Capítulo 23
He tenido otra épica guerra interna para no reaccionar al contacto de Rhoan cuando corrige mi postura.
Algún día me acostumbraré, o de eso me intento convencer.
Mi institutriz estaría impactada. Una señorita no debe pensar jamás en el pecado carnal y su mente debe ser tan pura como una flor, no obstante la existencia de Rhoan ha provocado en mí un cambio irreversible y volví a tocarme ayer por la noche.
Cuando la clase termina cojo el bolso y saco el mapa.
—¿Sabes leer mapas? —me pregunta con una ceja alzada.
—Tuve clases de sucesión en caso de que mi hermano falleciera sin herederos y yo tuviera que encargarme del ducado —le explico.
Aunque habría muerto antes que él.
—Entonces no solo lees mapas —deduce—. ¿Qué otras cosas sabes?
Bajo el mapa y lo miro a los ojos con una sonrisa moderada y orgullosa. Bien, ¿quieres saber lo que te perderás si me rechazas?
—Administración de territorios, economía y finanzas, estrategias de guerra, comercio, persuasión, psicología, filosofía, historia, equitación, arquería —enlisto—, además de canto, baile, música, paisajismo, interiorismo, modales, costura, arreglos florales, cursos de maternidad y… prematrimoniales.
—¿Cursos prematrimoniales?, ¿qué aprendías en ellos?
El corazón lucha por salirse por mi boca pero lo aguanto. Vamos, dije que no me iba a rendir , subo los ánimos. Muevo la boca de un lado al otro sin cortar el contacto visual.
—De todo un poco.
Me aseguro con la mirada de que comprenda que también incluye lecciones sexuales para ser una esposa dedicada . Hay un pequeño silencio.
—Duquesa de Benmore, ¿eh? No suena mal —suelta con una voz serena—. ¿Y a dónde vas con ese mapa, si se puede saber?
Respiro profundo para no gruñir. Me ha evitado.
—¿Puedes decirme dónde está la boutique de Medi? Tiene listos mis vestidos.
—Está aquí —me lo señala—, es cerca de la Central así que te acompañaré.
Salimos del campo de entrenamiento. Cae más nieve que ayer.
Rhoan luce encantador con los copos aterrizando sobre él.
Resaltan sobre su cabello oscuro. Además, el vapor que sale de su boca cuando respira me inquieta en un sentido que no consigo comprender del todo.
Lo observo con tanta fijación que me descubre.
—¿Qué?
Trago saliva y me centro en mi caminar.
—El invierno combina contigo —murmuro.
Tarda un momento.
—¿Porque es frío?
—¡Ja, ja, ja, ja!
¿Cómo llegó a esa conclusión? Ni siquiera me dan ganas de aclararlo, ha sido encantador.
Pasa un rato en el que hablamos de los próximos entrenamientos hasta que se detiene enfrente de la boutique de Medi. Ha sido más rápido de lo que me gustaría.
—Te espero aquí. —Se cruza de brazos recostándose en la pared—. Te han estado observando como animales desde que salimos del campo de entrenamiento y no te dejaré vulnerable.
Siento una sacudida en el corazón y me pasmo con los ojos fundidos en los suyos. ¿Está celoso? ¿Esto quiere decir que tengo esperanza?
—Garran odiaría que se acercaran —añade.
Mis ojos se voltean.
—Me las arreglo bien sola. Pasearé por el pueblo cuando termine. Ve a trabajar, Rhoan Adair.
Si lo pienso, no sé con qué cara saldré de la boutique. Si todo sale mal, se encuentra con Medi a la salida y a ella se le ocurre decirle lo que sucedió, será mi perdición y seré vista como una mujer problemática, lo cual por desgracia creo que soy.
Al escucharme hablar en serio, gruñe y me da la espalda dejándome sola. De inmediato se me va la sangre del rostro pensando que se ha molestado.
—¡Oye! —Lo sigo a medida que entra a un callejón sin salida—. Vamos, sabes que no lo digo porque no quiera—
Me aborda y lleva mis muñecas por encima de la cabeza contra la pared de piedra detrás de mí. Parpadeo en shock, sin un centímetro para escapar. Me esperaba cualquier cosa menos esto.
—¿Qué haces? —Mi corazón va a estallar.
A pocos centímetros su delicioso aroma me embriaga y siento un cosquilleo en la entrepierna.
—Lobelia, somos los Protectores de Dios. Todos aquí saben combatir, inclusive adolescentes que con certeza tienen más músculo que tú —habla con su voz áspera y susurrante—. Someter a una novata puede ser pan comido para cualquier hijo de Emdor en este momento.
Trago y miro a otro lado. Sus exhalaciones me electrizan la piel.
—Mírame a los ojos cuando te hablo —exige mascullando. Con la respiración hecha un desastre, me veo obligada a hacer caso y hago un esfuerzo máximo por continuar con mi fachada de irritación—. ¿Me has entendido?
—Sí —pronuncio a duras penas.
El sonrojo empieza a dolerme, mi inocencia en estas cosas me hace actuar con timidez y me cuesta mantener el contacto visual.
Los segundos en los que sus ojos grises me analizan se sienten eternos hasta que me deja ir.
El esfuerzo que me lleva calmar el pulso y volver a la normalidad es inútil.
Estoy en blanco mientras su mirada me recorre de arriba a abajo.
—¿A qué hora irás a casa? —me pregunta sin molestarse en ocultar su malhumor.
Trago saliva.
—A la hora de comer, tal vez antes si me aburro —murmuro desorientada por lo que acaba de pasar.
Permanece callado y mi respiración no tiene tregua.
—Bien, me iré pero recuerda mis palabras.
Más que un consejo parece una advertencia.
Tras unos segundos más de contacto visual, me da la espalda y se retira.
Apoyo una mano en el pecho, desesperada por tranquilizarme mientras lo veo salir del callejón al que me atrajo como presa.
Eso ha sido explosivo. Mi osadía de la que tanto presumía antes se convirtió en cohibición en el momento en que se abalanzó y me hizo sentir igual a una hormiga.
Me ha recordado cuán inexperta soy por culpa de que pasé toda mi vida huyendo del amor.
Está bien, debo ser paciente. Tengo otras cosas que resolver en este instante.
Medi Bedelia.
En vez de un lobo, frente a su boutique siento que soy un pobre conejo, paralizada e incapaz de dar el paso. Más aún después de lo que supe de ella anoche.
Tras cansarme de permanecer estática, reúno coraje y abro la puerta con una lentitud tan exasperante que la campanilla de arriba apenas suena. Cuando asomo la cabeza me encuentro con ella a metro y medio observándome.
Hay un silencio incómodo.
—Oh, no, el lobo ha venido a comerme —dice con una voz monótona.
Es un golpe sublime. Con las mejillas enrojecidas por la vergüenza, entro resignada. Aclaro la garganta y me echo el pelo hacia delante, esperando que me sirva como apoyo emocional.
—Buenos días, Medi.
—Buen día.
No dice nada más.
—Garran me dijo que los vestidos estaban listos. Eres bastante rápida. —Elevo mis talones mientras ella se cruza de brazos sin reaccionar a mi cumplido.
—Sí. Sigue a la oveja.
Se da la vuelta lanzando ese comentario que me hunde hasta el subsuelo. Hay un silencio sofocante al tiempo que caminamos al vestidor. No hay más intercambio de palabras hasta que me pruebo el primer vestido.
—¿Qué tal? —me pregunta asomándose—. Creo que aquí podría ajustarlo un poco más, tienes la cintura pequeña.
Recoge la tela en el nivel.
—Así está perfecto. Me gusta suelto.
Otro silencio mientras ella examina las costuras. Me armo de valor y aprovecho que se ha acercado, sin embargo las palabras solo salen cuando escondo el rostro entre ambas manos.
—Lo siento por todo lo que dije. Fui prepotente y creo que jamás había sido tan grosera con alguien como lo fui contigo. Te juro que me arrepiento muchísimo.
Percibo que deja de moverse por un instante, motivándome a mover un dedo para verla. La noto pensativa. Tras un silencio tortuoso, moja sus labios.
—Está bien. —Extiende la falda de mi vestido—. En realidad no me gusta Rhoan en absoluto. Tiene buen rostro pero es como una muralla de hielo.
¿Muralla de hielo? Bueno, es cierto que frente a otros parece que es un poco seco.
—¿Por qué no aclaraste el malentendido? —pregunto desanimada.
—Porque fue refrescante. —Por fin levanta un poco las comisuras. Separo los labios preguntándome a qué se refiere.
—Bueno, en ese caso podemos discutir cuando quieras.
—Puf —suelta un bufido—. ¿Eso qué significa?, ¿pretendes ser mi amiga ahora?
Me ruborizo.
—N-No, bueno, sí, ¿tal vez? Quiero decir, soy nueva y en realidad nunca he tenido una amiga ya que en Benmore todos me trataban con distancia por mi título pero, no lo sé, podríamos…
—balbuceo como cotorra y ella alza una ceja.
Cuando me rindo ante mi parloteo sin éxito, me encorvo y mi voz disminuye—. Me probaré el otro vestido.
Me observa sin respuesta hasta que sale para que me cambie. ¡Seré tonta! Me pellizco la mejilla. Pensé que solo me volvía tímida con Rhoan pero ha aparecido un nuevo desafío. Me cambiaré, suspiro rendida. Solo le hago perder tiempo y la disculpa ha sido un fracaso.
—No te conviene ser mi amiga —habla de repente al otro lado del vestidor.
Miro hacia la entrada. Sin tener que analizarlo demasiado intuyo que lo dice por su apodo.
—¿Por qué? —finjo que no sé.
—Tengo mala fama ya que causé algunos incendios hace unos años.
Es mi oportunidad. Me asomo aprisa a la entrada del vestidor. Ella da un paso atrás debido a la sorpresiva aparición.
—Y yo ayer hice una arboleda sin querer.
Le sonrío.
—Hiciste… una arboleda —repite pasmada.
—Sí, una pequeña. Cuando Garran me estaba enseñando por primera vez pensé que si me hiciera poderosa y creara un bosque para Rhoan él estaría orgulloso y se fijaría en mí pero mi emoción me traicionó.
Sigue quieta con el rostro congelado hasta que se dobla de la risa.
—¡Sí que estás loca! —Se abraza las costillas.
—Lo estoy, ¿verdad? —le respondo jocosa y ríe con más ganas.
¡Lo logré!
—De todas formas no quiero ser tu amiga —se niega dejando de reír a los pocos segundos.
La sonrisa se me desprende.
—Pero… —titubeo.
—Este te queda bien —cambia el tema de golpe examinando el vestido—, pruébate el otro.
Caigo en un silencio forzado, cojo una larga respiración y no me queda de otra que asentir.
—Está bien.
Por el momento es mejor no insistir.