Capítulo 22
Al llegar a casa mi humor es inmejorable.
Además, si omito las partes amargas, tuve un lindo día con Rhoan.
Mañana tendrá que retomar su trabajo así que días como este no volverán a ocurrir hasta quién sabe cuándo.
Fue buena idea dejarlo estar en casa conmigo, aunque ahora tenga un secreto que ocultar a Garran y un doloroso amor que enfrentar.
—Ah, por cierto, Medi me pidió que te dijera que terminó con los arreglos y que fueras a verla —avisa entrando a la cocina.
Me sobresalto. ¡¿Tan rápido?! ¿Qué hago? Mi primer encuentro con ella no fue el ideal.
—¿Puedes acompañarme? —Lo sigo al otro lado de la isla central mientras busca un par de vasos.
—Me encantaría, pero a la hora a la que abre la boutique tengo la primera clase con los niños —lamenta llenando los vasos con agua—. Si esperas unos días podría, pero necesitas la ropa con urgencia.
—Tienes razón, lo siento, no pensé en ello. —Rasco mi mejilla nerviosa.
Se me queda mirando.
—¿Pasó algo con ella? ¿No prefieres pedirle a Rhoan que te acompañe? Seguro que tiene tiempo antes de ir a la Central de Cazadores.
Me paralizo. No sabía que fuese tan perspicaz, ¿y ahora qué? ¿Le miento? Pero si quiero estrechar mi relación con él no debería empezar con tantas mentiras.
—En realidad tuvimos un ligero roce cuando tomaba mis medidas —pronuncio bajo—. No te lo dije porque no quería preocuparte.
Me mira sorprendido.
—¿Qué ocurrió? —Me ofrece uno de los vasos.
El corazón me explota mientras lo cojo. Pareciera que voy a confesar una fechoría.
—Dijo que ganaría muchas enemigas porque Rhoan y sus amigos me rescataron —generalizo para que no me descubra—, y por cómo lo dijo, yo también le respondí en un tono tajante. Me hacía preguntas muy específicas así que fue fácil adivinar que estaba celosa.
Permanece impactado un breve instante hasta que una sonrisa moderada se cierne en sus labios.
—Algunas cosas no cambian con el tiempo —piensa en voz alta con una risita antes de beber.
Se da cuenta de mi confusión y acerca un dedo a su boca a modo de secreto—.
No se lo digas a nadie, pero Medi ha estado enamorada de Celyn desde hace años.
¿Sabes?, el compañero de Rhoan que también te salvó hace dos días. El que es rubio.
Lo miro con los ojos bien abiertos.
—¿Eh? No, eso… —intento discrepar, no obstante los comentarios de Medi en mis recuerdos empiezan a verse de otra manera.
Ella mencionó a los tres al principio, no solo a Rhoan.
¿En qué momento lo nombró a él en especial?
En ninguno. Garran parece conocerla bien.
¿Estoy en posición de cuestionarlo? Por Dios, ¿Medi buscaba información pero no por Rhoan sino por ese chico?
La malinterpreté a niveles catastróficos y fui hostil con ella.
¡¿Por qué no me dijo nada?! ¡Ella comprendió que mi actitud era por Rhoan! , ¡pudo haber aclarado el malentendido!
—¿Y tú cómo lo sabes? —le pregunto tomando un sorbo de agua.
—La prima de Medi era mi alumna, de vez en cuando me la encontraba y me atrapaba con cotilleos.
Solía contarme que Medi por fin se estaba comportando como una adolescente enamorada aunque ella lo negaba, pero Amalia era observadora y le entusiasmaba la idea de que Celyn fuese su cuñado ya que eran como hermanas.
Cotorreaba sin parar sobre ello —ríe con nostalgia—, era una fanática del romance.
—¿ Era ?
Su ánimo se esfuma en un parpadeo y en sus ojos se refleja una nueva tristeza.
—Murió hace unos años —aclara—. Sé un poco comprensiva, Medi ha pasado por mucho. Adoraba a Amalia más que a nadie.
Por un breve momento no sé qué decir.
—Debo disculparme —me arrepiento con un dolor en el pecho que no se me quitará hasta que lo haga.
—Habla con ella, es más amable de lo que parece —me anima.
No me siento lista pero debo enfrentar este problema con madurez.
El toque de alguien en la entrada me sobresalta.
Me quedo en el marco de la cocina y bebo agua mientras Garran camina a la puerta.
Cuando la abre, el líquido se me va por otro lado.
Me escondo un segundo para recuperarme de la sensación que me quema la nariz y peino mi cabello a la velocidad de un rayo. Reviso el resto de mi apariencia.
Se saludan aunque Garran está confundido por la visita.
—Hola, Rhoan. —Aparezco detrás con timidez.
Me sonríe con ligereza. Recuerdo lo que hablamos y mi llanto en consecuencia, después mi determinación de no rendirme y levanto la mirada con más seguridad. Se dibuja una sonrisa en mis labios cuando descubro que no viene solo.
—¡Hola, hola, señorita! —habla el pelirrojo al tiempo que interrumpe mi campo de visión.
Rhoan lo coge por el hombro.
—Te ves mejor, Lobelia. —Celyn tiene una mirada más calmada. Su nombre sí lo recuerdo por mi vergonzoso descubrimiento de hace unos minutos.
Es el que le gusta a Medi.
—Me alegra volver a veros —les digo con una mirada sonriente.
—Querían saludarla —le explica Rhoan a Garran.
—Por supuesto, pasad. —Garran retrocede con tranquilidad.
Entran y se quitan sus abrigos y botas llenas de nieve y barro pero el único al que mis ojos persiguen es a Rhoan, quien seca todo y deja el suelo impecable con su poder.
—¡Lobelia!, ¿te acuerdas de mí? —habla primero el pelirrojo—. Me llamo Aron Bedelia, por si has olvidado mi nombre.
Así que este es el nieto de Macsen Bedelia.
Tiene una sonrisa de pillo que combina a la perfección con su cabello pelirrojo semilargo y un poco ondulado.
Su mandíbula marcada y su mirada osada de ojos castaños le brinda un aire de rudeza pero su encanto y carisma lo equilibra.
A duras penas se nota un indicio de barba.
—Dudo que se acuerde de nosotros —ríe Celyn—, apenas nos vimos un par de veces, ¿cierto? —Me mira sonriente mientras que yo lo veo culpable—. Mi nombre es Celyn Aither.
Lleva una barba un poco más corta que la de Rhoan.
Su brillante melena es revoltosa, parecida a las suaves ondas de un río de oro que llega hasta la mitad de su nuca.
Sus ojos son de un azul hielo apacible mientras que sus labios son carnosos y provocativos, de esos que no puedes dejar de mirar a medida que se mueven.
Se nota que es el más sereno de los tres. Con razón le gusta a Medi Bedelia.
Es divertido ver a los tres hombres juntos, son distintos y perfectos a su manera.
—Es un placer conoceros otra vez —hablo jovial—. No había tenido la oportunidad de agradeceros por lo que hicisteis.
—Somos cazadores —asegura Celyn—, pero antes que eso somos Protectores.
Sus palabras me hacen sonreír. Garran se da media vuelta.
—Traeré galletas. Sentaos donde queráis.
—Te ayudo —le ofrezco.
—No te preocupes, quédate con ellos. —Me da un toque en el hombro.
Caminamos a la chimenea y al poco tiempo se oyen tazas en la cocina.
Mis ojos se cruzan por accidente con los de Rhoan y me sonrojo.
Se sienta en el sofá y los otros dos se van a los sillones dándome la única opción de sentarme a su lado.
No importa quedarme cerca mientras su aetheris no esté, ¿verdad?
Él dijo que nunca me vería como una molestia. Su voz era de promesa.
—Lo hice, Rhoan —rompo el hielo—, creé árboles.
Sus ojos se abren de par en par, mostrando una deslumbrante sonrisa.
—¡Eso es increíble, Lobelia! —Me abraza en su asiento, motivándome a torcer la boca con una sonrisa exagerada.
—¡Felicidades! Oye, ¡creo que has roto el récord en la historia! —Aron también se ve sonriente.
—Felicitaciones, Lobelia —celebra Celyn también.
—¡Gracias! —les respondo feliz para después mirar otra vez a Rhoan—.
Cuando perfeccione mi habilidad podrás decirme si necesitas que haga algo por ti, si tienes un té favorito o si necesitas que haga algún mueble, lo que sea…
—mi voz disminuye al mirar su expresión sonriente y me doy cuenta de que hablo demasiado.
—Qué tierna —murmura Aron y la sangre se me sube a las mejillas. Al instante sale un chorro de agua de la mano de Rhoan directo a su cara—. ¡Oye!
Garran regresa con una bandeja llena de galletas y un juego de té. Ni siquiera pregunta cuando ve a Aron refunfuñando con el rostro mojado. Parece acostumbrado. Sin preguntar, Rhoan llena la tetera de agua hirviendo y se hace una infusión de canela por decisión unánime.
—¿Rhoan te ha hablado de los cazadores? —me pregunta Celyn.
—No mucho.
—No se ha dado la ocasión —comenta Rhoan mientras come galletas.
—En ese caso, nos presento. Estás ante el equipo más fuerte de los cazadores. ¡El equipo Drago! —Aron abre sus brazos, señalando a Rhoan y a Celyn.
—¿Drago? —repito.
—Los equipos llevan sus nombres por los árboles —me explica Rhoan—. El nuestro está nombrado por el árbol drago, el milenario árbol que sangra… —termina con una voz misteriosa, alzando las cejas como si hablara de algo genial. Su forma de explicarlo me hace sonreír.
—Nos encargamos de cazar en el territorio de Benmore —añade Celyn con suavidad.
Se me aprieta el corazón y todos parecen guardar silencio en consideración.
—Así que Benmore, entiendo —respondo mirando al vacío. ¿Cuántas brujas habrá en las tierras de mi familia?
—¿Has hecho algún amigo? —pregunta Aron intentando aligerar el ambiente con una sonrisa exagerada.
—Mabli, la hermana de Rhoan. —Lo señalo y logro hacerlos reír.
—Le encantaría oírte decirlo —comenta él con buen humor.
—Hay una posible amiga, ¿no es cierto? —menciona Garran—. Medi Bedelia.
Me sobresalto.
—¿Medi? —reacciona Celyn.
—No hemos hablado suficiente —farfullo.
Más que hablar yo diría que hemos tenido una batalla pero no necesitan saberlo. ¿En qué momento a Garran se le ocurre que Medi y yo podríamos ser amigas? Bueno, no es una idea tan descabellada pero sería difícil.
—Buena suerte con eso. Medi odia la palabra amistad —resopla Aron hundiéndose en el sillón.
—¿Por qué?
—Como te conté hace un rato, lo ha pasado mal —comenta Garran con tristeza.
—La llaman Mediloca —anuncia Aron con intenciones de apoyar sus pies sobre la mesa auxiliar. Antes de lograrlo, Garran los amarra y devuelve al suelo con una raíz que sale de la madera.
—¿Quién la llama así? —pregunto atónita.
—Todos —responde Celyn malhumorado.
—Cuando su prima murió tenía problemas para controlar su poder —cuenta Rhoan entregándome una galleta y calentando mi taza—. Celyn era su mejor amigo.
Me cae como sopetón a la cara al tiempo que Celyn baja la mirada.
—Causó algunos incendios —agrega Aron con la seriedad que requiere el tema—. Mi abuelo se convirtió en su mentor y desde entonces no volvió a suceder pero el apodo ha permanecido con los años.
Separo los labios y hundo la mirada al suelo. Para coronar su tragedia, una recién llegada como yo fue hostil con ella sin conocerla. ¿Cómo se debió sentir? Todo por culpa de mis estúpidos celos por Rhoan. La falta de autocontrol.
—Bueno, a mí me pareció genial. Tiene un aire de chica ruda.
A pesar de que fui hostil con ella.
—Sí que lo es —comenta Aron—. Celyn es el tipo más amistoso de todo el pueblo pero no pudo mantener el contacto después del incidente por lo testaruda que es. Eran amigos.
Separo mis labios.
—Aron. —Rhoan llama su atención.
—Sabes que no lo digo con malas intenciones —se defiende.
—Está bien, Rhoan —dice Celyn.
Hay un breve silencio.
—Bueno, ¿no quieres salir hoy con nosotros? —ofrece Aron intentando dejar el tema atrás—. Hay un sitio que te gustará, los tres vamos con frecuencia.
—¿Yo?
Garran no parece reaccionar de manera negativa a la propuesta. En Dourith la diferencia entre hombres y mujeres es muy marcada. Algo así sería un no rotundo sin un acompañante o una doncella.
—Sí, tú. Oficialmente te adoptaremos como parte de nuestro grupo.
Celyn suelta una risa.
—Oye —lo regaña Rhoan hasta que se me escapa una carcajada.
El humor de Aron es interesante, sin embargo no sé si está bien salir después de lo que ocurrió en mi cumpleaños.
No lo siento correcto para mi familia. Sé que con el mensaje que me dio Rodric no debo preocuparme pero creo que debería hacer un luto por la despedida.
—Suena divertido pero por ahora quiero tomarme las cosas con calma.
Solo me queda mirarlo con una mueca de disculpa.
—Ah, no te preocupes. Cuando estés lista.
Su entusiasmo se atenúa y esboza una sonrisa gentil. Parece que no todo es euforia en él y eso hace que me agrade más. Sabe leer el ambiente con rapidez.
Después de eso la conversación sigue su curso natural hasta que es la hora de despedirse. Los acompañamos a la puerta y mis pasos son lentos. Odio despedirme de Rhoan.
—¡Seamos amigos, Lobelia! —exclama Aron como gran despedida.
Me hace sonreír.
—Adiós, amiga —se despide Celyn con una broma.
Son un grupo particular, los tres tienen personalidades tan distintas que contrastan la una con la otra.
Observo a Rhoan alejándose de la casa hasta que cruza en la misma calle de la intersección en la que se fue por la tarde, dándome un último vistazo. Aron y Celyn se le adelantan y entonces sigue su camino.
—Ahora tienes amigos —me felicita Garran con una palmada en el hombro.
—Todos tienen mi edad, ¿no? —consulto con una risita—. Olvidé preguntarles.
—Bueno, ninguno tiene cien —su tono es jocoso—. Aron y Rhoan tienen veinticinco. El mayor es Celyn que tiene treinta.
—Es diez años mayor que yo.
—No hay diferencia al saber que vivirás trescientos años —me recuerda.
—Cierto.
Un silencio incómodo impera en el ambiente. Aún me toca asimilar esa nueva característica de mi vida que sigue sin sentirse real. Desesperado por animarme, Garran aclara su garganta.
—¿Me ayudas a llevar las cosas a la cocina?
Recogemos las tazas, llevo en las manos en la que bebió Rhoan. Dejó un poco , noto con el corazón a mil. Veo por el rastro de la canela donde estuvieron sus labios. Cuando Garran me da la espalda, bebo lo que resta en el mismo lugar.
No es suficiente.