Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

En el camino se dedican a distraerme con anécdotas de las veces que han venido. Puedo adivinar que tienen miedo de que vuelva a cerrar mis ojos, pero estoy más despierta que nunca porque el dolor me impide descansar.

Historias ancestrales sobre el Bosque de los Perdidos son alimentadas por los valientes que cada cierto tiempo se atreven a cruzar el puente de piedra. Solo quienes van acompañados por un Benmore sobreviven gracias a su antigua amistad con seres que vivían en este bosque, o eso dicen.

La nieve en el suelo bajo los árboles es menos densa que en el exterior y les permite caminar sin sobreesforzarse. Mi hermano mantiene su mirada en mí cada cinco segundos asegurándose de mi estado hasta que en una de esas de repente cambia su expresión.

—Rodric —lo llama mi madre a su lado y hace contacto visual con él. Su tensión me pone de los nervios y me hace esforzarme para girar el rostro con gran lentitud. Descubro la expresión hostil de mi padre y me estremezco.

¿Qué sucede?, ¿lobos? , pienso con miedo.

En silencio ralentizan su andar y mi madre coge las riendas de Duster.

Levanta un poco su falda y descubro que llevaba un cuchillo bajo su vestido.

Mi hermano extiende su brazo al bolso en la parte trasera de su caballo y veo el brillo sutil de dos dagas.

Se adelanta y se coloca al lado de mi padre para entregarle uno con disimulo.

—Salid ahora —ordena mi padre—. Nos habéis estado siguiendo.

No son lobos, entonces.

—P-Perdone… —se escucha una miedosa voz femenina—. Nos dijeron que podíamos conseguir buena leña en este bosque pero nos hemos perdido.

De unos árboles frente a nosotros aparecen tres mujeres con expresiones nerviosas.

Me erizo entera con un escalofrío brutal causado por una emoción que nunca había sentido.

Cuando veo sus ojos algo dentro de mí despierta disparando todas mis alarmas.

¡Necesito advertirles ahora! Mi cuerpo no responde y están distraídos con ellas.

Escucho a mi madre suspirar de alivio y veo a mi padre y a mi hermano suavizar el agarre de sus dagas. ¡No!, ¡no bajéis la guardia!

—Está prohibido talar en estas tierras —les explica mi padre—. No sé quién os habrá dicho eso pero debéis regresar al pueblo. Si seguís por este camino llegareis sin problemas.

Les señala hacia el este.

—Lo comprendemos, ¡muchas gracias! ¿Y en caso de que nos volvamos a perder… —una de las mujeres sigue hablando.

¡Tengo que avisarles!

—Madre —susurro por fin. La veo con la mirada poseída por una inexplicable aversión.

Esos ojos tan negros como la oscuridad misma me han hecho estremecer con solo hacer contacto visual.

¡Esas mujeres son malignas! No comprendo mis instintos que me hacen sentir una hastía con tanta intensidad que mis ojos se nublan de lágrimas.

Por fortuna mi madre comprende mi señal y vuelve a poner una expresión seria.

—Joseph —llama la atención de mi padre que hablaba con ellas. Debido a su mirada él vuelve a tener la guardia alta. Nos entendemos entre nosotros. Mi hermano también ha captado.

—Señoritas, volveré a preguntar —advierte mi padre con una voz mucho más fría—. ¿Qué hacéis en el Bosque de los Perdidos?

Las mujeres pasan poco a poco de tener expresiones tímidas y sumisas a mostrar unas sonrisas retorcidas.

—Debe ser la que está moribunda, está llena de sangre —cuchichea una de ellas con un tono muy distinto.

—¡Mejor aún!, ¡matemos a estos tres y juguemos con ella un rato! —exclama otra con pasión.

Mi familia cambia a una posición defensiva y rodean el caballo.

—¿Quiénes sois? —pregunta Rodric con gran odio.

—¿Nosotras? —Le sonríe. Unas rocas aparecen y golpean las manos de mi familia.

El ataque sorpresa les obliga a soltar sus cuchillos, y unas formas rocosas los tumban de rodillas y la tierra cubre sus manos y pies.

No hay manera de moverse ni un centímetro.

No comprendemos qué sucede—. ¡Somos brujas!

—grita una de ellas con una voz oscilante entre demencia y euforia.

Palidezco más de lo que ya estaba. En efecto, mis instintos que perciben su maldad pura me dicen que no son humanas. ¿Por qué mi familia no se ha dado cuenta?

Las mujeres caminan hacia nosotros y el caballo de mi hermano se inquieta.

—Lobelia, huye con Duster —me pide Rodric en voz baja con sus manos doloridas.

—Haz caso a tu hermano —me ordena mi padre y mi madre asiente al otro lado.

Solo tengo que darle la orden al caballo y podré salir con él desbocada de aquí pero, ¿abandonar a mi familia? No puedo hacer eso. Para empeorarlo siento un nuevo ataque en mi interior. ¡Duele! me agarro el pecho. Cada vez se hace más intenso.

—Niña, ¿por qué no bajas de ahí? —pregunta una de las mujeres—. A menos que quieras que también matemos al caballo.

Reacciono nerviosa a su amenaza y aun así mi cuerpo no obedece.

—¡Ni siquiera puede bajarse! ¡Está al borde de la muerte! —se ríe a carcajadas una de las tres—. La ayudaré.

Una forma rocosa me agarra por la cintura y Duster relincha al tiempo que mi cuerpo se eleva en el aire. Me bajan delante de mi familia quedando frente a las tres brujas.

—¡Soltadla! ¡Soltad a mi hija, monstruos! —ruge mi madre luchando en vano por zafarse de la tierra.

Sujetan mis manos y me mantienen de pie con los brazos extendidos.

Al no tener nada de fuerza me quedo colgando.

Mis piernas no responden y ahora que estoy con mis pies sobre la nieve solo con las medias me siento peor.

Duster aparece galopando hacia las brujas y patea a una de ellas con una fuerza bestial.

La mujer despega del suelo e impacta contra un árbol quedando inconsciente y ojalá muerta.

No se detiene e intenta patear a las otras dos.

Duster, no. Lloro mientras sigo colgada. No quiero que le hagan daño.

—¡Animal estúpido! —exclama una de las que queda y lanza al pobre con una ola de agua.

—¡No! ¡Duster! —grita Rodric.

El golpe, ¿fui la única que no lo escuchó? Todos están distraídos por lo que ha sucedido.

Las dos mujeres se miran entre ellas hasta que estallan en carcajadas.

La que controla la tierra atraviesa el pecho de la que quedó inconsciente con una roca que sale del suelo.

Me sobresalto y mis ojos se abren en el acto.

Me recorre un escalofrío por la nuca, impactada por la cantidad de sangre.

Le deja un repugnante agujero del tamaño de la cabeza de una maza. ¿No eran compañeras?

—¡Más para nosotras! ¿Por dónde íbamos? —dice la mujer.

—En hacer que vea a esos tres morir. ¡Esperemos a cuando comience a agonizar! —responde con emoción la que manipula el agua.

En un terrible momento quedo de nuevo privada de dolor al sentir otra punzada.

Se hacen cada vez más frecuentes. Mi nariz se siente húmeda y una gota cae al suelo.

Pensaba que mejoraba ya que puedo respirar mejor pero apenas es el comienzo.

El dolor en mis venas se torna agonizante y cuatro runas en vertical emanando una luz blanca aparecen en mi pecho. ¿Qué me sucede?

Todos se callan por un instante e incluso las brujas parpadean con asombro.

—¡Vaya!, ¡fantástico! —Salta de felicidad la bruja de tierra. Pasa su pulgar por mi nariz y lame la sangre.

—Hija… —llora mi madre y suelta un quejido súbito que me alarma.

—¡Madre! —grita Rodric.

—¡Dejad a mi esposa! —ruge mi padre.

Aparece frente a mí envuelta en tierra. Su rostro está lleno de lágrimas que desearía poder secar. La bruja de tierra se pone a su lado y coge su barbilla para que me observe.

—¡Deja de lloriquear!, ¡ella no es tu hija! ¡¿No ves esas sucias runas sagradas?! —anuncia con una mirada divertida—. ¡Esta mujer es una maldita hija de Emdor! ¡Una asquerosa Protectora!

Nos miramos pasmadas.

Los hijos de Emdor son seres vitales en las creencias de la religión de la luz.

También se les llama Protectores gracias a que nacieron para mantener a Emdor oculto y protegerlo de Lo Oscuro , no como la ausencia de luz sino como algo malvado e indigno de nombre que se dedica a corroer toda vida que alcanza, similar a una enfermedad terminal.

¿Yo, una descendiente directa del gran Dios?

Es imposible. Sin embargo, ¿hay alguna forma de demostrar que no lo soy?

Mi piel brilla con unos extraños símbolos que me recuerdan a los libros de Emdor que tenemos ocultos en la biblioteca del castillo.

Si estas brujas no están tan locas y lo que dicen es cierto, entonces he condenado a mi familia.

—¡Su corazón nos dará mucho poder!

Derrumbada en la posible verdad que sale de sus bocas y en la culpa que no puedo evitar sentir al haber arrastrado a mi familia a esto, comienzo a caer en cuenta de la realidad: no hay escapatoria y de verdad voy a morir, vamos a morir.

Estamos en medio de un bosque al que nadie entra y no tenemos la fuerza para defendernos.

Observo destrozada a mi madre, implorando perdón.

En sus ojos no se refleja sino amor puro, no hay ni una gota de arrepentimiento por haberme criado todos estos años.

Pienso en mi vida y en mis arrepentimientos, en especial en ese hombre que prometí olvidar. Me habría gustado verlo una vez más. Rhoan , suspiro resignada a morir y sirviéndome su nombre de consuelo. Es la última oportunidad que tengo para pensar en él.

De repente noto que mi madre mira confundida detrás de mí.

—Si tocáis a esa mujer os mataré de la manera más dolorosa y cruel posible. —Las brujas palidecen y sus risas se desvanecen de inmediato—. Tú ya no tienes opción ya que te atreviste a probar su sangre —gruñe al final.

Escucho una voz masculina, áspera y mortal detrás de mí, que al reconocerla mueve cada rincón de mi cuerpo en una avalancha de emociones. Solo la pude escuchar en un día de muchos, pero se incrustó en mi corazón y fue imposible de olvidar. Ahora no es mi imaginación, ¿verdad? ¿He escuchado bien?