Capítulo 2
Nueve años después.
Mantengo mis ojos cerrados gozando la sensación del roce de las espigas del trigo en mis dedos.
Lucian me sigue con mi cambio de zapatos.
Es verano y caminar por el trigal es una de las cosas que más adoro hacer.
Es el sitio más alejado del pueblo, justo frente al puente de piedra que va hacia el Bosque de los Perdidos.
Es el único modo de entrar, ya que no hace frontera con nada más.
De algún modo al estar aquí consigo pensar con claridad.
— Lobelia.
Escucho mi nombre y mi piel se eriza. Sé que no ha sido Lucian. No ha pasado un día de mi vida en el que no sienta que algo me llama.
De repente frunzo el ceño. Por Dios , suspiro tras notar unas siluetas al inicio de la colina.
No recuerdo la última vez que coincidí con esta escena.
Tres adultos van de camino al puente para cruzar al bosque con una confianza desbordante en cada paso.
Entrar no está prohibido pero cada individuo es responsable de su vida.
Al ser personas que vivimos en Blackriver, este tipo de situaciones nos entristecen e intentamos evitarlas con unos buenos sermones.
—Lucian.
—¿Sí, su alteza?
Los señalo, se detiene a mi lado y libera un resoplo.
—¿Puedes detenerlos? Quiero decirles unas palabras —le indico y finjo que en el fondo no me emociona que ha sucedido algo distinto en mi vida después de mucho tiempo. Sermonear a algunos hombres por querer dárselas de valientes es un panorama sublime para hoy.
—Sí, su alteza. —Da unos pasos—. ¡Vosotros tres deteneos! —Siguen caminando y lo ignoran. Debo decir que agallas no les faltan—. ¡Soy un caballero de Benmore y os ordeno que paréis en este instante!
Es allí cuando por fin le hacen caso. Mientras Lucian se adelanta, bajo la colina a mi ritmo.
Me siento extraña, nunca había estado tan cerca del puente.
La mirada se me va a las preciosas hojas de verano al otro lado que me piden que las acaricie, a la brisa que las mueve y casi me susurra con cariño para que entre.
Tengo una leve sensación de que respiro mejor cuando en realidad este bosque es conocido por sus límites , donde das un paso y sufres una misteriosa falta de aire que te lleva a la muerte.
Puede que sea mi mente jugando conmigo ya que siempre he querido entrar.
—Inclinaos, estáis frente a una dama de la realeza —escucho que les advierte Lucian sin divulgar mi identidad.
Concéntrate , me digo a mí misma dando unos últimos pasos hasta estar a dos metros de ellos. Acomodo mi pelo y los miro por encima, uno pelirrojo, otro rubio oro y a la derecha uno de pelo castaño, con sus espaldas inclinadas y sus miradas al suelo.
—Levantaos —les digo.
Los tres se enderezan. Son altos con una musculatura similar a la de mi hermano.
Al mirarme descubro al rubio atónito por razones que desconozco, al pelirrojo le va cambiando la expresión a una similar.
Lucian se queda de observador en el espacio entre nosotros para asegurarse de que mantengan su distancia.
Cuando mis ojos se encuentran con los del de pelo castaño me detengo en seco, dominada por un estruendoso latido que me sacude.
Por un momento mi mente se queda en blanco, aturdida ante lo que he sentido como un impacto directo a mi alma.
Su mirada se mantiene relajada mientras que su boca se sella y a pesar de no haber expresión alguna en su rostro noto el movimiento en su nuez.
Su silueta es delgada y estoica, con una piel tostada que solo he visto en forasteros del sur.
Se pueden apreciar dos llamativos y magistrales tatuajes que comienzan en sus hombros para terminar quién sabe dónde, iguales a una corriente de agua que envuelve su cuerpo.
Su cabello castaño es largo hasta rozar sus hombros, con la capa superior recogida en un moño detrás y un par de hebras sueltas en cortina al frente.
Sus profundos ojos grises combinan con su aire místico.
Luce una barba muy espesa que me hace deducir que se la cuida y recorta con frecuencia para mantener la forma de su mandíbula cuadrada y afilada.
Me conmociono por mi reacción ante un hombre con el que solo he cruzado una mirada.
—¡Ese cabello y ojos! —cuchichea el pelirrojo logrando desconectarme del extraño sentimiento.
—Shh —lo calla el rubio.
Su reacción es cómica. Llevo mi cabello hasta mis glúteos igual que cualquier dama soltera de la alta sociedad y eso provoca que llame la atención por su color ceniza único. Mis doncellas pasan media hora cepillándolo por la mañana y por la noche, pero que se asombren así es la primera vez.
—No se os ha dado permiso para hablar —los regaña Lucian sin ser demasiado severo.
No logro soltar mi atención del de pelo castaño y por otro lado él sigue observándome con su cabeza en no sé dónde.
—¿Nos conocemos? —murmuro sin comprender por qué me siento así.
Su mirada intensa también me da la impresión de que no es la primera vez que me ve.
Pareciera ver a una persona con la cual no esperaba encontrarse—.
Tienes mi permiso de hablar, ¿o es que… no puedes? —pregunto al final con más suavidad.
¿Será mudo?
Su compañero pelirrojo le da un codazo.
—Oye, idiota —susurra.
Parece que no. El hombre parpadea varias veces y peina su barba sin expresar nada en su rostro.
—No nos conocemos, su alteza. Si fuese el caso lo recordaría —habla con elocuencia—, no me atrevería a olvidar un rostro noble como el suyo.
Su voz es tan varonil que desata mariposas en mi estómago.
Es casi casi gruñida y causa en mí una sensación extraña.
¿En dónde lo he escuchado? ¿Seguro que no nos conocemos?
Me tiene fascinada pero debo recordar que es un desconocido.
No son simples plebeyos , concluyo por la manera impoluta en la que se ha expresado. Puede que sean comerciantes.
Percibo a Lucian a mi lado, lo miro por el rabillo del ojo y lo descubro de mal humor con sus ojos clavados en él. Arreglo mi pelo al frente y mojo mis labios lista para hablar con la misma fluidez.
—Me alivia encontrarme con hombres decentes en estos tiempos donde la educación parece desvanecerse —contesto y el hombre sigue con sus ojos clavados en mí. Sin querer mi mirada se desvía tímida—. Decidme vuestros nombres.
Guardan silencio, él parece querer responder pero duda. Su tardanza es extraña hasta que el rubio carraspea.
—Yo soy Celyn, su alteza —responde para entonces señalar al pelirrojo y después al de cabello castaño—. Ellos son Aron y Rhoan.
Así que se llama Rhoan. Su mirada me persigue con tanta intensidad que empiezo a sentir que algo emocionante hace presión dentro de mí y bulle hasta alcanzar mi corazón.
—¿Cómo te llamas? —pregunta él.
—Estás dirigiéndote a una princesa, habla con más respeto —le aclara Lucian con firmeza y Rhoan lo observa ensombrecido. Ni cuenta me di de que se había dirigido con informalidad. Alzo mi mano para que se calme y miro a Rhoan a los ojos.
—Mi nombre es Lobelia Benmore, hija menor del duque de estas tierras, familia guardiana del bosque al que pretendéis aventuraros. —Lo señalo. Debo tener cuidado de no mencionar la religión de la luz en ningún momento, o mi familia y yo podríamos ser acusados de paganismo.
El hombre permanece más quieto e inexpresivo que una estatua y balbucea tan bajo que no consigo escuchar. No obstante al leer sus labios sé que ha dicho mi nombre. Mi pulso es un caos.
—¿Los Benmore? —susurra Celyn con un interés que llama mi atención. Todos conocen el apellido pero son escasas las veces en las que reaccionan de esta manera. Me hacen pensar que saben lo ancestral y respetable que es nuestra casa ducal, aún más que la propia familia real de Dourith.
Mientras que él y Aron están con una actitud de querer indagar más, Rhoan no expresa nada. Sus expresiones están muertas a pesar de que sus palabras no se escuchan frías en absoluto.
Me enderezo ignorándolo, lista para mi sermón.
—Señores, nadie que entre al Bosque de los Perdidos ha regresado.
En Blackriver no nos gusta pensar en las almas que se pierden por intentar demostrar lo varoniles que son.
A pesar de que tenéis derecho a tomar vuestras propias decisiones no me gustaría irme de aquí pensando en que, mientras duermo cómoda en mi cama, vosotros seréis la cena de los lobos grises.
Hemos venido a convenceros de dar marcha atrás y si queréis podemos daros comida y estadía esta noche en la mejor posada del pueblo, pero os pido que regreséis por donde vinisteis.
—Guardan silencio hasta que Celyn y Aron sonríen—. ¿Creéis que bromeo? —añado.
Se tensan y niegan.
—Por supuesto que no, su alteza. Nos hace feliz su preocupación por desconocidos —responde Aron alegre.
Me agrada su comentario y bajo la guardia. Mientras Celyn asiente en apoyo a lo que dice, Rhoan sigue callado y me impide enfocarme en el entorno, solo en él. De repente Aron lo abraza de lado con su rostro iluminado y una sonrisa entusiasmada, sin obtener reacción de su parte.
—Su alteza, si nos ofrece estadía nos encantaría compartir la comida con usted. ¿Le apetece cenar con nosotros esta noche en esa posada de la que habla? —idea en un tono jovial—. Así terminaría de convencernos de no ir al bosque. Debo admitir que todavía me siento atraído ante la idea.
Su voz es sugerente adrede. Lucian da un paso.
—Señor Aron, mi señorita no es una dama con la que puedan—
—De acuerdo, os veré allí esta noche —lo interrumpo.
Mi reacción normal sería rechazar su propuesta con elegancia pero la idea de ver a Rhoan me tienta. Lo miro por el rabillo del ojo, sigue atravesándome entera con la mirada. Trago saliva, abro el pequeño bolso que cuelga de mi cinturón y saco diez monedas de trila.
—Con esto es suficiente para comida abundante y tres habitaciones. Sois bienvenidos en Blackriver, la posada se llama Olde Bell.
—Su alteza, diez trilas es demasiado —susurra Lucian.
—Shh —lo callo y resopla.
Aron está por coger las monedas pero Rhoan se le adelanta.
Su mano se acerca a la mía y solo por un instante hace contacto.
Suelto las monedas de golpe y la retiro con rapidez.
El corazón martillea en mi pecho, olvidé que no llevo guantes y ni siquiera Lucian me ha tocado piel con piel en los nueve años que nos conocemos.
El calor me causa hormigueos y se esparce desde las yemas de mis dedos al resto de mi cuerpo.
Ha sido un breve roce que me ha movido entera.
Mi mirada se clava en el suelo y después de eso no consigo verlo más.
—Estamos agradecidos, su alteza —responde Aron—. Nos vemos esta noche.
—Sí, os veré allí.
Empiezan a rodear la colina para volver al centro del pueblo y solo entonces logro levantar la mirada.
Por última vez Rhoan se gira. El silencio que nos envuelve está plagado de una emoción que no identifico, hasta que retoma su vista al frente y sigue a sus amigos.
Observo su espalda con la mente en blanco, deseando acercarme de nuevo para seguir escuchando su voz.
Por primera vez no es el bosque el que me llama sino él.
—Su alteza, ¿por qué aceptó? —La voz de Lucian me sobresalta.
—Solo quiero salvarles la vida, sé que si los dejo así sin más volverán a intentarlo —miento con naturalidad.
De todos modos solo será una cena. Es evidente que Rhoan no es de por aquí así que no debo relacionarme con él más de lo que cabe en la cordialidad.
Mis pulmones se limitan a permitir el aire de Blackriver.
Dos veces mi familia intentó enviarme a Druviel, el reino en las costas del sur, pensando que mejoraría por su clima cálido.
La primera vez tuve un ataque de asfixia a los pocos kilómetros de habernos alejado del pueblo; la segunda mis pulmones volvieron a fallar y tuvimos que regresar con urgencia.
Estoy destinada a morir aquí, a que ese hombre pase a ser un recuerdo que quiero que dure un poco más.