Capítulo 64 Había una vez una reina de hielo
Cassie Queen
Corto las hierbas y le pego una ramita a una flor que está cayéndose.
—Agui dice que será jardinera, ¿pueden creerlo? Yo creo que ella cuidará el jardín, si la vieran, ella es muy vivaz y Alice parece más tranquila.
Miro mi barriga que ha crecido mucho.
Estoy a unas semanas de dar a luz y este embarazo ha sido más sencillo. Nuestra pequeña Alice Queen Bruno Duarte es tranquila, eso parece.
Los nombres con A nos resultaron lindos.
Arreglar el jardín y conectar con mis padres es lindo, es relajante, es lo que en un día libre haría. Recorro mi enorme jardín haciendo arreglos y quitando las flores que están impidiendo el crecimiento correcto.
Le dedico mucho tiempo, aprovecho que Agatha está con Jane.
Hace calor y ya me duele el cuerpo, estar agachada es incómodo.
—Reinita, hora de descansar, anda.
Me levanto y Greg me ayuda.
—Ya casi terminaba.
Niega y me lleva de la mano como si fuera una verdadera reina.
Él es soñado.
—Shh, a descansar, mi reina.
Veo que trajo un sillón al patio y me da risa.
—Greg…
—Oh, perdón. —Me suelta y acomoda el sillón—. Siéntate, mi reina. —Me carcajeo porque me ayuda a sentarme, pero antes de que me siente me detiene—. Casi lo olvido.
Limpia el asiento y me toca todo el trasero.
Me hace reír demasiado, tan pervertido. Me siento y me toca los pechos, la barriga, fingiendo que me limpia.
—Greg, amor.
Se inclina a besarme.
—¿Estás cómoda, mi reina? Te traje un poco de jugo.
Me extiende un vaso.
—Gracias, qué buen esclavo tengo.
Me guiña un ojo y solo me mira.
—Sabes que eres una reina, ¿no?
Asiento con una sonrisa. Camina poniéndose detrás de mí y me masajea los hombros mientras besa mi mejilla y mi cuello. Cierro los ojos relajada, él sabe qué hacer para que me desestrese.
—¡Papi, mami!
Agatha viene corriendo y Jane atrás de ella.
—Princesa.
Greg se acerca a tomarla en sus brazos.
—Dice que tiene sueño y que no duerme si no le cuenta un cuento su papá —reclama Jane.
—Oh, sí, ella tiene muchas mañas con su padre —se ríe.
—La dejo entonces, iré a ver porque deje haciendo la cena.
Asiento.
—¿Así que vos querés un cuento, Agatha? —indaga Greg.
—E ti, quedo un cuento e papá.
Me mira.
—¿Vamos adentro, Reinita?
Asiento y me levanto.
—Me da curiosidad qué clase de cuentos le lees que siempre quiere más.
Greg se ríe y caminamos subiendo hasta la habitación de Agui. Voy a la biblioteca y busco los libros.
—No, mamá, a papá, a cuento de voz.
Arqueo una ceja y Greg la mete a la cama.
—Es que a mamá nunca le conté un cuento, vamos a invitarla a que se siente y le cuento a las dos.
Frunzo el ceño confusa.
—¿Qué cuentos le lees, Greg?
Se ríe y me hace sentarme a un lado de la cama de Agui.
—Invento, y el preferido de Agui, es el de la Reina de Hielo —me carcajeo.
—Gregor, ¿qué le cuentas a nuestra hija?
Niega con un «¡Shh!».
—Vos solo prestá atención, a las dos. —Carraspea—. Había una vez una Reina de Hielo que era la más temida y respetada del reino, ella siempre triunfaba ante todo, hasta que un día llegó un príncipe.
Me comienzo a reír.
—¿Un príncipe? —Rueda los ojos—. No le mientas a la niña.
Se carcajea.
—Okay, era un simple caballero que pasaba por ahí y decidió enfrentar a la Reina de Hielo, él era muy valiente.
Me río.
—Y Novato…
—Y Novato, pero cuando vio a la Reina de Hielo ante él por primera vez, se quedó maravillado con lo hermosa y majestuosa que ella era, aunque al principio ellos se peleaban mucho, solo fue cuestión de tiempo para que la reina se diera cuenta de que se enamoró de un plebeyo tanto como él se enamoró de ella.
Se casaron y él se convirtió en su esclavo por siempre, tuvieron hijos y fueron felices para siempre.
—Sonrío y veo a Agatha dormida—. Es su historia favorita —susurra y me levanto para besarlo.
—Sí que eres ingenioso, Novato. —Me toma de la mano para salir de la habitación—. ¿Y cómo terminó realmente nuestra historia?
Se encoge de hombros.
—Ya lo dije, felices para siempre, cursi, tonto y algo en lo que jamás creí, pero es así. Soy feliz cada día a cada momento y quiero serlo por siempre contigo, mi Reinita.
Niego y lo beso.
—Entonces, vivieron felices para siempre, la reina y el Novato.
Se carcajea.
—La perra y su dueño. —Abro mis ojos y se ríe—. Vos me lo dijiste una vez, que eras mi perra.
Niego y muerdo mi labio inferior.
—Te amo, Greg, por siempre.
—Y para siempre.