CAPÍTULO 6
TATIANNA
E n el reino de Rennedawn, había múltiples formas de difundir información. Algunos usaban cuervos, otros el servicio postal oficial del rey y otros simplemente te decían lo que querían que supieras. Tatianna creía que decía mucho de una persona cuál de las tres opciones escogía.
Por eso una curandera como ella, con toda su gracia, decoro y sabiduría, corría tras Clare como si su vaporoso vestido rosa estuviera en llamas.
Por lo que parecía ser la vigésima vez ese día.
—¡No puedes evitarme para siempre!
—Tatianna, ahora mismo no puedo — espetó Clare, y al girarse vio que llevaba los oscuros mechones sujetos detrás de las orejas y que los ojos le brillaban—. Tengo asuntos más urgentes que ayudarte a salvar a ese hombre.
—Ese hombre es un amigo al que apreciamos — insistió Tatianna—.
Marvin fue un imprudente, pero estarás de acuerdo en que todos hemos tomado decisiones insensatas a lo largo de nuestra vida.
¿De verdad vamos a castigarlo así por juntarse con malas compañías?
¡De no ser por eso, ninguno de nosotros habría empezado a trabajar aquí!
Clare se detuvo en seco, volviéndose justo a tiempo para que Tatianna se estrellara contra ella. Ambas tropezaron hasta que la espalda de Clare chocó con el alféizar abierto de una de las ventanas.
—Yo no trabajo aquí — la contradijo entre dientes, frotándose el hombro—. Trystan es mi hermano. Forma parte de mi familia, por pequeña y desestructurada que sea. — Tenía las mejillas rojas y el pecho agitado por la ira.
Tatianna se ablandó, con el corazón encogido por la pérdida de Clare y también por la suya.
—Sé que estás de luto por lo de tu padre. Créeme, no te lo pediría si no fuera importante. ¿Por qué no le echas un vistazo a Marv? Conoces las plantas mágicas mejor que nadie; quizá sepas cómo curarlo.
Tatianna sabía que un temblor en el ojo de Clare era indicativo de que le empezaba a fallar la determinación. ¡Ahí! Ahí está.
—Supongo que podría…
Un grito las sobresaltó. Apareció uno de los duendecillos revoloteando por el pasillo, chillando con indignación.
—¡Luella! — exclamó Tatianna alarmada—. ¿Qué sucede?
Luella se detuvo ante ellas, con sus deslumbrantes alas, no más grandes que el dedo índice de Tati, moviéndose a un ritmo frenético.
—¡Hay un loco corriendo desnudo por la lavandería!
Clare se quedó sin aliento y Tatianna estaba tan desconcertada ante aquella afirmación que se tapó la boca con la mano antes de preguntar:
—¿Qué? ¿Quién?
Pero Clare ya se había precipitado hacia la escalera de madera que bajaba a la lavandería.
¿Qué demonios está pasando?
—¡Clare! — gritó siguiendo a su antigua prometida, completamente ajena al motivo por el que la existencia de un hombre desnudo la había puesto tan nerviosa. Cuando llegó acalorada al último escalón, se encontró con un caos absoluto de duendecillos y becarios corriendo de un lado a otro, frenéticos.
Nunca le había resultado difícil invocar su magia curativa; el calor que emanaba de ella era un consuelo que le traía una profunda sensación de nostalgia, como cuando una saluda a un amigo de toda la vida. Así era esa parte de ella. Su magia. Su amiga.
Emitió un brillo desde la punta de los dedos que le iluminó el camino.
Al escudriñar más allá del bullicio de gente dispersándose, distinguió el cabello azabache de Clare al otro lado de la sala. Movía las manos desesperada y le hablaba a una figura alta, envuelta en múltiples capas.
—¿Qué demonios está pasando? — se preguntó Tatianna, esta vez en voz alta. Se acercó a paso ligero y seguro hacia ellos. Ya casi no quedaba nadie más en la sala—. ¡¿Quién es este?!
Clare se interpuso, tratando de ocultar a la figura encorvada. La cabeza de esa persona estaba inclinada hacia el suelo y la capa le cubría el rostro por completo.
—Te ayudaré con lo de Marv.
Desde pequeñas, Clare había tenido cierta tendencia al dramatismo, y Tatianna siempre había tenido cierta tendencia a seguirle el juego, pero esto era más de lo que podía soportar.
—¿Que me vas a ayudar con Marv? ¿De verdad esperas que diciéndome eso ignore el bulto gigante que está detrás de ti?
Clare no respondió a esa pregunta, pero con cara de súplica dijo:
—Por cómo me has descrito el veneno, es probable que esté ligado a algún encantamiento.
La única cura es… — Hizo una pausa para mirar hacia atrás y asegurarse de que la figura seguía allí—.
Una, eh…, una flor que emite calor. Se encuentran al sur en esta época del año, en el interior.
Podemos hablarlo mejor mañana. ¿Te parece?
—¡No! ¡No me parece! — chilló Tatianna, preguntándose si se había atado demasiado fuerte el lazo de la cabeza—. ¿Qué estás ocultando?
—¡Shhh! — Clare agarró la mano de Tatianna y luego los arrastró a ella y a la figura encapuchada hasta el armario de almacenamiento que había en una esquina.
Hizo pasar al ser desconocido primero y después entraron las dos hasta quedarse los tres encerrados, alumbrados por la luz que se colaba por una ventanita minúscula—.
Si te lo digo… Si te lo enseño, debes prometerme que no se lo contarás a Trystan.
A Tatianna se le heló la sangre y una sensación desagradable le subió por las venas hasta llegar al corazón. Clare ya había puesto esa condición antes. Años atrás.
«No pienso pasar por alto que sigas relacionándote con un criminal que está en búsqueda y captura. Lo estás eligiendo a él por encima de mí. Estás destruyendo lo nuestro».
Ese fue el día en que Tatianna decidió alejarse de Clare y cancelar su compromiso, lo cual acabó con el corazón de ambas destrozado. Sin embargo, no había alternativa, dado que abandonar a Trystan implicaba desprenderse de una parte de sí misma.
Su corazón era incapaz de darle la espalda a su familia.
El día que comenzó a trabajar para Trystan fue el mismo en que le devolvió el anillo a Clare.
Ninguna de las dos se atrevió a llorar delante de la otra, pero, cuando las lágrimas por fin pudieron empezar a caer mientras se alejaba de la única mujer a la que había amado, algo dentro de ella supo que Clare también se había dado la vuelta y estaba llorando.
—Espero que el destino no sea tan cruel como para obligarme a tomar esta decisión una segunda vez — susurró Tatianna para sí misma, sintiendo la mirada de Clare puesta en ella—. Espero que tú no seas tan cruel.
Clare le agarró las manos con cara de ternura. Después levantó un brazo tembloroso para apartarle una trenza y colocársela detrás de la oreja con delicadeza.
—Mi amor, yo jamás te… No te pido que guardes el secreto para siempre. Solo quiero… aclarar algunas cosas con él antes de decírselo a los demás.
La confusión sustituyó al pánico que se había apoderado de ella y su corazón volvió poco a poco a un ritmo normal.
—¿Decirles qué?
La figura se giró y se bajó la capucha.
Tatianna ahogó un grito. La sorpresa al ver ese rostro la hizo tambalearse contra la puerta. Lo señaló como si fuera un espectro, balbuceando con incredulidad y asombro.
Clare le dedicó una sonrisita.
—Esto.