Capítulo 29 #2
—Ah, está bien —responde Medi con una linda sonrisa—. ¡Follad dur—
Celyn cubre su boca y ella suelta una carcajada entre su mano.
—Yo la cuidaré, no te preocupes —dice él.
Es la primera vez que la veo tan animada. Está en buenas manos. En la salida, aceptando la guía de Rhoan, por fin logramos sentir el aire gélido y la nieve bajo nuestros pies. Hace mucho frío.
—¿Tú estás bien? —le pregunto con un ligero tambaleo—. Está nevando, ¿no quieres tu abrigo?
—Nunca he sido de pasar frío.
Al ver su expresión segura dejo de insistir. Antes de caminar a casa el alcohol me hace entrelazar mi brazo al suyo, igual que lo haría una pareja.
—No me sueltes. —Le regalo una sonrisa divertida—. Si me caigo será tu culpa.
Parpadea lento y se conforma con resoplar.
Incluso me parece ver un pellizco de sonrisa.
Bajamos con cuidado la montaña, a menudo me inclino a los lados pero vuelvo a mi sitio gracias al agarre de Rhoan.
Cuando llegamos a las primeras calles, me empieza a contaminar la ansiedad.
De verdad me está llevando a casa sin más, cuando lo que deseo en realidad es seguir estando con él.
Sopeso mis opciones hasta que suelto su brazo y cambio de dirección.
—¿A dónde vas?
—Con Emdor —respondo traviesa—. ¡La noche apenas comienza!
—Lobelia Xyla, ven aquí. —Se cruza de brazos.
—Solo será un rato. —Le lanzo una mirada de cachorro triste.
—He dicho que no. —Me pone presión caminando en dirección a casa.
Me mantengo de pie, apretando los puños hasta que las uñas se me clavan en las palmas de las manos.
La rabia se apodera de mí, quizás es esa parte de mi alma ahogada en la impotencia ya que este hombre no deja de evitar cualquier oportunidad que tengo para cortejarlo, expresarle mis sentimientos o estar a solas como ahora.
Lo observo hasta que le doy la espalda y sigo andando hacia Emdor.
Al poco tiempo escucho sus pasos detenerse sobre la nieve.
Mi corazón corre y algo me dice que acelere el paso.
—Serás testaruda, mujer.
Corro, no obstante me alcanza en un parpadeo y cuando me doy cuenta estoy en el aire, con la cabeza a su espalda.
—¡Bájame! —exijo pero no responde, caminando con confianza. Empiezo a golpearlo—. ¡Que me bajes en este instante, cabrón !
—La vulgaridad no combina contigo, princesa . Te soltaré si me dejas llevarte a casa —contesta firme—. Debes hacerme caso.
—¡¿Por qué lo haría?!
—Porque soy tu guardián. —No se detiene.
—¡Nunca acepté algo así!
—No necesito tu permiso, soy tu maestro y debo hacerme responsable de ti cuando no estás con tu padre.
—¡¿Ahora dices eso?! ¡Para empezar, se suponía que no vendrías! —despotrico.
—Y menos mal que lo hice —sigue con astucia—, ahora hazme caso.
Pienso un momento.
—¿Solo me cuidas porque eres mi maestro? —murmuro.
—Y porque soy tu amigo.
—¿Nada más?
Me ignora. Otra vez con lo mismo, arrastrándome a la deriva.
Me hundo en el silencio, observando el suelo y sus piernas moviéndose.
Algo me posee, me inunda por dentro calentando las cuencas de los ojos hasta convertirlos en agua a un suspiro de desbordarse.
Cientos de pensamientos negativos se mezclan con los efectos del alcohol.
Mis lágrimas empiezan a caer, sorbo mi nariz y no me molesto en ocultar mis gemidos de tristeza.
Rhoan se detiene en seco al darse cuenta.
Cuando me baja con cautela y me ve los ojos, lo noto confundido y anonadado.
—Lobelia… —su voz es suave.
Abro la boca, titubeante y con las palabras aguantadas entre espinas que desgarran mi garganta.
—Estoy harta —susurro.
—¿Harta de qué? —pregunta—, ¿de que te cargue así? ¿Quieres que te lleve a caballito?
Niego al borde de la irritación por la facilidad con la que concluye que el motivo de mis lágrimas es tan sencillo. Ojalá fuese así. Lo miro directo a los ojos, con el sufrimiento y la desilusión acumulada.
— Tú me tienes harta. —Mueve su cabeza perplejo, entonces estallo y le doy un empujón—. ¡Si me vas a rechazar, hazlo de una vez! ¡Deja de huir y solo dime que no te gusto y ya! ¡Basta de ilusionarme en vano!, ¡de que juegues con mi corazón como si fuese irrompible cuando no lo es, por Dios santo!
Se pasma sin palabras. Con eso el silencio perdura una eternidad, cargado de mis sentimientos agobiantes.
—Me haces daño, Rhoan —sollozo—. Me mantienes con la herida abierta sin dejar que me desangre o cicatrice.
Sus labios se mueven, formulando lo que quiere decir. En parte es por causa de la hidromiel, sin embargo solo ha sido un escalón menos que me ha llevado al colapso.
—¿Qué me falta para ganarme tu corazón?, ¿aunque sea un rincón temporal hasta que uno de los dos conozca a su aetheris?
—expreso con el corazón en mano rogando por migajas—.
¿Cómo estás tan seguro de que no soy esa persona?
Porque yo… no he parado de pensarte desde que te conocí, de sentir que eres el único para mí.
¿Sabes cuán doloroso es que sigas ignorando mis sentimientos?
¡Por favor, rompe mi corazón o quédatelo para siempre!
, ¡solo haz algo! ¡He esperado por ti casi dos años!
Su respiración se vuelve un caos y da un paso cuando de la nada escuchamos un aleteo sobre nosotros.
El susto hace que me despierte un poco de mi estado ebrio que no ha hecho más que causarme problemas.
Es un halcón peregrino, son animales salvajes pero colaboran con los Protectores.
Este es su territorio y ayudan al equipo Drago a enviar mensajes en Benmore.
El que ha venido esta vez es Fionn, su pareja se llama Dara y es más grande.
Rhoan extiende su brazo y deja que se pose en él.
Tiene un mensaje atado. Me mira con seriedad.
—¿Qué sucede? —pregunto secando mis lágrimas.
—Es una cinta roja, significa que es urgente —contesta desatando el mensaje. Lo desenrolla, lo abre y a los pocos segundos de empezar a leer el rostro se le oscurece.
—¿Qué es? —me preocupo.
Cuando termina, lo dobla y acaricia a Fionn.
—Gracias —le dice antes de levantar el brazo para que se alce en vuelo. Antes de que termine de partir, Rhoan dobla el mensaje, lo guarda y retoma su intención de llevarme a casa—. Vamos, mañana no habrá entrenamiento.
—¿Por qué? —murmuro.
Su mirada cambia, a un centímetro de pedirme disculpas por algo.
—Han encontrado un aquelarre en Blackriver otra vez, salimos mañana por la tarde. Debo prepararme.
La sangre se me va del rostro. Solo ha pasado un mes desde que me salvó y correrá peligro otra vez por unas brujas que merodean en mi amado antiguo hogar.
Abrumada por el miedo de que tanto él como mi familia estén en peligro, asiento y la conversación de antes se queda en el doloroso olvido.