Capítulo 33
Celyn
Tenía diecinueve años en el otoño que vi por primera vez a Medi Bedelia. Amalia y yo caminábamos por la plaza principal del pueblo después de haber salido de nuestras clases elementales avanzadas. Hablábamos sobre su tema favorito.
—Me gusta Drystan.
Sobre amor.
—Es agradable —comenté.
—¿Verdad? Me encanta su sonrisa. ¿Te imaginas que fuera mi aetheris? Aunque me pondría nerviosa cada vez que tuviese que hablar con la líder.
Era el bisnieto de Catryn Xyla.
Amalia era muy soñadora y disociaba con frecuencia.
Cuando la llamabas, no había escuchado ni pío de lo que decías y tenías que repetirlo.
Debido a eso no le agradaba a muchas personas, llegué a escuchar opiniones de que no escuchaba porque no le interesabas pero yo tenía claro que su distracción era natural y a veces me peleaba con hipócritas gracias a eso.
A mí me agradaba porque era sincera y algo ingenua, cosa que yo nunca fui.
Llevaba un par de meses que prefería pasar mi tiempo con ella que con el resto.
—Agradece que no es el bisnieto de Olwina, ella sí que da miedo.
—¡Ja, ja, ja! —De repente miró a otro lado—. Ah, ¡oye, gusanita!
¿Gusanita? Dirigí la vista al mismo lugar. Una niña de cabello largo y lacio nos miraba atacada. Iba a atravesarla con la mirada y yo sería un daño colateral.
—¡Shhh! ¡Cállate! —gimoteó acercándose.
—¿Por qué la llamas así? —le pregunté en voz baja antes de que llegase a nosotros, intentando esconder la sonrisa divertida.
—Porque es pequeñita y cabe en todas partes. —Se encogió de hombros.
—¡JA, JA! —Lo aclaró con tanto orgullo que no logré aguantar mi carcajada.
—Shh. —Me dio un toque con el codo.
—¿Qué quieres? —Se detuvo enfrente.
Vaya si era pequeña. ¿Qué edad tenía? Parecía tener diez años. Su actitud malhumorada llamaba mi atención. Me miró y me enderecé. Retornó la vista a Amalia.
—Celyn, ella es mi prima, Medi Bedelia. —La señaló y luego a mí—. Medi, él es Celyn Aither.
—Hola, es un placer. —Le sonreí.
Movió la boca hacia un lado.
—Hola. —Miró al suelo con las mejillas sonrosadas.
Su reacción era tierna.
—¿Quieres cenar en mi casa? Me iba con Celyn. Hablaré con mis tíos de camino.
—Vale.
Ahora está callada . Lo común es hacerte una idea de la personalidad de alguien desde los primeros cinco minutos, pero ella ya estaba mostrando otra actitud y no sabía en cuál confiar. De cualquier modo todas eran interesantes.
En el trayecto llamaba mi atención que tenía el cabello largo hasta la cintura.
Es común que las mujeres Bedelia lo tengan corto, en especial a su edad para no quemarse por error durante los años de aprendizaje.
En el caso de los hombres lo normal es que se afeiten la barba en la adultez.
Solo Macsen Bedelia se da el lujo de mantener la barba larga ya que su nivel de control elemental es perfecto.
Me hacía pensar que Medi era como Macsen o usaba su poder con escasa frecuencia.
—¿Cómo te fue en clase? —le preguntó Amalia.
—Una niña me agarró el pelo.
Amalia paró un momento con la indignación plasmada en la cara de sopetón.
—Así que quemé las puntas del suyo —terminó Medi, regalándole una media sonrisa—. Lo hizo porque me tiene envidia.
Permanecí atónito por su respuesta. Si te cogían del pelo ¿estaba bien responder con el doble de agresividad? Me parecía que había que decirle algo pero no me correspondía dar mi opinión. Pensé que quizás Amalia lo haría pero se le pintó una radiante e inesperada sonrisa malévola.
—¡Já! ¡Eso es! —Chocaron las palmas y seguimos andando—. Debe estar llorando.
—¡Lo hizo! ¡Ja, ja! Se lo quemé hasta el cuello. Era bonito, lo tenía por debajo de los hombros.
Por Emdor, eso está mal. Aun así, de nuevo la respuesta de Amalia fue positiva.
Cuando llegamos a su casa saludé a sus padres a quienes ya conocía.
Éramos amigos desde hacía un par de meses y nos llevábamos tan bien que ya nos considerábamos mejores amigos.
Fuimos al jardín trasero donde había unos columpios.
Medi se sentó en uno y Amalia en el otro, no paraban de parlotear mientras que yo las observaba entretenido.
—Sois como hermanas —opiné y me miraron al mismo tiempo.
—¡Es cierto! Nos complementamos, ¿no, gusanita? —Se inclinó para cogerla sin separarse de su columpio y le dio como cinco besos en la cara. Medi solo puso morritos.
—¡Te he dicho que no me llames así! —chilló.
—Tiene doce años. Es linda, ¿a que sí? —preguntó Amalia y omitió la queja, sin intenciones de separarse de ella.
Me reí, sorprendido porque yo podía jurar que tenía diez. Era diminuta. Como un gusanito , pensé aún entretenido por el apodo.
—Sí, es muy linda —contesté.
Medi enrojeció.
—¿Lo ves, Medi? Tienes que conseguir a alguien como Celyn. Menos que eso no lo acepto.
Alcé una ceja.
—¡¿Qué tontería dices?! —Se liberó de sus brazos y corrió dentro de la casa con sus tíos, dejándonos entre risas por su ternura.
Para la cena, mi asiento estaba enfrente del suyo y podía sentir su mirada con frecuencia.
¿Era curiosa o le había gustado? Esperaba que no se enamorara de mí.
No me emocionaba la idea de romperle el corazón inocente a la prima de una buena amiga.
Estaba en edad de empezar a descubrir lo que era el amor.
Verla tan pequeña buscando mirarme cada vez que yo giraba el rostro hacia el plato me hacía querer sonreír, porque no era que careciera de discreción sino que yo era muy atento a mi entorno.
Mantenía su expresión calmada y seria, en exceso para su edad.
Qué tierna. Escondí la sonrisa entre bocados.
Creía que serían pocas las veces que la vería pero no podría haberme equivocado más.
Los años siguieron su curso y la madurez le iba sentando a la perfección.
Un día a mis veintidós años la vi a la distancia, estaba sentada en una de las cientos de fuentes que había en el pueblo.
Leía un libro con el objetivo de ignorar al resto del mundo.
No lograba ver la cubierta pero se notaba que se trataba de uno que los de su edad no entenderían.
Cada vez me encontraba con ella con más frecuencia.
Amalia parecía haberla maldecido con ser bajita.
A los dieciséis años era de las de más baja estatura entre las mujeres de su edad.
Está sola. Dudé si acercarme o no, en esos tiempos Medi me hacía cuestionar mi actitud hacia ella. Todavía no estaba seguro de cómo solucionarlo.
—Celyn —alguien me llamó.
Era Rhoan.
—Hola, ¿qué tal todo? —lo saludé con la mirada en Medi.
—Bien.
Llevaba el rostro inexpresivo de siempre.
No lo había visto sonreír ni una vez. Era una persona admirable que cuidaba a su hermanita como si fuese una pluma y con frecuencia se llevaba a sí mismo al límite cuando entrenaba con su bisabuela.
Lo sabía por los incidentes que con los años se hacían más frecuentes.
Oía el drama cuando mis padres se juntaban con los suyos y a veces me lo encontraba por el pueblo con alguna que otra venda que escondía una quemadura o un corte.
Todo porque unos años atrás, cuando desarrolló su habilidad para controlar las temperaturas del agua, había despertado al día siguiente con la decisión de que quería ser un cazador.
—¿Qué pasa con ella? —preguntó de la nada, señalando a Medi con el mentón.
—¿Eh?
—Medi Bedelia —nombró—, la estás mirando como un baboso.
—¡Shh! —lo callé y palidecí. ¿Me acababa de llamar baboso? ¿Así se veía mi cara cuando miraba a Medi?—. ¿Para qué me buscabas?
Cuando lo escuché resoplando por la nariz, deduje que reía en su interior.
—Mi madre hará una cena en dos días ya que me aceptaron como aprendiz de cazador —anunció—. Díselo a tus padres para que vayáis juntos.
Sonreí.
—¿De verdad? ¡Eso es asombroso!, ¡felicidades, Rhoan! —Le di una palmada en el hombro—. ¡Estuviste mucho tiempo esforzándote para esto!
—Gracias.
—¿En qué equipo quieres estar cuando termines el entrenamiento? Aunque falta un año para eso.
Me entraba la curiosidad a pesar de que mis ojos no lograban apartarse de Medi.
La brisa movía su cabello y su ondeo me tenía hipnotizado.
Sus dedos, que recogían los mechones que se le atravesaban, me hacían sentir controlado como una marioneta.
En el momento en que volví a oír el resoplo de Rhoan, desperté de mi ensimismamiento.
—En el tuyo, el equipo Drago.
Me hizo verlo de nuevo.
—Pero es el más peligroso.
Mi pregunta hizo que mirara al vacío, parecía pensar en algo.
—En Benmore, hay algo —murmuró para sí mismo sin ganas de que le entendiera—. Así que tendré que pelear con Rowin cuando termine la fase de aprendiz.
El miembro Adair de mi equipo. Cuando un cazador quiere tomar el puesto de otro del mismo elemento, hacen un duelo de cinco días. Cada día hay un combate supervisado por el líder de los cazadores, el jefe de equipo y los miembros. Tras el combate del quinto día se toma una decisión.
Alcé una ceja y levanté las comisuras.
—Eso no le gustará —me acerqué para hablarle en voz baja—, aunque preferiría que le ganases. Rowin es un poco pesado.
—Su puesto me pertenece —respondió confiado—. En fin, le diré a mi madre que iréis.
Noté a unos chicos que admiraban a Medi mientras hablaban entre ellos. La voz de Rhoan se transfirió al fondo. Uno comenzó a aproximarse a ella con valentía, animado por sus amigos, y mis pies se movieron solos.
—Lo siento, hablamos después.
Lo dejé atrás sin esperar respuesta. El chico llegó antes que yo, vi que le decía algo y ella empezaba a mostrar una mirada más tímida. Se estaba arreglando el flequillo. Con eso me recorrió un frío en la nuca y troté porque era un gesto que solo hacía conmigo.
—Te he visto varias veces y me preguntaba si querrías—
—Medi.
Llegué e interrumpí al chico. Ella giró con rapidez alejándose un paso del joven. Apreté la mandíbula porque ese sencillo movimiento me daba a entender que se sentía culpable.
Mierda .
—¿Celyn? —se notaba confundida—. ¿No estás trabajando?