Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 7
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Capítulo 7

Permanezco de pie en el trigal mirando al horizonte acompañada de mis doncellas.

Mañana es el solsticio de invierno, mi cumpleaños, pero mi felicidad hace mucho que se fue.

Como no hay plantación es solo un espacio vacío y nevado con el que me siento identificada.

Ya no sé qué hacer, todos los días me siento cansada al despertar y no consigo recuperar la energía.

Mi enfermedad está empeorando , enfrento la realidad y me entran ganas de llorar.

Rodric ya está bastante atormentado para que mi salud se venga abajo.

Mi congoja es tan intensa que no consigo disimular.

Ojalá Rhoan apareciera como por arte de magia y me llevase con él, así mi familia no vería mi deterioro.

No, es solo una excusa. Ojalá… solo me llevase y ya.

Debí irme con él. Durante meses he deseado que aparezca y que finja que nos reencontramos por casualidad obligándome a cumplir mi parte del trato.

El sentimiento no ha hecho más que crecer y no sé frenarlo.

Tampoco me entiendo a mí misma y esta obsesión visceral por un hombre que vi un solo día.

No tiene sentido y no es normal. Es tanto que no he podido vivir mi luto por Lucian como debo.

Encontrarme con su padre en las calles me hace sentir que llevo una soga de remordimiento en el cuello al ver que el señor intenta seguir adelante con fragilidad gracias al apoyo de las personas que lo conocen, mientras que yo no dejo de pensar en un misterioso desconocido.

Ni siquiera un amor a primera vista se sentiría así de sofocante, ¿no?

Hay algo raro cuando se trata de él, es sobrenatural.

Rhoan, ¿dónde estás? , lo llamo. Quiero tenerlo cerca otra vez y recordar su aroma.

¿De verdad se olvidó de mí? ¿No lo volveré a ver?

—Su alteza, no esté triste —susurra Lily detrás de mí con gran pesar.

—Estaré bien —mi voz es fragmentada.

Ellas creen que mis lágrimas son por Lucian pero nunca permitiré que descubran el verdadero motivo: me muero, y rechacé la oportunidad que se me dio de amar de verdad.

Soy consciente de lo crueles que son mis pensamientos en memoria de Lucian pero no puedo controlarme.

Observo el bosque con anhelo esperando que pueda consolarme.

Necesito acercarme y recordar que una vez la silueta de Rhoan apareció en mi vida desde aquí.

¿Por qué iba a entrar el día que lo conocí?

¿Algo lo llamaba también? ¿Entró ese día? Si es así, ¿Rhoan está en el bosque?

Sin excusas de hombres haciéndose los valientes, sin miedos de que algo malo sucederá y sin Lucian, por primera vez en mi vida doy un paso hacia el río.

—¿Su alteza? —Jessica pretende detenerme.

—Solo será un momento.

Tras dar el primer paso los siguientes son decididos. Por suerte está colina abajo.

—¡No debería, es peligroso! —exclama Lily.

Mientras me acerco al cruce en el río mis lágrimas comienzan a detenerse reemplazando la tristeza por emoción.

Tras veinte años de mi vida por fin cruzo el puente sin dudar y me detengo frente a los primeros árboles sin hojas por el invierno, observándolos no con miedo sino con admiración.

Son el inicio de un inmenso laberinto oscuro.

Casi todos miden más de veinte metros de altura y parecen un muro de advertencia.

Son los centinelas de la entrada al más allá.

—Su alteza, tengo miedo —se escucha la voz bajita de Lily detrás de mí.

—No voy a entrar, solo quiero mirar un poco —indico.

Para mi sorpresa no me siento tan cansada después de haber caminado hasta aquí. Extiendo mi mano hacia uno de los árboles y por instinto cierro los ojos y respiro profundo. Unos susurros me invitan a adentrarme, me insisten en  dar otro paso. Rhoan me espera , deliro.

—¡Lobelia Benmore!

La voz malhumorada de mi hermano me hace brincar. Abro mis ojos al instante girándome por la sorpresa. Yo…, ¿qué estaba a punto de hacer?

—¿Qué haces aquí? —le pregunto nerviosa.

—¡¿Qué haces tú aquí?! —Se acerca con pasos furiosos—. ¡¿Ahora quieres morir poniéndote en peligro a ti y a tus doncellas?!

—¡Claro que no! —niego en el acto—. Solo quería acercarme un momento, por supuesto que iba a volver.

—No te veía con la intención de hacerlo —me reprende y me hace tragar saliva.

Es cierto, quería entrar y no pretendía regresar.

Tenía pensado ordenar a Jessica y a Lily que se mantuvieran en la entrada para que no les pasara nada.

¿Por qué? ¿Por un hombre que ni siquiera sé si está allí?

¿Qué persona en su sano juicio entraría a un bosque mortal si no es porque está embrujada?

Entonces, ¿es eso lo que me ha hecho Rhoan?

¿Es así como entran los que se aventuran sin regresar?

, ¿tentados por un espíritu que te corrompe infectándote con una obsesión enfermiza?

Rodric me mira herido y mi corazón se encoge por la culpa. Al cabo de un suspiro exhala por la nariz.

—Regresemos.

Extiende su mano para escoltarme y miro su brazo con tristeza. Titubeo buscando alguna excusa.

—¿No podemos quedarnos un rato más? —le ruego.

Vuelve a estar en silencio un segundo.

—Está bien, pero al otro lado del río.

Mis comisuras se levantan un poco en agradecimiento y engancho mi mano en su brazo. Tras cruzar nos sentamos en el suelo al inicio de la colina.

—Jessica, Lily, podéis regresar —les dice—. Yo llevaré a Lobelia al castillo.

—Sí, su alteza —obedecen.

Sus palabras me deprimen ya que hace parecer que se encargará de un enfermo.

Sé que mi estabilidad mental se ha debilitado y todos creen que es porque perdí a Lucian pero no estoy loca.

Intento creer que de verdad no lo estoy.

Tengo miedo de decirles lo que me sucede con Rhoan porque creerán que estoy maldita.

Se impone un silencio inusual entre Rodric y yo en el que aprovecho para abrazar mis piernas e inhalar aire. Mis pulmones alcanzan unos milímetros más desde aquí.

Lo escucho suspirar.

—¿Qué ibas a hacer? —pregunta con más calma.

Escondo mis manos y aprieto los puños pensando en Rhoan por millonésima vez.

—Solo sentí la necesidad de acercarme. —Me quedo mirando al otro lado del río. Si le contase la verdad tendría que confesar que mi corazón fue impuro mientras Lucian deseaba con ansias nuestro matrimonio. Su muerte y su existencia se han convertido en una herida abierta para mi hermano.

Suelta un suave resoplo antes de responder.

—Antes solo venías una vez a la semana, ahora te quedas cada día hasta el atardecer. Nos tienes preocupados, Lobelia.

Se escucha melancólico y amargado, hace que me duela el corazón.

—¿Puedo contarte un secreto? —le pregunto para ayudarle a sentirse mejor.

Sonríe con moderación y asiente, lo que me ayuda a reunir coraje.

Unos segundos después señalo el bosque con parpadeos relajados—.

Desde mi primera asfixia he sentido que respiro mejor cuando estoy aquí y algo en el bosque me llama. Pronuncia mi nombre con precisión.

Me cuesta mirarlo porque pienso que creerá que perdí la cordura, no obstante cuando me animo a hacerlo su sorpresa es evidente. Admira los árboles pensativo.

—¿Crees que esté relacionado con tu nacimiento? —susurra a pesar de que solo estamos él y yo.

Mi corazón se llena. ¿Por qué cree tan fácil en lo que digo?

—No lo sé —Sonrío mientras mi mirada se va hacia el horizonte—. No se lo digas a nuestros padres, no quiero preocuparles.

Su silencio me sirve de promesa. Me abraza de lado motivándome a apoyar la cabeza en su hombro mientras que él recuesta su cabeza en la mía. Permanecemos callados durante un rato en el que la brisa fría me congela las mejillas.

—Ojalá pudieras entrar pero es muy peligroso para ti. Si nos atacara algún animal salvaje no podrías correr —menciona—. No lo digo solo por tus problemas respiratorios sino porque es demasiado denso y oscuro desde que entras. A veces la niebla baja al suelo y te impide ver a un metro de distancia.

Rodric ha ido incontables veces con mi padre y sé que no exagera, sin embargo por mucho que lo escuche de mil bocas para mí ese bosque no es causa de una pizca de temor. Es causa de admiración, de una extraña nostalgia que no sé poner en palabras y más aún si Rhoan también quería entrar.

—Lobelia, ¿estás aquí? —pregunta de la nada.

Me quedo mirándolo confundida—. Tu mente ha estado divagando desde hace meses y aún cuando mañana es tu cumpleaños tu mirada y tu corazón están perdidos en algún lugar distante.

—Su nariz enrojece y sus ojos empiezan a brillar por la humedad acumulada—.

Siento que si me descuido vas a desaparecer. ¿Es por… Lucian?

Mi mirada también se nubla y mis labios se separan temblorosos. Estaba tan sumida en mi despecho que no pensé en mi entorno. Él cree que es su culpa. Me apresuro a abrazarlo sentándome sobre mis rodillas.

—No es por él, Rodric. Y tampoco desapareceré —expreso—. Tengo miedo del tiempo, solo pienso en el tiempo.

Al menos le cuento una parte de la verdad.

—Deja de preocuparte por ello y vívelo, Lobelia —su voz es quebrada—. Vívelo con nosotros en el ahora, por favor. Necesito a mi hermana.

El nudo en la garganta me ahoga.

—Lo haré, lo prometo.

Asiento varias veces, arrastrada por una culpa abismal. Con esas últimas palabras me decido a cumplir mi promesa. Debo dejar ir a Rhoan y olvidar que alguna vez lo conocí. Mi familia me necesita.

Estoy sorprendida porque no creí que sobreviviría hasta este día. Terminan de cantar al unísono las felicitaciones y soplo las velas de la tarta, dejándose escuchar los aplausos en el enorme comedor iluminado por la cálida luz del sol que entra por los ventanales.

—Feliz cumpleaños, pequeña —me felicita mi padre con un emotivo abrazo—. Sabes cuánto te quiero y espero que este año se cumplan todos tus deseos. Si podemos ayudarte con ello no dudes en decirnos. Lo que quieras, mi niña.

—Gracias, padre. —Le sonrío con cariño.

Cuando nos separamos hay alguien esperando con ansias a ser la próxima.