Capítulo 61 Yo… soy un adicto a lo prohibido
Cassie Queen
Apoyo mi mano sobre mi vientre.
—Agatha Queen, compórtate, niña, mamá necesita trabajar, si quieres un brillante futuro, debo trabajar.
Le vale y sigue pateando desde adentro.
Qué cosa horrorosa es este dolor, me gusta la conexión que tengo con ella, pero el dolor, es una mierda y digamos que un rato es lindo, todo el día es insoportable.
He descubierto algo que la tranquiliza, algo que ni siquiera a Greg le he dicho. No es que extrañe jugar al póker… sí, lo extraño, bastante, a veces me levanto con unas ansias de sentir entre mis dedos el plastificado de unas buenas cartas.
Abro mi cajón donde tengo un mazo oculto y lo saco, suspiro de gusto, reparto algunas cartas sobre la mesa.
—El mejor juego es una escalera real, el secreto es saber todas las combinaciones, Agui, eso te permitirá que puedas armar jugadas variadas y no rendirte pensando que no tienes nada cuando podrías haber ganado, además, la mayoría de las veces solo ganas porque el contrincante se retira, se intimida porque muestras mucha seguridad y se levanta, luego es estrategia y mucha suerte, espero que nazcas con nuestra suerte, Agui.
Miro las cartas y las separo, me gusta esto, debería hacerlo, de vez en cuando jugar con el Novato.
Hablando del Novato, no me habló, se supone que regresa en la noche, fue a buscar sus cosas. Ya solo faltan dos meses para que nazca Agatha. Si no se encarga de su departamento ahora, no lo hará nunca.
Tomo el teléfono y le marco, no atiende, le marco más veces y nada.
¿Dónde andas, Gregor?
Quizás está en viaje, aun así, debería contestarme el teléfono.
Me comienzo a impacientar, miro mi laptop y me regaño porque lo que deseo hacer no está nada bien. ¿Si algo malo le sucedió?
Lo siento, Greg, la privacidad no importa cuando podrías estar en peligro.
Abro mi laptop y voy a mi carpeta encriptada, donde pongo varias contraseñas que me permiten el acceso a la línea general del escáner de Industrias Queen.
Por lo que Joe me indicó, ya casi está instalado por la mayor parte de la capital por donde él vive. Esto está supermal. Pongo su nombre y miro la pantalla cargar, moverse de cámara a cámara muy rápido buscando coincidencias.
Palmeo mi vientre, Agatha está muy calmada, lo dije. Esta niña será jugadora de póker, no tengo dudas de eso.
*No encontrado*.
Eso es lo que me dice el escáner de Joe. Tiene que ser un maldito error.
Vuelvo a buscarlo y de nuevo la misma leyenda aparece.
¿Dónde diablos estás, Gregor?
Comienzo a impacientarme. Voy al escáner de Seattle y coloco su nombre, por amor de Dios, no puede haber desaparecido.
El escaneo es rápido, no despego los ojos de la pantalla y de repente su rostro aparece en la misma.
¿Está en Seattle?
Tiene que ser una broma.
*ÚLTIMA VEZ ESCANEADO*.
Me muestra que él entró en un casino hace una hora.
¿Qué mierda?
¿Qué hace en un casino de día y cuando se supone no estaba en la ciudad? Ah, no, cree que me va a mentir, ¿estará jugando de nuevo? ¿Por qué no me lo dijo?
¿Por la misma razón por la que tampoco le has dicho que deseas jugar?
Ya, silencio.
Tengo que pensar qué haré. ¡Qué pensar ni qué pensar! Yo voy a ir a buscarlo y me va a dar una buena explicación de por qué está mintiendo, por qué hace esto a escondidas.
Así no, Gregor, así no nos podemos manejar. Me levanto y tomo mis cosas para salir. ¡Carajos!
Unas ganas de mandarlo a la mierda me poseen, me vio la cara de estúpida, cree que va a decirme, estoy en un lugar y yo no sabré que miente. ¿No sabe la clase de mujer que tiene?
Me decepcionas, Gregor.
Me tomo el ascensor y veo a Genna quedarse viendo mientras las puertas se cierran, es que habré salido muy rápido, tengo una adrenalina de la mala en el cuerpo en estos momentos.
Voy a mi auto y con mucho odio controlo la velocidad porque debo pensar en mi hija. Un casino, Gregor, ¿qué puta mierda haces en un casino?
Al menos no es el del mugroso de Randall, sería lo único que faltaría. Hablando de esa escoria, no ha molestado más, al parecer valora su vida y su cochino casino.
Miro el GPS y no me falta mucho para llegar, pero estacionaré alejada del lugar. No me gustaría que me viera llegar, ni que me espere, quiero encontrarlo infraganti.
Mentiroso.
¡Gregor, la confianza!
¿Por qué me hace algo así?
Bajo del auto y suspiro, no estoy en los mejores momentos para entrar a un casino, embarazada de siete meses con esta barriga enorme. No importa, embarazada o no, yo soy la reina si se trata de casinos.
Camino a la puerta de entrada y recuerdo que él entró por la puerta trasera.
Voy hasta ella y veo a un tipo parado afuera.
—Señora, ¿está perdida?
Arqueo una ceja y me carcajeo.
—¿Yo perdida? Oh, tú sí que me haces reír. Vengo a jugar, ¿puedo pasar o debo pagar algo? Si es así, el dinero no es problema, quiero entrar.
Arquea una ceja.
—¿Jugar? No sé de qué habla, señora, y en su condición este lugar…
Chasqueo la lengua.
—Cierra la boca, déjame pasar.
—No está abierto, es pleno día, se ha equivocado de horario, señora.
Resoplo y me acerco a él porque no se atreverá a tocarme debido a mi condición.
—Voy a entrar, mi… —Mentiroso novio y futuro exprometido—. Mi prometido está dentro, voy a entrar o tendrá que golpearme para que no entre y luego seguro morirá por golpearme.
Abre los ojos completamente desconcertado.
—¡Apártese! —ordeno tajante.
Lo hace y suspira.
—Yo le echaré la culpa a usted.
Me encojo de hombros y entro al lugar encontrándome con algo que no esperaba.
Gregor está aquí, por supuesto, está aquí, pero no jugando al póker como yo creía, él…
—¡Cassie! —Me quedo viendo el lugar—. ¡Mierda! ¿Qué haces aquí?
Hay un camino de flores blancas, que parece nieve.
—Yo… no me contestabas y te busqué con el escáner facial. —Se acerca a mí y me volteo para no seguir mirando nada—. Era una sorpresa y la acabo de arruinar. ¡Mierda! ¡Lo arruiné!
Se acerca y me abraza.
—Reinita, no sé cómo supiste que volví.
Soy una tonta.
—Es que soy una enferma y loca, Gregor, ¿qué esperas?
Se ríe.
—No te negaré que me has arruinado la sorpresa, pero de todos modos ya he terminado, solo me restaba ir a buscarte y que te sorprendieras.
Me volteo para mirarlo a la cara.
—Pensé que estabas jugando de nuevo y no me invitaste.
Se ríe.
—No, solo pagué para que me dejen hacerte una boda muy íntima aquí, si seguimos esperando para hacer una boda real… Yo quiero casarme contigo, no me importa que no haya invitados y quiero hacerlo en un lugar como este, que nos represente, que te represente.
Sonrío.
—Eso es lindo, es muy lindo y yo…
—Tú llegaste en el momento justo, porque hace diez minutos llegó el juez de paz.
Lo beso. Qué idiota más hermoso es.
Me hace esto y es tan lindo, tan romántico, yo que aborrecía esto, pero esto es un nivel superior, decorar una sala de póker para casarse conmigo.
Eso solo lo haría el más devoto por una reina.
—Te amo y me encanta, ya casémonos, Gregor.
Sonríe y acaricia mi mejilla.
—Se suponía que debías caminar llena de sorpresa hasta la mesa de póker.
Me toma del brazo y me río.
—Estoy llena de sorpresa, esto es… es de verdad, es increíble, amor.
Miro todo y es hermoso. Es el gesto más inesperado y perfecto ante mis ojos. Me tomo un momento antes de caminar junto a él de una forma poco convencional hacia el juez de paz. Es perfecto, mejor de lo que yo lo hubiera imaginado.
—Yo… soy adicto a lo prohibido —musita. Lo miro sorprendida por esa frase que interrumpe nuestro andar antes de llegar a la mesa donde firmaremos el acta—.
Siempre lo fui, todo lo que grite peligro, me atrae, y eso fuiste tú, gritabas peligro por doquier.
Imponente, altanera, arrogante, una reina malvada, una mujer con carácter que llevaba el mando de todo, una maldita perra y bruja que me desquiciaba.
—Arqueo mis cejas—. No había razones positivas para acercarme a ti, aun así, moría por hacerlo y agradezco haber sido tan adicto a lo prohibido porque te encontré, mi Reina de Hielo.
Te vi y maldita sea, Cassie, estoy seguro de que mi corazón te amó desde el día que te vio ganarme con una escalera real, como una reina.
Idiota. Mis ojos se empañan porque es hermoso lo que dice.
—Gregor…
—Son mis votos, Reinita, yo me conformo con un «te amo».
Niego y lo detengo cerca de la mesa.
—Un «te amo» es poco para expresar lo que siento realmente por ti.
Jamás había sido tan plena, yo deseaba un amor perfecto, que me amen como a nada en el mundo.
Quería un amor como el de mis padres, estaba equivocada; había algo mejor para mí, alguien tan demente como yo, tan adicto como yo.
Terco, orgulloso y arrogante, igual que yo.
Eres mejor que cualquier amor que hubiera imaginado, me llenas, me completas y me das toda la adrenalina que lo prohibido me daba.
Me das todo y más, Greg, por eso yo, no te amo, te adoro como un súbdito a un rey.
Niega y me besa.
—Mi Reinita, nunca puedes ser menos, ¡Dios mío, te amo! ¿Lista para poner tu firma en un acta de matrimonio?
Asiento.
—Muy lista, Novato.
Me toma del brazo.
—Por siempre y para siempre, juntos los tres.
Sonrío. Juntos los tres…