Capítulo 20
Ha lavado todo con su magia sin demora. Qué beneficioso es manipular el agua para esos casos.
¿Ahora se irá? Entrelazo los dedos detrás de mi espalda en un intento de que no se descubra mi tristeza.
Me observa en silencio, pensando en algo o quizás en muchas cosas a la vez, hasta que se dirige al baúl y coge dos mantas.
—¿Te quedarás? —pregunto tratando de esconder la sonrisa de emoción.
—Las personas no se alimentan una vez al día, Lobelia. En unas horas te tocará comer y tampoco tendrás qué.
Pongo morritos aún cuando estoy más feliz que un perro con dos colas. Lo siento por Garran pero me gusta pasar tiempo con este hombre. Cada segundo es impredecible e invaluable.
—¿Qué soy?, ¿una mascota?
—Mi discípula, que necesita engordar.
Me quedo sin palabras. Suelto un resoplo y me lanzo al sofá, haciéndome una bola con la manta en el asiento izquierdo.
Él deja la suya a mi lado y se agacha frente a la chimenea para encenderla.
Lo observo con el rostro medio cubierto.
Al terminar, estira las piernas y husmea en el librero.
Su actitud es graciosa, de verdad está como en su casa.
Coge dos libros, da media vuelta y se sienta junto a mí, demasiado cerca para un sofá para tres personas. Como es usual, lo hace sin consultar.
—¿Qué haces? —pregunto tímida mientras se cubre con su manta.
—Hace frío, compartamos un poco de calor —dice con descaro.
¿Se da cuenta de lo raro que ha sonado? Lo miro con el corazón martilleándome el pecho y con la cabeza hecha un matorral de pensamientos. Se inclina para coger los libros que dejó de lado. El primero lleva el título Protectores de la Luz . Es un libro grueso.
—Habla sobre nuestra cultura e historia. —Me lo extiende—. Lo escribió Iver Adair hace cincuenta años, así que está actualizado. Te servirá.
¿Iver Adair no es uno de los líderes? Aflojo la mandíbula a medida que mi interés despierta. Lo cojo y lo abro para hojearlo de una vez. Rhoan se pone cómodo mientras abre las primeras páginas de su libro en silencio. A diferencia del que me ha entregado, ha escogido una novela ligera de romance.
—¿Por qué ese? —le pregunto.
—Soy un hombre romántico —responde con una mirada divertida.
Me hace reír, a él también se le escapa una risita. Al estar tan cerca evoca en mí un alborozo innegable. Un cosquilleo me envuelve el brazo al sentir el suyo junto al mío. Nos sentimos a gusto y nos hundimos en un silencio meditativo, inmunes a interrupciones.
El primer capítulo de mi libro habla de la historia de Emdor, dice muchas cosas que no entiendo sobre que hay otros como él capaces de crear planetas .
—¿Qué es un planeta? —pregunto.
—Es lo que conocemos como mundo pero refiriéndose a la forma física.
—Deja su libro a un lado y abre sus manos, creando una esfera con algunos relieves que me recuerdan a un mapa.
Da vueltas con lentitud suspendido en el aire—.
La combinación de los mares, océanos y continentes es lo que forman un planeta y se ve así.
El nuestro se llama Tierra pero hay muchos más, protegidos por dioses como Emdor.
—¿Dices que Emdor no es el Dios único? —hablo atónita.
La esfera se evapora.
—Lo es para nosotros, para todos los que vivimos en la Tierra. En otros planetas tienen a su propio Gran Roble, o la forma que decide tomar su Dios —aclara.
Lo que dice me hechiza despertando mi imaginación.
—Gracias por explicarme esto —le digo en voz baja.
—No hay de qué. —Su mano acaricia mi coronilla acelerándome el corazón.
Volvemos al silencio, prosigo con la lectura y él vuelve a la suya.
Gracias a su explicación puedo entender lo que está en el texto y avanzar.
El tercer capítulo explica la creación del pueblo.
Las primeras generaciones vivieron mil años hasta que con el pasar del tiempo y el crecimiento de la población la esperanza de vida se ha reducido.
Los hijos de Emdor ya tienen un millón de años con un promedio de vida de trescientos.
Sospechan que se debe a un control de población que ha provocado el Gran Roble.
Le encuentro sentido si es para mantener el pueblo oculto.
El cuarto capítulo habla sobre los primeros cuatro hijos. Las primeras cuatro almas en existir en el mundo: Xyla, Adair, Bedelia y Aither. Me enderezo y presto suma atención a un párrafo:
Xyla y Adair, con un vínculo inquebrantable, le rogaron al Gran Roble unir sus vidas en un matrimonio que perduraría por toda la eternidad y los convertiría en un símbolo del verdadero amor. En los primeros aetheris.
Me hace sonreír lo precioso que describe su conexión, pero una palabra llama mi atención. No quisiera seguir interrumpiéndolo pero si no pregunto ahora después lo olvidaré.
—¿Qué significa esto? —Inclino el libro para mostrárselo—. Aquí dice que Xyla y Adair estaban casados y que fueron los primeros aetheris . ¿Qué es?
Coge una respiración profunda sin dejar de mirar la palabra escrita.
— Aetheris se refiere a la unidad, la armonía entre dos almas —indica con una voz suave—. Es un término romántico de nuestro antiguo idioma para referirnos a la llama gemela.
—¿Llama gemela? ¿Qué es eso? —Más preguntas.
Me mira callado.
—Lobelia, aquí los matrimonios no son como los conoces —empieza—.
Cuando te casas con otro hijo de Emdor, tu alma se funde con la suya en una unidad que se divide en dos y pasa a ser tu otra mitad.
Los hilos del destino se mueven para que te reencuentres con ella en cada vida, enamorándote y casándote una y otra vez en un irrefrenable e inmutable amor que te impide ser feliz si no estás a su lado.
Depende de lo antigua que es la unión, te puedes volver loco.
Mis labios tiemblan y mi mente se nubla. Desvío la mirada hacia la chimenea con una presión en el pecho. Qué suerte que me recomendó el libro, porque he descubierto algo primordial.
Mi delirio. ¿Mi deterioro mental cuando estaba en Benmore fue porque Rhoan era mi aetheris?
El pulso se me sube a la garganta. ¿Cómo puedo averiguarlo?
No, espera. Si fuera él, ¿no lo habría sentido igual?
Es cierto que me estaba volviendo loca en Benmore, pero al mismo tiempo Rhoan seguía con sus cacerías como si nada.
¿Y si no es él, y yo solo estaba… obsesionada sin sentido?
El corazón se me estruja.
—Así que tengo un aetheris —murmuro.
—Sí —responde.
—Y tú también —agrego.
—Así es.
Trago saliva organizando mis pensamientos, empezando a comprender esa presión que asfixia mi corazón. Mojo mis labios y esbozo una sonrisa, sin poder verlo a los ojos.
—¿Aún no has conocido a la tuya? ¿Nunca te has sentido inestable como dices?
—No, nunca me ha pasado —contesta sin titubear.
¿Por qué es tan tajante? , pienso con las cuencas de los ojos calentándose. Es verdad. No sintió nada en el año y medio que no nos vimos.
—¿Puedes saber si alguien es tu aetheris? —continúo.
—Si es una unión joven, tarde o temprano acabarán juntos —explica—. Si es antigua lo sentirás, será un evento canónico.
Trago y un sentimiento doloroso y abismal me ataca igual a una cuchilla al cuello.
Por su tono, confía demasiado en que yo no soy su aetheris ya que habla de una tercera persona.
¿Es que… no siente nada? Creí que había algo entre nosotros por sus actitudes conmigo y porque me dijo que podía depender de él, pero si echo la vista atrás, durante el entrenamiento fui yo la que se agitó, la que se exaltó a cada toque.
Ni en los últimos días ni hace año y medio Rhoan ha demostrado un tangible interés romántico en mí.
¿Fue amable todo este tiempo por mi parentesco con Garran?
Si lo ve como un tío, ¿me ha etiquetado como familia a mí también y por eso ha descartado la posibilidad conmigo?
El corazón se me retuerce como si alguien lo exprimiese sin una gota de piedad. Desde el primer momento no podía quitarle los ojos de encima, pero su certeza al hablar es casi con la intención de declarar adrede que no es mi aetheris, por lo cual, yo no soy el suyo.
La rabia me incita a provocarlo, si es que hay un diminuto sentimiento por mí en su corazón. Me armo de valor y hago contacto visual con una sonrisa más alargada. Finjo que no me desangro por los celos agresivos que me consumen hasta devorarme el estómago.
—Quizás conozca al mío pronto, ahora que estoy aquí.
—Es evidente que eres especial para Emdor, por lo tanto es posible —reconoce sin inmutarse.
Me hierve la sangre y lucho por no lanzar el libro al fuego, esperando olvidar lo que ahora sé gracias a la pregunta que despertó en mí al leer entre sus páginas.
Si iba a ilusionarme solo para cortarme las alas tan rápido, hubiese preferido que siguiera con su inexpresividad y brusquedad que conocí al principio.
Quiero gritar. ¿Por qué me hace esto? No estoy segura de poder frenar mi necesidad por él.
Cunde un silencio aplastante en el cual cambio de posición. Mi brazo se aleja del suyo, bloqueo su presencia y me vuelvo fría.
—Bueno, está interesante así que continuaré mi lectura —pronuncio tajante.
Percibo su mirada en el nuevo aire casi mortuorio y segundos después noto que regresa a su libro.
En un futuro Rhoan conocerá a su aetheris, una hermosa mujer con seguridad, ¿y yo solo seré una enclenque que alguna vez rescató mientras vomitaba sangre?
Si esa resulta ser la cruda realidad a la cual debo enfrentarme, espero que para entonces ya haya conocido al mío o que lo que siento haya desaparecido. Debe desaparecer.
La tarde pasa rápido gracias a que me he quedado dormida.
Al despertar, Rhoan ya tenía la comida servida una vez más antes de irse.
Después de dejar la cocina impecable, por fin coge su abrigo.
Aún cuando las cosas han resultado así por la mañana, no quiero que se vaya.
Me atrevo a decir que ha sido uno de los días más felices y tranquilos de mi vida.
—¿Sabes mantener la chimenea encendida y apagarla?
—Aprendí de niña —confieso desganada y él se queda en silencio.
—Mañana te tienes que despertar más temprano.
—No quiero. —Le dedico una media sonrisa, mientras regresamos un poco a nuestros comportamientos antes de la conversación del libro.
—No seas perezosa —ríe con suavidad.
Hay algo en el aire que nos asfixia. Por mi parte es el saber que mis sentimientos obsesivos por él algún día me romperán el corazón. En su caso no tengo idea de qué pasa por su cabeza ya que es un hombre complejo.
De pronto resopla y me envuelve en sus brazos. A pesar de sentir los latidos a toda velocidad, cierro los ojos apreciando su calidez. Solo necesito adherirme a él para reunir valor y regresar al muro entre nosotros una vez que se vaya.
—¿Tu aetheris no se pondría celosa si supiera que me abrazas así? —intento bromear y por suerte consigo que suelte varias risas.
—No lo creo.
Claro, porque confías en que no habrá nada entre nosotros , intuyo con amargura. Me suelta con cuidado y me mira directo a los ojos. Tarda en hablar y yo tampoco me molesto en interrumpirlo.
—Te veo mañana, Lobelia —susurra con su profunda voz que me entibia el corazón—. Échate algo en las rodillas antes de dormir, ¿vale? Pregúntale a Garran, sabe mucho de hierbas. No dudes que te saldrá algún que otro moretón.
—Lo haré, hasta mañana —musito con las comisuras levantadas. Hace un par de días era una digna princesa y ahora, a mi pesar, siento que mendigo por migajas. Sus cuidados me hacen desear más.
Parece analizarme una última vez hasta que abre la puerta.
Entrelazo mis dedos a medida que se va. Se detiene en el cruce y da media vuelta para mirarme una última vez, despertando un sentimiento en mí que me hace apretar los puños.
Se despide con la mano hasta que se desvanece y mi sonrisa se esfuma.
Cierro la puerta y suelto una bocanada de aire que sofoca el llanto.
Los sollozos salen uno tras otro mientras recuesto la frente en la madera.
Rhoan no me quiere. Año y medio esperándolo y no me quiere.
Es la conclusión a la que consigo llegar y el desconsuelo es abrumador, el nudo en la garganta me somete.
Intento aplacar el sufrimiento y aunque es imposible al menos alcanzo a dejar de llorar.
Sigo de pie con la mirada perdida en el suelo.
Después de un largo y profundo suspiro, me separo y regreso al sofá.
Solo me queda un rato de soledad ya que Garran dijo que volvería al atardecer para mi lección elemental con él.
Observo el hipnotizante movimiento del fuego y después miro el espacio vacío a mi lado.
Me invade de nuevo esa presión incómoda en el pecho.
Ya lo extraño, el sentimiento duele y se funde entre mis venas.
¿Qué hago para frenarlo? ¿De verdad seré capaz de renunciar a él cuando sea el momento?
¿ Tengo que hacerlo? No puedo explicarlo y quizás sea producto de mi obsesión, pero me arrepentiré si doy un paso atrás. No siento que sea lo correcto.
Permanezco pensando en ello un rato hasta que seco mis lágrimas y tomo una decisión.
No puedo rendirme por una conversación en la que no se definió nada en absoluto y todo quedó en el aire.
Aún tengo oportunidad. Defenderé mi lugar en su vida y el espacio que me pertenece en su corazón.
Si termino con el mío roto, al menos habré luchado hasta el final.
—Los Benmore no ceden ante la adversidad.