Capítulo 25 #2
Estoy tan enfocada curioseando que pego un brinco cuando Macsen me da una palmada en el hombro y me sonríe de oreja a oreja.
—Te estaba esperando con ansias —habla el viejo.
—Ah, ¿sí? —Arqueo una ceja.
—Hemos decidido cuál será tu responsabilidad. Es una muy importante —declara.
Los nervios se me suben a la garganta y pienso en todas las opciones. Quedarme con Medi, cocinar en alguna de las tabernas y restaurantes, coser, hacer mueblería ya que mi poder me lo permite. Cualquier cosa básica que me dará una rutina sólida para por fin comenzar mi vida aquí al cien por cien.
—¡Serás mi nueva asistenta! —Levanta sus pulgares con una sonrisa cegadora. Enmudezco con los ojos bien abiertos en medio de la confusión.
—Macsen, yo—
—Ah-ah, no me rechaces tan rápido —me interrumpe animado—. Vamos, dame una oportunidad, ¿sí?
Es demasiado repentino.
—Macsen, eres el líder de los cazadores de brujas y uno de los cuatro líderes del pueblo —enfatizo mientras él asiente a cada cosa—, y yo llevo un mes aquí como mucho.
Estaré fuera de lugar. ¿Una nueva como yo, asistenta de alguien con responsabilidades tan increíbles? Pensé que me asignarían con Medi, tras ver que nos llevamos bien.
—Solo necesitaré que me ayudes con el papeleo y algunos recados diarios —me persuade—. Con el tiempo, cuando encuentres algo que te guste, puedes abandonarme y hacer lo que quieras.
Su broma del final consigue hacerme sonreír. Su voz es cariñosa y me hace confiar en que no me iría mal con él pero nunca había tenido un trabajo en mi vida. Hubiera sido mejor ser asistenta de un carpintero en vez de la de una de las personas más indispensables del pueblo.
—¿Por qué yo? —le pregunto.
—Rhoan me ha dicho que tienes un intelecto sin igual, además de haber recibido todo tipo de conocimientos en Benmore como estrategias de guerra, lo cual se agradecería en este lugar para ser específico —se explaya—.
¿Quién sabe?, tal vez puedas brillar en la Central de Cazadores, pequeña.
Fue Rhoan quien te recomendó, ¿no es así, niño?
Lo miro sorprendida. No hay reacción sino una simple espera a que haga caso y acepte. ¿ Él me recomendó para trabajar en la Central?
—¿Por qué? —le pregunto.
—Puede que no te conviertas en duquesa, pero sí podrías hacer buen uso de tus conocimientos aquí —expresa y me sonríe.
Inhalo sin dejar de mirarlo. Si Macsen necesita mis conocimientos de guerra quiere decir que no solo será un trabajo de recados. Esperaba pasar desapercibida y ser una feliz costurera con mi amiga, no obstante el nivel de utilidad que me brindará la posición es tentador.
—Dejadme pensarlo un momento. —Levanto una mano.
El despacho se envuelve en un silencio reflexivo.
Muevo mi boca de un lado al otro mirando hacia el vacío.
Mi hermano siempre ha dicho que tengo talento para la estrategia, sin duda podría intentarlo.
Además, llevando tan poco tiempo en Emdor, en principio Macsen no pedirá mi opinión para cosas importantes, ¿no?
También es un señor con el que me he sentido cómoda desde el primer momento.
¿No es mi mejor opción aceptar por ahora?
Me gusta ayudar a Medi pero ella es tan rápida y habilidosa para crear piezas preciosas, que tal vez tenerme con ella solo le quitará el trabajo que tanto ama y le obstaculizaré.
Y si trabajo aquí, veré a Rhoan incluso más .
Si lo veo en el trabajo, será natural, ¿verdad?
—Bien, acepto el trabajo.
—¡Maravilloso! —Su alegría me pinta una sonrisa leve—. Ya verás cómo te gusta.
Asiento en silencio.
—¿Cuándo empiezo?
—Ahora mismo —declara.
Ha sido fácil adivinar.
—En ese caso, me retiro a entrenar —se pronuncia Rhoan.
Ah, se va…
—Cuídate, niño —se despide Macsen con cariño.
Rhoan asiente y me mira.
—Nos vemos más tarde —se despide regalándome una suave sonrisa.
Cierra la puerta y Macsen junta las palmas.
—¡Empecemos! —No pierde el tiempo. Coge unos rollos de papel y me los entrega con una mirada afable—. ¿Puedes ayudarme a ordenar esto en el estante? Cada reporte de cacería tiene una etiqueta con el nombre del equipo y la fecha.
Solo ordenar, ¿eh? Era algo que hacía con frecuencia en el despacho de mi padre. Le doy la espalda y me concentro, solo por unos pocos segundos.
—¿Quieres té? —pregunta.
—¿No acabo de empezar? —Lo miro confundida, provocando en él una ruidosa carcajada.
—Claro, claro. Termina y yo haré el té, pequeña.
Qué astuto, no me dejó decir que no , pienso sonriente. El corazón se me ablanda solo de escucharlo llamarme pequeña igual que mi padre en Benmore.
Me siento con él en los sillones frente a su escritorio. Cuando noto que casi no cabe en la silla, se me cierne una sutil sonrisa.
—Lo sé, soy enorme. —Se encoge de hombros.
A pesar de su tamaño colosal, sus palabras se escuchan encantadoras.
—Mi padre el duque también es más grande de lo usual. Ambos me recordáis a un oso —comento.
La mirada se le va con una sonrisa.
—Cuando los padres de mi nieto fallecieron, lloraba siempre en mis brazos —cuenta con una voz nostálgica—. Decía algo parecido, que le gustaba porque era como un oso.
Me toma por sorpresa su historia ya que habla de Aron. Sé que es el nieto de Macsen pero no sabía que era huérfano.
—Lo lamento tanto —respondo con una triste voz—. Perder a un hijo debe ser una pesadilla.
Su sonrisa se expande.
—En realidad, no es mi nieto biológico pero conocía bien a sus padres y decidí criarlo yo mismo. No tuve la oportunidad de tener una familia por mi cuenta —confiesa muy tranquilo—. Con Medi y él siento que he cumplido parte de ese sueño.
Sus palabras me achican el corazón. Lo miro con pena y a los pocos segundos me inclino alcanzando su mano.
—Acabas de ganar una nueva nieta.
Le sonrío con dulzura. Me mira sorprendido por un segundo hasta que se coge el pecho con dolor.
—¡Ugh! ¡Mi corazón! —grita de la nada.
—¡¿Qué sucede?! —Me levanto de un salto aterrorizada.
—¡Derretiste mi corazón, pequeña! —exclama estallando en carcajadas.
Me quedo sin habla con sus risas de fondo. De un instante a otro, abro mi boca atónita.
—¡Casi me causas un infarto! —Le pego en su brazo gigante y poco después el rostro se me va distorsionando hasta formarse una sonrisa extraña—. ¡Ja, ja, ja, ja!
Termino por contagiarme de su risa hasta cogerme las costillas y llorar. Es el mejor comienzo que podríamos tener.