Capítulo 15
Al salir de allí y despedirnos de los líderes, resoplamos con agotamiento al mismo tiempo. Él carraspea sin abandonar su aire radiante y su sonrisa triunfal.
—Conseguimos un objetivo importante del día.
—¿Hay más? —pregunto.
—Sí, pero no te preocupes, te vas a divertir.
Una vez dicho, mueve sus pies con ánimo como si nos esperase una gran aventura por delante. Se detiene frente a un pequeño edificio. Hincha el pecho y abre ambos brazos señalándolo.
—¡Vestidos! —exclama con una voz fingida de emoción.
Vale, eso fue gracioso, suelto una risita. Al verme reír su rostro parece rejuvenecer. Camina hacia la puerta y la abre por mí. Echo un primer vistazo y examino el lugar por encima.
—Buen día, Garran. —Una mujer joven aparece para atendernos—. ¿Es tu hija?
La pregunta favorita del día. Me hace gracia que la hagan ya que somos iguales. Al menos esta chica se ve menos interesada que los demás.
—Buen día, Medi. Sí, ella es Lobelia Xyla —contesta él y un cosquilleo acaricia mi estómago cuando dice mi nombre con esa adición.
—Es un placer, me llamo Medi Bedelia. —Me regala una mirada suave aunque no sonríe.
Si es Bedelia, es una Protectora del fuego .
Su rostro es hermoso, es de cuerpo delgado y menudo y aparenta mi edad.
Lleva el pelo liso color sepia recogido en un moño bajo con mechones sueltos y despeinados que le llegan a los hombros.
No se ha esforzado demasiado en recogerlo.
En la frente un flequillo delgado roza sus cejas espesas abriéndose en dos para mostrar unos lindos y grandes ojos color miel.
Su nariz delgada reposa sobre unos labios gruesos y rosáceos.
Es una chica seria. Alcanzo a notar sus enormes ojeras. Me pregunto qué puede causar que una mujer tan bonita tenga una cara así. Sus noches en vela están plasmadas en su cara pero debe ser popular.
—Un placer, Medi —respondo con una media sonrisa.
—Pedid lo que necesitéis —ofrece sin más.
El negocio no se basa solo en vestidos, veo que también vende ropa de dormir, abrigos, zapatos…
—De esos necesitarás varios. —Se detiene Garran detrás de mí mientras señala unos pantalones negros de entrenamiento—. Como Rhoan dijo que entrenareis todos los días, yo escogería cinco de esos.
Además del hecho de que Rhoan será mi maestro, me emociona pensar que volveré a pisar un campo de entrenamiento.
—¿La entrenará Rhoan? —pregunta Medi con una expresión extraña.
—Sí, él se ofreció —responde él.
—Ya veo.
Mira pensativa al vacío. ¿Por qué pone esa cara? ¿Le gusta Rhoan? Siento algo punzante que me incomoda. Él y yo nos habremos conocido en circunstancias únicas, estaré muy obsesionada con él pero en la práctica no somos nada. ¿Qué es esto que siento?, ¿esta horrible sensación egoísta?
—Esos me gustan, sobre todo el malva, el verde claro y esos dos azules. —Señalo varios sin pensarlo en un intento de ignorar lo que siento. Al darme cuenta de que estoy actuando como una despilfarradora disminuyo la velocidad y bajo la voz—. Y los pantalones negros.
—También ropa de dormir, zapatos, abrigos… —murmura Garran con una mueca.
Su lista me incita a mirar al vacío recordando que he llegado sin nada en absoluto. Y pensar que dejé un montón de vestidos y abrigos maravillosos en Benmore.
—Poco a poco llenarás el armario —me consuela Garran tras descubrir mi expresión—. Y cuando eso pase te haré otro armario más grande. Tendrás una habitación completa como vestidor si no es suficiente.
Lo miro en silencio notando el brillo paternal que desprenden sus ojos verdes con deseos de consentirme.
—Eso suena bien —contesto en voz baja un poco feliz.
Pedimos una cantidad exorbitante de cosas y con eso tendré para vivir en Emdor sin preocupaciones. Para terminar, Medi me ajusta las prendas en el vestidor y toma mis medidas muy concentrada. Es una chica rápida.
—¿Conociste a Celyn y a Aron? Son los compañeros de equipo de Rhoan —comenta ella.
—Los conocí pero no hubo oportunidad para charlar —me limito a decir la mitad de la verdad. Los conozco de antes pero no sé si me corresponde decirlo ya que por entonces mi existencia era un secreto—. Solo con Rhoan que me trajo al pueblo.
—Muchas mujeres te tendrán envidia. —Se moja los labios—. Siempre es así cuando se trata de esos tres.
Lleva una expresión rara como si algo le molestara.
Supongo que tú eres una de ellas , intuyo por su expresión.
Lo sé, sé que no debería pero siento que me hierve el corazón de sucios celos.
Me cuesta horrores controlarme. ¿Qué hago?
Tengo palabras venenosas en la punta de la lengua.
¿Por qué habla de ellos como si tuviesen una relación estrecha?
¿Y si no solo le gusta Rhoan sino que tiene historia con él? Odio eso.
—En efecto, anoche Rhoan me cargó sin un rastro de debilidad y hablamos hasta quedarme dormida en sus brazos —presumo—. Ya que es un hombre tan perfecto es natural que me tengan envidia.
Es la primera vez que me enfrento a una mujer por un hombre y me alegra saber que estoy en una posición ventajosa. Ella permanece pasmada hasta esbozar una sonrisa muy tenue para mi sorpresa. Me mira en silencio al tiempo que mide mi busto.
—Tienes una cara inocente pero sin duda no lo eres —menciona—. Conseguirás muchas enemigas actuando así.
A propósito me tomo mi tiempo para responder con la intención de clavarle la mirada, haciéndola sentir observada, acechada e inferior. Y tras unos segundos en los que no sé si está funcionando mi táctica o no por su falta de expresividad, declaro con una voz susurrante:
—Medi, los lobos no pelean con las ovejas. Se las comen.
La miro soberbia tras mis palabras filosas. Nos mantenemos unos segundos en un cruce de miradas hasta que termina de sonreír un poco más anotando las medidas.
—Eres pechugona.
Suelta de la nada.
—Lo sé —contesto con una sonrisa tenue sin bajar la guardia. Creo que con eso me ha dado la victoria.
La mayoría de las prendas me quedan a la perfección pero se debe quedar con algunas para ajustarlas. Nos ayuda a guardar lo más urgente sin embargo son muchas cosas así que el resto nos lo llevarán a casa.
—Fue un placer, Lobelia. —Me sonríe otra vez.
Es extraño pero me agrada un poco, tiene una personalidad peculiar. Ah… Mi primer enfrentamiento en Emdor. Suspiro como si tuviese nostalgia.
—¡Vaya, le caíste bien! —susurra Garran al salir de la tienda.
Lo miro extrañada.
—¿Yo?
¿Cómo dice eso sin saber que anduvimos a la greña en el vestidor? Bueno en realidad fue una discusión elegante que terminó con mi victoria.
—Sí, llevaba mucho tiempo sin verla sonreír así —responde Garran.
Me limito a hacer una mueca sin darle respuesta. Son más sus ganas de que sea como dice, que las ganas de ella de verme poner un pie en su tienda.