Capítulo 12 #2
La noté considerándolo con detenimiento hasta que de la nada frunció el ceño y miró al vacío palidecida.
—¿Qué? No, eso no… —murmuró sin sentido en voz alta. Sus palabras no iban dirigidas a mí.
Mi rostro se tornó severo captando con rapidez qué sucedía. Una lección básica que todo hijo de Emdor conoce.
—Oyes las voces. —Dio un respingo, sorprendida de que lo supiera—. ¿Qué te dicen?
Lo Oscuro les infecta la mente y saca a relucir su maldad. Se dice que las atormenta tanto que es lo que las termina de volver locas.
De una expresión de sorpresa pasó a mirarme con un agotamiento evidente.
—Me dicen que acepte y que cuando tenga la oportunidad te mate y me quede con tu corazón —contestó—. Ahora me están insultando por revelártelo.
Tiene conocidas , intuí. Sin duda otra bruja le había enseñado a esconderse, a usar su poder y los beneficios de comerse el corazón aún latente de un hijo de Emdor. Les alarga la vida hasta el doble y duplica su magia. Mientras más corazones más poder y más años de vida.
Observé la mancha negra en sus ojos que permanecía sin cambios.
—¿Les harás caso? —pregunté y movió la boca a los lados.
—Nunca lo hago —aseguró—. Siempre me piden que mate pero a mí no me gusta.
—¿Nunca has matado a nadie?
Bajó el rostro.
—Solo a dos. Se lo merecían.
Se escuchaba resentida. No la veía con ganas de hablar de ello por lo tanto preferí no preguntar. Aun así las brujas no matan por odio o venganza, matan por el placer de ver el terror en sus víctimas, las cuales sirven de alimento para Lo Oscuro. Eso hacía que Eudora fuera diferente.
—¿Huirás o no? —insistí. Su pecho se hinchó al tomar una respiración profunda hasta que negó—. Entonces ven conmigo.
Empecé a caminar y, aunque ella estaba en un momento vulnerable, le estaba dando un increíble voto de confianza al darle la espalda.
Podía hacerle caso a las voces y atacarme en cualquier momento, estaba al tanto de ello y entonces tendría que acabar con ella.
Solo se me pudo escapar una sonrisa cuando escuché sus pasos siguiéndome en silencio.
Llegamos a un descampado pequeño en el que abrí mis manos y la naturaleza se movió a mi voluntad formando una cabaña pequeña.
Por un momento la miré de reojo y sonreí con disimulo al descubrir su mirada llena de asombro.
Nunca había visto el poder de un hijo de Emdor en persona o no estaría con vida.
Al terminar el exterior abrí la puerta y terminé de hacer los detalles.
No quería que se sintiera encerrada por lo que preferí construir un ambiente acogedor.
Una chimenea, una bañera amplia, una pequeña mesa, un encimera y una cama de madera. Fue allí cuando fruncí el ceño.
—No puedo hacerte un colchón de algodón, me falta la tela para cubrir—
Mis palabras se cortaron cuando la vi caminar hacia la cama y se sentó sobre ella aún con dolor. Se le dibujó una extraña mueca en los labios, como si intentara encubrir su emoción.
—Nunca había tenido una cama.
Sentí que algo en mi pecho se hundió de una forma que no conseguía explicar.
¿Qué tipo de vida había tenido? La cama ni siquiera estaba completa, sería incómodo para ella acostarse allí.
Después me aseguraría de ponerle un colchón alto y le traería mantas de lana gruesa.
Mientras tanto iba a cubrir la base con musgo para que fuera más suave.
Al verla satisfecha me enfoqué en la encimera. En el instante en que comencé a hacer crecer plantas en maceteros de piedra con frutas y verduras se levantó y se acercó tan veloz como pudo.
—¡Vaya que tenía hambre! ¡No sabía que podíais hacer esto! —exclamó olvidando que éramos bruja y Protector. Cogió una fresa y le dio un mordisco—. Nunca había probado una tan fresca…
La saboreó con una alegría que rozaba la inocencia.
Los latidos retumbaron en mi pecho, obligándome a respirar hondo para tocar tierra.
No debía tener esperanzas de que Eudora se salvase de Lo Oscuro.
Sería un error que desarrollara afecto por ella.
Algún día tendría que decirle adiós ya sea porque se fuera por su cuenta purificada o porque tuviese que eliminarla.
Debo mantener la cabeza fría , me dije. Necesitaba ayuda, tenía que informar a los líderes del pueblo.
—Eudora, ¿mantendrás tu promesa de no escapar?
Quería asegurarme ya que pronto tenía que irme.
—Sí.
Sin darse cuenta vio la puerta de la cabaña.
—¿Sabes dónde estamos? En el territorio de tu enemigo —hablé con astucia—.
Este bosque es un laberinto lleno de ilusiones para aquellos que no son hijos de Emdor.
De milagro te descubrí antes de ser devorada por las bestias.
Los lobos son muy crueles con las brujas —seguí sin titubear—.
Además, esos humanos que te persiguieron seguirán buscándote.
¿No es mejor que te quedes aquí durante un tiempo y esperar a que se olviden de ti?
Tras mis palabras se mantuvo cabizbaja, dando a entender que aceptaba lo que decía. Iba a sonreír satisfecho cuando el corazón se me congeló al ver las lágrimas que caían al suelo.
—No necesitas recordármelo, ya sé que todos me odian —sollozó—. Yo no quería ser una bruja, ¿sabes? Esas voces me molestan.
Me quedé sin palabras y no me quedó más que mirarla con pena. La existencia de Eudora me recordó un hecho: ellas no nacían así. Lo Oscuro las escogía en contra de su voluntad e implantaba la perversidad en sus almas para usarlas como armas. Y si lo veía de ese modo, ella sí era una víctima.
El tiempo transcurrió junto a las estaciones con mis visitas diarias a la cabaña.
Se había cumplido un año desde que los líderes del pueblo habían decidido ponerla a prueba y el experimento se hacía bajo medidas estrictas.
Los cazadores vigilaban la cabaña día y noche sin descanso, por lo tanto no había forma de que se alejase sin que hubiese consecuencias.
Ella no lo sabía, por supuesto. Se turnaban mientras no estaban en misiones y eran expertos ocultando su presencia.
—Tu novia ha estado enérgica hoy, se han escuchado muchos ruidos dentro de la casa. —Morset agitó su cabello pelirrojo y me siguió el paso. Era uno de los cazadores asignados para vigilarla y de casualidad uno de mis mejores amigos.
—Déjala en paz y no te acerques demasiado. No querrás tener que explicarle a Aron por qué su padre ha recibido una paliza —le gruñí sin dejar de caminar hacia la cabaña.
—No te preocupes, tampoco tengo ganas de descubrir qué ruidos haces en la cam— ¡Ay, joder! —Recibió un golpe de una rama en su espalda con mi magia y se detuvo.
—Regresa a tu puesto —lo reprendí.
—Sí, sí, te veo después —resopló y aun así sus palabras me hicieron sonreír. Ya la aceptaban como mi pareja.
Por mucho que intenté no encariñarme me enamoré de ella.
Eudora me correspondió y no había marcha atrás en lo que sentíamos.
Pronto se curaría y podría llevarla conmigo al pueblo.
Me emocionaba al pensarlo a medida que abría la puerta de la cabaña, hasta que escuché algo quebrarse.
Mis fantasías se enfriaron y me apresuré a entrar.
Estaba ovillada en el suelo, cubriéndose los oídos, rodeada de piezas rotas de los platos que había traído de casa.
La sangre se me fue de la cabeza. Corrí para envolverla en mis brazos pero me detuvo en el acto y me empujó con un cúmulo de agua suspendido en el aire.
—¡Ni un paso más! —me gritó y me forzó a presenciar su llanto desconsolado—. Han regresado… ¡Las voces han regresado!
Sentí que me hundía en un abismo.
—Llevaban medio año sin hacer acto de presencia —murmuré para después agitar la cabeza y actuar deprisa—. Primero déjame abrazarte, mi amor.
Maldición. Lo Oscuro era más fuerte de lo que creíamos. Su silencio, en vez de ser una derrota se trataba de una espera.
—No quiero que te acerques a mí, ¡soy peligrosa! ¡Me están gritando que te arranque el corazón! ¡Dicen atrocidades que no quiero hacer! —su voz se fragmentó—. Es mejor que me mates, prefiero morir antes que escucharlas…
Las lágrimas salían desesperadas de sus ojos. Era similar a una enfermedad terminal. Si Lo Oscuro lograba su cometido, los cazadores no iban a dejarla con vida. Ella prefería morir en mis manos antes que llegar a ese punto.
—¡CALLAD! —bramó al vacío con furia—. ¡No obedeceré!
En su distracción por las voces conseguí lanzarme a ella y abrazarla con pasión.
—Mírame. —Cogí su rostro en mis manos y acaricié sus mejillas—. Podemos hacer esto juntos, concéntrate en mi voz. Volverán a callarse y regresaremos a los días de paz, solos tú y yo. No regresarán nunca más.
Su aflicción era indescriptible.
—Me vuelven loca —se rompió rogando regresar a los tiempos en los que en su cabeza solo vivían sus pensamientos—. Debes matarme, hazlo, por favor. Tengo miedo de lo que soy capaz, me convertirán en algo que no quiero ser y me aterra que me odies.
—Nunca seré capaz de odiarte —le susurré—. Todo estará bien, si lo conseguimos una vez podremos volver a hacerlo y esta vez será definitivo.
Eudora era la mujer con la que quería estar así fuera por los ochenta o cien años que ella viviera. Estaba dispuesto a superar cualquier cosa para estar a su lado. Lo Oscuro se podía ir a la mierda.
Sin embargo ella tenía otros planes.