

—Celyn —lo llamo dudosa y se detiene—. Rhoan es muy fuerte, ¿no es cierto?

Por el modo en que se le cierne una sonrisa cálida en el rostro, me muerdo el labio con cara tímida, porque ha quedado claro que mi preocupación es evidente.

—Casi invencible.

Inhalo hasta levantar los hombros y suelto una bocanada de aire que se lleva mi energía. Mi ansiedad no se esfumará así de fácil pero la confianza que Celyn me da me hace saber que Rhoan sabe lo que hace y no estará solo. Es el equipo de cazadores más fuerte.

Tengo la cabeza dando vueltas. El qué encontraré en casa de Rhoan me pone de los nervios y recuerdo que me impidió subir las escaleras cuando me llevó. ¿Qué oculta? Creía ser una persona con gran creatividad, no obstante esto me sobrepasa y no tengo ni la más remota idea de qué será.

Tengo unas ganas enormes de verlo, sin embargo gracias a Emdor no hemos coincidido en todo el día.

Sé que me rechazará por su expresión de esta mañana con Garran y no sé si estoy preparada para hablar con él.

Aun así, tenemos que encontrarnos pronto ya que Macsen me pidió que lo acompañase a despedirse.

Lo hace con todos los equipos y me viene de maravilla como excusa para no tener que hablarle pero poder verlo partir con mis propios ojos.

Antes de eso me encamino a la boutique de Medi. Necesito convencerla de que se despida . Ahora que conozco ambas perspectivas no puedo dejar de pensar en que es una tontería que sigan sin estar juntos. Abro la puerta y no se ve ni un alma.

—Medi, soy yo —anuncio.

Se levanta al otro lado del mostrador. Igual que la última vez, estaba escondida como un animalito. Le faltan ánimos hasta para saludar y por su rostro derrotado y mirada baja me temo lo peor.

—¿Me acompañarás a despedirlos? —pregunto con suavidad.

Sus ojos se apagan aún más.

—No creo que pueda, lo siento.

La observo con cariño y elimino la distancia, abrazándola y llenándola de buenos deseos.

—Está bien, no tienes que disculparte por eso.

—Retrocedo para peinar las hebras sueltas de su moño—.

No obstante, es importante que hables con Celyn después de la cacería, ¿de acuerdo?

Macsen me dijo que regresarán en tres días.

No puedes dejar que el problema se enfríe, Medi. No es justo para nadie.

Me frustra no poder hacer más tras saber lo que me contó Celyn. Gracias a eso no puedo evitar darle mi apoyo en vez de a mi amiga que no hace más que huir. Debo morderme la lengua y tragarme las palabras. No puedo entrometerme más que esto.

Cuando empiezo a resignarme a ser espectadora, oigo un sollozo.

—¿Qué sucede? —susurro con cariño.

—Sé que es injusto para él, sé que soy una cabrona pero el miedo me paraliza —confiesa—.

Estoy aterrada de entregarle todo de mí, acostumbrarme a esa sonrisa y a esos ojos que me miran como un maldito idiota enamorado y que al final me lo arrebate el destino como hizo con Amalia…

Si descubro lo que es tenerlo, ya no podré vivir sin él.

No dudo en estrecharla en mis brazos otra vez, con más fuerza.

—Si lo pierdo como a Amalia estaré perdida, Lobelia —su voz es un desastre—. Y odio el hecho de que hoy también se irá. ¡Odio que sea un cazador!

—Ay, Medi. —Suelto en un suspiro lleno de pesar.

Su manera de actuar siempre tuvo sentido. No era solo por mal carácter, testarudez o por preocupación a que su mala fama en el pueblo afectara de forma negativa a Celyn.

Los minutos se vuelven eternos hasta que termina por secar sus lágrimas una última vez.

—Debes irte, tienes que despedirte de Rhoan —me recuerda provocándome un resoplo.

—¿Quieres que le entregue un mensaje por ti—

Soy interrumpida cuando se escucha la puerta abriéndose. Nos miramos a la cara y en un parpadeo Medi se ovilla en el suelo. Entra Celyn con la impaciencia asomada en el rostro.

—Hola. —Lo saludo desde el mostrador.

Él levanta las comisuras.

—¿Otra vez cuidando la tienda?

Voy a responder cuando oigo una respiración fuerte que viene de Medi.

—Deberías estar en la entrada del pueblo. —Se endereza.

¡Bien! Me enorgullece. La sorpresa de Celyn aumenta al descubrir sus ojos rojos. Poco después relaja la expresión, debe haberse dado cuenta de que es por él.

—Hola, Medi.

Observo el mágico cruce de miradas encontrándolo digno de una dramática obra de romance, hasta que Celyn hace contacto visual conmigo y reacciono.

—Ah, y-yo… quedé en verme con Macsen ahora, así que te veo después.

Me voy a la salida con la torpeza visible en cada paso, alzando las cejas a Medi para animarla.

Parece al filo del desmayo, a pesar de tener el rostro impasible de siempre.

Abro la puerta pasando al lado de Celyn y en el momento en que salgo al exterior mi mirada se encuentra con una que detiene mi corazón.

—Rhoan…

Desprevenido como yo, solo alcanza a tragar.

—¡Hola, Lobelia! —saluda Aron.

Gracias a él despierto de mi impacto momentáneo y cojo a Rhoan de la mano.

—Venid conmigo.

Rodeo la tienda.

—Ooh, ¿quieres espiar? —adivina Aron—. No deberíamos, pero te apoyo.

Rhoan sigue mudo. Llevo mi dedo índice a la boca para que guarden silencio y abro la puerta trasera a paso de caracol.

He practicado con esmero el control de mi poder y he aprendido con Garran a cubrir mis pasos con musgo, cosa que otros Xyla no pueden hacer.

Hago un camino para acercarnos hasta la puerta que va al frente sin hacer ruido y nos escondemos a los lados.

—Mis intenciones de acompañarte a casa anoche no influyen en el hecho de que sucedió lo que tenía que suceder —afirma Celyn.

—Claro que influye. Si no hubieses insistido, nada de esto habría pasado.

—Pero pasó, ¿por qué no quieres hacerle frente?

Ella se silencia por un breve momento.

—Celyn, no soy yo —dice con una voz más dócil—. Y lamento mucho lo que hice—

—Yo no lamento nada —interrumpe Celyn.

Ella calla hasta que resopla. Casi puedo ver su rostro abatido.

—Celyn, no estoy en condiciones de estar con alguien como tú.

—¿Qué significa eso? —responde él con un nudo de impotencia. Unos segundos después cambia el tono a uno suave—. Me dijiste que con eso podía ser tu amigo, ¿no? Seamos amigos.

—Estaba borracha.

Me muerdo el labio con rabia y ganas de mostrarme y gritarle que espabile.

—Hemos llegado hasta aquí —expresa Celyn con el dolor tatuado a sangre en cada sílaba—. Por favor no me alejes otra vez.

Sus súplicas me hacen recordar la historia que me contó por la mañana, su sufrimiento a flor de piel a medida que revivía esos tiempos difíciles. Noto que Aron y Rhoan también están serios. La falta de respuesta de Medi se siente mortal.

—Solo déjame estar cerca, es lo único que te pido —añade él.

Hay un largo silencio en el que con certeza Medi lo está pensando, hasta que la escucho suspirar.

—Sobre ser amigos… lo pensaré —cede a medias—. Pero si tu aetheris aparece de repente, haremos como si fuésemos extraños.

Pongo los ojos en blanco. ¡Qué negación tan grande!

—Está bien —responde él. Está seguro de que es Medi y nosotros también.

Al sentirnos satisfechos con lo que escuchamos, salimos por donde vinimos.

—Me pregunto quién será tu aetheris, Aron —suelto en broma, provocándole una carcajada gigante.

—He pasado por muchos encuentros y todavía no aparece nadie. Seré como mi abuelo, guapo y soltero para siempre.

No parece preocupado por ello.

—¿Crees que Macsen es guapo ? —le pregunta Rhoan en un tono burlón.

—¿Qué tiene de malo? —lo defiendo—. A mí sí me parece que tiene buen porte.

—¡Já! —me apoya Aron.