Adversaria del villano (Asistente del villano 4) CAPÍTULO 59
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CAPÍTULO 59

tatianna

T atianna prefería mantener a su familia al margen de su profesión. Lo cual resultaba poco conveniente, ya que Trystan parecía decidido a unir constantemente esos dos aspectos de su vida.

—¿Qué dijo mi padre cuando se lo pediste? — le preguntó mientras se acercaban al puerto de Rennedawn a caballo. Empezaban a divisar el Mar Lila, al igual que el gran barco rosa que su padre había pintado solo para ella.

El capitán Medusa daba vergüenza ajena. Y precisamente por eso lo quería tanto.

—Merlín Medusa se mostró conforme con el plan.

Incluso tuvo la iniciativa de convencer a Amara para que cambiara algunos detalles del entierro.

Vamos a cenar a bordo del barco en una pequeña celebración de la vida y luego atracaremos en el pueblo.

— Trystan espoleó a su caballo para que galopara y alcanzara a Evie, como si no pudiera soportar los pocos centímetros que los separaban.

—Luego lo enterraremos — murmuró Clare, y Tatianna deseó poder tomar prestado algo de su dolor para que no tuviera que cargar con él ella sola.

—Ahí será cuando yo desenterraré los fragmentos de la ventana — añadió Evie en voz baja. El contraste entre su dulzura y la inquietante niebla que la rodeaba era ciertamente peculiar. Luz y sombra, colores vivos y grises oscuros.

No era una descripción del todo desencaminada de la mujer.

—Hablaremos de la estrategia en el barco — les aseguró Trystan mirando a Evie, aunque ella mantenía la vista fija al frente—. ¿Todo bien, Sage?

—Eh… Sí. Por supuesto — afirmó con una sonrisa extraña.

Trystan se creyó tanto esa respuesta como creía que los unicornios sangraban de color fucsia.

Llegaron hasta el barco sin incidentes, ya que el puerto estaba casi vacío a esa hora del día. Alexander había estado callado, pero eligió ese momento para compartir una observación:

—¿Esto siempre está así de muerto?

Mala elección de palabras, pensó Tatianna con una mueca.

—No atracan muchos barcos aquí debido a las rocas — le explicó a Alexander. Había adquirido sus conocimientos marítimos gracias a los numerosos viajes que había hecho de niña con su padre—. Era nuestra mejor opción para subir a bordo sin llamar la atención.

—Lo cual de por sí es complicado en este grupo — añadió Clare, lanzándole una mirada cómplice, y luego señaló a Evie y Trystan con la cabeza y levantando las cejas.

Tatianna se rio por lo bajini y, cuando volvió a mirar al frente, ya habían llegado a la rampa de color rosa apoyada contra el costado del barco.

Los murmullos que llegaban desde arriba, de la tripulación de su padre, le resultaban familiares y reconfortantes; el olor salado del Mar Lila la transportaba a los gratos recuerdos de su infancia.

—¿Qué hacemos con los caballos? — preguntó Evie, acariciando el hocico del que montaba y estirando la pierna para bajarse.

—¿Convertirlos en ranas? — murmuró Alexander.

Todos lo miraron.

—¿Qué? Mis traumas, mis chistes — dijo, desmontando de su caballo.

Cada vez le costaba menos formular frases largas.

—Podemos subirlos a bordo. Mi padre tiene un espacio para animales — les recordó Tatianna entre risas—. ¿Vamos?

Ella fue la primera, ansiosa por ver a su padre a pesar de que ese plan no la terminara de convencer. El grupo la siguió con los animales detrás; el repiqueteo de los cascos sobre la madera alertó a la tripulación de su llegada.

Sin embargo, cuando Tatianna llegó al final de la rampa y puso un pie en el barco de su padre, se encontró con un comité de bienvenida de lo más atroz.

Y es que, en lugar de su padre, quienes estaban ahí eran el rey Benedict y la Guardia Valerosa.