CAPÍTULO CUARENTA Y UNO
Liberty
Todos estábamos sentados en el amplio comedor, Alexander a la cabeza de la mesa, yo a su lado, su abuelo al otro lado, y Brandon y Maxim enfrente.
Alexander y yo estuvimos callados la mayor parte del almuerzo.
Me preguntaba si había empezado a ver que nuestro plan estaba fallando ahora que su abuelo estaba involucrado.
Alexander había dicho el día de nuestra boda que la editorial era mitad mía, pero en este momento, todo parecía demasiado real, demasiado legítimo.
Primero, la custodia de Brandon y ahora la compañía de su abuelo. Todo el mismo día. ¿Qué probabilidades había de eso?
—Liberty. —Su abuelo interrumpió mis pensamientos—. ¿Cuándo quieres empezar a trabajar en tu editorial?
Me pregunté cómo responder. Por supuesto, tenía curiosidad y quería trabajar en el mundo editorial, sin embargo, no quería quitársela a Alexander.
—¿Por qué no vas mañana? —sugirió Maxim—. Es fin de semana, pero podrías echarle un vistazo y ver qué tal.
Alexander asintió, y, aunque me odiaba haberme molestado en buscar su permiso, finalmente respondí:
—Bien, ¿puedes venir conmigo, Maxim? —Necesitaba un descanso, para averiguar el futuro de Brandon y el mío.
—Claro —replicó con entusiasmo.
Evité la mirada de Alexander. No quería lidiar con él. Después de comer, él se levantó de la mesa para atender una llamada de negocios, y yo me quedé con Maxim y su abuelo. Para sorpresa de nadie, Brandon nos dejó para ir a jugar, aburrido de nuestra conversación.
—Gracias por ir conmigo mañana. —Le sonreí a Maxim. Era mucho más fácil de tratar.
—Ahora eres mi hermana —se burló con suavidad.
Su abuelo también sonrió.
—Serás buena para nuestra familia, Liberty —comentó—. Sin embargo, Alexander tendrá que arreglar sus asuntos.
Me preguntaba a qué se refería, mas no lo cuestioné. Nuestras vidas se estaban enredando para siempre con la familia Caldwell. Eran personas decentes, pero ese hecho me asustaba. Ya estaba demasiado metida con Alexander. Era protector con Brandon, pero yo me sentía demasiado vulnerable con él.
¿Podría aceptar su oferta e intentar darle una oportunidad a esta relación? ¿Qué pasaría cuando terminara conmigo? Él también me dejaría y yo seguiría en la misma situación, o posiblemente en una peor. Cada respiración que tomaba y cada pensamiento que tenía ya le pertenecía a Alexander.
«Todos siempre acaban dejándome».
No obstante, era del tipo que se aferraba a sus compromisos. Si estaba dispuesto a comprometerse con este matrimonio, sería persistente.
Cuando Maxim y su abuelo se fueron, pasé el resto de la tarde y la noche jugando con Brandon a propósito. No quería estar sola con Alexander. Estaba enfadada con él, o quizá conmigo misma, y tenía miedo de admitir lo que quería.
Cuando bajamos a cenar, Alexander estaba a punto de salir.
—¡Ahí estás! —exclamó—. Tengo que volar esta noche. Me han llamado por asuntos urgentes. Debería estar de vuelta el domingo por la noche.
Brandon corrió hacia él y le dio un gran abrazo, y el rostro de Alexander se suavizó al instante.
Con todo lo que había aprendido, sabía lo importante que era despedirse en buenos términos. Decir un adiós como es debido, nunca sabías cuándo sería el último.
Me acerqué a él y me detuve a dos pasos de distancia.
—Te voy a extrañar —le dijo Brandon, con pura adoración en sus palabras.
—Yo también los extrañaré a ambos. —Alexander se arrodilló y lo abrazó, sus ojos se posaron en mí y nuestras miradas se cruzaron.
Se puso de pie, y Brandon se colocó a mi espalda y me empujó hacia él.
—Tienes que darle un beso de despedida —me animó, y mi corazón se hinchó—. Mami dijo que siempre tenemos que hacerlo.
Me incliné hacia Alexander, el calor de su cuerpo avivando el deseo en mí. Pero también sentía mariposas en el estómago que me alarmaban. Me daba miedo evaluar esa respuesta.
Al darle un beso en la mejilla, su sutil barba de las cinco en punto me rozó los labios.
Intenté mantener algo de distancia entre nosotros, pero su brazo me rodeó, atrayéndome contra su cuerpo y moviendo sus labios para encontrar los míos.
Cerré los ojos lentamente, disfrutando de su fuerza y su sabor.
—Esa es una forma de despedirte de tu esposo —murmuró contra mis labios. No debería estar disfrutando tanto de su contacto.
Brandon y yo nos quedamos en la entrada cuando él se subió a su coche y su chofer cerró la puerta tras él.
No sabía a dónde iba, mas no podía negar el alivio que sentía.
Podría darme tiempo para ordenar mis sentimientos.
Si hubiera sabido que iba a viajar todo el fin de semana, le habría dicho a Maxim y a su abuelo que vería su editorial el lunes, pero aun así iría.
Por primera vez en mucho tiempo, me emocionaba algo que podría volver a ser mío.
La cena y la hora de dormir transcurrieron tranquilas esa noche. Brandon mencionó repetidamente que echaba de menos a Alexander, y fue como un puñetazo en el estómago. Aún más irónico fue que yo también lo echaba de menos.
En cuanto Brandon se durmió, llamé a Layla.
—Llevo dos días llamándote. —La voz elevada de Layla fue mi saludo—. ¿Ese sexy marido tuyo te tiene encerrada desnuda en un dormitorio?
—Bueno, hola a ti también —repliqué, riendo—. Acabamos de volver ayer, y este fue el primer momento de tranquilidad que tuve.
—¡Cuéntamelo todo! —exclamó emocionada—. ¿Qué tal tu luna de miel? ¿Tuviste puesta la ropa en algún momento?
—Sí —solté—. Pero no gracias a ti. ¿Por qué me empacaste esas cosas?
—No tengo idea de qué hablas. —Tan típico de Layla—. Bueno, ¿qué tal el sexo?
—¡Layla! —Si bien intenté sonar indignada, salió un poco entrecortado. Solo pensar en tener sexo con mi esposo me provocaba un cosquilleo por todo el cuerpo.
—¿Qué? —protestó—. Son como dos imanes. Solo verlos juntos en la misma habitación me excita.
Un profundo suspiro escapó de mis labios. ¿Por qué esperaba otra cosa? Nadie podía acusarla de ser aburrida, eso era seguro.
—Livy, tienes que dejar de darle demasiadas vueltas. —A Layla le resultaba fácil decirlo. Todos mis pensamientos últimamente estaban consumidos por Alexander.
—Ni siquiera he hecho mi pregunta, así que ¿de qué demonios hablas? —Odiaba cuando ella asumía que sabía lo que necesitaba.
—Pero tengo razón, ¿no? —Sonaba tan segura de sí misma—.
Te acostaste con él, el sexo es increíble, y en cierto modo te gusta, y todos sabemos que a él le gustas.
Así que deja de pensar en eso y simplemente disfruta del sexo y del hecho de que este hombre te adora y siente unos celos enormes de cualquier otro hombre que te mire.
Si pusiera los ojos en blanco con más fuerza, se me quedarían pegados en la nuca.
—¿Y cómo demonios llegaste a esa conclusión? ¿Cuándo hablaste con él durante treinta minutos?
—Liberty. —Sonaba exasperada—. En la boda, el hombre prácticamente te devoró con la mirada.
Cuando bailabas con otras personas, él siempre te buscaba.
Créeme, puede que no vea señales cuando se trata de mis propios hombres, pero soy excelente leyendo señales cuando se trata de los demás. Y tu marido está loco por ti.
«Dale una oportunidad a este matrimonio».
Fue increíblemente bueno con Brandon y conmigo. Me di cuenta de que nunca le pregunté sobre el fideicomiso que mencionó el juez. Quizá nos estaba demostrando que le importábamos de la única manera que sabía… asegurándose de que estuviéramos bien cuidados.
—Alexander dijo que quiere que este sea un matrimonio real —confesé vacilando.
—No me sorprende, Livy —respondió ella—. Es el tipo de hombre que sabe lo que quiere y va por ello.
—Pero quería la editorial de su abuelo, ¿recuerdas? —Se lo recordé—. No a mí.
—Deja de hacerte la tonta —me regañó. Me preguntaba cuándo se había convertido en una experta en relaciones—. Te quiere y sabes que es así. Permítete ver hacia dónde lleva este matrimonio, especialmente si él está de acuerdo.
—Supongo que no haría daño —murmuré.
—Eres tu peor enemiga. A menos que te abras a la posibilidad de volver a enamorarte, acabarás rompiéndote el corazón, Livy.
Enamorarme de Alexander era lo que más temía, pero ¿y si Layla tenía razón?
Teníamos la posibilidad de una buena vida juntos, una familia.
Tenía que admitir que, en general, Alexander, con su calma, me mantenía con los pies en la tierra.
Sin mencionar que nuestra química era increíble, incluso alucinante, y algo que nunca había experimentado antes.
—Juro que escucho cómo giran las ruedas en tu cabeza. —Los quejidos de Layla me detuvieron el pensamiento.
—¿Qué has estado haciendo? —Cambié de tema—. ¿Alguna otra cita más con hombres guapos y ricos? —Escuché un suspiro en la línea que me hizo preguntarme qué pasaba con eso—. Layla, ¿estás bien?
—Sí, todo bien —respondió demasiado rápido.
—Sabes. —Empecé, sintiéndome culpable por haber estado atrapada en mis cosas durante las últimas semanas—. Siento haber estado tan centrada en mi propia vida últimamente. Siempre puedes llamarme y hablar conmigo. Y no te juzgaré, lo prometo. Solo quiero que seas feliz.
—Lo sé, y te han echado muchas cosas encima —pronunció suavemente—. Gracias por estar siempre ahí para mí. Solo intento aclarar algunas cosas. Pero estoy bien.
—Te quiero —comenté. No escuchaba esas palabras de su familia, pero sabía que las anhelaba—. Y si alguien te pone triste, pelearé con ellos yo misma.
Se rio suavemente. A pesar de las duras maneras y palabras directas de Layla, probablemente era la que más atención y amor necesitaba.
—Bien, lo espero con ansia.
—¿Dónde estás, por cierto? ¿En Londres o en Escocia? —A veces era difícil seguir la agenda de Layla.
—Mañana vuelvo a Londres.
—¿Qué tal fue la visita? —A veces me preguntaba por qué iba a visitar a sus abuelos cuando eran tan horribles con ella.
—Fue igual que siempre. —Su respuesta vaga me dijo suficiente.
—Lo siento, Layla —expresé suavemente. No quería que se pusiera a la defensiva—. Sabes, mereces algo mejor y mucho más que ellos.