Adoración (El Amor No es lo que Parece nº 2) CAPÍTULO DIECISÉIS
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CAPÍTULO DIECISÉIS

Liberty

En cuanto llegué a casa, llamé a Lena.

—Tienes que convencerlo de que estaría mejor con otra secretaria. —Fue mi saludo para ella—. Lo mataré. Dile que me morí. Dile cualquier cosa, solo convéncelo de conseguirle a alguien más.

Opté por no decirle que estaba dividida entre la visión de matar al hombre y fantasear con su cuerpo duro y desnudo mientras me penetraba. Puse una palma fría en mi frente, esperando mantener la cordura.

—Bueno, hola a ti también —me saludó.

—No puedo más —me quejé—. Para cuando llego a casa, estoy demasiado agotada para siquiera trabajar en mis proyectos de escritura. Me está volviendo loca. Loca, te digo.

—Qué raro —manifestó, y ahora su calma también me estaba poniendo los nervios de punta—. Llamé para saber cómo iban las cosas hoy y dijo que aprueba tu trabajo. Que le gustaría que siguieras como su secretaria.

—¿Qué? —No podía creer lo que escuchaba—. Eso no puede ser.

—¿No crees que estás exagerando un poco? —preguntó con una risita.

—No, no estoy exagerando. Eso ya quedó atrás.

—Hmmm. —Fue todo lo que respondió—. Creo que en realidad le agradas. Especialmente después de nuestro incidente en el club.

—¿Estás segura de que no estabas hablando con su hermano, Maxim? —inquirí, ignorando su comentario sobre el club.

—Sí, estoy segura —agregó—. Bien, tengo que irme. Larry y yo saldremos a cenar. Es nuestra primera cita en meses.

Estaba emocionada, y eso me hizo sentir un poco culpable por llamarla con esto. Otra vez.

—Diviértanse —animé—. ¿Quién cuidará a Brandon? Me sorprende que no me lo hayas pedido.

—Lo sé —dijo suavemente—. No quería que te preocuparas. La hija de dieciséis años de nuestra vecina lo está cuidando. Y no llegaremos tarde.

—Te dejaré ir. Pásatela genial.

—¿Liberty?

—¿Sí?

—Gracias —comentó, y pude oír su sonrisa—. Por todo.

—Siempre. —Y lo decía en serio. Haría cualquier cosa por ellos—. Te quiero. Adiós.

Así que tendría que aguantar a Alexander Caldwell un poco más.

Ahora a decidir qué hacer con la reacción traicionera de mi cuerpo hacia él…

«Ugh, enfócate en usar el vibrador».

Me di una ducha rápida y fría, agarré algo para comer y me senté frente a mi laptop, mirando el espacio en blanco en la pantalla.

Lo que le dije a Lena fue en serio. Desde que empecé este trabajo, no podía concentrarme en nada.

Ni siquiera podía pasar de la primera página del libro que estaba leyendo.

Mis propios proyectos habían quedado en el olvido, toda la inspiración simplemente se esfumó.

Lo mismo con mi investigación sobre montar una editorial, como me había sugerido Lena.

Sin ideas, sin palabras, solo irritación hacia Alexander Caldwell e imaginando sus labios sensuales en mi cuerpo y mis dedos agarrando su cabello oscuro mientras nosotros…

«¡No pienses en ese maldito diablo!»

Después de una hora intentando idear algo, me rendí y encendí la televisión, decidiéndome por una película vieja.

En estas películas viejas, los personajes masculinos principales me recordaban a hombres como Alexander. Eran cerdos serios, aburridos, machistas, sin un hueso de diversión. Sí, era una buena descripción.

Ya pasaban de las diez cuando sonó mi teléfono, lo que me hizo saltar de mi asiento. No podía imaginar quién llamaría tan tarde.

—¿Señorita Smith? —llamó una voz desconocida—. ¿La señorita Liberty Smith?

—¿Sí…? —Realmente esperaba que esto no fuera una llamada de ventas.

—Le llama el oficial James. —Empezó—. Ha habido un accidente.

Fruncí el ceño, intentando entender a qué accidente podría estar relacionada. No conocía a tanta gente en Inglaterra.

Antes de que pudiera preguntar, continuó:

—El señor y la señora Dank han sufrido un accidente. —Se me detuvo el corazón—. Necesitaremos que venga a la estación de policía de inmediato.

—Sí, claro. —Ni siquiera estaba segura de cómo pude ser capaz de hablar.

Me dio la dirección que anoté antes de subirme a mi viejo Volkswagen Bug y cruzar la ciudad a toda velocidad. No paraba de rezar una y otra vez para que fuera un accidente menor y me reprochaba no haber preguntado detalles por teléfono. El pánico intentaba tragarme una y otra vez, mas lo reprimí.

Al estacionarme frente a la estación de policía, apenas me importó haberlo hecho ilegalmente mientras entraba corriendo.

—Estoy aquí por el señor y la señora Dank —solté a la recepcionista—. El oficial James me llamó.

Yo estaba al límite, pero ella parecía imperturbable. Probablemente tenía que lidiar con estas cosas todos los días. Me temblaban las manos y las apreté en puños, intentando mantenerme firme.

Unos minutos después, el oficial James me recibió y me llevó a su despacho. Era un caballero mayor, con algo de sobrepeso y cabello gris. Sus amables ojos marrones se clavaban en los míos, y traté de dejar que me anclaran. Me costaba concentrarme en sus palabras; el corazón me latía con fuerza.

—¿Señorita Smith? —Su voz preocupada por fin me llegó.

—¿Dónde…? —Mi voz era un susurro ronco—. ¿Dónde están Lena y Larry?

—Lo lamento mucho. —No.

—¿Dónde están? —repetí, desbordándome por la desesperación. Con cada segundo que pasaba, mi temor aumentaba.

—Lo siento, señorita Smith. El accidente fue mortal. —«No. No. No. Esto no está pasando»—. Otro vehículo perdió el control y los chocó de frente… —Mis oídos zumbaban y solo podía ver que movía su boca.

«Se han ido. Están muertos. Ellos. Están. Muertos».

Ni siquiera me di cuenta de las lágrimas que corrían por mi cara hasta que cayeron sobre mi regazo.

Simplemente me le quedé mirando, intentando entender.

Un dolor insoportable creció dentro de mí.

Me costaba mucho respirar, el pánico creciendo en mi pecho, amenazando con tragarme en su agujero negro.

¿Cómo podía la vida ser tan cruel y llevarse el último pedacito de familia que me quedaba? ¿Por qué?

—N-no lo entiendo. —Quizá todo esto fue un malentendido. Estaba desesperada buscando cualquier cosa—. Acabo de hablar con ella hace unas horas. Iban a tener una cita.

Él asintió.

—Lo siento mucho.

En un abrir y cerrar de ojos, perdí a mi hermana.

Mi mejor amiga.

Lena y yo habíamos pasado por todo juntas. Hormonas adolescentes, primeros enamoramientos, perder a nuestra madre, novios, los años universitarios, Callen.

—¡Oh, Dios mío! —Me levanté de golpe—. ¡Brandon! ¿Dónde está Brandon?

Esta vez él frunció el ceño.

—Su hijo —aclaré—. Una vecina lo estaba cuidando.

—Pasamos por su casa, pero no había nadie —notificó.

—Tenemos que encontrarlo.

Las siguientes horas fueron un borrón. Firmé papeles, aunque no estaba segura de qué estaba firmando. No podía creer nada de esto, esperando que fuera una broma del universo. Solo seguía esperando a que apareciera Lena y empezara a reírse.

El abogado de Lena apareció para discutir documentos con el oficial, aunque lo único que pude entender fue que Brandon sería entregado a mi cuidado.

—¿Estás de acuerdo con eso? —preguntaron por enésima vez.

—Sí —declaré—. Yo me encargaré de Brandon.

—Tendremos un periodo de prueba y determinaremos si eres la persona más adecuada para hacerte cargo de la custodia. Pero ya llegaremos a eso. Por ahora, vamos a buscarlo y a acomodarlo.

Eran más de las tres de la mañana cuando el oficial James y yo estábamos en la puerta de la vecina. Era la tercera puerta que tocábamos y empecé a entrar en pánico.

Una mujer abrió la puerta con un gorro en la cabeza. Por la razón más extraña, no podía dejar de mirarla. ¿La gente seguía durmiendo con esas?

—Hola —saludó el oficial—. Siento molestar a estas horas. ¿Está cuidando a Brandon Dank, un niño de cuatro años?

Contuve la respiración. «Por favor, di que sí, por favor, di que sí».

—Sí, mi hija lo está cuidando —comunicó, y yo me acerqué para empujar la puerta.

—¿Qué está pasando? —La mujer me miraba como si estuviera loca.

—Hubo un accidente —explicó—. El señor y la señora Dank sufrieron un accidente de auto mortal. La señorita Smith es su tutora temporal.

La mujer jadeó y se agarró el pecho. El dolor en su rostro hizo que las lágrimas brotaran por mis mejillas de nuevo.

—Quiero llevármelo ahora. —Quería sonar segura y firme, pero salió tembloroso.

—Por supuesto, querida. —Abrió más la puerta para dejarnos entrar—. Tú debes de ser Livy. —Asentí—. Él habla mucho de ti.

Solté un sollozo silencioso, y ella me rodeó con sus brazos, envolviéndome en un abrazo.

—Todo saldrá bien —me susurró. Solo pude asentir.

Caminé de puntitas hasta la habitación donde Brandon dormía plácidamente. Su cabello rubio despeinado y esa carita de bebé haciéndolo ver angelical. Mi corazón se partió en dos. ¿Cómo se lo diría? Apenas podía admitir a mí misma que se habían ido.

Me incliné sobre él y lo tomé en mis brazos. Se movió un momento, abriendo esos grandes ojos azules.

—Shhh. —Lo tranquilicé—. Solo soy yo.

Me rodeó el cuello con sus bracitos regordetes y volvió a cerrar los ojos. En ese momento, decidí que haría todo lo posible para mantenerlo a salvo. Ahora su vida dependía de que yo no cometiera ningún error.