Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 16
36%

Capítulo 16

Nos detenemos frente a una casa de dos plantas con la construcción habitual del pueblo.

Está ubicada en un cruce. Sacude la nieve del semi muro y los arbustos se cubren de un precioso verdor lleno de vida que mejora mi primera impresión.

Aclara la garganta y se gira con el pecho en alto y una mueca egocéntrica que consigue hacerme sonreír.

Abre la puerta dejándome pasar y lo primero que veo es el techo alto como en el castillo.

Es el de la segunda planta dándole un ambiente amplio y espacioso.

Nos quitamos los abrigos y los colgamos en un perchero con una talla preciosa al lado de la puerta.

—Adelante, mira todo lo que quieras.

Me ofrece en un tono alegre. No sé cuánto tiempo viviré aquí pero es mi nueva casa, mi nueva familia y mi nuevo lugar seguro. Y para sentirlo así acepto su oferta y miro cada rincón.

Lo primero que se ve frente a la puerta son las escaleras que van hacia el nivel superior.

A la izquierda está la entrada de la cocina llena de alacenas con cosas que no sé utilizar.

Al lado derecho está la sala de estar con una hermosa chimenea de piedra, un sofá y dos sillones grandes color crema, y una mesa baja en medio sobre una alfombra gruesa de lana natural.

Veo un baúl abierto con mantas perfectas para acurrucarse frente a la chimenea y una mesa para cuatro personas frente al ventanal frontal.

Me coge por sorpresa un librero grande y repleto en la esquina de la pared de la chimenea. No le queda espacio en ninguna parte.

—¿De dónde sacas tantos libros? —pregunto—. Muchos son del reino.

—Cada cierto tiempo un grupo de comerciantes del Centro de Distribución va a los pueblos humanos y consiguen lo que no producimos aquí así como también curiosidades, nuevos inventos y libros entre otros.

—¿Y de dónde sacáis el dinero para comprar esas cosas? ¿Cómo es que salen comerciantes de Emdor pero nadie se ha dado cuenta en Blackriver? Es el único pueblo enfrente del bosque.

En el camino le quise prometer que pagaría por todo lo que pedimos en la boutique de Medi pero me explicó que en Emdor no existe una moneda. Todos se ayudan entre todos y lugares como esos se ocupan por mantener el inventario lleno para que a nadie le falte nada.

—Viajan por el río en botes que tenemos escondidos.

Los Adair se encargan de los rápidos que para un humano serían mortales —explica disfrutando mi curiosidad—.

El dinero se consigue con la venta de artesanías, joyería y alimentos que producimos aquí.

Como habrás visto —abre su mano y crea una perfecta flor de mármol blanco e impoluto en un instante—, nos es muy sencillo.

Me da la flor. Sin duda algo como esto se vendería a buen precio en el mercado de la capital al ser de un mármol puro y sin porosidad.

Para resumir, Emdor es muy próspera. Solo deben preocuparse de que todo esté en funcionamiento, de proteger a Emdor y de no morir de aburrimiento el resto del tiempo.

Tras su breve explicación dejo la flor en el librero y opto por continuar mi recorrido.

Acabando con la primera planta subo a la segunda.

Con las escaleras en medio hay un pasillo que atraviesa a lo largo.

Si vas a la izquierda te encuentras con dos puertas al fondo, mientras que a la derecha hay una sola al final.

—Esa será tu habitación. —Señala la puerta a la derecha. Ya la ubicación me agrada, es privada.

—Dejemos eso para el final. —Me voy hacia el lado izquierdo.

Hay plantas en todas las esquinas y algunas desprenden un aroma relajante. Tiene poca decoración con retratos pequeños y medianos colgados en la pared. En uno de ellos se puede apreciar a un niño sonriente con una pareja que se ve radiante de felicidad. Se me escapa una media sonrisa.

De repente coge el retrato y me lo acerca.

—Ellos son tus abuelos —los señala—, Meleri Adair y Caiden Xyla.

Los observo con interés. Mi abuela tenía el cabello castaño cenizo como nosotros aunque sus ojos eran marrones.

Mi abuelo por el contrario era rubio. Sus ojos eran verde manzana y de él los heredamos.

Me invade una particular cercanía por sus expresiones cálidas a pesar de no conocerlos.

Entiendo que el niño es él, se nota que tuvo una infancia plena con ver su expresión en el retrato.

Sin arrepentimientos, sin lamentos por su pérdida y con su corazón colmado solo de buenos recuerdos de sus padres.

De niña me parecía mucho a él pero no deseo mencionarlo por ahora.

Temo despertar su melancolía porque no pudo experimentar mi niñez.

—Rhoan mencionó que no hay más familia —hablo con delicadeza.

—Ah, sí —me confirma con una sonrisa triste—. Antes éramos mis padres y yo pero fallecieron hace casi cien años.

Mis labios se separan. Garran dijo que tiene ciento veintisiete. ¿Murieron cuando él era tan joven? Si dice que antes eran sus padres y él, entonces, ¿ha estado casi un siglo sin poder llamar a nadie familia?

—¿Qué les sucedió? —mi voz se escucha penosa.

—Mi madre falleció cuando yo tenía treinta años. Ambos eran cazadores del mismo equipo que Macsen, el líder que conociste antes. —Su mirada permanece en el retrato—. Hubo un incidente en una cacería y mi padre sufrió mucho. Él… se quitó la vida dos meses después.

Lo miro afligida.

—¿Por qué lo hizo?

Baja la cabeza y mantiene una mirada triste en su sonrisa tenue.

—No soportaba estar sin ella.

Mis ojos se pierden en la nada y casi puedo escuchar mi corazón fragmentarse en miles de diminutos pedazos.

A mi abuela la asesinaron las brujas y mi abuelo se suicidó porque no podía vivir sin ella.

Contando con eso más la desaparición de mi madre y mi aparición repentina como hija perdida, Garran ha pasado por demasiadas situaciones capaces de derrumbarlo.

Tiene una voluntad de hierro. Se ha mostrado como un hombre despistado y feliz de la vida hoy conmigo, casi sentí vergüenza cuando caminábamos por el pueblo, pero es tan fuerte en el interior que no me cabe la admiración y espero al menos ser un apoyo para él.

—Me habría gustado conocerlos —hablo con dulzura—. Debieron ser unos cazadores asombrosos.

Intento animar el ambiente. Me observa en silencio por un instante hasta que esboza una leve sonrisa.

—Lo eran.

Los dejamos a un lado y seguimos a las próximas puertas.

En su habitación descubro lo simple que es.

Tiene pocas cosas y, aun así, en el baño hay una bañera de mármol impresionante y de mejor calidad que la que tenía en el castillo.

Con mi curiosidad satisfecha nos detenemos frente a la puerta de lo que será mi dormitorio.

—Vine un rato antes de que despertaras y lo preparé como pude en caso de que aceptaras vivir conmigo. —Rasca su mejilla, ese movimiento que reconozco en mí de cuando me siento tímida.

Su comentario entibia mi corazón. Abro la puerta con cuidado y echo un primer vistazo.

Las comisuras de mis labios se alzan sin demora.

Es una habitación amplia con paredes de madera decorada con lindos jarrones de cristal con flores y plantas colgantes en apliques.

El aroma es agradable sin ser invasivo y los colores vivos le otorgan un aire alegre.

A la derecha de la puerta hay un gran armario y después un palanganero.

Hay un escritorio vacío junto a la gran ventana con unas lindas cortinas blancas y le sigue una chimenea pequeña que mantendrá la habitación cálida en estos días fríos.

En la pared paralela a la puerta reposa una cómoda y un tocador.

Frente al escritorio una cama enorme con sábanas limpias que se ve cómoda. A cada lado hay una mesita de noche.

Voy caminando hasta que noto algo junto al palanganero que me descoloca.

Es un indescriptible y precioso espejo de pie con una talla floral en el marco y girasoles pintados con acrílico sobre el vidrio.

Me deja boquiabierta. Es común que solo los nobles tengan espejos en casa pero este es tan perfecto que no sé qué clase de magia o artilugio habrán utilizado para crearlo, tal vez ambas.

Hasta el momento es mi objeto favorito. Es como si fuese capaz de trasladarme a un campo de girasoles.

—Era de mi madre, ella lo pintó. Lo mantuve como nuevo durante cien años ya que las pinturas que usó se las regalé yo hechas con flores —menciona y consigue mi atención—. Supongo que es mi modo de mantener su esencia viva.

Mi corazón se agranda.

—Supongo que estaba destinado a llegar a… su nieta —expreso con una sonrisa. Sus talones se levantan con ganas de saltar de alegría.

Me detengo en medio de la habitación y sonrío con ganas.

—Es perfecta.

Entrelazo mis dedos sorprendida por lo cómoda que me siento. Lo escucho liberar una inmensa bocanada de aire. Ha estado nervioso todo este rato.

—Si quieres cambiar algo, agregar más muebles o lo que sea, me lo puedes pedir, Lobelia.

—Está bien así —le contesto con seguridad junto a una sonrisa dedicada a sus esfuerzos.

Un silencio reconfortante se abre paso en la habitación, en nuestro intercambio de miradas y sonrisas hasta que Garran pone sus brazos en jarras.

—Debes estar exhausta, ¿tienes hambre?, ¿quieres darte un baño?

—Ambas cosas —respondo tímida.

Me ayuda a preparar la bañera, presto atención para recordar cada paso ya que con mis doncellas no me fijaba en esos detalles.

Mientras yo me baño él preparará la cena.

Antes de irse analiza mi cabello pensativo, levanta sus manos y sin una pizca de esfuerzo salen trazos de madera como si se tratasen de hilos que se amoldan y fusionan para convertirse en un peine.

—Tienes un cabello impresionante y largo, necesitarás esto. —Me lo entrega.

No había pensado en ello. Qué atento.

—Gracias.

—Es un placer, baja cuando estés lista. —Me da un toque suave en el hombro y se va.

Una vez escucho el cierre de la puerta reviso el peine. La madera es suave y lisa como si se tratase del trabajo de un maestro carpintero con toda una vida de experiencia. Pero más que la calidad lo que me hace sentir rara es que lo ha hecho mi padre para mí.

Lo cuidaré bien , pienso con una sonrisa.

Apenas termino con mi baño bajo para cenar con Garran. Cada vez estoy más cómoda con él y conseguimos hablar con naturalidad. Bebemos té antes de dormir y después lo veo caminar al librero.

—Mañana debo volver a mi trabajo, pero… —regresa con un par de cosas para escribir y expande un rollo grande en la mesa—, esto te servirá en caso de que quieras salir a tomar aire.

Mis ojos resplandecen. ¡Un mapa!

—¡Gracias! —Detallo lo grande que es el pueblo. En el mapa resaltan lugares ilustrados a mayor escala que las calles y las casas. Está además el dibujo grande de un roble donde está Emdor. Podré ir a verlo otra vez.

—Marcaré nuestra casa y así no tienes problemas para volver. De todas formas si te pierdes o no sabes usarlo no dudes en pedir ayuda. Muchos en el pueblo saben dónde vivo.

Marca la ubicación con una equis.

—Por cierto, ¿hay algo que pueda hacer? —ladeo la cabeza—. Dijiste que todos tienen una responsabilidad en el pueblo.

—Los líderes aconsejaron que descanses por un tiempo para que te adaptes. —Me sonríe enrollando el mapa.

Con eso subimos y se produce un largo silencio en el cual no sabemos qué más decir. Me ha enseñado dónde están los vasos, la leche y el agua en caso de que me dé sed de madrugada, y nos hemos drenado información el uno al otro hasta que nos hemos quedado vacíos de preguntas por el día de hoy.

—Hasta mañana…, Lobelia.

No me llama hija.

—Hasta mañana, Garran —me despido.

Y yo no lo llamo padre, no aún. Ese día quizás tardará en llegar. El conocernos ha sido inesperado, una parte de la ecuación con la que ninguno de los dos contábamos.

Tras un silencio extenso cierra la puerta dando por finalizada la noche.

Respiro hondo, miro al vacío y quedo en blanco por un momento.

Le doy un recorrido visual a mi habitación con una sonrisa.

Me gusta mucho. Me agrada que aunque no es tan pequeña tampoco es monumental como la que tenía en Benmore.

Con el pensamiento mi sonrisa se desvanece unos milímetros.

Recuerdo una vez más a mi familia, todos mis lujos y comodidades y a mis doncellas.

Después mi mente retorna al presente, a mi nueva vida y mi bonita habitación que huele a flores.

De ahora en adelante tendré que llenarla con mi presencia.

Por último veo el peine en mi nuevo tocador y lo cojo con cuidado.

Me acuesto boca arriba en la cama y lo giro en mi mano con las comisuras de mis labios levantadas.

—Papá —murmuro como si la palabra fuese una meta por alcanzar.

Con una fuerte exhalación devuelvo el peine a la mesita de noche, me meto bajo las sábanas y cierro los ojos. Deseo quedarme dormida rápido ya que mañana veré a Rhoan.