Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 33 #2
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Capítulo 33 #2

El chico permaneció callado y frustrado al haber quedado en segundo plano.

Le lancé una mirada que decía que le iba a dar la hostia de su vida si no desaparecía y se escabulló en silencio con el rabo entre las piernas, de vuelta con sus amigos.

Me estaba haciendo renombre como cazador y en casos así era útil.

—Salí temprano, te acompaño a casa.

—Bueno.

Se arregló el flequillo esta vez por mí, siguiéndome sin decir nada. Durante un rato solo se escuchaban nuestros pasos y los ruidos ambientales del pueblo.

—Iba a ver a tu prima hoy, escuché que llegó de su misión.

Su cabeza giró tan fuerte que su cabello bailó.

—¡¿Llegó?! —Su sonrisa era tan radiante que me dejó pasmado—. ¡¿Por qué no me lo dijiste antes?!

Se adelantó.

—¡Cálmate! Seguro está en la Central ahora. Recuerda que al llegar tenemos reuniones.

Quería estar más tiempo con ella.

—Ah, cierto. —Ralentizó su andar y volvió al silencio. Me daban ganas de suspirar con un alivio incomprensible—. No me gusta que se haya convertido en cazadora. Tampoco tú, ambos sois idiotas.

Mis latidos se tornaron irregulares y maldije a mi corazón por ello. No debía ser.

—No sabía que te preocupabas tanto por mí. —Esbocé una sonrisa con mi respuesta traicionando mi conciencia.

—Me preocupo por quienes se preocupan por Amalia —respondió con un trabalenguas que me pareció encantador—. ¿Y? ¿Tendrás una misión pronto?

Mientras que Amalia estaba en el equipo Secoya, yo estaba en el equipo Drago. De momento no tenía ninguna misión, no había pistas y las brujas en el territorio de Benmore era unas jodidas cucarachas expertas. Cuanto más cerca de Emdor, más fuertes y astutas eran.

—Es posible que en estos días tenga que irme —mentí a niveles exorbitantes y sin remordimientos, interesado en su reacción. ¿Qué estoy haciendo? Rasqué mi nuca empezando a sentir el arrepentimiento hasta que la tristeza bañó su expresión.

—¿De verdad?

Su voz apenas salía como si se hubiera olvidado de que su prima acababa de llegar.

Un latido fuerte me motivó a tocarme el pecho y comprendí todo en el instante en que la vi hacer un sutil puchero.

Miré al frente nervioso. Lo sabía, me había dado cuenta solo que, ¿una joven siete años menor que yo?

Estaba loco. Además, era la prima pequeña de mi mejor amiga.

Bueno, eso no era un inconveniente. Al contrario, Amalia haría una celebración, pero sentía una especie de muro invisible que no debía atravesar.

—¿Cuándo será?

—Todavía no se sabe. —Evité su mirada.

—Me avisas para despedirte.

Celyn, sé decente, por Emdor , me regañé. No debía hacerlo, lo sabía y aun así me picaba la lengua por el impulso.

—¿Con la despedida del cazador? —solté en un fingido tono animado para que creyera que lo decía en broma. En realidad la idea me evocaba mariposas en el estómago.

Cuando la miré por el rabillo del ojo, caí aún más en el abismo de la verdad.

Sus mejillas mostraron un precioso color cereza junto a una cara que me hacía saber que estaba en pánico.

Con certeza se estaba imaginando a sí misma dándome la despedida, el beso en la frente del que solo tienen derecho los familiares y la persona amada.

—¡¿Q-Qué dices?! —chilló acelerando el paso.

Por un breve instante miré su espalda. La quería, no como hermana o amiga sino como mujer. Mientras su cabello se balanceaba de un lado al otro en un movimiento hipnotizante, la admiré hasta que se detuvo.

—¿Vienes o no? —gruñó.

Asentí y la seguí en silencio. Con mis pies moviéndose a su lado preferí controlar la situación en mi interior.

No me atrevía a acercarme con intenciones románticas a una niña que apenas descubría lo que era tener a chicos interesados en ella.

Sabía que siete años de diferencia no eran nada comparado a parejas en Emdor que se llevan cuarenta o más pero Medi no era adulta.

Solo tiene dieciséis, me repetía en bucle.

Quizás era un capricho ya que había confianza entre nosotros y ella era una chica linda.

Con el tiempo, tal vez el sentimiento se iría.

Mi embelesamiento por Medi creció irrefrenable, hasta que el pensar en negar mi amor por ella se había vuelto una blasfemia para mi alma.

Dos años más tarde, cuando por fin se convirtió en una mujer adulta, estaba listo para hablar con Amalia.

Tenía que pedirle su permiso, después de todo era quien me la había presentado de forma inocente y las cosas habían avanzado hacia esta dirección sin ella tener idea.

Estaba emocionado, atento a cuando llegase de su misión.

La cabrona de verdad iba a ponerse a celebrar, estaba seguro.

—¡Un incendio! —escuché los gritos al salir del trabajo.

Miré al cielo y vi humo al oeste del pueblo por donde está la entrada.

Todos los que estaban a mi alrededor corrieron para ayudar.

¿Un incendio de la nada? Había muchos Bedelia que podían apagar el fuego en un segundo, pero, ¿se había extendido hasta ese punto?

Pasó por mi cabeza la idea de que una bruja había descubierto la ubicación del pueblo y un terror me recorrió la espalda.

Pensé en mis padres, en mis amigos, pero sobre todo mi corazón llamaba a una persona.

¿Dónde está Medi? Seguro me la encontraría extinguiendo el fuego ya que era de las mejores con su elemento.

Esperaba que no fuese una bruja porque no quería que viera lo repulsivas que podían ser cuando asesinaban y me aterrorizaba el pensar que se expusiera al peligro.

Cuando llegué al centro de la situación quedé petrificado. Un torbellino de fuego violento y frenético consumía todo lo que tocaba, y en el centro…

—¡Medi Bedelia, detén esto ahora mismo! —gritó Iver Adair, intentando pasar a través de las llamas con su poder. Las movía con el agua pero era como si fuesen una bestia que advertía que no se atreviera a dar un paso.

—¡NOOOOO! ¡AMALIA!

La piel se me puso de gallina y los ojos se me nublaron.

—¡Medi, por favor! —sollozaba su madre en voz alta.

Se estaba acorralando a sí misma en el fuego, era peligroso para ella.

Los Bedelia tienen resistencia al fuego por un corto tiempo y cuanto más poder es mejor.

A ella veces la veía jugando a pasar la mano por las llamas, dejándolas por un par de minutos, tarareando como si nada.

Sin embargo, si los Bedelia se exponen demasiado pueden morir quemados.

Es una de las muertes más trágicas en el pueblo.

—¡Niña, te vas a matar si sigues así! —gritó Olwina Aither al lado de Iver Adair y Catrin Xyla.

Los Bedelia y Adair que estaban presentes luchaban por extinguir el fuego con todas sus fuerzas, los Xyla esparcían tierra para asfixiar las llamas pero se extendía tan rápido que era caso perdido. Era más la potencia de Medi que lo que ellos llegaban a apagar.

Llamaba a su prima afónica y sin inmutarse de lo que la rodeaba. No podía quedarme quieto, tenía que salvarla. Atravesando el fuego con fuertes ráfagas de aire que lo desviaban, me acerqué como pude. Tal como Iver Adair, era impenetrable.

—¡Medi! —la llamé desesperado.

Con su rostro empapado en lágrimas, giró la cabeza e hicimos contacto visual. Mi corazón soltó un latido que estaba seguro que estaría en sincronía con el suyo. Por un segundo se quedó quieta hasta que volvió a arrugar la mirada.

—¡No vengas! ¡Vete de aquí!

Nunca he sido de los que obedecen así que iba a tener que quemarme por ella si era necesario.

Seguí luchando atravesando el fuego. Algunas llamas tocaban mi ropa y me distraían para extinguirlas.

Por suerte, como ella no quería hacerme daño, había debilitado el fuego por donde yo pasaba.

Gracias a eso la alcancé y estreché en mis brazos.

—¡Suéltame! ¡No quiero! —Forcejeó.

Para no cocinarnos mantuve un círculo de aire a nuestro alrededor.

—Medi, tú no eres esto. Vamos, respira, estoy aquí.

—¡Amalia ha muerto! ¡Ya no está! —gritó en fragmentos. Después, volvió a forcejear—. ¡No quiero verte! ¡Un día también morirás y yo…!

Estaba sudando, me mareaba el calor excesivo y la falta de oxígeno. Cuando iba a responder, el fuego se extinguió en un abrir y cerrar de ojos. Ambos en silencio miramos al personaje imponente que caminaba hacia nosotros. Había llegado Macsen Bedelia, con la severidad marcada en su rostro.

—Es suficiente, Medi Bedelia. Si continúas, el fuego alcanzará al Gran Roble y el mundo perecerá.

Las cenizas cayeron en el silencio, convirtiéndose en una lluvia oscura marcada por una desolación que nos tomaría días limpiar.

—¡Hay que reparar los edificios dañados! —lideró Catrin Xyla.

—¡Reunid a los heridos!

Mientras, ella observó a Macsen con una mirada muerta.

—¡Medi! —Se acercaron sus padres—. ¡Por Emdor, mi niña!

La examinaron en cada rincón para asegurarse de que no estuviese herida. Habían perdido a su única sobrina y casi perdían a su hija en el proceso.

—Medi… —la llamé.

El brillo escaseaba en sus ojos. Sin responder, observó el resto.

Los edificios estaban negros y algunos destrozados por las llamas.

Había personas heridas por el fuego que los había alcanzado y la observaban con desazón, igual que miraba un hijo de Emdor a una bruja.

Giró su rostro hacia otro lado y nuestras miradas no se volvieron a cruzar.

—Hablemos junto a Emdor. Lo necesita. —La señaló Macsen con el mentón y ellos asintieron y lo siguieron.

Me quedé atrás sin más opción que apretar los puños. Quería coger su mano y volverla a tener en mis brazos. Solo fue por unos segundos, los más peligrosos que había experimentado porque estaba dispuesto a incinerarme con y por ella, pero tenía que admitir que habían sido los mejores de mi vida.

Los del pueblo retrocedían y la miraban con miedo y rencor a medida que atravesaba la multitud.

Entre todos los Bedelia solo Macsen había conseguido controlarla y se sabe que su poder es bestial.

Eso solo significaba una cosa: ella también era una bestia, pero una descarriada que nos pondría en peligro a todos.