Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 28
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Capítulo 28

—¿De verdad Medi también irá? —pregunta Garran incrédulo, con su espalda apoyada en el marco de la puerta.

—Sí, la convencí. He quedado con ella en la base de la montaña. ¿Cómo estoy?

—Deslumbrante —dice con cariño—. Siéntete orgullosa, estás cambiando a esa niña para bien.

Su respuesta me hace sonreír.

—Volveré tarde.

—Tienes permiso hasta la madrugada solo porque estarás con Medi. —Levanta un dedo—. Si se hace de día, te buscaré por todo el pueblo y pasarás vergüenza, Lobelia Xyla.

La emoción con la que pronuncia cada sílaba provoca que se me escape una risita. La idea de avergonzar a su hija le produce euforia y darle toques de queda aún más. Dudo que me quede por tanto tiempo pero me agrada la sensación de libertad.

—Y no estés a solas con ningún hombre —advierte por último.

Casi me sobresalto y me viene Rhoan a la mente. De todos modos no irá.

—Vale, nos vemos —me despido pasando a su lado. Se queda en su sitio, viéndome bajar a las escaleras.

—Hija —me llama desde arriba cuando llego a la puerta. Cuando me asomo me mira con dulzura—. Que te diviertas.

Exhalo y sonrío.

—Gracias.

Cuando la luna se alza en el cielo, las luciérnagas convierten el pueblo en un espectáculo del cual nunca me cansaré.

Mi camino a la montaña se torna grato y, cuando llego al punto de encuentro, Medi ya me está esperando.

Se ha puesto un lindo vestido rosa que le sienta genial pero el cabello está en su moño desordenado de siempre.

Habrá sido a propósito, en un intento de permanecer en su caparazón a modo de no llamar la atención.

Por mi parte me he decidido por un vestido lila, ajustado en la parte superior hasta la cintura que cae formando unos suaves pliegues.

Es cálido y no tengo la necesidad de usar muchas capas encima.

Una trenza en cascada que solo recoge unos mechones detrás me queda a la perfección al tener mi cabello ondulado natural.

—¿Por qué no pruebas a soltarlo? —sugiero—. Hoy hace frío, así también te proteges el cuello.

Lo hago por ella sin pedirle permiso.

—Para qué tanto. Tú también viniste sin bufanda —refunfuña a pesar de dejar que se lo arregle.

—Tengo un largo y espeso manto de cabello que me protege hasta los muslos así que no es lo mismo —contradigo y guarda silencio. Al verla con su lindo cabello suelto hasta los hombros, las esquinas de mis labios se levantan—. Hermosa.

Mueve la boca hacia un lado. Con su flequillo delgado partido en cortina se ve preciosa, hasta diría adorable por su baja estatura. Medi tiene un rostro hermoso y delicado que hace que su rudeza y seriedad hagan conflicto en su imagen. En mi opinión, ella es la mujer más hermosa del pueblo.

Tras ese último arreglo, entramos al sendero que nos guía hacia El Agujero.

Según me dice, al sitio van personas de entre veinte y cincuenta años.

Lo malo es que aún no he aprendido suficiente a diferenciar las edades en Emdor, pero sé que cincuenta se consideraría unos veintiocho en edad humana.

A medida que nos acercamos nos vamos rodeando de personas que caminan en la misma dirección y nos observan asombrados.

—Última oportunidad para no estar con Mediloca —avisa.

—Cállate y camina.

Llegamos a la entrada de la cueva. Me arreglo una última vez, la reviso a ella y ambas respiramos hondo para entrar al famoso lugar. Es una piedra hueca y antigua con una amplia área de lucha a la izquierda. Solo lo había visto vacío y a la luz del día.

—Ese es El Pozo —señala Medi notando mi atención en esa zona.

Para quienes buscan el espectáculo hay un cúmulo de rocas que forman unas gradas que lo rodean, cubiertas de un musgo espeso para sentarse por largos ratos sin preocuparse por terminar doloridos.

En el resto del lugar hay mesas cerca de una enorme barra a la derecha en la cual sirven tragos al menos unas diez personas.

Las antorchas en apliques y los faroles que cuelgan de un extremo a otro logran convertirlo en un espacio mágico, haciéndote olvidar el frío invierno en el exterior.

Los ojos me brillan cuando descubro en una esquina grandes cantidades de alcohol para beber durante toda la noche y regresar borracho hasta los talones a casa.

—¿Qué es? —le pregunto a Medi.

—Hidromiel.

Despierta mi alma fiestera dormida durante casi dos años. Rodric me estaría mirando mal. Se me escapa una sonrisa tenue por la emoción y me despierta la sed con ganas de saborear el dulzor de la bebida.

De pronto siento una mirada persistente que se clava hasta mis huesos.

Mis ojos se desvían atraídos por la silueta en el lugar concurrido y bullicioso y, cuando hacemos contacto visual, el corazón me late igual que el de un colibrí.

¿Rhoan? ¿No dijo que no vendría? Está sentado en una de las piedras más altas de las gradas.

No comprendo a ese hombre en absoluto. A su lado veo a Celyn y a Aron, quien se adelanta y agita sus brazos con una despampanante sonrisa para que vayamos.

—Celyn te está mirando —susurro a Medi.

—Está sorprendido, eso es todo.

—Es la hija de Garran Xyla —escucho a un hombre cerca y me paralizo, entrelazando mi brazo con el de Medi. Me viene el recuerdo de la mujer que me llamó bruja.

—La he visto en el pueblo pero siempre está con Rhoan —le responde el hombre a su lado—. Es preciosa.

—¿No se dan cuenta de que oigo todo lo que dicen?

—Están borrachos. Tranquila, no se acercarán si estás conmigo —asegura Medi.

Me entra una sensación de nervios cuando casi todos nos empiezan a escrutar con interés.

—Bueno, busquemos algo de beber y vamos con los demás.

Atravesamos la multitud jurando que nadie se nos acercará.

—¡Hola! Me llamo Seimon Aither. —Nos obstaculiza un chico con una encantadora sonrisa—. Eres Lobelia, la hija de Garran, ¿no? ¡Fue mi profesor cuando era niño!

Es alto, delgado y de rostro apuesto. Su cabello castaño claro es ondulado y voluminoso medio despeinado. Tiene ojos grandes de color azul intenso, con una mandíbula marcada, una barba de tres días y cejas espesas en forma de gancho.

—Y tú eres Medi Bedelia —la mira con interés—, nunca habíamos hablado.

—Hola —la expresión de Medi no cambia pero la noto confundida.

—Es un placer, Seimon. —Desvío su atención de ella. Dudo que esté preparada para socializar. Tras nuestra respuesta positiva, las personas aparecen una a una hasta aglomerarse una decena. Medi se ve anonadada hasta más no poder. Busco a Rhoan desde la distancia, solo está Aron.

—Hola, yo soy Prys Bedelia —otro hombre habla y asiento—. Es un placer, soy colega de Artur.

Uno de los médicos del pueblo.

—Una vez me curaste un corte en el brazo.

Recuerda Medi. Tras su respuesta deduzco que Prys sí le cae bien.

—Lo recuerdo, era una herida muy profunda —responde él con una sonrisa satisfecha—. Me alegra que estés bien.

Ella levanta un poco las comisuras. Fue buena idea invitarla, quizás no se había dado cuenta de que había personas en el pueblo que valía la pena conocer.

—Lobelia era ayudante del médico de su familia en Benmore —menciona ella.

—¿Sabes de medicina? —me pregunta Prys con sus ojos casi brillando.

—Sí, me gusta —contesto segura—. Me tocó coser heridas de los caballeros del ducado.

—Eso es increíble.

—Apuesto a que aquí debes haber curado cosas peores —río con suavidad—. Seguro que eres muy bueno.

—Ah —agita su cabello—, no es para tanto.

Incluso en la oscuridad se matiza su sonrojo.

No era mi intención despertar su interés pero se ve que es un buen joven.

Si lo pienso, Rhoan no ha hecho más que mantener la distancia.

¿He sido terca al enfocarme solo en él? ¿Debería conocer a otras personas?

Desearía que él fuera el único para mí pero al ver su actitud conmigo quizás sea tiempo de empezar a soltarlo.

—Rhoan te enseña a combatir, ¿no? —pregunta una chica con timidez—. Me llamo Cothi Xyla.

—Dicen que te defendió de una cazadora —agrega Seimon con un humor un tanto apagado.

—Es difícil acercarse a él —menciona otro hombre que todavía no ha tenido oportunidad de decir su nombre.

¿Es tan popular que la conversación se desvía hacia él?

—Es un buen maestro —respondo.

Alguien toca mi hombro. Mi rostro se alza y mis ojos casi se desorbitan.

—Lobelia, Medi —es Rhoan junto a Celyn—, os estábamos esperando.

¿En qué momento se acercó? Los demás retroceden excepto Seimon que permanece firme.

—Estábamos hablando —saluda de mal humor mientras que Rhoan mantiene su fría expresión.

No se caen bien , deduzco al instante. Si es así, lo mejor es alejarse. No quiero que esta vez Macsen termine por castigar a Rhoan.

—Ya nos íbamos —explico nerviosa y me dirijo a Seimon—. Lo siento, hablamos en otra ocasión.

Doy un paso, el hombre coge mi muñeca y me aborda un escalofrío incómodo.

—Espera —suplica—, ¿por qué no te quedas y hablamos un poco más?

—¡Oye! —ruge Medi.

—¿Quién narices te crees para tocarla? Suéltala en este instante —lo amenaza Rhoan con una voz hostil mientras aprieta la mano de Seimon.

El hombre me libera y las personas a nuestro alrededor bajan la voz.

El pánico me invade. Es cierto que me ha desagradado que me toque un desconocido pero no quiero problemas.

—Discúlpate ahora mismo —habla Celyn con seriedad.

Seimon lo mira y resuella.

—Lo siento, Lobelia, no fue mi intención incomodarte —masculla.

Su disculpa no es sincera pero no tengo ni una pizca de ganas de responder y mucho menos de extender la molesta situación.

—Eso no es suficiente —gruñe Rhoan con un impulso asfixiante de molerlo a golpes.

Al borde de los nervios, recuerdo cómo conseguí erradicar su ira por la mañana e intento aplicar la misma estrategia. Me interpongo entre ambos y apoyo las manos en su pecho para alejarlo. Al sentir el toque, me mira y las cejas se le relajan.

—Rhoan, no vale la pena —le hablo en voz baja—. Por favor.

Guarda silencio.

—¿Qué coño hacéis? —aparece Aron, impaciente tras habernos estado guardando los asientos.