Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

—Un día logró evadir la vigilancia y desapareció sin dejar rastro.

Su desaparición me hizo mucho daño —Garran habla mientras el corazón se le quiebra con cada palabra—.

Los primeros años los viví aletargado hasta que retomé la rutina que tenía antes de conocerla pero creo que una parte de mí se fue con ella.

Alza su mirada y hacemos contacto visual. La forma en la que ha insistido en mantener la inocencia y pureza de Eudora me hace agradecer porque ahora sé que no fui producto de una desgracia sino que nací de dos personas que se amaban. Rhoan se ve igual de apagado que yo en un silencio empático.

—¿Nunca supiste nada más de ella? —pregunto con una voz suave.

Se le cierne una sonrisa amarga y niega.

—Si el duque fue guiado por los lobos, bien podríamos pensar que…

no sobrevivió. A mi pesar, tu llegada al bosque seguirá como un misterio.

Tal vez intentaba volver conmigo, tal vez quería empezar de nuevo y estaba regresando a la cabaña —piensa en voz alta tratando de no romperse—.

No, solo estoy fantaseando…, las bestias no la matarían si hubiese tenido buena intención.

Y si sigue viva es porque te dejó y escapó.

Acaricio su mano en un intento de consolarlo.

—Lo siento —susurro sin saber qué es lo que lamento. Puede que todo.

Me ve y despierta de su pérdida.

—Está bien, tengo mi vida, a mis pequeños estudiantes, mucha gente que me quiere y a Rhoan y su familia —lo mira cariñoso al tiempo que él sigue callado observando a Garran con una expresión que no descifro—, y ahora te tengo a ti.

—Su otra mano se apoya sobre la mía. Nos sonreímos el uno al otro en un silencio sanador hasta que aclara su garganta y nos soltamos—. ¿Alguna otra pregunta?

Es su intento de animar el ambiente.

—Sí, pero supongo que tengo muchos años para hacerlas, ¿no? —Hago una mueca y consigo que suelte una risita y Rhoan levante las comisuras. Entonces algo me viene a la mente y me aborda un poco la timidez—. Ahora que lo pienso, ¿dónde viviré?

Se miran entre ellos. Garran traga fuerte y vuelve a mirarme sin poder controlar sus expresiones. Su pierna derecha se sacude bajo la mesa y juega con sus manos presionando sus dedos hasta que las puntas se le ponen rojas. Abre su boca y coge una bocanada de aire antes de hablar.

—¿Te gustaría vivir conmigo? —suelta—. Sé que no nos conocemos y debes estar abrumada por tantos cambios en tu vida pero me parece que sería lo más prudente.

Más adelante puedo construirte una casa como desees.

Incluso puedo hacer los muebles con la madera que quieras y…

—sigue y sigue parloteando sin parar. Le lanzo un vistazo a Rhoan y sus cejas alzadas muestran una expresión de sorpresa casi imperceptible.

Me da a entender que no es usual ver a Garran así—. Así que por ahora…, ¿qué dices?

Termina su discurso.

Es triste para mí pero vivir sola no es una opción en este momento.

Ni siquiera sé cocinar o lavar ropa. A lo largo de la mañana he aprendido que tienen comodidades de nobles, sin embargo la enorme diferencia es que hacen las cosas por sí mismos.

Aquí nadie me cocinará o encenderá la chimenea por mí.

Sus vidas son iguales a las de la gente común de Blackriver.

Tengo que aprender a ser independiente. Ya no soy una princesa.

—Está bien, viviré contigo.

La euforia le hace abrir los ojos e ilumina su rostro hasta formarse una sonrisa enorme.

—Genial…

Está muy conmovido. No quiero pensar que todo será color de rosa pero en el fondo su bienvenida ha causado que esa bebé abandonada empiece a ilusionarse con una familia que creía perdida.

Se produce un silencio extraño e incómodo ya que no sabemos de qué más hablar hasta que Rhoan se pone en pie.

—Avisaré a mis padres para que traigan la comida. —Se dirige a la cocina. Lo sigo con la mirada mientras percibo otra sobre mí. Garran me mira feliz aunque sus ojos permanecen llorosos.

—Realmente eres igualita a mí —murmura en una mezcla de admiración, asombro y amor.

El corazón se me baña de calidez.

—Soy tu doble. —Sonrío.

Ewan y Bera aparecen junto a Mabli y Rhoan con un montón de comida y toca una larga ronda de preguntas por su parte.

Su interés en mí es sobrecogedor. Entiendo su alegría.

Tras conocer la historia de Garran deben sentirse felices por él.

La charla me hace olvidar mis tristezas y a la vez extrañar a mi familia recordando nuestras comidas juntos, las típicas burlas de Rodric y mi padre o mi madre regañándolo.

Me dijeron que estarían bien y confío en que así será, por lo tanto yo también debo vivir con la frente en alto hasta que, como dijo Garran, cada segundo se sienta precioso.

Después del desayuno él suelta una exhalación por la nariz.

—Ya deberíamos irnos. —Se asoma por la ventana.

—¿A dónde?

Sonríe.

—Quiero enseñarte el pueblo —explica y trago nerviosa—. Después debemos encontrarnos con los líderes que te mencioné para que descubras cuál es tu elemento.

Olvido los nervios y mis ojos se salen de sus cuencas.

¡Mi elemento! , chillo en mi interior incrédula porque se acerca el momento.

Ah, espera, ¿eso significa que tengo que despedirme de Rhoan?

Intento no mirarlo y siento un dolor en el corazón hasta que me mentalizo de que no debo depender de él.

Mi estabilidad emocional ya está mejor, no caeré en la desesperación como el último año y medio.

—Está bien —contesto obligándome a enfocarme en otra cosa.

Antes de salir, Bera coge uno de sus abrigos del perchero y me envuelve con él, asegurándose de que mi cuello esté bien cubierto con una espesa bufanda de lana de color verde pastel.

—N-No es necesario, estoy acostumbrada al frío —murmuro apocada.

—Úsala, cariño —me pide con dulzura y peina los mechones de mi pelo—. Además, combina con tus ojos. Considéralo un regalo de bienvenida.

Me dedica una sonrisa. Tras su insistencia no me queda otra que asentir.

—Gracias —susurro con timidez y mi reacción le hace feliz.

Abren la puerta de la entrada. La casa tiene un lindo semimuro de entrada con arbustos cubiertos de nieve.

Cuando alzo la mirada descubro casas con paredes de piedra y techos de ladrillo cubiertos de más nieve que me transmite un aire familiar.

Pero, Rhoan… Vuelvo a mirarlo con una vergüenza que remueve mis vísceras.

Estoy loca, no quiero separarme de él. Está serio aunque sus comisuras se ven un poco levantadas.

Me sonrojo sospechando que intuye mi renuencia. Debo reaccionar.

—Os agradezco todo lo que habéis hecho por mí. —Les regalo una suave sonrisa conmovida.

—Puedes venir cuando quieras —asegura Ewan.

Mabli me da un cálido abrazo intentando apretarme con todas sus fuerzas. Mi corazón se empequeñece.

—Te veo luego, Lobelia —murmura—. Me gustas mucho así que iré a verte con frecuencia.

—Cuando quieras.

Observo a Rhoan otra vez por el rabillo del ojo.

¿Cuándo lo veré de nuevo? Hay una insólita explosión de angustia dentro de mí por pensar en decirle adiós después de haberlo esperado casi dos años.

Me intimida lo que siento. El delirio de cuando lo buscaba se ha ido pero no sé por qué tengo tanta intensidad acumulada.

Continúa con su expresión impasible hasta que dice:

—Iré a buscarte todos los días al amanecer —avisa y mi tristeza se esfuma—. Duerme temprano.

—¿Todos los días?, ¿por qué?

—Ya lo sabrás. —Se le forma una sonrisa suave que deja todo lo demás difuso en el fondo.

Con más confianza al saber que nos veremos mañana nos despedimos. Alcanzo a verlo una última vez antes de que cierren la puerta. Solo queda el silencio junto a mi mirada deseando volver a encontrarse con la suya.

—Lobelia —me llama Garran provocándome un sobresalto. Se mueve a un lado de la casa de Rhoan con cautela. Su actitud es graciosa. Le hago caso y cuando me detengo a su lado me ofrece su mano—. No está permitido hacer esto pero creo que necesitas una mejor perspectiva.

Sin saber a qué se refiere cojo su mano.

Algo engancha mis pies y un revoltijo ataca mi estómago por el impulso de la pequeña montaña de cima plana que nos eleva del suelo.

Mis ojos se salen de su órbita mientras pierdo un poco el equilibrio asustada por caer, sin embargo la tierra mantiene mis pies estables.

En un momento llegamos al techo de la casa de Rhoan.

—¡Eso ha sido...!

No sé si decirle que fue increíble o aterrador a medida que paso mis pies a las tejas con cuidado. Garran nos afianza por si acaso con raíces debido a la nieve resbaladiza.

—Mira hacia allí. —Señala al frente.

Sigo su dedo y me quedo sin aliento. Frente a nosotros se muestra un pueblo inmenso.

Casas rústicas entre colinas se extienden a lo lejos.

Hay algunos edificios enormes que destacan y llaman mi atención.

Las historias siempre se enfocaban en la importancia de los Protectores y en Emdor, nunca en su desarrollo como civilización.

Si alguien viera lo que presencian mis ojos en este momento se quedaría sin palabras.

Ojalá mi familia pudiera ver esto , suspiro.

—Este es tu nuevo hogar, Lobelia.

Sus palabras me acogen combinando a la perfección con lo que siento.

Mis ojos no se despegan del paisaje, del suave y hermoso brillo que se produce en la nieve con las caricias del sol sobre los techos de las casas.

Hace que parezcan sacadas de un libro de fantasía, de un sueño del cual nadie desearía despertar.

—¿Cómo se mantiene oculto un pueblo así?

—Emdor lo camufla con su poder. Solo los Protectores podemos verlo desde la distancia —explica—. Este año se dijo que somos unos treinta mil.

Mis ojos se expanden con sorpresa.

—Esas son muchas personas.

—Supongo que sí —ríe—. Bajemos para caminar un rato.

Asiento en silencio. Cierro mis ojos con mala cara cuando me encuentro con la misma sensación de revoltijo en el estómago al bajar del techo.

Doy un último vistazo a la casa de Rhoan hasta que deja de estar a la vista en el momento en que cruzamos entre las calles.

Por suerte solo caen un par de copos de nieve.

El pueblo está lleno de vida y lo que más me atrae es la exuberante cantidad de personas utilizando su elemento para sus actividades rutinarias.

Para ellos es tan sencillo como respirar.

Unos herreros manipulan el fuego para avivar las llamas de la forja, comerciantes hacen flotar sacos de trigo, otros lavan ropa con el agua suspendida en la nada, y un grupo construye una expansión a un hogar, creando muros de piedra que nacen de la tierra.

Cosas que solo ocurrirían en un cuento de hadas.

Estando en ese lugar concurrido percibo miradas sobre nosotros y solo entonces caigo en la cuenta de cuál es mi situación actual en el pueblo. Soy una desconocida, una recién llegada que vivió veintiún años con los humanos.

Garran se inclina hacia mí y susurra mientras continuamos andando:

—Aquí los rumores corren muy rápido, seguro que ya saben que eres mi hija —indica animado y consciente de mis nervios—. Tienen curiosidad.

Estaba acostumbrada a las miradas en Benmore, eso no es lo que me preocupa. Lo que me tiene así es que quizás me miran porque soy la hija de una bruja. Los padres de Rhoan me dieron un trato familiar pero sé que habrá diversas opiniones en el resto de los treinta mil hijos de Emdor.

Me entra nostalgia recordando Blackriver y mis paseos por el pueblo.

Las personas siempre se detenían para saludarme y regalarme flores o dulces agradecidas por la excelente administración de los Benmore y la cercanía con los ciudadanos.

A mi lado siempre estaba Lucian. Los ojos se me humedecen entre recuerdos así que miro hacia arriba moviéndolos de un lado al otro para no llorar a causa de lo mucho que extraño todo eso.

Espero que Lucian me vea donde sea que esté y se alegre por la nueva oportunidad que se me ha dado para vivir.

De repente noto una ola de agua que pasa en el aire sobre unos niños. Aparece una sonrisa en mis labios admirando el poder que controlan con facilidad aún tan pequeños. ¿Ahora podré volver a usar una espada? ¿Me veré a mí misma por estas calles utilizando magia entre ellos? ¿Cuál será mi elemento?

—¡Garran!, ¡mírame, mírame!, ¡he practicado! —lo llama el pequeño elementalista. La corriente flota suspendida y se mueve armoniosa manteniéndome fascinada. La emoción por mostrarle sus avances a Garran hace que lance la ola en nuestra dirección—. ¡Ay no!

Me echo hacia atrás y cierro los ojos esperando quedar empapada en el helado clima cuando escucho algo elevarse frente a nosotros. Los abro lento. Descubro un muro de tierra y la mano extendida de Garran a mi lado. Lo ha levantado en un instante.

—Ciby, podrías haberle hecho daño a alguien. Ten más cuidado la próxima vez y recuerda que tus emociones no deben dominarte —le explica en un tono gentil a medida que deshace el muro.

—Lo siento —responde el niño compungido parándose frente a nosotros.

Garran le da un toque en la cabeza con cariño.

—Oye, has mejorado muchísimo. —Le sonríe de lado—. Si sigues así pronto podrás enseñar tú mismo a tus hermanos.

Al niño se le iluminan los ojos.

—¡¿De verdad?!

—Sí, ahora preséntate. Ella es mi hija Lobelia. —Me señala y el corazón me brinca.

—Hola, me llamo Ciby. —Me mira tímido.

—Hola, Ciby, es un placer.

Se me queda mirando y hace caras entre pensamientos, hasta que coge el pantalón de Garran y le pide que se agache. Garran hace lo que dice y el niño le susurra.

—¡Cuando crezca me casaré con tu hija! —aun así se escucha y no puedo evitar sonreír. El niño corre de regreso con sus amigos y Garran y yo nos miramos con ganas de reír.

—Soy su maestro.

Cierto, enseña en la escuela . Se queda observando a los pequeños con dulzura y me pregunto si tal vez me habría tratado igual si hubiera crecido con él.

Nos envuelve por un instante un silencio extraño en el que pareciera que estuviese pensando lo mismo que yo hasta que aclara su garganta y mira los alrededores.

—Cada Protector nace con un elemento —explica—. Así adquieren un segundo nombre proveniente de los cuatro primeros hijos de Emdor. Ellos fueron quienes contribuyeron en la formación de este mundo para que la vida pudiese prosperar.

—Entonces, ¿tú eres Xyla por la tierra y Rhoan Adair por el agua? —resumo.

—Xyla fue la primera hija y protectora de la tierra. Adair fue el segundo y protector del agua —responde—. Después nacieron Bedelia como protectora del fuego y Aither como protector del aire, convirtiéndose en las cuatro primeras almas en existir.

Reflexiono en ello con una extraña sensación de déjà vu. Los nombres me suenan de alguna parte; sospecho que los he leído en los libros ocultos en la biblioteca del castillo. Estoy tan inmersa en mis pensamientos que cuando Garran se inclina a mi nivel casi respingo.

—Y hablando de elementos —me regala una mirada cariñosa y extiende su mano hacia una de las calles—, es hora de saber cuál es el tuyo.

Mi corazón se dispara.