Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

Buscamos un lugar en las gradas después de haber conseguido alcohol. Nos sentamos preparados para mirar los próximos combates. Con Rhoan a mi derecha y Medi a mi izquierda me decido a olvidar el primer mal rato y empezar de cero.

—Estás hermosa, Medi —la halaga Celyn a su lado—. Hace mucho que no te veía con el cabello suelto.

Ella mira al frente.

—Gracias.

Puedo imaginármela al borde del colapso.

—Hagamos un brindis —sugiere Aron mientras levanta su jarra—. Por los nuevos amigos.

La expresión tímida de Medi me motiva a sonreír. Estoy segura de que el brindis de Aron es por ella.

—¡Por los nuevos amigos! —Chocamos nuestras jarras, salpicando un poco entre risas. Rhoan se asegura de que no nos caiga encima. Pruebo la hidromiel y de inmediato cierro los ojos con un suspiro. Es la mejor que he probado en mi vida.

—¡Miradlo!, ¡ahora está reaccionando! —exclama Aron incrédulo entre carcajadas. A la distancia avistamos a Seimon que por fin abre los ojos. Se ve en shock y derrotado.

—Te está mirando —me dice Celyn.

Resoplo cansada y dirijo la mirada al hombre con seriedad. Haya recibido una paliza o no, ha soltado puros improperios en lo poco que lo he conocido y espero que comprenda que no quiero saber de él. Observo a Rhoan por el rabillo del ojo y descubro otra vez su expresión mortal.

—No sigas —le pido—. Ya hubo suficiente conflicto por hoy.

—Suficiente habría sido cortarle la mano —responde entre dientes.

—En eso estoy de acuerdo. Si Rhoan no lo hubiera golpeado cuando lo hizo, le habría quemado el pelo —menciona Medi.

—Sin embargo, parece que el combate fue suficiente para llamar la atención —Aron alza las cejas señalando a un sitio con picardía.

Mi estómago se revuelve al seguir su mirada hacia un grupo de mujeres que observa a Rhoan de arriba a abajo cuchicheando muy sonrientes. Cuando les dirige la mirada se alborotan. Mojo los labios en la bebida y aguanto los celos.

—Ah, ahora me están mirando a mí —tararea Aron.

—Porque saben que tú sí irás —contesta Celyn.

—Son ellas quienes me buscan. —Se encoge de hombros—. Pero esta vez me abstendré, tengo nuevas amigas. ¿No es así, Medi?

Ella voltea sus ojos mientras los demás sonreímos.

—¿Nunca has tenido nada formal? —le pregunto a Aron, aprovechando que ha salido el tema y nunca hemos hablado de eso.

—Me gusta vivir el momento.

—Es la primera vez que tiene un amigo mujeriego —menciona Medi—. En Blackriver la cuidaban como si fuese de cristal.

—¡Oye! —le doy un golpe suave, avergonzada.

—¡Una princesa debe ser inocente! O eso dicen —Aron levanta un dedo—. ¿Es verdad?

—No solo una princesa sino cualquier dama noble soltera —le corrijo con las mejillas sonrojadas.

—Qué bueno que aquí no somos damas nobles —comenta Medi.

En eso Celyn deja de sonreír.

—¿Por qué lo dices? —le pregunta—. ¿Cuánto sabes tú?

Ella lo mira en silencio.

—Solo lo digo por lo que he escuchado.

Celyn se limita a dar un trago a su bebida. Rhoan, Aron y yo permanecemos mudos, intentando que nuestra presencia sea etérea. No obstante, tras el silencio de Celyn que podría malinterpretarse, Medi gruñe.

—¿Por qué no me crees?

No tenemos espacio en la conversación para detenerlos y, para ser honesta, ¿quiero hacerlo? La situación es interesante. Si no me equivoco, debe ser la primera vez que hablan tanto desde que Medi lo alejó de su vida.

—No he dicho nada.

Se defiende él pero Medi no está convencida.

—¿Qué podría saber más que por palabras? —explica ella—. ¿Quién querría estar con Mediloca ?

Solo entonces Celyn la mira con otra cara y guarda silencio para después volver a centrarse en su bebida.

—No te conocen de verdad. No pronuncies ese estúpido apodo de nuevo —se limita a decir.

Su cara es triste y a la vez noto otro sentimiento oculto que resurge de sus ojos. Los ojos se me abren hacia otro lado para disimular la sorpresa al caer en cuenta, encontrándome con la mirada de Rhoan. Le susurro con la boca tapada.

—¿A Celyn le gusta Medi?

Traga saliva y se moja los labios. Me habla al oído.

—Está loco por ella.

Demonios, esta hidromiel es muy fuerte , descubro tras tres jarras enteras que me han llevado a sentir todo el cuerpo adormecido. Hacía años que el alcohol no me afectaba así. Debería irme a casa pero me niego a perder la compañía del hombre a mi derecha.

Pensando en eso, Medi se levanta de su sitio.

—Quiero ver las peleas de cerca. —Tiene una mirada decidida aunque su tambaleo es notorio al estar tan ebria como yo. Celyn deja su asiento.

—Yo también quiero. —La sigue como un cachorro adiestrado.

—Lobelia, ¿vienes? —me pregunta ella.

—Lo veré desde aquí.

No quiero arruinar su oportunidad.

Hace una mueca y se va con Celyn. Hago contacto visual con Rhoan y me mantengo pensativa.

Su mente parece concentrada en algo y preferimos dejarnos llevar por el cómodo silencio.

Admiro el ambiente ruidoso y la vista que tenemos.

Aron desapareció, dijo que no lo haría pero se ha quedado con el grupo de mujeres que llevaba rato llamándolo con la mirada así que estoy sola con Rhoan.

—Tengo un secreto muy importante —susurro.

—Te escucho.

Sin duda me gana por mejor resistencia al alcohol.

—Estoy muy borracha.

—Eso no es un secreto, lo noté desde que empezaste a tener hipo hace como media hora.

Hincho mis labios. Nos distraemos cuando pasa cerca un hombre con una bandeja colmada de jarras. Rhoan lo llama y coge una, dejando la que tiene vacía.

—Yo también quiero —le pido.

—Es la última —advierte entregándomela.

No reclamo, sé que estoy bastante borracha y debería irme pronto.

—¡Hola!, me llamo Harley Xyla —me saluda el hombre con la bandeja.

—Es un placer, Harley, soy Lobelia. —Le sonrío. Estoy muy ebria para mantener la guardia alta.

—Te vi cuando llegaste, vaya entrada, ja, ja. ¿Es tu primera vez en El Agujero?

—Sí, me está encantando —respondo con entusiasmo.

—¡Eso es genial! Puedes venir cuando quieras, y si preguntas por mí en la barra te enseñaré algunos trucos para beber con tu magia—

—Tienes gente esperando —lo interrumpe Rhoan en un tono aburrido. Mira al hombre como si estuviese harto de escucharlo hablar.

—Ah, s-sí, debo emborrachar a la gente. ¡Te veo en otra ocasión, Lobelia!

Se esfuma y fulmino a Rhoan con la mirada.

—¿Por qué hiciste eso?

Bebe un sorbo sin una pizca de duda.

—Harley es un buen chico pero estás borracha, Lobelia. Mientras estés en este estado, soy tu guardián.

Guardo silencio y omito su respuesta. Prefiero mi fantasía en la que aseguro que lo ha ahuyentado por celos. Le gruño y clavo la barbilla en su hombro. Su rostro está muy cerca.

—¿Qué haces? —Me ve por el rabillo del ojo.

—Ya sabes, estoy borracha —me excuso—. La cabeza me pesa.

Bebe sin alejarme.

—Sí, por eso no debo dejar que nadie se te acerque —murmura, con seguridad refiriéndose a Harley.

—¿Nadie?, ¿o solo los hombres?

—Los hombres son más peligrosos para ti —aclara.

—¿Por qué? —sondeo sin separar el mentón de su hombro.

—Porque eres atractiva y ya viste cómo se lanzaron cuando diste un paso dentro de El Agujero. Estando ebria eres como un ciervo en una cueva de lobos —da su explicación convencido de que tiene razón y un latido me hace reaccionar, quedándome con una parte de su frase.

—¿Crees que soy… atractiva?

—No estoy ciego, Lobelia Xyla.

Mantengo el silencio, levantando las comisuras hasta formarse una sonrisa radiante.

Solo entonces le dejo seguir divagando en lo que sea que está pensando, admirando su perfil.

Los minutos pasan y permanezco en la misma posición, tan quieta como una estatua.

Podría darle un beso en la mejilla culpando al alcohol, sin embargo es mejor controlarme porque un acto inocente como ese no será suficiente.

¿Qué me haría con ese cuerpo fornido y esos fuertes hombros y brazos?

¿En dónde empezaría a tocarme? ¿Qué tan suaves se sentirían sus labios sobre mi piel?

Abro la boca con sutileza y parpadeo lento.

—Rhoan —expulso sin pensar. Se ha escuchado como mis jadeos en la bañera.

Su rostro se tensa.

—¿Qué? —pregunta sin poder girarse del todo. Si lo hace, su respiración caerá en mi boca. El movimiento de su mandíbula me motiva a separar la barbilla de su hombro y tocar su barba. Con eso logra girarse y verme a los ojos.

—Tu nombre es bonito, Rhoan. —Juego con la sensación en las yemas de los dedos—. Rhoan, Rhoan… ¿Quieres saber qué me gusta de ti?

Mis dedos se dirigen a su boca. No sé por qué me deja hacer lo que me da la gana. Puedo sentir su respiración en mi mano, me inspira a parpadear con lentitud sin dejar de verlos. Con el corazón a mil, me inclino a su oído.

—Me gusta todo —susurro y retrocedo para volver a ver sus ojos con atrevimiento. Percibo por mi dedo en sus labios que su respiración se acelera con desquicio. Nos miramos a los ojos en un caluroso ambiente.

—¡Sí!, ¡así se hace! —alguien grita por el combate en desarrollo. Nos sobresaltamos y observamos a la multitud concentrada.

Nuestro silencio se tensa hasta que Rhoan se pone en pie y vacía su jarra.

—Te llevaré a casa.

—No quiero irme todavía.

—Nos vamos ahora , Lobelia.

—Dije que no —defiendo mi decisión mirándolo desafiante.

Coge mi brazo.

—No te pedía permiso.

—¡No! ¡Me quiero quedar! —gimoteo a medida que soy arrastrada por él. Para mi pesar nadie nos presta atención por la entretenida pelea. Los gritos de exaltación opacan mis quejas por tanto a Rhoan le es sencillo llevarme a la fuerza—. ¡No me he despedido de Medi!

Consigo que se detenga. Me observa malhumorado.

—Dices adiós y salimos de aquí —demanda para empeorar mi frustración.

Es fácil encontrarla por el cabello dorado de Celyn.

Está enfocada en la pelea del ring mientras que él la observa a ella .

Su aire cariñoso aligera mi rabia y me hace recapacitar un poco.

Es cierto que estoy demasiado borracha, no quiero arriesgarme a hacer el ridículo con alguno de los usuales lloriqueos que soltaba con mi hermano en Blackriver. Vale, me iré , concluyo con un suspiro.

—Nosotros nos vamos —les avisa Rhoan.