CAPÍTULO 53
reymundo
A l diablo con los pulgares. Ser una rana era mucho más fácil.
Siempre caía de pie, por ejemplo.
No fue así cuando se liberó de las enredaderas y cayó, o más bien se estrelló, delante de Blade y Clare. El pelo oscuro le cubría los ojos mientras se levantaba y murmuraba:
—Ay.
—¡Has pasado la prueba! — exclamó Clare con los ojos brillantes y una amplia sonrisa. Hacía mucho que Alexander no veía una de esas sonrisas—. ¡Y vuelves a ser humano! ¡Ay, gracias a los dioses!
Alexander sintió que ella se alegraba de que él fuera buena persona y hubiese tomado la decisión correcta.
Y, aunque no era cierto, no tuvo valor para contradecirla.
—¡Moira! Tres de cinco es mayoría. ¿Qué tal si acabamos con esto ya? — Blade abrió los brazos, dirigiéndose a la bibliotecaria, que había vuelto a desaparecer.
No hizo falta insistir, pues en ese momento los ojos de Rebecka se abrieron de par en par, seguidos poco después por los de Tatianna.
Ambas mujeres tosieron y se precipitaron al suelo en cuanto las enredaderas las soltaron.
Alexander actuó por instinto y se arrodilló inmediatamente para ayudarlas a levantarse.
Era extraño: como rana, nunca se comportaba de esa forma; prefería la irreverencia y el ingenio a los modales cortesanos.
Con el paso del tiempo, había dado por hecho que todos sus rasgos humanos habrían desaparecido.
Sin embargo, ahí estaba, ofreciéndole el brazo a una doncella en apuros como el príncipe estereotípico que era.
Tatianna le agarró la mano, sacándolo de sus pensamientos perdidos.
—Cielos, eso ha sido horrible.
—¿Estás bien? — preguntó Clare con los nervios a flor de piel—. ¿Qué ha pasado?
Ella soltó un gran suspiro, intentando recobrar la calma.
—Estaba Evie. Aunque no era ella. No sé… Trystan llevaba armadura. El escudo de Benedict.
No. No. No podía haber sido todo en vano. Alexander no pensaba permitirlo.
Había traicionado sus principios morales de formas que nunca se imaginó, había dejado que lo movieran por el tablero de ajedrez como un peón que simplemente se había subido al carro.
Alexander tomó a Tatianna por los hombros; su expresión sincera se topó con las cejas enarcadas de ella. Habló despacio, puesto que quería que lo comprendiera a la primera.
—¿El escudo del rey?
Tatianna asintió, suavizando el tono.
—Eran ellos, pero no de verdad. Una versión distinta, creo. Los que habrían sido si Evie hubiera conservado sus poderes y Trystan hubiese crecido siendo… el príncipe. He visto el resultado, y créeme: es horrible.
Alexander se puso rígido.
Becky, que parecía demasiado aturdida para añadir nada, se apoyó en Blade en busca de sostén.
—¿Has tenido que elegir con qué realidad te quedabas?
Tatianna tragó saliva.
—Me han dado la opción de cambiar el pasado, lo que a su vez alteraría el futuro.
Un futuro en el que Clare y yo nunca nos hubiéramos separado.
Nos habríamos casado y… — La curandera se quedó a media frase.
Parecía afectada. Clare se encogió—. He dicho que no; por supuesto que he dicho que no.
— Un escalofrío—. No habría estado bien y…
, bueno, me gusta cómo estamos ahora. — Tatianna le dirigió a Clare una mirada tranquilizadora antes de preguntarle a Becky—. ¿Y tú?
Pero antes de que esta pudiera decir una palabra, Moira apareció envuelta en una nube de niebla brillante.
—Hola, queridos. ¡Habéis hecho un trabajo espléndido!
Blade la miró con ira y soltó a Becky para acercarse a la mujer.
—Nos ha hecho pasar a todos por un tormento digno de las tierras muertas, ¿y para qué?
Moira juntó las manos.
—Llevo un milenio de más con vida. A mí también me gusta entretenerme un poco de vez en cuando.
Alexander tragó saliva para hacer desaparecer el nudo que se le estaba formando en la garganta.
—Entonces, ¿hemos terminado con esto ya?
Los ojos azules de Moira centellearon.
—Me temo que no.
Tatianna se incorporó, recuperando algo de fuerzas, las suficientes para protestar:
—¡Todos hemos pasado la prueba!
Puede que fuera la cara de diversión de Moira lo que hizo que todo el grupo se diera cuenta a la vez. Justo en el mismo momento en que la mujer murmuró:
—No, no todos.
Y entonces Rebecka Erring cayó al suelo.