Adversaria del villano (Asistente del villano 4) CAPÍTULO 71
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CAPÍTULO 71

GIDEON

– E s… tinta. — Lyssa se quedó mirando la docena de frascos que habían encontrado en casi todos los libros de cocina de las estanterías de su familia, y que Gideon y Keeley habían llevado con cuidado hasta las habitaciones de la curandera, donde los pequeños gubres correteaban, jugando a una especie de cucú-tras con sus padres al otro lado de las ventanas.

Nadie se interponía por miedo a que esa habitación se convirtiera en el próximo objetivo de los gubres adultos.

—Es la tinta que usaba papá para espiar a Evie — dijo Gideon, animándola a examinarla más de cerca—. Es extremadamente rara.

—¿Cómo funciona? — preguntó Keeley, cogiendo un frasco y desenroscando la tapa.

Gideon se la quitó con delicadeza de las manos.

—Lyssa, ¿me dejas tu pluma? — pidió Gideon, y su hermana se la entregó con una mirada desconfiada.

—No me la estropees.

La señorita Erring pasó junto a ellos y se detuvo para soltar:

—¡Ni se te ocurra hacerte el gracioso! — Después carraspeó y murmuró—: Seguid con lo vuestro.

Lyssa frunció la nariz, mirando fijamente el pergamino en blanco cuando Gideon se inclinó para escribir en él.

—A mí me parece tinta normal — dijo Lyssa ladeando la cabeza.

—Pero cuando pongo una simple gota en otro trozo de papel…

— Gideon hizo lo que estaba dictando y las mujeres se acercaron para ver cómo la frase que acababa de escribir se plasmaba sola sobre ese otro pergamino, con la letra exacta de Gideon—.

Copia cualquier cosa escrita con la tinta del mismo frasco.

Lyssa pareció preocupada ante aquella noticia.

—Eso es una invasión de la privacidad muy fea.

—Lyssa, ¿dónde está el diario de Evie? — preguntó la señorita Erring con escepticismo.

—Debajo de su almohada.

—¿Y eso lo sabes porque…? — continuó la señorita Erring, mirándola fijamente.

—Porque lo leí — explicó Lyssa sin ningún pudor.

La mujer de Recursos para Humanos y Criaturas Mágicas parpadeó antes de seguir adelante.

—Me rindo. ¿Qué sentido tiene volver a sacar esto a colación? El misterio de las notas se ha resuelto. ¿A quién le importa si Griffin estaba acumulando tinta?

—Si utilizó esta tinta en su correspondencia con Benedict, quizá podamos obtener alguna información relevante.

Gideon cogió otro de los frascos, dejó caer un poco de tinta sobre un papel en blanco y se quedaron mirando. Y esperando.

Hasta que las palabras comenzaron a formarse, despacio pero con seguridad. No, no eran palabras. ¿Un corazón? Y dos nombres en el centro.

Evie y El Villano.

Gideon se rio entre dientes, arrugó el papel antes de que pudiera revelar más y dejó el tintero a un lado.

—Entonces era uno de los de Evie.

Keeley puso los ojos en blanco.

—¿Y si todos fueran suyos?

No obstante, Lyssa había estado investigando por su cuenta mientras los demás no miraban. Con los ojos muy abiertos, fijó la vista en el pergamino que tenía en las manos y lo acercó a su rostro.

—No creo que este fuera suyo.

Le entregó el papel a Gideon.

Y, cuando él vio lo que había escrito, entendió por qué.

La oficina de El Villano ha sido infiltrada con éxito. La bomba colocada para destruir la oficina no ha surtido efecto. No ha habido víctimas. Hay que utilizar otro método.

Firmado,

Un hombre atrapado.

—¿Eso lo escribió papá? — preguntó Lyssa.

—Posiblemente — murmuró Gideon. Aunque algo le decía que la respuesta era no—. Podría haber sido Marv.

—Marv no colocó la bomba — objetó Keeley—. Tenemos confirmación de que estaba en la puerta principal cuando pasó el incidente.

Un chillido los interrumpió.

Clarke tropezó con su hermana al intentar subirse a las faldas de Becky, y ella se lo permitió, apretando al animal contra su pecho.

—¿No os parece raro que los padres nos hayan confiado a los bebés sin ningún reparo?

Blade resopló.

—Creo que convertir las cocinas en un colorido cuadro de dibujos animados no se puede considerar «sin ningún reparo», pero ¿por qué iban a tenerlos? Les estamos cuidando a los hijos sin cobrar nada a cambio.

—¿Cómo iba a pagarnos un gubre? — preguntó Lyssa, rascándose la barbilla.

Gideon suspiró.

—Probablemente, derritiéndonos vivos.

Lyssa se señaló el vestido, que había aparecido cuando la luz estelar y el veneno se habían fusionado.

—O con un tutú.

—No sé qué opción es peor — refunfuñó Becky, dándole una palmadita en la espalda a Clarke hasta que el animal soltó un eructo que sonó como un rugido.

El sonido sobresaltó a Lyssa, que dejó caer otra gota de tinta sobre un papel, y las palabras se fueron formando lentamente.

El amor verdadero nunca formó parte del plan.

Firmado,

Un hombre atrapado.

—Esto tuvo que ser cosa de mi padre. Estoy convencido. — Gideon levantó el papel, leyéndolo de nuevo, preguntándose por qué cuanto más lo miraba…

Menos seguro estaba de que fuera su padre. De hecho, dudaba de que así fuera.