Capítulo 8 #2
Las lágrimas estallan en mi rostro. Se detiene a mi lado, la cabeza me pesa y solo puedo ver sus botas hundidas en la nieve a mi lado.
Su presencia me hace sentir a salvo y sin explicación alguna siento que mis pies se calientan cubiertos por agua tibia que se amolda a la forma.
No lo pienso demasiado ya que tengo otras cosas en mi cabeza, solo me importa el hecho de que ya no siento frío y Rhoan está a mi lado. Ha regresado por mí.
—P-Protectores —tartamudea la bruja de tierra.
Parpadeo y mi corazón brinca. ¿Qué ha dicho?
—Sabes lo que significa —le responde Rhoan.
Sin tiempo para reaccionar el cuerpo de la bruja se congela hasta el cuello hasta estallar en mil pedazos. La tierra que nos sometía se convierte en polvo.
Antes de caer al suelo Rhoan me atrapa en sus brazos. Apenas inhalo, mis nervios se esfuman al percibir su aroma y su cuerpo cálido.
—Vaya con su familia —le pide a mi madre y ella asiente, acariciándome un momento para hacerle caso de inmediato. A un hijo de Emdor no se le desobedece, su palabra es ley.
—¡No moriré aquí! —grita la bruja de agua que sigue libre e intenta huir.
—Conviértela en cenizas —el rencor en la voz de Rhoan es evidente mientras me aprieta contra él.
—Considéralo hecho —dice alguien más, viene acompañado.
—¡No! —exclama la bruja.
Se escucha un crepitar. Puedo girarme un poco y ver cómo unas llamas intensas la atacan con una dirección controlada.
Cuando se mueven en el conflicto alcanzo a ver al pelirrojo y al rubio que no recuerdo cómo se llaman.
Con la bruja de agua distraída, Rhoan coge mi mejilla.
Mi mirada se torna conmovida en el instante en que mis ojos se encuentran con los suyos.
No es un sueño, de verdad es él. Siento cómo mi cordura regresa.
Aprieto su chaqueta para que no me deje ir y una lágrima se escapa de mis ojos.
Mi corazón se quema pero no por el dolor que padezco sino por la intensidad visceral e irracional de lo que este hombre despierta en mí.
—¿Puedes respirar? —pregunta mientras retira las lágrimas de mi mejilla con una confianza absoluta.
Niego con lentitud, no puedo mentirle, me siento ahogada. Él traga saliva.
—¿Recuerdas la apuesta que hicimos? Eres una mujer de palabra, ¿cierto? —me recuerda. Casi encontrando gracioso lo que dice le sonrío con suavidad y asiento. La amargura se cuela arrepentida por ese trato que me llevó a extrañarlo durante casi dos años—. Vivirás, Lobelia. Nunca estuviste enferma.
Presiono mis ojos por otra punzada de dolor. Me inclino y vomito sangre asqueada por el sabor a hierro, dejando una mancha roja que contrasta con la blanca nieve. Soy peso muerto en sus brazos y termina por cargarme.
—Aguanta, por favor —expresa preocupado y después habla en voz alta—. ¡Me la llevaré!
—¡Sí, vete ya! —exclama el pelirrojo quien lucha contra la bruja. La mujer resiste determinada a escapar—. ¡Nosotros nos encargamos de su familia!
Rhoan se aproxima a mis padres y Rodric coge mi mano con Duster a su lado. Me alivia verlo ileso.
—Lo siento pero tengo que llevarla conmigo ahora mismo —anuncia atropellado—. Está teniendo su despertar y no soportamos respirar lejos del Gran Roble. A este paso morirá agonizando.
Mi mirada se alza a la suya con sorpresa.
¿Es la razón por la cual no había podido respirar bien en toda mi vida?
De verdad soy una hija de Emdor, pero eso no es lo único que me ha tomado desprevenida.
Así que este es el porqué , concluyo. Rhoan sabía desde el principio lo que era y que me vería obligada a irme con él para sobrevivir.
Por eso aceptó la apuesta con tanta confianza. ¿Cómo lo supo?
Rodric aprieta su agarre, tuvo razón en haber venido al bosque.
—¿Podremos volver a verla? —pregunta mi padre con tristeza y gran respeto.
—Haré que suceda pero tendréis que tener paciencia —promete.
Mi familia asiente sin reclamar y me miran destrozados al saber lo que eso significa.
En ese momento mi instinto de atarme a Rhoan se desvanece al caer en la cuenta de que es hora de decir adiós.
Tal vez muy en el fondo ya todos sabíamos que terminaría así.
Lo siento . Hace apenas un día le prometí a Rodric que no desaparecería y mira en lo que hemos acabado.
A mi cuerpo no le queda tiempo y ellos lo saben.
Prefieren guardarse lo que quieren decir y cada uno me da un beso en la frente.
Rodric me da uno extra en el dorso de mi mano.
—Los Benmore no ceden ante la adversidad —dice con lágrimas en su rostro.
Ahora más que nunca comprendo el significado de esas palabras. Asiento con mis mejillas bañadas en lágrimas.
—Os quiero… —mi voz es entrecortada y poco perceptible.
Rompen en llanto.
—Y nosotros a ti. —Sonríen con amor.
Escuchamos gritos, observamos a la bruja ser quemada por los dos compañeros de Rhoan firmes y sin un rasguño.
Me deja tranquila saber que se ha acabado.
Hay un silencio hasta que Rhoan empieza a caminar.
Mi mano se desliza de la de Rodric hasta que la distancia nos separa.
El llanto cunde mientras los pasos de Rhoan son firmes, cuando mi madre estalla.
—¡No, espera! ¡Mi niña! ¡Quiero verla una vez más, POR FAVOR!
Su alarido es desgarrador. Logro asomarme solo un poco y la veo luchando en los brazos de mi padre para correr hacia mí.
Se desploma de rodillas en la nieve con él mientras que mi hermano los abraza también.
Mi corazón se quiebra, no me cabe el dolor más allá de mi padecimiento.
Rhoan camina a paso seguro y lloro exhausta.
Me aferro a la tela de su chaqueta y pego mi frente a su barba para buscar su consuelo.