Capítulo 63 El final que siempre soñé
Gregor Bruno Duarte
Jadeo y me sobresalto al escuchar el llanto de Agui. Dios le dio los mejores pulmones del mundo.
—Necesito dormir.
Cass se va a levantar, pero la detengo.
—Duerme, mi Reinita, tienes como tres juntas hoy. Yo me encargo.
Sigue durmiendo sin protestar y beso su mejilla.
—Te amo, gracias, amor.
Me levanto y suspiro mientras voy a la habitación de mi pequeña ruidosa y demandante hija de tres meses.
Cuando nació todo fue puro amor y emoción, pensamos que las noches sin dormir no serían tantas; nos equivocamos.
Cass, por primera vez, gimotea para levantarse e ir al trabajo, aprendió a quedar lista en media hora sin perder la clase y ese porte de reina.
Ya no se levanta a las cuatro de la madrugada, duerme hasta las seis y media y llega a la oficina a las ocho, que es el horario normal.
Aunque a veces sí llega a las siete. Ella ama trabajar.
Yo estoy con Duabella, mi oficina parece la habitación de Agui. Armamos un sistema muy genial para que ambos podamos trabajar, nos llevamos a Agui, medio día y medio día, Cass se saca leche y yo me la llevo.
Los días en que alguno de los dos tiene juntas, el otro la tiene todo el día. El problema es cuando ambos tenemos juntas y ahí es donde Genna y Tyler son los mejores, porque se quedan fuera cuidándola, es un alivio.
Así nos organizamos, vamos bien, agotados y apenas tiene tres meses, pero no puedo enojarme con esta preciosura.
La tomo en mis brazos y palmeo su espaldita para que se tranquilice.
—Mi princesa, vamos a calentar tu leche, que mami duerme.
La llevo en brazos hasta la cocina. Ya estar en brazos es suficiente para que se calme.
Agatha tiene los ojos claros como Cassie, el cabello también rubio. Sí, parece que ella salió parecida a su mamá, aunque yo sí le veo el cabello un poco rojizo, tengo esperanzas de que sí se parezca a mí, los niños cambian al crecer.
Voy a la nevera y saco una mamadera para ponerla en el calentador de leche.
Me muevo para que Agui no llore.
¿Quién lo diría? Parece un ángel cuando está en mis brazos y luego llora como si estuviera falleciendo.
La leche se calienta y la tomo para ir al sillón a alimentar a la pequeña Reinita demandante.
Comienzo a darle el biberón y sí que es una niña hambrienta, por eso Cass a veces termina muy agotada de darle el pecho.
—Mira cuánta hambre tienes, pequeña hambrienta, ahora vas a dormir, ¿no que sí?
Succiona con ímpetu.
La observo y sonrío, es algo inexplicable tenerla, yo sigo sin creerlo, que ella es nuestra, que es mi bebé. Termina el biberón y la acuesto en mi pecho mientras me recuesto en el sillón, palmeo su espalda para que eructe.
La veo cerrar sus ojitos y babear mi pecho mientras sonríe dormida.
¡Qué preciosa es!
Cierro los ojos relajándome un segundo y jadeo cuando siento que me tocan.
—Lo siento, amor, pensé que no te despertarías. Yo ya salgo para la oficina, tú quédate con ella, dile a Ty que te supla hoy.
Me besa y sonrío.
—Tranquila, Reinita, puedo ir a la oficina. Ty debe estar festejando con Genna su compromiso.
Sonríe.
—Es cierto, aunque eso fue hace una semana. —Vuelve a besarme—. Yo debo irme, antes de que ella me huela. Te dejo como seis biberones cargados, te amo. —Besa la mejillita de Agui—. Los veo en la tarde.
Asiento y la veo marcharse.
Mi Reinita hermosa, ella es una madre increíble, tan dedicada, que me sorprende cada día.
Tengo la mejor esposa.
◆◆◆
—Amigo, gracias al cielo, como que ya el festejo se extendió, no quiero imaginarme lo que va a ser tu luna de miel.
Se carcajea y toma a Agui en brazos.
—Estoy pensando a dónde quiero llevarla de luna de miel, estoy tan feliz, Greg.
Sonrío porque se lo merece.
Él y Genna son una linda pareja, él ama a esa chica y ella valora todo lo bueno que tiene Tyler.
—¿Viste los videos de Neru? —pregunto, ya que mi amiga está haciendo muchas cosas que no sabía que le gustaban.
Cuando nació Agui, de repente un día se apareció y eso me hizo feliz, recuperar a mi amiga, que sigue igual que siempre.
Aunque con otras aficiones, a Neru le gusta cantar y me he enterado porque la he visto en internet.
—Sí, Taylor me envía siempre sus canciones, son todas de amor, ¿quién lo diría?
Asiento.
—Me da gusto por ella.
Miro la hora y todo el papeleo que se me juntó.
¡Mierda!
—¿Debo darle biberón? —pregunta Ty.
—Sí, fijate en su bolso, hay una bolsa térmica y ahí está su mamadera, comprobá que esté bien la temperatura.
Asiente y lo veo buscar la mamadera y poner un poco de leche en su mano y probarla.
Abro mis ojos y me empiezo a reír.
—¿Qué estás haciendo, Tyler?
Me mira preocupado.
—Me fijo si está caliente.
Me carcajeo.
—Tarado, esa leche es de Cassie.
Frunce el ceño y empieza a escupir.
—¡Greg! Me tenías que avisar, tarado.
Me comienzo a reír.
—Pensé que sabías, aparte no viste que es muy dulce.
Frunce el ceño.
—Pensé que le endulzabas de más la leche.
Me sigo riendo.
—No, así sale de los pechos de Cassie. —Niega horrorizado—. Sale tibia también.
—¡GREGOR!
—No te hagas, ¿no se las chuparás a tu mujer si tenés hijos?
Aprieta los labios y me río.
—No voy a hablar de eso, obvio que sí.
Nos reímos ambos. Él sigue cuidando a Agui y yo me concentro en trabajar.
No puedo quejarme, mi vida es todo lo que está bien.
Cassie Queen
Siento sus manos acariciarme con vicio y esa lujuria que maneja mi arrogante. Agatha ya está más grande y duerme más de corrido. Ya no se despierta en la noche por su biberón, con sus dieciocho meses ya es toda una salvaje independiente.
Y toda esa tranquilidad viene acompañada del sexo en las mañanas.
—Ese olor me encanta.
De nuevo está con el olor de mi piel. Pensé que se le había pasado, pero veo que no.
—No huelo a nada.
Se sube sobre mí y flexiona mis piernas.
—Hueles a que tengo que hacerte el amor justo ahora.
Baja sus joggers y comienza a acariciarme.
—Greg, no me hagas esto.
Muerde mi cuello y quiero que me la meta.
—Solo un poquito y cuando vaya a correrme la saco.
Asiento porque me encanta sentirlo así piel con piel. Me arqueo cuando lo siento entrar, aprieto sus hombros y me contengo de gemir por lo rico que se siente.
—Así da gusto despertar.
Lo beso mientras se mueve y yo con él.
Aprieta mis piernas hundiéndose más profundo, siento el cosquilleo en mi clítoris que me indica que estoy cerca y me corro.
Muerdo sus labios mientras él sale de mi interior, llenando mi vientre de sus fluidos cálidos.
—Casi no soporto, estás tan linda.
Sonrío y siento sus caricias por mi cuerpo.
Me pone muy caliente, no cesa, cuando creo que ya superé mi deseo desbordante, este vuelve.
Me besa una y otra vez.
—Buenos días, mi amor, insisto, hueles rico, como olor a mucho sexo.
Me río.
—¡MAMÁ!
Suspiro.
—Yo voy, Reinita, así te limpias.
Se levanta y yo igual, pero para ir al baño.
Me limpio y prendo la ducha, mi estómago se revuelve y termino vomitando con mi estómago vacío.
Qué mierda, esto sí que está raro, ya es la tercera vez esta semana.
Me lavo los dientes y suspiro.
Froto mi rostro porque no me siento bien, tampoco mal, más bien estoy rara y hoy encima Greg me dice eso de mi olor.
Lo mismo pasaba cuando estaba embarazada de Agatha, solo que los vómitos son raros.
¡Dios mío!
No es posible, yo…
Me cubro el rostro y gimoteo porque sé que no hemos estado 100 % cuidadosos. Es que la verdad, estamos bien, tenemos una relación estable, una hija preciosa.
¿Es posible que esté embarazada otra vez?
No sé qué pensar, no sé si a Greg le emocionará, a mí… no me desagradaría. Voy a cumplir treinta y ocho años, Agui nació cuando tenía treinta y seis años. El tiempo pasa y sí me gustaría una familia más grande.
Sería complicado volver a empezar, pero sí podemos.
Suspiro.
No puedo adelantarme, quizás no estoy embarazada. Debería hablarlo con Greg.
Agatha hizo un chiquero en su sillita de comer, lidiar con dejarle ensuciarse, como le dice Gregor, es complicado. A mí me gusta el orden y él dice que ella debe ser una niña libre, lo comprendo y lo respeto.
A veces me da alergia.
Greg toma café y lo observo muy tranquilo mirando su teléfono.
—Greg…
Me mira.
—Sí, mi Reinita.
Suspiro y le lanzo la sospecha de una vez.
—Creo que estoy embarazada.
Pasa saliva y se me queda viendo con los ojos bien abiertos.
Agatha comienza a pegarle a la silla con su plato, tirando toda la comida.
Greg se levanta y comienza a limpiar todo.
No dice nada y eso me incomoda bastante, ¿por qué no dice nada?
—¿No vas a decir nada? —reclamo y me mira sin saber qué decir.
Me enoja, así que termino levantándome para irme a la oficina.
¡Qué se vaya a la mierda!
—Cassie, ¿qué haces?
Camina atrás mío.
—Ya veo que no te interesa, la verdad. Si piensas que no podrás, que es mucho, hubieras usado un condón.
Abre los ojos.
—Cassie, escucha lo que estás diciéndome. ¿Tú en serio piensas que yo estoy enojado? Estoy sorprendido, se suponía que Agatha fue algo así como milagroso, todavía tienes óvulos guardados y resulta que estás embarazada de nuevo.
Paso saliva.
—Sospecho, no estoy segura, me siento rara, estoy con náuseas, supongo que es posible. —Me encojo de hombros—. También creo que esto es bueno, porque poco me queda para los cuarenta años y después de esa edad no quiero pasar por un embarazo. La verdad yo pensé, que…
—¿Qué me emocionaría? —Se acerca y toma mi mano—. Claro que sí, Reinita, yo sé a lo que me abstengo cuando te hago el amor sin medirme, incluso me hace feliz que hayamos podido hacerlo sin ayuda de nada más, esa es la prueba de nuestro amor.
Sonrío y lo beso castamente.
—Va a ser difícil, yo creo que sí tendré que tomarme un descansito de la empresa y voy a necesitar tu ayuda.
Me silencia con sus dedos en mis labios.
—Mi reina, somos un equipo y podremos, con todo, porque si fuera por mí, tendría muchos hijos contigo, pero aquí la que manda eres tú.
Lo vuelvo a besar.
—Te amo, te amo mucho, Greg, y me hace tan feliz tener esta familia contigo, me das todo y me haces plena.
Sonríe.
—Te amo, mi Reinita, tú haces nuestra vida plena.
—¡MAMÁ!
Nos reímos.
—Ay, Dios, Agatha va a estar como loca.
Se ríe y vamos a la cocina para buscarla.
Yo creo que esto será perfecto, es el final que yo siempre soñé, un esposo que me ame y una familia.