Aetheris (Los Hijos de Emdor 1) Capítulo 3 #3
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Capítulo 3 #3

Lo conozco demasiado bien. Sé que por mucho que le fascine la esgrima y la arquería solo le gusta como deporte. Rodric Benmore, el hijo mayor del mejor guerrero del reino de Dourith, odia la guerra a un nivel visceral.

—No creas que te salvas de mi ira —le advierto y engullo otra galleta—. Nadie se salva, ni siquiera… yo misma.

Bajo la mano en un resoplo sin energía tras terminar de comer.

Se me acaban las galletas en un abrir y cerrar de ojos y mantengo mi mirada perdida unos segundos hacia el vacío.

El silencio que cunde entre nosotros es fúnebre.

En mi ansiedad, mi antojo por el dulce regresa y me adhiero a mi hermano para robarle de su bolsa. Permite que lo haga sin rechistar.

—Lo siento, Lobelia —susurra y mi corazón libera un latido fuerte.

El movimiento de mi mandíbula al masticar se ralentiza y las galletas pasan poco a poco de estar dulces a salarse con las gotas que nublan mi vista.

Me las limpio y me recompongo ya que una princesa no debe mostrar sus lágrimas en público.

—¿Cómo es que mi madre es tan fuerte para estas cosas?

—Por eso mi padre no puede vivir sin ella. Su fuerza de voluntad es inquebrantable y toma buenas decisiones incluso en momentos de crisis —me responde.

Sorbo mi nariz con disimulo y no paro de comer.

—He escuchado que la señorita Hale también es una joven que sabe tomar buenas decisiones —menciono.

—Sí, Josie es especial —sonríe mirando hacia el vacío—. Y eso que apenas tiene quince años.

La diferencia de edad entre mi hermano y su prometida es grande, Rodric es consciente de ello.

El compromiso fue acordado cuando ella cumplió doce años gracias a una deuda antigua que tenía su familia con la nuestra.

Al principio se negó con vehemencia alegando que le era impensable casarse con una niña y aun así fue la misma señorita quien lo convenció.

Sin embargo, el recuerdo de ella no es suficiente para animarme y la incertidumbre del porvenir apaga mi expresión una vez más.

—Estaremos bien, Lobelia —dice y causa que mis ojos vuelvan a arder—. Mi padre es un veterano y Lucian y yo estamos en el mejor momento de nuestras vidas para pelear. Somos jóvenes y fuertes. Esos bárbaros no serán nada para nosotros. Dicen que la mayoría son demasiado flacos.

Su último comentario consigue hacerme sonreír un poco.

—Eso he oído —murmuro.

Me pierdo en mis pensamientos unos instantes. Comprendo que no puedo desaprovechar la semana que me queda con ellos enfadada y dejándoles malos recuerdos. Puede que sean los últimos. Después hablaré con mi padre también.

Permanecemos en silencio hasta que le ofrezco la última de sus galletas como una ofrenda de paz. Suelta una risa suave. La coge en silencio, la parte por la mitad y me la ofrece.

—Espero que Lucian te proteja. —Acepto el trozo con un puchero—. Tú también concéntrate en la batalla.

—¿Desconfías de mi fuerza? Si es así te cargaré como a un saco de patatas hacia el castillo. —Alza las cejas y sonríe alegre—. No querrás recordar tu primera borrachera conmigo, ¿o sí?

—No te atreverías, sería vergonzoso hasta para ti a plena luz del día. —Lo amenazo con la mirada. Para mi desgracia lo que digo causa el efecto contrario a lo que quiero. Al igual que a mí, le encanta llevarme la contraria.

No termino de coger aire cuando se levanta de su asiento.

—¡No! ¡Rodric Benmore! —Me inclino hacia atrás y empiezo a pegarle patadas.

Me esquiva fácil ya que son muy débiles y en un abrir y cerrar de ojos siento cómo mi estómago es apretado contra sus hombros, mientras veo el suelo y todo más alto de lo normal.

Procura sujetar bien la falda de mi vestido para no mostrar mis medias—. ¡Estás loco!, ¡bájame ya!

La gente del pueblo nos mira con sonrisas ya que saben cómo somos. Entierro mi rostro entre las manos y siento el calor de mis orejas enrojecidas pero a los pocos segundos estallo en risas —o al menos hasta lo que permiten mis pulmones.

De nuevo en mi habitación voy directa a mi escritorio y me dedico a escribir:

Aron, lamento no poder cumplir mi promesa.

Esta noche no podré cenar con vosotros por noticias que pronto sabréis y que para mí son desgarradoras.

Y si habéis considerado entrar al bosque a pesar de mis palabras, deseo que penséis en que hay una pobre dama que estará muy triste si os ocurre algo. Aun así me alegra haberos conocido.

Lobelia Benmore.

Enrollo el papel, lo ato con una de mis cintas lila favoritas y le aplico el sello con la cera. Con eso listo llamo a Jessica.

—Necesito que entregues en persona este mensaje en Olde Bell. Es para un hombre pelirrojo llamado Aron. Se hospeda allí junto con dos amigos, uno rubio apacible y uno de cabello castaño muy callado. Si no sabe leer, hazlo por él.

—Enseguida, su alteza. —Coge el rollo con una mirada curiosa. Debe preguntarse en qué momento he conocido a tres hombres al tener a Lucian siempre conmigo.

Cuando se retira miro al vacío. ¿El mundo siempre fue así de opaco? Lo veo escaso de luz, o quizás es mi corazón que siente que le han arrancado el brillo sin piedad.