Capítulo 31
Medi
Después de que se fueron todos vi un par de combates más.
Celyn parecía determinado a quedarse a mi lado igual a un cachorro con su madre, o tal vez se podría decir que yo era el cachorro y él quería protegerme.
Era un necio. Por otro lado quería seguir bebiendo ya que tenerlo tan cerca desataba mis nervios, por lo que para superarlos opté por el alcohol.
Fue un error.
—Estás muy cerca. —Intenté empujarlo ya que me preocupaba cometer un error.
—No me moveré, estás borracha —soltó con una linda ceja alzada y una media sonrisa.
¡¿Por qué le gusta tanto cuidarme?!
—I-Igual… ¡estás muy cerca! —exclamé.
—¿De verdad te molesta?, ¿o quieres alejarme porque sí? —preguntó sin dejarme qué decir.
—¿Y tú por qué te me pegas? —contradije con una expresión de molestia.
—Porque me gusta estar contigo. —Se encogió de hombros, soltando esa respuesta explosiva como si fuese natural. Los ojos se me abrieron de par en par enmudecida. Para huir de la situación no me quedaba de otra que ceder.
—Haz lo que quieras —mascullé a nada de ahogarme en la bebida. Celyn me la quitó y se la empezó a beber—. ¡¿Qué haces?!
Se la arranqué de la mano.
—Has bebido demasiado, lo has ocultado bien pero es la primera vez que bebes alcohol, ¿no es así?
—No lo es.
—¿Cuándo lo has hecho?
Respiré hondo y miré la jarra con los ojos tan tenues que iban a cerrarse.
—Amalia me enseñó a beber en secreto desde los quince porque no quería que se aprovecharan de mí, ¿contento? —El silencio lo invadió. Aun así, no quería que mi prima fuese el motivo—. ¿Y por qué tienes que beber de mi jarra?
—Vamos, no me digas que crees en eso de los besos indirectos, ¿o sí?
El hervor en mis mejillas por el alcohol se intensificó por otras razones. Era como si me atacara con una cosa tras otra. ¿Acaso tiene burlas acumuladas con los años?
—Ya no soy una niña, Celyn.
—Lo sé perfectamente —respondió sin dejarme saber si lo decía en broma o en serio.
—¡Oye, Celyn! —Se acercó un hombre mirándome raro—. ¿Es tu amiga?
Fue en ese momento que caí en la cuenta de que llevaba casi toda la noche con él.
Me levanté lista para irme y negar cualquier vínculo, no obstante Celyn cogió mi mano y también se puso de pie.
A pesar de que lo normal es que mantenga una sonrisa tenue y serena, su rostro se había tornado impasible.
—¿Cuál es el problema? —le preguntó al hombre.
—Vamos, no lo pregunto de mala manera. Más bien, ¿por qué no me presentas?
Me miraba con un interés sucio.
—No quiero —respondió Celyn.
—No es necesario que se lo pidas a él, yo también tengo boca —interrumpí al desconocido con una mirada colmada de hastía—. No quiero hablar contigo, no me interesas.
El hombre se mostró aturdido hasta que soltó una risa extraña. Estaba borracho.
—Dicen que Lobelia Xyla te ha hecho cambiar pero sigues siendo la odiosa Mediloca—
No terminó su frase y ya había empezado a asfixiarse. Miré a Celyn impactada. Su cara transmitía odio y de sus ojos parecían querer salir cuchillas.
—¿Qué sucede? —murmuró alguien.
—Otra pelea.
—¡Basta! ¡No te pedí que me defendieras! —Lo empujé pero eso no logró que renunciara a arrancarle el aliento al hombre, dejándolo respirar un segundo y asfixiándolo dos.
—No me detengas —masculló Celyn.
—¡Sé defenderme! ¡Soy la discípula de Macsen!
Es la razón principal por la cual hablan a mis espaldas sin atreverse a enfrentarme cara a cara y razón por la cual, cuando conocí a Lobelia y me miró con la frente en alto y soltó palabras desafiantes, no pude evitar sentirme normal.
—¡Estoy harto de que te llamen loca! —Agitó los brazos con frustración dejando de quitarle el aire al borracho—. ¡Perdiste a alguien importante! ¡Estabas sufriendo!
El hombre cayó de rodillas para recuperar el aliento. Los demás que escuchaban estaban mudos.
—Este sitio ya no es divertido. —Di media vuelta a la salida.
Sin decir nada Celyn me siguió, dejando El Agujero con una tensión explosiva que perduraría. Aguanté el decir algo hasta unos metros más allá.
—No quiero que me acompañes —me quejé—. Te he dicho mil veces que dejes de sentir lástima por mí.
Casi lo había olvidado por la adrenalina pero yo también estaba muy ebria.
—Jamás te he tenido lástima, Medi Bedelia —aclaró con gentileza—. Solo quiero cuidarte.
Lo miré callada con el corazón presionando desde dentro, invadida por un fugaz recuerdo de los días más oscuros de mi vida. No era la primera vez que Celyn me decía algo así y, como aquella vez, tampoco dejaría variar el resultado.
—No lo hagas, nunca te lo pedí. —Le di la espalda caminando en diagonal—. Me obligas a tratarte mal y eso me cansa.
—Si te agota, ¿por qué no dejas de hacerlo? —sugirió con una voz bañada en cariño, esbozando una cálida sonrisa.
Me agitó sin poder seguir reclamándole. Sus ojos cristalinos y sinceros me tenían aún más ebria y daban la sensación de que podía ver a través de mis mentiras.
—¿Por qué eres así conmigo? —le pregunté con tristeza.
—¿A qué te refieres?
—Pasas por mi tienda cada dos días con excusas estúpidas pero sé que no eres torpe, Celyn. Sé que es imposible que Aron te queme las chaquetas con esa frecuencia absurda. Si fuese así, ya estarías muerto como cazador en el equipo Drago —expreso frustrada—. Así que, si no es por lástima, ¿por qué?
Permaneció callado y sorprendido. Cuando abrió la boca y tragó con una mirada erizante, los latidos se me desbocaron.
—No, mejor no me lo digas —lo callé.
Hubo otro silencio incómodo. Lo miré por el rabillo del ojo y se notaba que aún quería responder. Tal vez fue el mismo alcohol que me motivaba a decir cosas que no debía, que también me inspiró a hacer cosas que no haría.
—Bien, tienes una oportunidad —avisé con seriedad—. ¿Quieres que te lleve a un lugar secreto?
—¿Un lugar… secreto? —Parpadeó.
—Esa era tu oportunidad —Me di la vuelta hacia el pueblo.
—¡Espera! Iré. Quiero ir —pidió aprisa.
Me crucé de brazos, clavándole la mirada. Solo me bastó un segundo para fingir que lo estaba pensando.
—Está bien, en realidad tenías dos oportunidades.
Nuestros pasos nos llevaron de subida a la montaña. La torre está oculta gracias a las cuevas cercanas y los árboles altos que esconden su silueta. Al llegar, Celyn la miró impresionado.
—No tenía ni idea de que esto estuviera aquí.
—Solo lo conocíamos Amalia y yo —conté a medida que subía las escaleras de la torre—. Vengo aquí con Lobelia con frecuencia.
Como de costumbre, me senté al borde en la segunda planta. Celyn hizo lo mismo.
—Es un buen lugar. —Admiró el horizonte, cogió una bocanada de aire y continuó—. ¿Puedo empezar a venir también?
—Tienes libre albedrío, esta torre no me pertenece.
Guardó silencio.
—¿Contigo?
El corazón me saltó. Separé los labios y fue gracias a la ebriedad que escogí una opción inesperada.
—Tal vez.
No era una aprobación completa pero tampoco me daba por rechazarlo. Aun así los nervios no me permitieron asomarme para ver su expresión. Solo escuché un resoplo feliz y con eso me sentí satisfecha. Había un buen ambiente y quería aprovechar mi rato de valentía.
—Lo que dijiste antes frente a todos… Gracias. —Peiné mi flequillo—. Más de uno se sentiría avergonzado de sí mismo.
Sonrió de oreja a oreja.
—¿Significa que somos amigos?
Su pregunta me hizo mirarlo con otros ojos, más seria y pensativa.
—Tienes muchos amigos, no necesitas a alguien como yo.
—Pero quiero ser tu amigo —enfatizó.
Otra vez buscaba una cercanía en sus palabras que, por mucho que insistiera en amistad , sabía que no lo era.
De todas las personas en el pueblo, a Celyn es a quien más evito por eso.
Porque sé lo que quiere y yo también busco lo mismo pero no lo merezco.
Él es luz y yo un monstruo que quedará cegado y pagará por codiciarlo.
Necesita a una mujer brillante y extrovertida igual que él.
Sin embargo, si era solo por una noche en la que el alcohol había invadido mis venas, ¿no estaba bien acercarme un poco más?
El ambiente silencioso que se formó con nuestras miradas fijas el uno en el otro me llevó a tomar otra decisión inesperada. No sé qué se apoderó de mí.
—¿Hablas en serio? ¿De verdad quieres ser mi amigo?
—Completamente —respondió sorprendido.
Tras un segundo callada, decidí dejar el caparazón y seguir su consejo: abandonar el agotamiento y ceder.
—Para ser mi amigo hay algo muy importante que debes hacer —anuncié.
Pestañeó y asintió con la cabeza.
—Haré cualquier cosa —su respuesta fue inmediata.
A veces encontraba que Celyn podía ser muy inocente para su edad.
—¿Cualquier cosa? —susurré.
Tragó y su mirada cambió. Había entendido.
—Sí, cualquier cosa.
Hubo un breve silencio hasta que lo cogí por el cuello de su abrigo y dejé que mis labios chocasen con los suyos en un arrebato.
Como si hubiera sido planeado, Celyn cogió mi cintura y me siguió la corriente.
Me monté a horcajadas y se acostó sin una pizca de resistencia, dejando que le arrancara la ropa como si fuese el último día de mi vida, y estar a su lado hubiera sido mi deseo final.