Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 30
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Capítulo 30

Despierto al amanecer por costumbre, con el ánimo por el suelo y el estrés por las nubes.

¿Qué iba a responder Rhoan? ¿Me iba a rechazar?

¿Debo agradecer que Fionn lo interrumpió?

Llevo una eternidad con la mirada centrada en el techo.

Es temprano, debería volver a dormir , concluyo cerrando los ojos.

Al filo de quedarme dormida, pego un brinco con el corazón a mil.

¡Demonios! Estoy frustrada, ansiosa y con miedo de que suceda algo malo en esa misión.

Si tan solo Rhoan me hubiese aceptado ayer, le habría dado una despedida larga y…

apasionada. Trago saliva con las fantasías irrefrenables contaminando mi mente.

Esas que me habría gustado hacer realidad ayer.

Estaba ebria pero mi cortejo era consciente.

Esperaba que al menos algo de mí se quedara con él, aquello que me enseñaron como noble princesa a proteger como mi más preciado bien: mi pureza.

Muevo los ojos hacia la ventana, veo que ya ha salido el sol. Ayer no lo hice, quizás por eso también estoy tensa , intuyo mordiéndome el labio. Si no voy a seguir dormida, pues entonces es un buen momento.

Levanto los glúteos y hago crecer una capa de musgo densa que servirá de esponja.

He aprendido de un mal modo que dentro de la bañera es distinto que fuera.

Me acuesto otra vez y bajo una mano hacia ese lugar.

Muevo los dedos con suavidad. En un principio sigo poseída por mi inquietud hasta que el contacto con esa zona de placer me fragmenta la respiración.

Mis gemidos salen en silencio, me estremezco elevando la parte inferior repetidas veces con los labios temblorosos anhelando los suyos.

Siento que el cuerpo arde y mi mente divaga, tentada a meterme algo dentro.

Nunca lo he hecho ya que temo quitarme la pureza yo misma sin querer.

Una pureza que ya tiene nombre y deseo que él quiera reclamar.

El pecho me quema y mis piernas sufren espasmos, levantando las caderas como si alguien las empujase desde abajo. Cierro los ojos a punto de conseguirlo.

—Rhoan… —gimo su nombre casi muda y escucho un toque en mi puerta—. ¡Ay! —Un sobresalto salvaje me separa del colchón y me hace sentarme cubriéndome con el edredón. La puerta se abre un instante después.

—¡¿Estás bien?!

Mis ojos se expanden atónita.

—¿R-Rhoan?

Me voy a desmayar. Dejadme morir aquí.

Nos miramos el uno al otro, ambos agitados. Veo que traga sin palabras y reacciono. Cojo la almohada y la lanzo con la fuerza de un titán.

—¡Fuera! —chillo.

Cierra la puerta a tiempo y la almohada impacta contra ella.

Agarro el cuello del camisón en un puño sin darme cuenta de que es la mano llena de fluidos.

En mi impulso por cubrirme con las sábanas también las he manchado.

¡Mierda! El corazón me golpea el pecho. ¡¿Qué hace aquí este hombre?

! ¡¿Por qué tiene que venir en este preciso momento?

! Me apresuro a la palangana, colgando el jarro a una rama que va inclinándolo con mi poder para que el agua caiga a la jofaina.

—¿Todo bien arriba? —se oye a Garran dudoso desde las escaleras.

—Sí, sí —le contesta Rhoan, hace una pausa y me murmura al otro lado de la puerta—. Lo siento, escuché tu grito y me asusté.

—S-Solo me sorprendí un poco. ¿No dijiste que no habría entrenamiento? —respondo, limpiándome la entrepierna. La pobre ha quedado con las ganas de que termine el trabajo.

—No lo habrá, vine para hablar con tu padre. Está preparando el desayuno así que baja cuando estés lista.

Me es imposible disminuir la velocidad de mis latidos a medida que me visto como si me preparara para huir.

Solo le ruego a Emdor que Rhoan no me haya descubierto, aunque dudo que lo haya hecho ya que me cubrí antes de que abriese la puerta.

Me cuesta unos segundos salir. Apoyo la frente sobre la madera y cierro los ojos para apaciguar mi corazón.

Respiro hondo una última vez y salgo con una calma incuestionable.

Me encuentro con él terminando de colocar los vasos en la mesa.

Bajo las escaleras con una excelente actuación, esforzándome en borrar de mi mente lo que acaba de ocurrir, no obstante recuerdo lo que hablamos ayer y mi valentía se disuelve como un velo de arena esparcido en el suelo.

Para el momento en que hacemos contacto visual ya es demasiado tarde.

—Buenos días —murmura con una mirada que me dice que está pensando en lo mismo que yo.

Desvío la mirada a la mesa.

—Buenos días, ¿y Garran? —pregunto.

—¡Ya voy!

Como predije, lo escucho en la cocina. Estará terminando de hacer algo.

—Gracias por ayudarle.

—Es un placer.

—Hija, buenos días, ¿dormiste bien? —Aparece Garran.

—Sí, muy bien.

Mentira, dormí terrible y poco.

Nos sentamos en la mesa. Nunca pensé que un desayuno así ocurriría algún día. Un par de recuerdos después y aquí estoy, con el hombre que una vez me advirtió que dejaría a mi familia, y mi padre que no sabía que yo existía.

—Los días que Rhoan no esté, seré yo quien te entrene en combate. Lo haremos así cada vez que salga de cacería —anuncia Garran—. Es lo más conveniente, sé el nivel en el que estás y soy tu maestro elemental, por ende combinaré ambas clases.

Por eso vino a hablar con él.

—Está bien.

—En lo posible enfoca las clases en la defensiva Xyla —le comenta Rhoan.

Cuando concluyen todo lo necesario para mi entrenamiento, se dedican a comer con tranquilidad.

—Bueno, ¿cómo os fue anoche? —pregunta Garran.

Ya imaginaba que preguntaría. La incomodidad absorbe el aire en el espacio entre Rhoan y yo, volviéndolo inhabitable.

—Descubrí que Celyn Aither se derrite por Medi —respondo mientras cojo un trozo de pan.

—Desde hace años —comenta Rhoan—. Con frecuencia le pide a Aron que queme sus chaquetas para tener una excusa para verla.

—Qué romántico, ¿por qué no me lo habías dicho? —me quejo.

Mi lucha por fingir que todo anda bien frente a Garran es un infierno. Si no fuera por su presencia ya habría ido a esconderme bajo las sábanas en las que me toqué. Aún no caigo en el hecho de que lo hice mientras él estaba al otro lado de la bendita puerta.

—Sabía que lo descubrirías —contesta.

—Celyn es un buen chico —opina Garran con una sonrisa—. Los padres de Medi se alegrarán si sale con él.

—¿Verdad? —apoyo feliz.

—El Agujero es un sitio fenomenal para los jóvenes como vosotros. ¿Te gustaron los combates? —indaga Garran.

En eso recuerdo algo y se me forma un atisbo de sonrisa en los labios. Señalo a Rhoan.

—Si hablamos de combates, Rhoan le dio una paliza a Seimon Aither porque cogió mi muñeca sin permiso.

—¿Que Seimon hizo qué? —El rostro de Garran se endurece.

—No me lo recuerdes —gruñe Rhoan.

—Hablaré con ese niño y con sus padres —responde Garran con severidad—. Siempre fue prepotente.

—Rhoan ya se encargó —menciono antes de que el tema se salga de las manos—. Agarró su cara y lo tumbó al suelo así: ¡pum!

Sujeto el pan como si fuese la cara de Seimon e imito la escena.

—Quién diría que el bebé que me llamaba Gada sería así con mi hija —menciona Garran con las comisuras levantadas—. Muchas gracias, Rhoan.

Imaginar a Rhoan de esa forma despierta mi ternura, a pesar de que nuestra situación me impide regalarle una sonrisa.

—No hay de qué —responde en un tono bajo.

Garran lo mira con sus ojos bañados de calidez.

—Si Lobelia hubiera nacido aquí, os habríais conocido desde pequeños —intenta que sus palabras no se oigan tristes.

De ser amiga de la infancia de Rhoan, habría estado enamorada de él desde niña. Con mi naturaleza diabólica en la niñez, lo habría convencido muchas veces de jugar a la casita .

—No me habrías dejado ser su amigo —murmura él—. Habrías dicho que yo era mala influencia.

—Oye, ¿quién te cuidó con cariño cada vez que tus padres lo necesitaban? —resalta Garran con sus ojos entrecerrados—. ¿Cómo dices algo así frente a mi hija? Me dejas como el malo.

—Recuerdo lo mucho que me regañabas cada vez —se queja Rhoan.

—Porque te portabas muy mal.

—Pero a veces dabas miedo, ponías esta cara. —Lo imita con sus ojos amenazantes—. Menos mal que a Mabli la cuidé yo, por eso no te teme.

—¿Sabes?, el hecho de que no sonrieras hacía que tus travesuras parecieran retorcidas —exclama Garran.

—¿Que no sonriera? —Ladeo la cabeza.

Se callan.

—Te conté que antes era un poco inexpresivo —me recuerda Rhoan.

—Pero, ¿desde niño?

Se miran entre ellos.

—Sí, pero… siempre fui muy curioso —argumenta.

—De curioso nada —rebate Garran—. Era un desastre. Una de las veces que lo cuidé se comió un tarro entero de galletas a escondidas y me despertó en plena madrugada con un camino de vómito desde tu dormitorio hasta el baño.

Rhoan se presiona el entrecejo.

—¿Por qué le cuentas eso? Estamos comiendo.

—¡Ja, ja, ja!

Mi risa les hace reír como si cuchichearan para sí. Gracias a este desayuno inesperado he descubierto lo cercanos que son. Al poco tiempo hago contacto visual con Rhoan y, en una comunicación no verbal, nuestras expresiones se atenúan. La tensión permanece como una llaga incurable en la garganta.

Al terminar de comer, Rhoan coge su abrigo y se prepara para ir a la Central. Su reunión empezará pronto.

—Rhoan, espera —lo llama Garran—. Gracias por cuidar siempre a mi Lobelia. —Le regala una sonrisa cariñosa—. Sabes cuánto te aprecio y ahora mis deudas contigo no hacen más que crecer. Nunca olvido el hecho de que mi niña está aquí con nosotros gracias a ti.

Sus palabras emotivas me toman por sorpresa y le doy un toque en la espalda.

Me sonríe acariciándome la coronilla, pero cuando se asoma para mirar a Rhoan se pasma.

Hago lo mismo y el corazón se me encoge al descubrir esos ojos grises llorosos y desolados con las cejas casi juntas.

Sorbe por la nariz, se los seca con su poder y un instante antes de hablar me mira con una expresión que me descoloca.

—Ya te pones sentimental como Macsen —refunfuña al salir por la puerta en modo de escapatoria.

Lo vemos irse, Garran todavía en shock y yo pensativa por esa última mirada que me ha lanzado de… aflicción. Solo me viene un motivo a la cabeza que me rompe el corazón: ayer tenía pensado rechazar a la hija del hombre que le ha dedicado esas preciosas palabras.

Poco después del desayuno recibí un mensaje de Macsen diciéndome que no fuera aún al despacho y que pasara al inicio de la tarde para ayudarle a preparar el presupuesto de la cacería del equipo Drago.

Es algo bueno que salgan hoy, supongo. Cuanto menos tiempo pase, menos posibilidades tendrán las brujas de conseguir víctimas.

Aun así, no estoy tranquila ante el peligro inminente que enfrentará Rhoan.

Además, mi deducción sobre esa última expresión por su parte me tiene con el corazón al borde del colapso.

Para distraerme he preferido volver a mi zona de confort .

Lo necesito con urgencia. La nostalgia me calma cuando me detengo frente a la puerta de la boutique de Medi y recuerdo esas mañanas en las que venía a molestarla despreocupada y sin inmutarme ante sus quejas.

La abro tras un largo suspiro y me encuentro con un profundo silencio.

Lo usual es tenerla a la vista al momento, mientras ordena algo o cose alguna prenda pequeña en el mostrador.

Esta vez la puerta está abierta pero no hay nadie.

—¿Hola?

Escucho una bocanada de aire al otro lado del mostrador y se levanta.

—Hola, estaba guardando algo —me saluda un tanto agitada—. ¿Cómo estás?

Tras ver su apariencia, ladeo la cabeza.

—Bien…, ¿ tú estás bien? —Arqueo una ceja.

Su cabello luce el doble de despeinado de lo usual. Abre la boca como si quisiera decir algo, no obstante las palabras se aferran entre sus dientes y se cubre el rostro.

—Lobelia, ¿por qué tengo que ser tan loca?

Me deja descolocada.

—¿Qué tontería dices tan temprano?

Se escucha la campanita detrás de mí y me distraigo con la persona que entra. Se me acelera el pulso. Es Celyn, lo que significa que terminó la reunión de su equipo.

—¿Lobelia? —Me mira sorprendido—. No esperaba encontrarte aquí a esta hora, buenos días.

—Buenos días —lo miro amable—, Macsen me dio la mañana libre por vuestra reunión. ¿Ha terminado?

Indago con la mirada.

—Sí, se decidió que nuestra salida es hoy al atardecer, nos reuniremos de nuevo en un rato. Macsen dijo que si te veíamos te dijéramos que ya podías ir a su despacho.

—Entiendo —murmuro.

Nos envolvemos en un breve silencio en el que lo veo rascándose la nuca.

—¿Sabes dónde está Medi?

Frunzo el ceño. Ahora que me doy cuenta no ha saludado. Me petrifico en el instante en que la descubro ovillada detrás del mostrador, mirándome con la cara hundida en el pánico y negando con la cabeza para que no la delate. Aclaro mi garganta y devuelvo la mirada a Celyn con seguridad.

—Estoy cuidando la tienda por ella, tuvo que ir a su casa a buscar algo que olvidó.

Me escruta, es igual de observador que Rhoan. Mira hacia el mostrador y coge una extensa inhalación. Poco después se le nota un atisbo de sonrisa cariñoso. Sabe que está allí, que le miento. Hacemos contacto visual y le pido con la mirada que me siga la corriente.

—¿Sabes cuánto tardará?

—Ni idea. —Le agradezco en el silencio.

—¿Puedes decirle que estuve aquí? Tengo que hablar con ella antes de irme, sí o sí.

—Lo haré.

Vuelve a mirar hacia el mostrador.

—Por cierto, dile que se le olvidó esto —me entrega una cinta casi tarareando—. Nos vemos.

Los ojos se me desorbitan con la cinta en la mano mientras que Celyn sale de la tienda cerrando la puerta al irse. Me giro al instante.

—Medi Bedelia.

Es de su vestido rosa de ayer. Ella se asoma como un topo detrás del mostrador. Ve la cinta en mi mano y vuelve a su cara impasible.

—Me lo follé —confiesa.

Parpadeo confundida.

—¿Tuviste s-sexo con Celyn?

Intento acostumbrarme a hablar del tema sin escrúpulos.

—No. Me lo follé —enfatiza—. Es distinto a hacerlo juntos.

—¿Cuál es la diferencia?

Su expresión se impregna de frustración y sus gestos se llenan de angustia.

—¡La diferencia es que lo arrastré a la torre, me monté encima de él y le arranqué el pantalón yo misma! —exclama y vuelve a esconderse tras el mostrador—. ¡Además, me fui antes de que despertara!

—¡Medi! —Me cubro la boca.

—¡No sé por qué hice eso!

Un silencio pesado se opaca con sus lamentos. Cojo una larga respiración, ya que al menos una de las dos debería mantener la compostura en esta situación.

—Empieza por el principio y dime qué sucedió.

Se muerde el labio, me mira con culpa y narra.