Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

Al atardecer llega Garran pidiéndome que me prepare para salir. Recuerdo el día con Rhoan y una punzada advierte a mi corazón no seguir pensando en ello. Es el momento de aprender control elemental y mis emociones oscilan entre los nervios y las ansias.

Nos dirigimos al bosque por si algo se sale un poco de control ya que soy una mujer adulta a la que de la nada le ha despertado su elemento.

Hace frío y la nieve desciende para crear su manto blanco sobre las copas de los árboles y el suelo, pero no se siente tan gélido como en Benmore.

Es por la presencia cálida del Gran Roble, según me explica Garran.

—No te he preguntado, ¿cómo te fue con Rhoan?

Me sobresalto al escucharlo.

—Fue divertido, me enseñó a rodar para esquivar.

—Ah, ¿sí? —Me ve feliz—. Es bueno que te enseñe a defenderte primero. Una vez que perfecciones tu poder elemental seguro se centrará en la ofensiva. Es lo que yo haría.

—Le pondré mucho empeño para estar al nivel de los de mi edad. Hoy estaba complacido, dijo que aprendo rápido.

Permanece pensativo.

—Pues quizás si aprendes algo bueno esta noche, mañana le saques una sonrisa cuando se lo cuentes.

Asiento emocionada imaginando la escena. Aún no debo rendirme con él. Encontramos un claro perfecto para aprender. Hago un esfuerzo inmenso para sacar a Rhoan de mi cabeza por un rato.

—Hoy te enseñaré a invocar tu elemento —me explica—. Aprenderás a utilizarlo en tu vida diaria como si fuese una extensión de tu cuerpo.

Los nervios me irritan la boca del estómago.

Me preocupa decepcionar a Garran, sé que es fuerte pero soy mitad hija de Emdor, por lo tanto no tengo demasiadas expectativas.

Ya con saber que seré capaz de manipular el elemento tierra es suficiente, así cuando vuelva a ver a mi familia en Benmore podré hacerles regalos.

Garran limpia la nieve a nuestro alrededor y crea una superficie de musgo.

Nos sentamos a medida que me va indicando los pasos a seguir.

Concentrarme en ello, respirar hondo e imaginar que mi cuerpo se extiende desde las yemas de mis dedos hacia el espacio a mi alrededor, igual que los hilos de una marioneta.

Me enfoco en el suelo estirando los brazos.

Es fácil sentirse parte de la tierra ya que mis instintos se conectan por sí solos.

—Ahora imagina que frente a ti aparece una roca pequeña —dice él—. Piensa en la forma que quieras. Visualiza su tamaño, color, porosidad. Sé minuciosa.

Hago una respiración lenta y profunda. Siento un suave hormigueo desde el inicio de mis brazos que llega hasta la punta de mis dedos.

Deseo que funcione a la primera. Quiero ser como Garran, como mi padre.

Siempre era a la que tenían que cuidar para que no colapsara pero creo que es mi turno de proteger a quienes amo.

De enorgullecer a mis padres en Benmore, a Rodric, a Garran y a Rhoan.

¿Cómo de emocionado estaría si descubriera que tengo talento?

Quiero hacerle sentir orgulloso, hacerle sonreír.

Si me convirtiera en una elementalista prometedora, ¿se fijaría en mí?

Algo diminuto se abre paso entre el musgo y mi boca se entreabre pasmada.

—¡Eso no es una roca! —exclama Garran igual de emocionado que yo. Es un pequeño tallo. ¿Estoy soñando o en verdad eso ha aparecido gracias a mí? Mis ojos empiezan a humedecerse por la felicidad y miro a Garran con una sonrisa. ¡Acabo de crear vida!

De repente la tierra comienza a temblar obligándonos a mirar al suelo.

Nuestras sonrisas se esfuman. No logro controlar la amplitud de lo que sale.

De un tallo pasa a crecer rápido y se erigen otros como una emboscada de la naturaleza.

Todo sucede demasiado rápido. Palidezco cuando se escucha el estruendo de la tierra.

Estoy a punto de ser lanzada al aire por algo que crece bajo nuestros pies.

Me echo para atrás cerrando los ojos y encogiéndome, esperando terminar solo con algún hueso roto.

—¡Garran! —le grito para que se aleje.

Algo coge mi cintura y me saca de allí. Con los ojos todavía cerrados percibo el ruido sordo de lo que termina por salir.

Regresamos al silencio. Tengo miedo de encontrarme con Garran malherido por mi culpa.

Con mucho cuidado abro los ojos y descubro que lo que me ha sujetado es una rama de un árbol que hay detrás.

Veo no solo uno, sino una arboleda que no estaba antes.

¿Cómo? Me acobardo por mi propio poder. Había olvidado el hecho de que no soy humana pero ahora se me hace una realidad sobrecogedora.

Menos mal que Garran fue precavido. Si hubiera tenido mi clase en el pueblo podría haber causado un verdadero incidente.

—¿Garran? —lo llamo insegura ya que los árboles me impiden ver más allá.

—Estoy bien.

Con su respuesta puedo suspirar aliviada. Aparece caminando rodeando los árboles, observándolos pensativo mientras respira agotado. Después me mira y levanta su mano, bajándome de la rama que me tenía alzada.

—¿Te has hecho daño? —Se acerca y me revisa.

—No.

Retornamos al silencio tenso hasta que se aclara la garganta y se para a mi lado con la mirada en los árboles.

—De momento solo usarás tu poder bajo mi supervisión, ¿de acuerdo?

—Está bien —acepto desanimada.

No es necesario sopesarlo, es lo correcto.

—¿En qué pensabas cuando aparecieron los árboles? Algo lo detonó.

El corazón busca escaparse por mi boca. ¿En qué pensaba? Pues en que quería la atención de Rhoan. Soy incapaz de decirle eso. En ese caso me da vergüenza pero hay otro pensamiento que me vino a la mente antes de la catástrofe.

—En que quería controlar las plantas como tú —suelto media verdad y sus labios se tuercen en una sonrisa plagada de emoción. Al menos no se ha escuchado tan meloso como pensaba. Ese quiero ser como mi padre dudo que salga de mi boca algún día.

—Lo bueno es que ahora sabemos hacia qué dirección irá la enseñanza. Primero aprenderás a separar la magia de tus impulsos.

Quiere decir que no tengo control , deduzco con ganas de hacer un puchero, no obstante tiene razón.

Alza los brazos y se deshace de los árboles en pequeños grupos.

—Soy el único que puede crear más de uno a la vez pero mi hija me ha superado —piensa en voz alta con una risa ligera y sus palabras me emocionan.

Da la impresión de que el tiempo retrocede a medida que retornan a la tierra de vuelta a cuando solo eran semillas.

—¿Qué hago para que no suceda otra vez? —Nos sentamos en el suelo de nuevo.

Formula la respuesta en su mente antes de hablar.

—Cuando caminas no piensas en mover los pies, solo piensas a dónde quieres llegar. A veces deseas correr pero sabes que debes caminar y tus pies se mueven a tu voluntad.

—Como caminar —repito en murmullos.

—Intentemos con una flor. Si de verdad solo necesitas una pequeña flor, aparecerá.

Trago saliva y asiento. Miro al suelo y exhalo con lentitud. Debo pensar en lo que necesito y dejar que suceda, que salga natural. Pensando así, transcurren unos segundos cuando de repente aparece un pequeño tallo de nuevo.

—Excelente, sigue así —susurra Garran—. La tierra sabe lo que quieres.

Crece tierna y lenta hasta que nace un capullo que se abre con fluidez. Es como si la naturaleza se estuviera presentando.

—Flor de lobelia, ¿eh? —identifica la flor azul y me da un toque gentil en la cabeza que me entibia el corazón—. Ahora intenta hacer que desaparezca. Lo repetiremos varias veces y después haremos rocas.

Se acaba de presentar ante mis ojos un nuevo mundo en el que la magia se fusiona con la vida bajo mis pies.