Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 11
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Capítulo 11

Se levantan de los sillones junto a la chimenea, hay tres caras desconocidas a excepción de Mabli.

A los pocos segundos veo al hombre a su lado y la horda de escalofríos me paraliza.

Hacemos contacto visual, por un lado sus nervios parecen estallar en su pecho levantándose con frenesí y por el otro puedo ver la inmensa emoción en su mirada, con las cuencas de sus ojos enrojecidas.

Mi mano se aferra al brazo de Rhoan. Tenía razón, soy idéntica a él .

Se me nubla la vista. Sería estúpido dudar que somos familia.

Lleva una melena hasta el cuello peinada hacia atrás del mismo color castaño ceniza que el mío y con las mismas ondas.

Sus cejas anchas y nariz griega le dan un aire solemne mientras que sus ojos del mismo verde manzana que los míos le brindan un aspecto amable.

Luce una barba clásica poblada e impecable como la llevaría un noble de la capital.

Es alto y de hombros anchos. Una cosa llama mi atención: parece demasiado joven.

¿Qué edad tiene? Podría pasar por mi hermano mayor.

Rhoan da un paso y nos guía a la otra pareja primero.

—Lobelia, ellos son mis padres —me los presenta y se acercan con Mabli.

—Encantada, Lobelia. Él es Ewan Adair y yo soy Bera Aither —me saluda la mujer con una sonrisa cariñosa.

Los padres de Rhoan , pienso con mariposas en el estómago a causa de lo nerviosa que me pone su hijo.

Bera tiene el cabello color chocolate que ha heredado Mabli liso hasta los hombros.

La punta de su nariz es redonda y armoniza con sus ojos felinos verde olivo y sus finas cejas.

Su rostro es ovalado y delgado, es una bella mujer que también parece de treinta años o puede que menos.

Imposible, ya que Rhoan tiene veinticinco.

—Es un placer conocerte, Lobelia —saluda Ewan con una sonrisa cálida. Su cabello castaño es igual aunque lo lleva corto de modo que los mechones dejan libre su frente. Sus cejas son gruesas y sus agradables ojos grises entrecerrados. Luce una barba un poco más corta que la de Rhoan.

—El placer es mío, gracias por haberme recibido en su hogar —les respondo con respeto.

Su madre coge mi mano.

—No te preocupes, cariño. Significa mucho para nosotros que estés aquí así que no dudes en tutearnos. —Me mira con cara de ser ella quien quiere darme las gracias a mí al ser amigos de mi padre.

Hay un silencio hasta que miran hacia atrás.

El hombre se mantiene distanciado, está tan nervioso que parece que va a desmayarse.

Si fuera él yo también lo estaría y debe pensar que estoy resentida con él.

Rhoan dijo que había llorado de rodillas.

Lo miro fugaz, me descubre y sonríe para darme ánimos.

—Lobelia, él es Garran Xyla —me lo presenta.

Transcurren unos segundos en los que Garran no se mueve.

Evaluando el silencio decido acercarme yo, y en el segundo en que doy el primer paso sus ojos se inundan.

Me detengo frente a él y detallo cada una de nuestras similitudes, cada rasgo, notando que incluso la forma de mirarme apretando los labios cuando está a punto de llorar es exacta a la mía.

En su mirada hay un amor desbordante dedicado a una hija que no conoce y que no crió.

Este hombre despertó ayer igual que cada mañana sin saber que se enteraría de que tenía una hija de veintiún años que había vivido a unas horas de distancia. Lo cual me lleva a preguntar:

—¿Eres feliz de saber que existo?

Sus labios se transforman en terremotos y su rostro se arruga en su integridad, dejando que las lágrimas se desparramen en un pestañeo.

—¿Feliz? —su voz se rompe—. Esa es una palabra muy pequeña comparado con cómo me siento.

Una lágrima cae sobre mi mejilla. Cunde un silencio en la habitación en el cual no es necesario decir cuál es nuestra relación, somos conscientes de lo milagroso que es este momento. Aun así el miedo sigue percibiéndose en él.

—Lobelia, no sé cómo pedirte esto sin que suene a ruego porque eso es en efecto lo que voy a hacer.

—Junta sus manos encorvándose con un aspecto débil—.

¿me darías la valiosa oportunidad de conocerte?

Sé que no se puede recuperar el tiempo perdido, pero estoy dispuesto a hacer lo imposible si con eso puedo formar parte de tu vida de ahora en adelante, aunque sea solo un poco.

Inhalo profundo movida hasta mis huesos por la sinceridad que desborda y la vulnerabilidad con la que pronuncia cada sílaba. Es la voz de un padre amoroso. Me tomo un segundo para responder hasta que me seco una lágrima, asiento y cojo sus manos.

—Sí, yo también quiero conocerte —contesto con una mirada llorosa.

Su rostro se va distorsionando hasta que se quiebra en un alivio eterno.

—¡Gracias!, ¡gracias!, ¡gracias!…

Se perciben otros sollozos provenientes de Mabli y sus padres. Cruzo miradas con Rhoan y me descoloca un poco su seriedad, sin embargo en sus labios se dibuja una sonrisa moderada y suficiente para contagiar mi humor conmovedor. Después de que Garran se calma Bera suelta un leve aplauso.

—Bueno, ¿qué os parece si habláis con tranquilidad? Nosotros prepararemos el desayuno.

—¡Quiero quedarme! —exclama Mabli.

—No, cariño. Vamos a la cocina —le dice Ewan—. ¿Te apetece darle forma al pan? A Lobelia le encantará, ¿verdad?

Mabli me observa, le sonrío y asiento.

—¡Vale! ¡Quedará muy bonito, Lobelia! —Le fascina la idea de inmediato.

Se van retirando juntos. Rhoan da los primeros pasos para irse con ellos cuando algo se apodera de mí y cojo a gran velocidad la manga de su suéter. Su cabeza gira y en lo poco que muestra veo sorpresa. Se desata mi vergüenza, mi cuerpo se movió solo pero ya no puedo arrepentirme.

—¿Puedes quedarte? —susurro sonrojada. Le da un vistazo a Garran y yo también me giro—. ¿Puede?

—Sí, por supuesto que sí. —responde sin pensarlo—. Rhoan, por favor.

Él lo mira callado y asiente en silencio. Se oye un tarareo de Bera.

—Os traeré la tetera —avisa antes de retirarse. Nos deja un juego de té en la mesa y se va de vuelta a la cocina. Rhoan llena la tetera en un segundo con agua hirviendo. Me maravilla cómo puede hacer cosas así sin una pizca de esfuerzo.

—¿Te lo ha dicho ya? Algunos Adair pueden controlar las temperaturas del agua pero Rhoan es el único capaz de alcanzar los límites del hielo y el vapor —menciona Garran notando mi expresión.

Lo miro tímida al haber sido tan obvia. Después mis ojos se cruzan con los de Rhoan. ¿El apellido tiene que ver con el elemento? Si es así, ¿Adair es del agua?

—Por ahora —dice él rascando su barba.

Está avergonzado , adivino encantada con una media sonrisa.

—¿Qué infusión te gusta? —me distrae Garran.

—Em…, ¿rosas?

Mueve sus dedos. Noto movimiento sobre la tetera y es en ese momento que me quedo boquiabierta. Perfectos y grandes pétalos aparecen por encima hilándose suspendidos en el aire y caen en el agua.

Se me escapa una sonrisa que se siente hasta inocente.

—¿Cómo has hecho eso?

Mi pregunta lo alegra.

—Mi elemento es de tierra pero también puedo hacer crecer plantas.

Es increíble.

—Solo los Xyla más fuertes pueden crear seres vivos —puntualiza Rhoan—. La mayoría solo controla la tierra y algunos minerales.

Así que el apellido sí tiene que ver con el elemento , deduzco. Entonces Garran es un elementalista poderoso como Rhoan.

—¿Es algo común? —sigo curiosa.

—Hay miles de Xyla en el pueblo pero solo treinta tenemos la habilidad en este momento. Después puedo contarte más —agrega haciéndome entender que hay otras cosas que debemos hablar antes que eso.

—Está bien.

Nos envuelve un silencio en el que aclara su garganta.

—¿Puedes hablarme de tu vida? —pregunta.

Trago y asiento mirando a Rhoan. Él también escuchará.

Empiezo a hablar un poco de todo tras asumir que después tendremos tiempo de sobra.

Cuando les hablo sobre mi primer ataque de asfixia a los diez y cómo pasé toda mi vida con dificultadas para respirar, Garran se rompe.

Resumo mi vida hasta el día de ayer en el que tuve mi despertar.

Prefiero no mencionar mi cumpleaños. Si Rhoan me felicitó anoche es porque aquí también lo celebran y sería otra cosa que agregar a la tristeza de Garran.

Al culminar con el largo discurso de mi vida soy yo quien pregunta esta vez:

—¿Cómo es que eres mi padre si pareces tan joven? No te echaría más de treinta años.

Garran observa a Rhoan en pánico. Él inhala profundo y se acomoda para estar de cara a mí.

—Lobelia, hay algo que necesitas saber antes que nada —su gentileza es igual a un suspiro al oído.

Asiento lento—. Como hijos de Emdor somos una especie diferente a los humanos.

No sufrimos enfermedades crónicas y nuestra velocidad de recuperación es superior.

Pero lo que nos diferencia en definitiva es que vivimos… un poco más.

Siento un escalofrío por la nuca y trago saliva.

—¿Cuánto más?

Moja sus labios.

—Trescientos años es el promedio pero algunos pueden llegar a los trescientos cincuenta o cuatrocientos.

Palidezco y permanezco en silencio por un momento. Eso no es un poco más .

—¿Eso me afecta a mí también? —titubeo aunque la respuesta parece evidente por sus miradas. Esta vez quien habla es Garran girando su taza.

—Desde los veinte años debes haber empezado a envejecer mucho más lento.

Enmudezco intentando asimilar lo que dicen. La cabeza ya no me da para este tipo de descubrimientos. Mis labios tiemblan ya que se trata de una verdad tan impactante como el haber descubierto que soy una Protectora.

—Entonces, ¿cuántos años tienes? —pregunto por tercera vez.

Se toma un momento antes de contestar.

—Tengo ciento veintisiete años.

—U-Un momento, ¿a qué edad me veré como mi madre? —pregunto a Rhoan—. Tú la viste, tiene sesenta años.

—A los doscientos cincuenta, tal vez —contesta.

Me cubro la boca y mis ojos se humedecen al instante.

Más de doscientos años pasarán hasta que envejezca como mis padres.

Rodric, ellos, el ducado Benmore que amo y conozco desaparecerá y cambiará con el pasar del tiempo mientras yo seguiré en mi juventud.

La diferencia entre mi familia y yo nunca se sintió tan vertiginosa.

Se hace tan claro como el agua el hecho de que nunca pertenecí a ellos.

Sus expresiones se bañan en tristeza cuando notan mis espasmos entre sollozos.

—Estoy bien, solo darme un momento —les pido.

No parece real, creo que no me lo creeré hasta que pase el tiempo pero el que lo digan con tanta seguridad me hace caer en la ansiedad.

¿Seré capaz de afrontar la muerte de mis seres queridos, al saber que no quedará nada más que las flores sobre sus tumbas mientras yo sigo en la primavera de mi vida?

Mis ojos se levantan y veo que Garran sube una mano al centro de su pecho.

—Juro en el nombre de Emdor —el anillo en su dedo igual al de Rhoan empieza a brillar.

Unas runas se revelan en su piel similares a las que yo tenía anoche pero con símbolos diferentes.

Se muestran otras también en diferentes zonas de su cuerpo.

Una en el cuello, otra en su muñeca y quién sabe si hay más—, que de ahora en adelante la felicidad de mi hija Lobelia tendrá prioridad sobre la mía, y haré lo que esté a mi alcance para que el pueblo de Emdor se convierta en su hogar.

—Garran… —murmura Rhoan sin palabras.

Algo se escribe en su piel en un idioma desconocido. Las letras se juntan y se convierten en una runa que se traslada al dorso de su mano izquierda. Poco después se desvanece junto a las demás.

—¿Qué fue eso? —susurro.

—El juramento del Gran Roble es un ritual simple pero muy poderoso.

Solo tienes que poner tu mano con el anillo sobre el corazón y pronunciar las primeras palabras, juro en el nombre de Emdor —explica Rhoan—.

Él escucha y es el juez que decide si acepta el juramento o no.

En este caso lo ha aceptado ya que ha aparecido su sello.

Si no cumples tu palabra sufrirás un agudo dolor en el alma durante el resto de tu vida.

En caso de tratarse de alguna acción física como prometer que no irás a algún lugar, Emdor te obliga a cumplir en contra de tu voluntad.

¿Qué? Mantengo mi silencio y miro a Garran impactada, no solo por la magia que me acaba de mostrar sino tras repetir en mi cabeza lo que acaba de pronunciar. Mis lágrimas se intensifican por lo conmovida que me siento. Me ha confirmado que me quiere con una promesa tangible.

—Cuando vives tanto, el tiempo pasa a segundo plano —dice él con una mirada que me llena el corazón—.

Cada día se te presenta algo nuevo, personas que se cruzan en tu camino, aprendizajes, cosas que te hacen reír o enternecer y es allí cuando la cantidad de fragmentos que amas de tu vida se vuelven incontables.

Tener una larga vida es un regalo, Lobelia.

Serás feliz con nosotros y algún día aunque no me creas ahora trescientos años te parecerán insuficientes.

—Tu padre tiene razón —pronuncia Rhoan con sus ojos enrojecidos. Las palabras de Garran lo han conmovido—. Tu vida será extraordinaria a partir de ahora, Lobelia. Te lo prometo.

Permanezco en silencio hasta que les regalo una gentil sonrisa y seco mis lágrimas. Supongo que en trescientos años no estaré sola al final del camino.

—Desde que era niña pensé que tenía el tiempo contado y ahora resulta que me quedan muchos años por vivir.

—Pronunciándolo en voz alta mi corazón se siente mejor.

Si mis padres y Rodric se enteran dudo que la noticia les aflija y más bien mi madre llorará de felicidad.

Son muchas las veces que la vi desconsolada a escondidas con mi padre acompañándola pensando en el momento en que me perderían.

Al ver mi expresión se relajan y el silencio se transforma en uno cómodo. Rhoan recalienta el agua en la tetera con un simple movimiento de sus dedos desde la distancia y con eso rellenamos nuestras tazas para seguir con la conversación. Ya que estamos aquí quisiera saber al menos lo básico.

—¿Puedes decirme quién eres y quién es mi madre?

La persona que me abandonó. Por un instante Garran entreabre sus labios. Unos segundos después asiente y suspira. Le da una vuelta lenta a su taza con sus ojos perdiéndose en el vacío.

—Para eso te hablaré de una historia famosa en el pueblo —anuncia—. Se conoce solo lo principal pero yo te la contaré con detalles.

Y por un instante noto a Rhoan interesado. Tras un momento silencioso Garran comienza a hablar.