Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 23 #3
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Capítulo 23 #3

—Caradoc —lo saluda una voz que me estremece desde la nuca hasta los dedos de mis pies—. Fue una larga misión de un mes.

—Rhoan, ¿cómo estás? —Piensa antes de continuar—. Te noto distinto.

¿Qué hace aquí?

—¿Distinto en qué sentido? —escucho su voz casi adherida a mi espalda, usando un tono jovial que esconde una energía que me impide voltear.

—Pues, sonriendo —comenta Caradoc con cuidado, desviando el tema con rapidez—. Tropecé con ella y pudimos presentarnos. Escuché su historia anoche.

Me mira con las comisuras levantadas, cuando Rhoan me coge el hombro haciéndome sobresaltar.

—Ah, sí. Se habla mucho de cómo llegué con ella en brazos. Han empezado a correr rumores interesantes por eso —enfatiza con una risita perturbadora—. Es curioso, ¿no es así, Lobelia?

—Sí, muy curioso. —Aclaro la garganta al sentir la mano de Rhoan que masajea mi hombro. El corazón se me va a salir por la boca. ¿Por qué hace esto? ¿De qué rumores habla?

Caradoc nos mira y se rasca la nuca.

—Pues me encantaría escucharlo pero tengo que irme. Te veo luego. —Se despide con la mano y me sonríe una última vez—. Nos vemos, chica nueva.

—Sí… Adiós.

Camina hacia la Central sin mirar atrás. En el instante en que estamos solos, Rhoan coge mis hombros y me obliga a enfrentar su mirada severa. Me estremezco en un plácido sentido.

—¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar trabajando? —Miro a otro lado o descubrirá mis ganas de sonreír sin sentido.

—El primer día después de una cacería siempre es más tranquilo, no confié en que te dejarían en paz así que esperé a que salieras de donde Medi.

Me entenderán en la Central al saber que mi nueva discípula anda merodeando por ahí —habla serio—.

¿Si no hubiese interrumpido seguirías aquí plantada charlando con Caradoc Xyla, con las florecitas saliéndote por los lados?

¿Por qué está reaccionando así? Sus actitudes cambiantes me tienen la cabeza hecha un lío.

—¿Y qué si fuera así? Podría ser mi aetheris. Era apuesto —lo provoco para tantear. Permanece en un silencio largo. Levanto la mirada, la suya me perfora así que vuelvo a desviarla con el corazón a tope.

—Caradoc Xyla tiene cien años y ya ha tenido dramas con mujeres de tu edad. ¿Pretendías que me quedara quieto y dejara que te engatusara?

Me paralizo. Esta vez tampoco son celos sino algo peor.

—¿Q-Qué? ¿Cien años?

—¿Ahora entiendes por qué debo vigilarte?

—matiza y me veo forzada a cerrar la boca—.

Lobelia, somos un pueblo dedicado al Gran Roble y camaradería tenemos de sobra, pero como te he dicho antes, en este momento eres presa fácil.

Nuestra sangre nos motiva a cuidar a nuestro Dios pero no sucede lo mismo entre nosotros.

Para eso se han creado reglas que a muchos les gusta romper.

Su sermón calla cualquier intención que tengo de contestar. Solo quería castigarlo un poco por desilusionarme y fue una tontería. Sé que solo llevo un par de días en el pueblo, es evidente que no puedo andar sola por la vida.

—Lo siento, seré más desconfiada. Por lo menos hasta que me sepa defender y aprenda a diferenciar las edades —expreso mirándolo decaída.

Me mira con pesar.

—No es tu culpa —susurra—. Soy yo quien lo siente por ser tan exigente.

Me abraza con cariño apoyando su mentón en mi coronilla. Por lo menos con esto puedo decir que valió la pena ceder. Exhala y me suelta.

—Me tengo que ir, solo hoy puedo darme el lujo de llegar tarde. Volverás a casa temprano, ¿no?

—Sí, a la hora de comer.

Me lanza una última mirada hasta que de la nada me da una caricia en la cabeza con una sonrisa suave.

—Lo que le dijiste a esa mujer —menciona—, bien hecho.

Parpadeo tomada por sorpresa. Al cabo de un instante mis labios se tuercen emocionados.

—Gracias.

Me deja ir y se va a la Central de Cazadores. Se me empieza a hacer costumbre ver su espalda alejarse, deseando que se dé la vuelta una vez más, que estemos juntos un segundo más.

Solo uno me basta.

El hambre hace que me ruja el estómago. Me planteo entrar en una de las tabernas ya que no hay que pagar, sin embargo le dije a Rhoan que regresaría a la hora de comer y eso haré. No es por obedecerle , refunfuño para mis adentros en un intento de engañarme a mí misma.

Al llegar a casa voy directa a la chimenea para aclimatar la sala. ¿Qué haré por la tarde? , pienso aburrida. En mi cabeza no para de surgir el deseo de ver a Rhoan. Siento las emociones mil veces más bajo control que en Benmore pero sigo disconforme. ¿Cuándo será suficiente para mí?

Doy un brinco al escuchar que tocan en la puerta. Dejo la leña a un lado y me acerco aprisa a la entrada. En el momento en que abro, se me plasma una sonrisa atiborrada de alborozo. Es él.

—¿Qué haces aquí?

Carga una bolsa llena de ingredientes de cocina.

—Tengo un descanso de dos horas para comer —explica mientras dejo que pase—. Vendré todos los días para que te alimentes bien y aprendas a cocinar.

Aprieto los puños, luchando por no pegar un salto de euforia. Su sobreprotección no tiene límites y estoy más que lista para aprovecharme de ello.