Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 32
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Capítulo 32

Escucho su anécdota maravillada e inmersa. Cuando termina le sonrío traviesa.

—A mí no me pediste eso para ser tu amiga, ¿tengo que hacerlo? —bromeo.

—Cállate. —La vergüenza le hace cubrirse el rostro.

—Ven aquí, debo terminar el ritual. —Hincho los labios con exageración, con la divertida intención de darle un beso en la mejilla. Me pone las manos en los hombros para mantener distancia.

—No te atrevas —me advierte entre risas.

Al menos con eso creo que se ha relajado un poco. Tras el momento gracioso, volvemos a la normalidad.

—Entonces sí eres consciente de lo que siente Celyn —comento.

Oscilo entre alegría y alivio de poder decírselo como conclusión de su romántico relato. Abre la boca quizás al borde de negarlo, pero la cierra al segundo y su silencio me sirve de respuesta, evitando mi mirada.

—¿Cuál es el problema? —Busco hacer contacto visual de nuevo—. Él te quiere, tú lo quieres, ¿Qué más necesitas?

Me mira con tristeza.

—No lo sé.

Separo mis labios para después sonreír con dulzura.

—¿Al menos te sentiste bien ayer?

—Fue inolvidable —confiesa con un suspiro.

—Tienes que hablar con él, Medi. Debes enfrentar esto —le aconsejo.

Tarda en responder, con la mirada perdiéndose en inseguridad.

—Estuvo treinta años esperando a que su aetheris apareciera y le robé su primera vez —su desánimo se siente a flor de piel. Ella ya me ha contado que hay personas que se reservan.

—¿No es genial?, significa que cree que tú eres su aetheris.

—No, puede que se haya sentido atraído por mí pero lo que hice ayer fue engatusarlo —lamenta—. Tengo la certeza de que se ha arrepentido y viene a reclamar. ¿Por qué sería yo? ¡Soy la oveja negra del pueblo!

—¿Estaba ebrio? —escudriño.

—La ebria era yo.

—¿Te pidió que te detuvieras?

—No.

—¿Te dijo que no quería?

—No.

—¿Se quedó… satisfecho? —pregunto más bajo alzando mis cejas.

Me mira callada.

—Tal vez.

Hago una mueca divertida.

—Más que odiarte, creo que quiere dar otro paso contigo. Además, también fue tu primera vez, ¿estás bien?

Mueve la boca tan inexpresiva que empiezo a ver las expresiones escondidas.

—Me duelen las caderas. Mucho.

Su respuesta hace volar mi mente hacia situaciones que no debería y el sonrojo me pigmenta las orejas. Nos envuelve un silencio raro. Inhalo y suelto aire con rapidez. La obligo a levantarse, peinándola en lo posible.

—Macsen me está buscando, debo irme —recuerdo—. Sin embargo, recuerda que huir no solucionará nada, Medi. ¿Te despedirás? Se va de cacería esta tarde.

Sus ojos se nublan en amargura.

—No me gustan las despedidas.

Un segundo es suficiente para que me duela el corazón. Con certeza lo dice por su prima.

—Bueno, piensa en ello y pasaré por aquí antes de que sea la hora.

Asiente con una sumisión que le acabo de conocer y me despido de ella. Salgo de la boutique y suelto un suspiro. A todo esto, olvidé contarle lo que sucedió con Rhoan.

—Lobelia —me llama una voz.

Me giro y palidezco. Es Celyn, recostado en la pared de la tienda.

—¿Medi ya volvió? —Levanta las comisuras, lo que me motiva a hacer una mueca—. Te acompaño a la Central.

Accedo, aliviada de que no insista en entrar de nuevo.

—Deja que baje la guardia un poco —le aconsejo—. Está en negación.

Mantiene la vista al frente.

—Siempre sentí un cariño fuerte e instintivo por ella, pero desde hace unos años empecé a verla como mujer y me enamoré —confiesa ganándose mi atención—.

Ella todavía era muy joven así que mantuve la distancia pero nunca pude alejarme del todo.

Es curioso cómo funciona la naturaleza de los aetheris.

¡Sí la considera su aetheris!

—¿Por qué no ha ocurrido nada entre vosotros en todos estos años? —pregunto aprovechando la oportunidad.

En sus ojos parece apagarse un poco el brillo.

—Por suerte aún queda algo de tiempo. —Mira la posición del sol. Por un segundo me sonríe con moderación, para después permitir que su mente divague en los recuerdos.