Capítulo 4
Ha anochecido, no es demasiado tarde pero ya todos están en sus habitaciones listos para dormir. Observo la luna de pie en el balcón de mi dormitorio con mis brazos rendidos sobre el borde. El viento hace bailar las ondas de mi cabello y las cintas azul pastel que lo atan a los lados.
Es una noche silenciosa y deprimente, la noticia de que los hombres partirán en una semana ha llegado a sus hogares con certeza.
Hice bien en no salir, habría sido mal visto y puesto que ya se sabe, Rhoan y sus amigos habrán comprendido mis razones.
Tras ver las luces del pueblo puedo jurar que nadie ha tenido ganas de beber ni una jarra de alcohol.
De repente escucho el crujido de la madera en mi habitación. Doy media vuelta y me separo del borde del balcón. Permanezco quieta unos segundos sin oír nada más.
—¿Jessica?, ¿Lily?
Entro y recorro mi alcoba con la mirada.
Todo está en orden y el silencio es pacífico, por lo tanto puede que haya sido mi mente protestando para que me vaya a dormir.
Para ser honesta, estoy exhausta. Me giro lista para ir a mi cama cuando de repente una sombra se abalanza sobre mí y cubre mi boca.
Se me va la sangre del cuerpo pensando lo peor hasta que me veo invadida por un relajante aroma a musgo y madera.
—Tranquila, Lobelia —pronuncia con su voz varonil y el corazón se me detiene. Nota que lo he reconocido así que libera mi boca y retrocede. Los latidos en mi pecho no paran y más bien incrementan con un retumbar casi amenazador.
—Rhoan, ¿qué haces tú aquí? ¡Si te descubren te encarcelarán!
Su expresión no titubea al tiempo que me arrincona contra la pared. Su cuerpo estoico es intimidante junto a su mirada firme, sin embargo no produce más que latidos desenfrenados que me hacen tragar.
—No tengo mucho tiempo así que seré directo. Háblame sobre los lobos y sobre los problemas de salud a los que te referías cuando hablabas con ese hombre en el laberinto —me interroga—. Vi que se te dificultaba respirar.
—Espera, ¿me has seguido? —descubro atónita.
No se molesta en responder. Por lo que dice escuchó toda mi conversación con Lucian y eso fue esta tarde.
¡Sabe de mi futuro compromiso! Pero eso no es lo que debería preocuparme.
Si consiguió traspasar la impenetrable seguridad del castillo significa que es un hombre peligroso.
¿Cometí un error al juzgarlo por lo que me hizo sentir?
¿Y si es un espía de Sivgard? No, si lo fuera eso no sería lo primero que preguntaría así que puedo descartar esa opción.
No obstante igual es un hombre peligroso.
Pero entonces, ¿por qué quiere saber sobre mí?
—He tenido problemas para respirar desde mi infancia.
Empezó con una asfixia pero ahora me canso al reír —le contesto y su ceño se suaviza unos milímetros—.
Y sobre los lobos, soy adoptada. Mi padre me encontró recién nacida abandonada en una cueva con una manada en el Bosque de los Perdidos.
La hembra alfa me mantenía cálida entre sus cachorros.
Dios, ¿por qué le cuento mi intimidad a este hombre?
Se sume en sus pensamientos, lo cual provoca que yo me hunda en los míos.
Iluminados solo por las luces de las velas me hace recordar algo que vi un día a mis quince años.
Una criada, la espalda de un mozo de cuadra con los glúteos al aire y una sonrisa que nunca olvidaré.
La escena tatuada en mi cabeza desata mis nervios.
—¿Es cierto que naciste el veintidós de Nevidia del año mil quinientos cinco? —Su mirada me desarma—. Los de la posada lo dijeron.
—¿Para qué quieres saber eso?
—Responde.
Le gruño desafiante atravesándolo con la mirada. Él permanece terco e inamovible así que suelto un resoplo.
—No estás en posición de exigir nada, pero sí, nací en la noche del solsticio de invierno.
Por tonta le respondo como si él tuviese poder sobre mí. Su mandíbula se tensa y tarda unos segundos en responder.
—Entiendo —susurra.
Hay un breve silencio.
—¿Me dirás por qué es relevante? —inquiero—. ¿Has venido a secuestrarme?
Sus ojos parecen hablar.
—Secuestrarte no, buscarte —suelta ignorando mi pregunta anterior.
Mis latidos están por reventar mis venas. Alguien en su sano juicio gritaría o pediría ayuda mientras que yo a duras penas consigo evadir el contacto visual girando la cabeza.
—Entonces será mejor que te vayas o llamaré a los guardias.
Coge mi mentón y produce en mi piel un escalofrío electrizante que ataca mis entrañas.
Aborda mi espacio personal y me obliga a retener mi mirada en la suya.
Lo peor es que soy incapaz de retirar su sometimiento por voluntad propia.
Lucian nunca me ha tocado, pero un hombre que acabo de conocer ha roto todas las reglas sociales en un día que aún no termina.
Lo más absurdo es que no me atrevo a exigirle espacio porque en el fondo disfruto lo prohibido.
—Creo que no me has entendido, vendrás conmigo esta misma noche, así que coge tus cosas. Solo vine a avisarte, vendré por ti más tarde.
¿Ir con él a dónde? ¿Esta noche? ¿Debería…
ir? ¿Qué me espera a su lado? Su aroma cercano marea mis pensamientos y mis párpados pierden fuerza.
¿Qué me está haciendo este hombre? Mi mente irracional empieza a dudar hasta que pienso en mi familia y en Lucian y despierto.
Me quito su mano del rostro y lo miro con decisión.
—Y tú no me has entendido a mí . No te conozco.
Vienes a mi habitación en medio de la noche y hablas como si tuvieses autoridad sobre mí, ¿quién te crees que eres?
—Su silencio se alarga y parece retener las palabras que quiere soltar—.
¿De verdad piensas que me iré contigo voluntariamente a algún lugar que desconozco mientras abandono a mi familia? , ¿mi vida?
Aunque tarda mueve su mandíbula y asiente con una seguridad inquebrantable en sus ojos.
—Sí, así es.
Lo dice tan convencido que me preocupo. ¿Qué es lo que sabe?
, ¿por qué sus palabras se escuchan cual sentencia verídica?
No, esto no está bien . No tengo tiempo que perder, cada segundo cuenta para mí.
Me estremece de formas que no entiendo así que tengo que hacer que se vaya de una vez por todas.
No sé porqué he permitido que siga en mi habitación.
Involucrarme con él ya me agita demasiado y en cualquier momento me dará un ataque de asfixia por su culpa.
—El único modo en que me sacarás de aquí será después de que clave mis dientes en tus manos al menos un par de veces, Rhoan.
Creí que eras un buen hombre, ¿de verdad eres capaz de alejarme de mi familia a la fuerza?
—trato de hacerle razonar con severidad y él traga.
Parece que funciona—. Si de verdad quieres que te siga entonces hagamos una apuesta —le ofrezco—.
Vete ahora y sigue tu camino. Si el destino hace que nos reencontremos sin forzarlo aceptaré irme contigo sin protestar.
Digo con una confianza infinita porque sé que no sucederá. Permanece callado durante largos segundos sin abandonar su mirada clavada sobre la mía.
—Espero que recuerdes tus palabras. —Sin darme tiempo para reaccionar su brazo me rodea robando en un pestañeo una de las cintas en mi pelo. No sé de dónde saca una daga pequeña con la que me corta un mechón—. Que Emdor te proteja, Lobelia.
Y me pasmo. Es un creyente de la luz. Se dirige al balcón y sudo frío.
—¡No, espera! —Me asomo aprisa y solo me encuentro con la oscuridad de la noche, el sonido de los árboles y la solitaria brisa helada. Ha desaparecido. Solo un segundo aprieto las manos en el muro del balcón. Sí, esto es lo mejor , intento mentalizarme con amargura—. Que Emdor te proteja, Rhoan.