Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

Nos alejamos del centro urbano y el ambiente es más cálido, ya no hay rastros de nieve.

Mi atención se desvía cuando noto mariposas volando cerca de nosotros.

Ya he visto esto antes . Incluso sin haber soñado con él puedo sentir una presencia abismal que me hace sentir intimidada y protegida al mismo tiempo.

Llegamos a una pared cubierta de un denso manto de enredaderas. Por la admiración con la que la mira infiero que no es solo una pared.

—¿Estás lista? —me pregunta.

Humedezco los labios y asiento. Una vez que atravesamos las enredaderas el corazón se me detiene.

Frente a mí florece un espacio abierto con el suelo cubierto de musgo y flores que colorean todos los rincones.

Veo a cuatro personas mayores que nos han estado esperando, a los lados de un milenario y magnífico roble colosal, hogar de mariposas morpho azules que se alzan en vuelo.

Recorren su aura y reposan en él y sus alrededores.

Mis instintos hacen que me tiemblen las rodillas.

A su lado yacen cuatro pilares medianos, dos a la izquierda y dos a la derecha con tallas simbólicas de los cuatro elementos.

Detrás descansa un precioso y pacífico lago que no he visto jamás en los mapas de Benmore.

—Ven, cariño. —Me sonríe una anciana entre ellos—. Te ha estado esperando.

Mis pies se deslizan solos. Cuando mi mano toca su corteza algunas mariposas que permanecían descansando en él despegan y vuelan sobre mí, me dan la bienvenida felices por mi regreso y no por una primera vez.

Al menos así lo siento. Su tronco es tan ancho como una casa y seis veces más alto que yo a partir de donde empiezan sus ramas.

Están cubiertas de musgo y se extienden hacia arriba y los alrededores hasta unos veinte metros formando una hermosa cúpula que brinda una sensación de seguridad.

Algunas ramas son tan gruesas y pesadas que rozan el suelo y  le dan un aspecto aún más sabio y antiguo.

Cuando me siento lista, libero un suspiro y observo a los ancianos junto a Garran. Los líderes de Emdor me observan con curiosidad.

—Ven conmigo —me dice Garran.

Me guía hacia una enorme piedra plana y redonda en el suelo con el símbolo del Gran Roble que vi en el anillo de Rhoan. Me pide que me quede sobre ella y permanece a mi lado.

—Lobelia, ellos son los líderes del pueblo. —Los señala, empezando por la primera mujer a la izquierda—. Ella es Olwina Aither, Protectora del aire.

Se trata de una señora de mirada solemne, con cabello corto y canoso. Sus ojos castaños se ven cansados por los años con visibles bolsas bajo ellos. Es de baja estatura, su cabeza debe llegarme a los hombros.

—A su lado está Iver Adair, Protector del agua.

Adair, como Rhoan . El señor tiene cara gentil y se ve un tanto frágil. Al menos aún le quedan algunos pelos en la coronilla. Es el más viejo de todos.

—Tiene trescientos veintitrés —me susurra bajito al captar mi curiosidad y me hace parpadear.

Intento no reaccionar demasiado por respeto aunque me parece admirable que todavía logre mantenerse en pie sin vacilar.

—Ella es Catrin Xyla, Protectora de la tierra —continúa con la segunda mujer—. Puede manipular las plantas como yo.

—Oh, sí que puedo. —Sonríe ella y abre sus manos para hacer crecer gruesas raíces que forman un arco sobre ella. Comprendo ahora por qué los humanos veneraban y mostraban tal respeto a Protectores como ella.

—No fanfarronees —refunfuña Olwina Aither.

Catrin se ríe y las raíces desaparecen. Es la más joven de los cuatro. Sus ojos miel permanecen entreabiertos bajo unas cejas de gancho y su piel es de un bonito color tostado similar a la canela. Es alta y de cuerpo delgado.

—Y por último Macsen Bedelia, Protector del fuego —terminan las presentaciones—. Además, es el líder de los cazadores de brujas.

Es un hombre intimidante a pesar de su longeva vida.

Tiene aspecto de ser un elementalista poderoso por su figura hercúlea.

Es el más imponente y me recuerda a mi padre.

Parece estar llegando a los setenta años.

Me sonríe con sus ojos azules. Su nariz es ancha y sus cejas despeinadas e inclinadas hacia abajo.

Lo que más destaca es una barba espesa y larga hasta el inicio de su pecho, cubierta en canas aunque todavía con algunas hebras castaño oscuro que le dan un aspecto vivaz.

Se junta con su melena corta y peinada hacia atrás.

Me inclino hacia Garran y cubro mi boca para ocultar mis palabras.

—¿Cuántos años tiene él? —le pregunto.

—¡Tengo doscientos cincuenta y siete! —exclama el viejo provocando que dé un brinco en mi sitio.

—Tiene buen oído —comenta Garran divertido.

Dudo que el hombre piense que lo estoy llamando viejo pero está más sonriente que nunca.

—Al principio no podía creer que fuera cierto, pero aquí estás, la hija de Garran Xyla —murmura Catrin cariñosa—. Eres igual a Meleri.

—Mi madre, Meleri Adair —me indica Garran con una sonrisa nostálgica.

Hablan de una abuela que no conocí y aun así me envuelve una tristeza en el corazón.

—Es un placer conocerles, grandes líderes.

Hago una elegante y perfecta reverencia. Al menos con ellos creo que sí debo ser más respetuosa.

—Gracias, cariño, pero no necesitas ser formal con nosotros. En Emdor cada persona tiene el mismo estatus y eso nos incluye a nosotros —dice la anciana Olwina—. Todos somos sus descendientes, hijos de sus hijos. —Señala al Gran Roble.

Sonríen en simultáneo y el silencio se vuelve cómodo.

—Rhoan nos contó que fuiste criada por los duques —comenta Macsen entretenido—. Ese ha sido un bonito saludo.

—Gracias. —Entrelazo mis dedos jugando con ellos—. Sí, fui adoptada por los duques de Benmore. Soy de Blackriver.

—Estuviste todo este tiempo a solo unas horas y no lo sabíamos —lamenta Catrin Xyla.

—¿Tienes algún malestar?, ¿dolor en el cuerpo? —pregunta Olwina Aither, con una mirada preocupada.

—No, todo eso ya pasó —contesto recordando de nuevo la sensación de morir, los vómitos de sangre y todo lo sucedido con las brujas. Sin embargo cuando mi mirada regresa hacia el Gran Roble puedo sentir su consuelo.

Se escucha una respiración pesada del viejo grandulón Macsen. Se peina la barba con la cabeza ladeada y mantiene una mirada seria.

—¿Puedes hablarnos de ti? Tenemos registros de toda nuestra historia y nunca habíamos tenido un caso como el tuyo.

Su curiosidad es comprensible. Para complacerlos cojo una gran bocanada de aire y empiezo por mi nacimiento.

—Los lobos son las criaturas más sagradas de la creación, un puente entre Emdor y nosotros —me aclara Olwina Aither al escuchar el relato de mi encuentro con mi padre el duque.

Me pregunto si fue por eso que Emdor apareció como un lobo en mi sueño. Aún cuando deseo revelarlo, algo me dice que guarde el secreto.

Después de hablarles de mi cuerpo frágil hasta la adultez les explico mi despertar, el incidente con las brujas y las runas sobre mi piel.

—Rhoan nos habló de ello —comenta Macsen con una voz sombría—. Sin lugar a dudas las brujas que estaban cerca sintieron tu despertar. Emdor nos protege y oculta con su poder pero naciste fuera de los límites.

Por lo menos con lo que dice tengo una duda menos. No comprendía por qué esas mujeres habían aparecido de la nada y menos después de que Garran dijo que evitaban el Bosque de los Perdidos.

Con el final de la historia quedan satisfechos. Y tras un rato más de charla sobre ello el ambiente cambia a uno más serio. Quieren tomar decisiones.

—¿Quién le enseñará a controlar su elemento? —le pregunta Catrin a Garran.

—Yo lo haré, ¿te parece? —pide mi opinión.

—Sí, estoy de acuerdo.

Asiento y él sonríe alegre, sin embargo…, ¡¿cuál es mi elemento?! No sé cuánto tiempo llevamos hablando y no hay señales de ello.

—Rhoan Adair se ha ofrecido para enseñarle a combatir —pronuncia Catrin y me estremezco—. Es el mejor y no tiene discípulos.

Mi corazón brinca frenético.

—Porque los ha rechazado a todos —murmura Macsen, encogiéndose de hombros y mirándome con una sonrisa divertida.

Por eso dijo que nos veríamos todos los días.

—Nos cogió por sorpresa —habla Catrin sonriente—. No sé qué impresión le habrás dado pero yo que tú no lo pensaría. No todos los días te conviertes en la aprendiz del mejor cazador de su generación.

No sabía que Rhoan fuese tan impresionante. Si ha rechazado a todos, ¿por qué me está aceptando a mí?

—¿Por qué no consideramos también al nieto de Macsen, Aron Bedelia? —opina Olwina para después mirarme—. Ya lo debes conocer, fue uno de los que te salvó. Un pelirrojo carismático.

¿El pelirrojo amigo de Rhoan es su nieto?

Macsen se prepara para hablar.

—Mejor que sea Rhoan—

—Eso ni lo pienses —lo interrumpe Garran sin darse cuenta—. Lobelia, no le hagas caso a Olwina y acepta la oferta de Rhoan.

La cara de Macsen cambia.

—¿Qué tiene mi nieto para que reacciones así? ¡Está al mismo nivel que Rhoan! ¡Y eso que iba a apoyar a Catrin!

—¡Sabes por qué lo digo! —Lo señala Garran con la misma intensidad.

—Si seguís con esas entonces podríamos darle la oportunidad a Caradoc Xyla —rebate Catrin cruzándose de brazos—. Su talento es indiscutible y sabemos que tiene ambición. Me agrada mucho ese chico.

—Elis Bedelia —pronuncia el anciano Iver y para mi sorpresa todos enmudecen.

—¿Elis? ¿Crees que la aceptará? —murmura Macsen.

Se están liando.

—Prefiero que sea Rhoan —los interrumpo. Al segundo mis mejillas hierven por cómo me dedican toda su atención—. Ya lo conozco, confío en él y si es el mejor puede que con su guía avance más rápido.

En mi cabeza sonaba de excusa pero habiéndolo dicho así se oye como un buen argumento.

—¡Lo que tú quieras, pequeña! —acepta Macsen rápido y vivaz. Me entra alivio al ver que se han calmado—. Bien, ya que está decidido…

Se miran entre ellos, asienten y me dan la espalda para dirigirse a Emdor.

Apoyan en su corteza la palma completa de sus manos en las que llevan cada uno su anillo y me paralizo.

Se mueve. Una de las raíces del Gran Roble se aproxima a donde estoy arrastrándose con gentileza.

Cuando llega frente a mí se levanta del suelo y empieza a hilarse, volviéndose más y más fina hasta dar forma a un anillo igual al de todos con su sello tallado en el centro.

Aunque sus raíces siguen moviéndose serpenteando con lentitud se queda a la altura de mi pecho. Estoy tan pasmada como maravillada.

—Cógelo, Lobelia —me indica Garran con suavidad.

—¿No le dolerá? —pregunto al ver que el anillo sigue unido a la raíz.

—Es su sacrificio por ti —contesta Macsen en un tono cariñoso—. Todos tenemos una parte de él.

Miro conmovida el anillo que parece tener la medida justa de mi dedo. En el silencio, flores rodean la piedra. Ese último detalle me hace sonreír. A todos, de hecho.

—Él insiste —dice Olwina.

Cojo el anillo con gentileza. Se escucha un ligero crujido cuando se separa de su extensión y con eso la raíz retorna a su sitio.

—Lobelia, este anillo no debes quitártelo jamás —declara Macsen ganándose mi plena atención—. Una vez que lo coloques en tu dedo se fusionará con tu alma y servirá de enlace entre tú y Emdor. Es tu identidad. Con el tiempo aprenderás todos sus usos.

Mientras más escucho más se me revuelve el estómago. ¿Mi identidad? ¿Fusionarse con mi alma? , repito para mis adentros impactada en mi integridad. ¡Rhoan me entregó algo que contiene su alma! Pero, ¿por qué brilló cuando lo usé?

Admiro el anillo con detenimiento y con el corazón a un latido de salirse por mi boca.

—Debes colocarlo en el dedo corazón de tu mano derecha —indica Garran con cariño.

Asiento dejando el pensamiento de Rhoan a un lado.

Inserto el anillo nerviosa. De inmediato unas runas aparecen en la madera, brillando y tallándose en vivo.

Tomándome desprevenida la piedra bajo mis pies se ilumina.

Uno de los pilares también lo hace, el del elemento tierra.

Se enciende con intensidad y un escalofrío me posee de pies a cabeza.

—¡Bienvenida a Emdor, Lobelia Xyla! —proclama Macsen.

¡Xyla! Miro a Garran con una emoción visceral que inunda mi ser.

En él se expande una sonrisa deslumbrante, el amor brilla en sus ojos.

He heredado su elemento. Después de unos segundos la luz del pilar se desvanece junto con la de la piedra en el suelo.

Por último el anillo deja de brillar. Deduzco que eso significa el fin de la fusión.

De repente Macsen camina hacia mí. Debe medir más de dos metros, creo que es una cabeza más alto que mi padre el duque.

—¿Puedo darte un abrazo de bienvenida, pequeña?

Me toma por sorpresa. Una extraña confianza me inspira a asentir. Abre sus enormes brazos y me estrecha como si fuese su nieta de toda la vida. Con muchas ganas le correspondo el abrazo, diminuta pero acogida por su calidez.

Con jubilosas sonrisas los tres líderes restantes acortan distancia y cada uno me ofrece un abrazo.

—Bienvenida, Lobelia Xyla.

El apellido Benmore será parte de mi identidad, pero solo cuando algún día vuelva a ver a mi familia. Por ahora lo guardaré bajo llave dentro de mi corazón.

Por último Garran y yo nos miramos. Con una mueca extiendo mis brazos. Su cara luce henchida de gozo. Compartimos un abrazo sanador.

—Bienvenida a Emdor, Lobelia Xyla.

Susurra con amor. Por ahora este es un enorme paso, y estar en sus brazos me parece natural, casi como si siempre hubiéramos sido así, y no puedo evitar sonreír.

Huele a libros.