Capítulo 27
—Mm, esto sí, esto no —murmura Macsen a medida que decide qué papeles debo llevar a las oficinas de los equipos como último recado del día.
Los miro perdida en mis pensamientos, con el recuerdo en casa de Rhoan plantado en mi cabeza.
Lo que hizo en la comida ha despertado un nuevo hilo de esperanza que me produce más ansias por verlo.
De repente leo unos papeles que me emocionan.
—¿Llevo esos también?
Son para el equipo Drago. Macsen me mira con sus ojos entrecerrados con tanta intensidad que me hace dudar si dije algo malo.
—Yo lo haré —dice—. Ya escuché lo que sucedió en el descanso y Rhoan necesita reflexionar.
—¿Qué tiene que ver con un recado? —Me frustro—. Rhoan solo me defendía.
—La cazadora que te insultó tendrá su castigo, pero Rhoan es un joven sensato y sabe que la violencia no es la opción. Menos entre cazadores que nos cuidamos las espaldas. Su jefe de equipo ya le debe haber dado un sermón.
Lo miro con tristeza mientras él guarda silencio peinándose la barba.
—Si hablas con él y te aseguras de que no se repita, te dejaré llevar el papel —decide y los ojos se me iluminan.
Asiento sin pensarlo.
—Lo haré, te lo prometo.
Me evalúa hasta que me lo entrega.
—Bien.
—¡Gracias!
Le sonrío satisfecha y cojo el resto de los papeles que debo llevar. Nos despedimos y salgo triunfante por las enormes puertas. Primero me encargo de los documentos de otros equipos. Macsen me ha dado las ubicaciones de sus puertas y así no tengo que dar muchas vueltas.
—Eres la hija de Garran —se queda pasmado un chico al abrir la puerta del equipo Arce.
Su cara enrojece.
—¿Lobelia Xyla? —preguntan dos mujeres y un hombre que se asoman. Retrocedo un paso sin saber qué hacer.
—¡Dejad que pase, joder!
La líder los echa para atrás con una ráfaga de aire. Después me sonríe con jovialidad. Es una mujer más o menos de la edad de Garran.
—Hola, soy la nueva asistenta de Macsen. —A ella le sonrío cortés—. Envía estos papeles.
Charlo un momento ya que me busca conversación comentándome que conocía a mis abuelos a medida que el equipo me persigue con ojos curiosos.
Paso por otras tres oficinas en las que los cazadores no son tan jóvenes y son más tranquilos al conocerme.
Algunos aparentan cuarenta años, por lo que son mayores que Garran.
¿Cuánto tiempo llevarán cazando brujas? Es admirable.
Entonces, la cuarta oficina.
—Lobelia Xyla —sonríe con sutileza.
Lo reconozco de inmediato por su bonita barba de leñador y la piel se me eriza al recordar lo que una vez me contó Rhoan. Es al que le gustan las chicas jóvenes. ¿Cómo se llamaba?
—Hola —soy cordial, con la guardia un poco alta.
—¿Estás bien?, escuché lo que ocurrió en el descanso.
Se le escucha preocupado. El hecho de que tenga cien años y le gusten de mi edad no significa que sea mala persona, ¿verdad?
—Sí, Macsen le dará un castigo a la cazadora.
Le regalo una media sonrisa.
—Bien merecido.
—¡Caradoc! ¿Quién es? —pregunta una cazadora dentro de la oficina—. Ah, eres la chica nueva.
¡Cierto! Se llama Caradoc Xyla.
—Megan, ella es Lobelia Xyla.
—Es un placer, soy Megan Aither.
—El placer es mío. Empecé a trabajar con Macsen hoy como su nueva asistenta.
—¿Te veremos a menudo por aquí? —pregunta Caradoc alzando una ceja.
—Eso parece. —Le entrego los documentos deprisa para huir al percibir interés en su voz—. Esto lo envía él.
—Muchas gracias.
—Yo los cojo. —La mujer me los quita en un abrir y cerrar de ojos.
Mira a Caradoc con las comisuras levantadas y después me recorre de arriba a abajo con una cara distinta.
¿Todas las mujeres del pueblo me odian? Esta vez a ella se le nota a leguas que le interesa Caradoc.
Puedo ver que quiere que me largue, con los pies plantados a su lado hasta que la conversación se corte.
Relájate, Megan. No me gustan tan mayores.
—Todavía me quedan algunos por entregar así que me iré. —Señalo el pasillo. Es una batalla que no me interesa ganar.
—Vale, cuídate —se despide Caradoc sin soltar el contacto visual. Es un hombre de miradas suaves.
Queda ir a la oficina del equipo Drago. Camino con una sonrisa de oreja a oreja pensando en bucle en el modo en que me alimentó.
Por fin siento que he dado un enorme paso.
Quinta puerta de la segunda planta. Tras soltar una bocanada de aire, toco la puerta.
Al poco tiempo se abre y hago contacto visual con sus ojos grises.
No esperaba que fuera él quien la abriera. Me mira un tanto sorprendido.
—Lobelia —pronuncia mi nombre, obligándome a soportar las ganas de suspirar.
—Hola, traigo un documento de parte de Macsen.
Echo un vistazo fugaz. La oficina está conformada por el escritorio del líder a la izquierda, un par de sillones enfrente y los otros cuatro escritorios a la derecha.
Hay uno vacío para el miembro Xyla. En la pared derecha se ven estantes con muchos documentos.
Paralelo a la puerta hay grandes ventanales que iluminan cada esquina.
Una mesa redonda preside el centro de la habitación.
—Nuestro líder se acaba de ir. Puedes dármelo a mí.
Nuestros dedos se rozan cuando se lo extiendo. Me emociono hasta que retira el contacto en un parpadeo. Cuando nuestras miradas se cruzan desvía la suya y algo se me clava en el corazón. Mi buen humor se esfuma.
—¿Quién es? ¡Ah, Lobelia! —Es Aron con una gran sonrisa—. ¿Ocurre algo? Te noto extraña —es perspicaz.
Rhoan retrocede.
—En absoluto, me gustó mi primer día de trabajo —ideo alargando las esquinas de mi boca con exageración.
—Hola, Lobelia —me saluda Celyn, tan sonriente como siempre—. Ya nos íbamos a casa, ¿vienes con nosotros o tienes más recados?
Miro a Rhoan que no dice nada.
—Este era el último así que os acompaño.
Esto no es nada. Si rompí el muro una vez, puedo volver a hacerlo.
Cogen sus cosas y salimos a las escaleras. Rhoan se mantiene detrás.
—¡Felicidades por trabajar con mi abuelo! —comenta Aron—. Es un viejo testarudo pero le agradaste mucho cuando te conoció.
—A mí también me agradó él.
No puedo dejar de mirar a Rhoan cada cinco segundos, luchando por encontrar el por qué de su drástico cambio de actitud.
—Oye, habrá buenos combates hoy. Celebremos tu nuevo trabajo —menciona tras salir de la Central—. ¿Quieres ir a verlos con nosotros?
—¿En dónde?
—En El Agujero —responde Celyn—. Iremos al anochecer.
Captan mi interés. Es ese lugar que llamó mi atención cuando fui por primera vez a la torre abandonada con Medi. ¿Debería aceptar esta vez?
—Yo no iré —avisa Rhoan.
El corazón se me encoge.
—¿Qué? ¡¿Cómo que no si siempre vas?! —exclama Aron atónito.
¿Es que cometí un error en su casa?, ¿dije algo incorrecto? ¿En qué estuvo pensando durante las horas después de que comimos? ¿Está arrepentido de acortar la distancia?
—Bueno, yo sí iré —Me enderezo.
A Aron y a Celyn se les pintan sonrisas en el rostro.
—¡Bien! ¡Ya era hora, señorita! —Aron se entusiasma—. Muéstrame ese mapa que siempre llevas contigo, te marcaré la ubicación.
—Sé dónde está, he caminado por allí varias veces con Medi.
—Por cierto, ¿cómo está? —pregunta Celyn.
—Cada día sonríe más bonito. Voy a pasar por su tienda ahora.
—¿Tú no tenías que recoger la chaqueta que te quemó Aron? —se pronuncia Rhoan de repente con su voz apagada.
—Esa pobre chaqueta —se ríe Aron.
—Es cierto. —Celyn alza las cejas de buen humor. Después me mira sonriente—. Parece que nos toca acompañarte.
Vuelvo la mirada a Rhoan. En serio, ¿en qué está pensando este hombre? Suspiro y opto por pensar en Medi, quien se sinceró conmigo, confesándome que le ha gustado Celyn desde que era una niña. Nunca la he visto frente a él. ¿Se vuelve tímida? ¿Tartamudea?
Conversamos los pocos minutos que tardamos en llegar y cuando abro la puerta está tan linda como siempre, con su cabello recogido sin esfuerzo detrás del mostrador.
—¡Hola! Perdón por venir tarde —la saludo feliz.
—Hola —primero me regala una sonrisa hasta que ve que no vengo sola. Las esquinas de su boca se tumban—. Vienes con el paquete completo.
—Ja, ja, el paquete —a Aron le hace gracia.
Los tres la saludan. Mis ojos pasan de Medi a Celyn una y otra vez con disimulo.
—Medi, la chaqueta del otro día… —habla Celyn en un tono muy dócil que llama mi atención, casi hasta mover mis orejas.
—Está lista —contesta impasible—. Te la traeré.
Qué mal. Es como un tronco inamovible aún con Celyn delante de ella. Mis expectativas se desmoronan. ¿De verdad le gusta?
—Te acompaño —le digo.
Ella acepta callada y la sigo al almacén dejando a Rhoan y a los otros dos. Al cerrar la puerta se apoya en la pared y se lleva la mano al pecho.
—¿Estás bien? —le susurro nerviosa.
—Sí, espera a que me calme.
Coge respiraciones profundas y largas dejándome incrédula.
Segundos atrás actuó sin inmutarse pero se trataba de una fachada.
Si no fuera por su estado actual, habría jurado que Celyn le es indiferente como todos los demás.
Me hace preguntarme si conmigo habrá sido similar en el pasado, cuando fingía que no le interesaba ser mi amiga.
Al tranquilizar su corazón, retoma a lo que vinimos.
—Macsen me avisó que empezarías a trabajar con él —busca tema de conversación para distraer la mente.
—Sí, por eso no pude venir antes, lo siento.
—No me moriré por no verte un día —comenta de vuelta a la Medi que conozco.
—¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que extrañes a tu querida amiga?
—Una semana —contesta encontrando la chaqueta.
—Qué específica —logra hacerme reír y entonces señalo la chaqueta—. ¿No la olerás una última vez? A mí me encanta como huele Rhoan.
Golpea suave mi brazo.
—Llevo varios días con ella. Huele más a mí que a él.
Pero sí lo hizo. Esbozo una sonrisa. Salimos del almacén tras darle un momento para que se mentalice de que Celyn sigue en la tienda. Al igual que nosotras, parece que estaban cuchicheando sobre algo.
—Aquí tienes. —Medi le entrega la chaqueta.
—Gracias, se ve como nueva. —Él le sonríe de oreja a oreja—. ¿Cómo has estado?
—Normal. —Se cruza de brazos.
Es buena para mentir, me sorprende.
—¿Qué es normal para ti? —le pregunta Celyn en un tono feliz. Me recuerda a un perro que mueve su cola.
Mientras lucha por mantener una conversación con Medi, percibo que Aron me hace señas con los ojos. Ladeo la cabeza intentando comprender. Primero señala a Medi con el mentón y después lanza puños discretos al aire.
¿Quiere… que la golpee? Arqueo una ceja sin entender. Rhoan se acerca y me farfulla al oído.
—Que la invites hoy.
¡Ah!, ¡invitarla a El Agujero! Lanzaba puños por los combates. ¿Está loco? Por mucho que nos hayamos hecho amigas me dirá que no sin parpadear. Le hago señas de que lo haré en otra oportunidad y hace una mueca.
—Lobelia, ¿te irás con ellos? —pregunta Medi tras cortar la conversación con Celyn. Con eso insinúa que quiere que se vayan, es de los muchos métodos que aplicó conmigo en un inicio.
Rhoan sigue con esa cara seria a pesar de que se ha acercado para decirme lo que quería Aron.
—No, volveré a casa contigo —le respondo con un resoplo.
—Nos vemos en la noche, Lobelia. ¡Te encantará el lugar! —se despiden Aron y Celyn.
Rhoan permanece mirándome a los ojos.
—Te veo luego.
Asiento sin ganas de sonreír. Salen uno por uno de la tienda y noto algo que me impacta mientras Medi se da la vuelta hacia el mostrador. Solo por un breve instante, Celyn ha acercado la chaqueta a su nariz. ¿Fue mi imaginación?
—¿A dónde te han invitado?
Me siento a su lado.
—Dicen que hoy habrá combates buenos en El Agujero.
—Bien por ti, nunca has visto un combate de elementos.
Coge una prenda para coserla, libre de la tensión que le produce el hombre. Me parece que ahora formo parte de su zona de confort. Si es el caso, ¿debería intentarlo? Con ellos aquí se habría negado pero ahora me hace dudar.
—¿Si te invitara, irías? —me atrevo a decir.
Hace contacto visual, tan callada como una tumba.
—No —responde con la vista en la prenda—. Si voy contigo nadie querrá hablarte.
Al menos ya no dice que quiere estar sola.
—No todos me hablan para decir cosas bonitas —murmuro recordando a la mujer de esta mañana.
Mis palabras le hacen detenerse.
—¿Qué significa eso?
Me analiza. Mojo los labios, juego con los dedos y cojo aire. Le cuento lo que sucedió con la cazadora, con Rhoan y el hecho de que fui a su casa y tuvo un cambio abrupto de actitud. A medida que hablo, alza sus cejas y su rostro pasa por distintas expresiones.
—Así que te llamaron bruja y Rhoan es un idiota —resume y asiento—. ¿Quién te llamó así?
Se me escapa una sonrisa. Quizás una de las cosas que más me agradan de Medi es que su aire serio es similar al de Rhoan. Puedo inferir que pretende abusar de su posición como la loca del pueblo y discípula de Macsen Bedelia para traumatizar a la mujer.
—No sé su nombre y tampoco te lo diría si lo supiera. —Me cruzo de brazos—. Entonces, ¿irás conmigo o no?
Pone una mueca de molestia. Tarda en hablar, esperando a que me arrepienta y le divulgue la verdad, no obstante al poco tiempo se rinde. Ya empieza a conocerme y sabe que soy más terca que una mula.
—Esa mujer no representa al noventa y nueve por ciento de las personas de nuestra edad que quieren hablarte.
Tienes talento con tu elemento, eres hermosa, carismática y te has ganado un lugar en el círculo cerrado de esos tres que hacen chillar a todas las mujeres del pueblo.
Si quisieras podrías ser intocable. Yo solo te arrastraré al fango.
—Tú y el paquete completo sois suficientes —digo firme.
Mueve la boca a los lados y devuelve la mirada a la prenda en sus manos. ¿Lo está considerando? Los latidos me saltan. Espero a que diga algo, cualquier cosa. Tras su incesante silencio deja ir un suspiro.
—Nunca he ido allí tampoco.
Una sonrisa deslumbrante se plasma en mi rostro.
—¡Sí! —Me echo para atrás y el taburete se inclina—. ¡Uy!
Medi me sujeta el brazo y me hace volver a mi sitio con agilidad.
—No mueras en mi tienda.