Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 10
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Capítulo 10

Abro los ojos en el bosque y me encuentro en un claro rodeada de árboles primaverales, donde se concentran miles de mariposas morpho azules que me evocan una inusual sensación de ser observada. No me molesta y por el contrario lo siento como un saludo que me produce nostalgia.

Los rayos del sol me iluminan y hacen sentir cálida mi piel.

El suelo cubierto de musgo es cómodo y me entran ganas de acostarme.

Aun así estoy confundida ya que juraría que hace un momento estaba en los brazos de Rhoan Adair.

¿Musgo?, ¿flores? Es la noche del solsticio de invierno.

No es la realidad pero tampoco es un sueño, puedo sentir y oler pero mi corazón me dice una y otra vez que estoy dormida.

Aparece frente a mí un lobo blanco. El iris de sus ojos me recuerda a los diamantes en los que parece verse el mundo entero con total claridad.

Irradia un precioso y mágico aura destellante que forma un suave arcoíris similar a los de la lluvia.

Atrae a las mariposas que aletean a su alrededor con algunas que se posan en su lomo.

En un acto reflejo extiendo mi mano intentando alcanzarlo con ansias. Se aproxima y tras cada paso nacen flores de distintas especies en el suelo. Deja que lo acaricie y cierra los ojos.

—Gran Emdor —continúo tocando el pelaje debajo de sus orejas y suspiro feliz. Escucho una voz en eco en mi interior, una sola palabra.

No logro descifrar lo que dice ya que mis oídos lo bloquean como si estuviera bajo el agua.

Aun así siento la confianza de poder abrazarlo con fuerza.

Una sensación de renacimiento me envuelve y una luz sale de mi interior.

Es tan grande y cegadora que mantengo mis ojos cerrados.

Por un momento pierdo la consciencia para volver a despertar.

Muevo el cuerpo con lentitud después de haber dormido de maravilla, despertando de un sueño en el que he recuperado toda la energía que siempre me faltó.

Puedo sentir mis pulmones expandiéndose sin esfuerzo y mi cuerpo rebosa de fuerza y está listo para correr.

Ni siquiera he terminado de despertar y ya estoy inundada de alegría.

Nunca me había sentido tan bien. ¿Así es vivir con salud?

No quiero volver a caer enferma en mi vida.

De repente recuerdo a mi familia y nuestra dolorosa y abrupta despedida.

Respiro hondo confiando en que volveré a verlos, Rhoan lo aseguró.

Estarán bien , aclaro mi mente. Percibo el dulce cosquilleo de antes de quedarme dormida.

Muevo el pulgar y acaricio el anillo aún en mi dedo que acelera mi corazón. Solo significa una cosa.

Abro los ojos.

—¡Despertó! —Mi mirada se cruza con la de una tierna niña de ojos grises con una despampanante sonrisa.

—Dale espacio, Mabli —hace presencia su voz y mis latidos estallan.

Me incorporo para buscarlo y lo encuentro sentado en una silla mirándome a un lado de la cama.

Lleva un suéter hogareño de lana diferente a sus apariencias previas con chaquetas gruesas.

El verlo al despertar me llena el corazón, mis ojos pretenden humedecerse pero los mantengo bajo control con parpadeos rápidos.

No puedo dejar que descubra lo obsesionada que he estado por él desde que lo conocí.

—Hola. —Peino mi cabello detrás de mi oreja.

—Hola, ha salido el sol hace poco, ¿cómo te sientes?

—Mejor que nunca. —Levanto las comisuras de mis labios.

Su mirada se suaviza igual que ayer, no obstante noto que por algún motivo está más distante. Tal vez son imaginaciones mías.

Nos encontramos en un dormitorio infantil, las paredes son de piedra y tanto el suelo como el techo son de madera de excelente calidad.

La cama es individual, hay juguetes de madera en una esquina y libros infantiles en la mesita de noche.

También cosas curiosas que se pueden encontrar en el bosque.

—Ella es mi hermana menor —presenta a la pequeña—. Tiene diez años.

—¡Soy Mabli Adair! —Se inclina de un lado al otro pintándose una sonrisa vivaz en sus labios.

—Es un placer, Mabli —respondo con suavidad.

—Lo mismo digo. —Ella luce encantada.

Agradezco que esté presente ya que me sirve para mantener los pies en la tierra por el mero hecho de que Rhoan está frente a mí sin señales de que volverá a desaparecer.

Aun así, es extraño pero me siento mil veces más lúcida de lo que he estado en el último año y medio y mi mente piensa con claridad.

La atracción inagotable hacia él sigue allí pero mi corazón está apaciguado y la desesperación se ha esfumado.

En el breve silencio, Rhoan retoma la conversación.

—Te ves sana, por fin tus mejillas tienen color. —dice él y justo por eso siento cómo se saturan más. Bajo la mirada para que no lo descubra y tras notar algo me veo confundida.

—¿Estoy… limpia?

Mi cuerpo está impecable y mi cabello limpio, ¿no estaba llena de sangre y sudada por la fiebre?

—¡Mi hermano lo hizo! ¡Es muy bueno! —aclara Mabli con una voz alta y orgullosa.

—El agua de nuestro poder es purificadora.

—Hace un movimiento con su mano que produce una pequeña esfera de agua suspendida en el aire que me toma por sorpresa y me hace recordar que lo de ayer no fue un sueño.

La magia sí existe—. No te queríamos despertar así que fue lo más rápido para no bañarte. Lo pasé por encima de tu ropa.

Mi corazón late por un instante, intenta decirme que no me vio desnuda.

El agua se mueve a un vaso vacío en la mesita de noche y me lo ofrece.

Dudo un poco aún sorprendida hasta que lo cojo y me lo llevo a la boca.

No había caído en cuenta de que estaba muerta de sed así que bebo con gusto.

Es muy fresca y la hace aparecer de la nada, dejándome sin saber qué pensar o decir.

—Gracias, ahora no tendré que tirar el vestido —trato de no sonar nerviosa.

—De nada —contesta él con una mirada amable.

Noto a Mabli con sus ojos eufóricos mientras mira mi mano, el anillo continúa brillando y es entonces cuando caigo en cuenta de ello.

—Ah, gracias por esto.

Me lo quito titubeando y las runas se desvanecen. Cuando se lo entrego a Rhoan, lo observa por un segundo.

—No hay de qué. —Al colocárselo el anillo se ajusta a su medida y brilla un momento regresando a la normalidad.

—¡Lobelia, eso—

—Mabli —la detiene Rhoan con una voz seria.

Ella hace un puchero.

—¿Qué? —hablo extrañada.

Mientras ella mueve sus labios observando a su hermano con una graciosa mirada de culpa, Rhoan le alza una ceja en advertencia. Un pequeño intercambio de expresiones que me da ganas de sonreír. Son parecidos a Rodric y a mí.

—Hay que omitirte algunas cosas por ahora y espero que mi hermana haga caso, porque es de suma importancia que se mantenga así —me responde Rhoan aunque su mirada está en su hermana que pone morritos mientras él enfatiza las palabras.

Al cabo de un momento me observa con una expresión extraña—.

Lo siento, prometí que te lo diría todo hoy pero… no será posible por el momento.

Lo miro con la impresión de que quien más sufre por ello es él. Asumo que quienes son sus superiores se lo han prohibido. Debe ser por eso que lo noto más serio. Si es así no hay nada que se pueda hacer.

—Está bien, no preguntaré. —Hago una pausa en la cual ambos se relajan. Después hago contacto visual con Rhoan—. ¿Cómo está… mi familia?

—Celyn y Aron regresaron anoche después de haberlos dejado a salvo en la entrada del castillo —explica y saca algo del bolsillo de su pantalón—. Tu hermano te envía esto.

Un papel que se nota que fue doblado aprisa. Mi corazón se acelera al observarlo. Lo despliego con lentitud.

Más te vale asistir a mi boda.

Mis ojos se llenan de lágrimas, dejando ir una extraña y a la vez aliviada risa entre sollozos.

Es su letra. Una simple frase nunca me había dado tanta fuerza.

Gracias a una corta línea escrita la tragedia se transforma en una mundana despedida por la mañana.

Mis temores se desvanecen. Viviré bien, me haré fuerte y los volveré a ver con la frente en alto.

—Gracias.

Cierro los ojos y suspiro secándolos. Aunque ha sido repentino, ellos serán capaces de seguir con sus vidas. Estarán ocupados ideando alguna excusa por mi desaparición para cuando la noticia se expanda.

Una vez me he calmado, tanto él como Mabli me miran callados. Ella con un puchero con ganas de consolarme y él con una mirada silenciosa que no sé qué significa. Aclaro mi garganta, doblo el papel y les muestro una mirada tranquila.

—Estarán bien, mi familia y yo somos de pies firmes —expreso y con eso se relajan.

De repente Rhoan le da un toque a Mabli en la nariz. Es un pequeño gesto que entibia mi corazón.

—¿Puedes bajar y decirles que Lobelia despertó? Tengo que hablar con ella primero.

¿Hablar conmigo de qué? Hace que las ansias se me suban. ¿Tendrá que ver con el tiempo que pasó?, ¿con la apuesta? Estoy preparada para lo que venga, estuve esperando casi dos años por él y ni muerta perderé una segunda oportunidad en cuanto me la dé.

—Vale —responde la pequeña poniéndose de pie con sus ojos impregnados de curiosidad, observándonos tanto a su hermano como a mí. A pesar de eso cierra la puerta con madurez al salir.

Se impone un silencio indescriptible en nuestro contacto visual.

Segunda vez que estoy a solas con el mismo hombre en una habitación.

Contrólate, Lobelia , reflexiono con una respiración larga.

Ya no siento la misma desesperación delirante de verlo así que no tengo excusas para no mantener la compostura enfrente de él.

—Mis padres harán el desayuno, debes tener hambre —señala—. Si te gusta algo en particular puedes decirme.

Apenas habla de comida siento mi pobre estómago vacío.

—¿Qué coméis aquí? —pregunto tímida.

—No comemos carne pero sí lácteos. Nuestros animales son libres y felices con nosotros.

Igual que los creyentes de la luz. La religión dictamina que toda alma es valiosa por igual, por eso Rodric siempre odió la guerra. Me alegra poder seguir con los mismos hábitos.