Capítulo 58 Llamada
Cassie Queen
Lo observo con su teléfono hablar y sonreír. Una parte de mí, extremadamente egoísta, solo quiere esas sonrisas, al igual que esa atención solo para mí. Mi parte madura me regaña, ya que él no deja de ser mío.
Me siento ansiosa, el caos de Industrias Queen sigue creciendo tal como lo predije y Randall no ha salido ni aparecido. Maldito cobarde.
Ansío que se quede destrozado sin ningún lugar a donde ir, que sienta la derrota más que yo.
Tengo hambre.
Me levanto y voy a la nevera encontrándome con comida fría.
Hay jamón que tomo con la mano y comienzo a comer, tengo queso y muchos encurtidos que me gustan, los saco y apoyándolos en la mesada, comienzo a tomar con la mano, disfrutando de la sensación que a mi cuerpo le da comer.
Es como ese revoloteo en el paladar, sin contar las burbujas en mi vientre que significa que a la niña le gusta.
—¿Qué es lo que estoy viendo, Reinita? —Greg me abraza por la espalda—. Tú comiendo con la mano, ¿te sientes bien?
Apoya su mentón en mi hombro y con mi mano le meto un poco de jamón en la boca.
—Me gusta comer así, creo que a la niña le gusta, no sé a quién ha salido.
Sus manos descansan en mi vientre mientras besa mi mejilla.
—Ella es incivilizada como papá, te ves linda comiendo con la mano, hasta para eso te ves refinada, Reinita.
Sonrío y suspiro disfrutando de su cercanía.
—¿Pudiste hablar con todos?
Asiente.
—Mi papá, él… dice que hay que hacer una cena, ya sabes, le interesa conocer a su nuera. Cuando vine aquí, le dije que estabas embarazada. En fin, él quiere conocerte personalmente, formalidades que podemos posponer para mucho más adelante, no quiero abrumarte, porque…
Me volteo y le meto un poco de queso en la boca.
—Gregor Bruno Duarte, hablando lleno de inseguridad, qué cosas locas.
Relájate, Greg, haremos una cena, por supuesto, cuando vuelva a tener Industrias Queen haré todo eso y más, porque de nada sirve seguir perdiendo el tiempo.
Si nos amamos y tendremos una hija, está todo claro y no hay juegos ni dudas.
Te invité a vivir conmigo, ¿qué te hace pensar que dudaría en cenar con tus padres?
Dejo un casto beso en sus labios.
—Esto es tan nuevo, Cass, y me gusta. También hablé con Nerea. —Me mira dudoso—. Sé que no hablamos de ella y… a pesar de todo lo que pasó entre ella y yo, ya no hay nada, es mi mejor amiga, la quiero mucho y eso no va a cambiar, no voy a sacarla de mi vida y… eso.
Me carcajeo.
—Tranquilo, sé que soy la única, no tengo dudas, Greg.
Soy una enferma de la posesión, pero entiendo que Nerea es tu amiga, la realidad es que, si ella no me hablaba en la fiesta y te iba con el chisme, nuestro orgullo no nos hubiera permitido estar juntos, más prueba de eso que ella dejando el pasado atrás, no necesito.
Besa mis mejillas y luego mis labios.
—Qué alivio que todo esté solucionado, ansío ver qué harás para recuperar Industrias Queen.
Arqueo una ceja.
—Yo no haré nada, Randall me la dará por propia voluntad, amorcito.
Se ve confundido.
—Estoy perdido.
Me río mientras me aparto para seguir comiendo.
—Ya lo verás, es muy simple. —Mi puerta suena y seguro es Marchetti—. Ese debe ser mi abogado, tengo que preparar algunas cosas para que, cuando Randall me cite, ya terminar esto de una maldita vez.
Camino a la puerta y le abro. ¡Carajos!
Lizzie y Ashley están con él.
—Oh, mira esa pancita, tía Cass. —Ashley viene directo a tocarme la barriga y sonrío—. Tienes que ponerle nombre. Con mamá vimos una cuna que tiene el nombre en dorado, parece la cuna de una princesa, muy Queen.
Ella es tan efusiva como Lizzie.
—Ya se lo dije, pero ella se empecina en no ponerle nombre aún, no podemos decirle La Niña todo el tiempo.
Liz besa mi mejilla.
—Será así hasta que se me venga un nombre a la mente.
Marchetti solo niega.
—No pude evitar que vinieran, niña Queen.
Ruedo los ojos.
—Por supuesto que no vamos a perdernos poder tocar a la próxima consentida de la tía Lizzie.
Mi hija será un dolor de cabeza y demasiado mimada.
En la cocina se escucha ruido.
—¿Estás acompañada?
Greg asoma la cabeza.
—Lo siento, Reinita, no sé si debo ocultarme.
Ruedo los ojos y me río divertida.
—Ven aquí de una vez, Gregor. —Aparece y se gana la mala mirada de todos, en especial de mi cuñado—. Gregor, mi hermana Lizzie, mi sobrina Ashley y ya conoces a Marchetti. —Se acerca y lo pego a mí—. Listo presentaciones, tenemos asuntos, Marchetti.
Mi hermana se queda viéndonos.
—Ah, no, primero tengo que decirle algo a él y tú menos mal te habías inseminado. —Lanza Liz—. Ya me parecía que no podías estar tan mal solo por la empresa, él es el culpable.
Greg abre los ojos.
—Ya, Liz, deja ese asunto y…
—No, escúchame bien, Gregor. Estuvo un mes entero ebria y encerrada aquí, pensamos que haría algo terrible y luego sale embarazada. Si has vuelto, espero que sea para quedarte y hacerla malditamente feliz, porque mi hermanita es una reina.
Suspiro.
—Ya basta, Lizzie, estás dramatizando y, además, él se fue porque yo se lo ordené.
Ella rueda los ojos.
—Lo siento, sí, es mi culpa y vine para remediarlo, para quedarme con ellas, no voy a irme, ni aunque ella me lo pida. —Pasa su mano por mi espalda pegándome a él—. Yo vivo para mi Reinita.
Sonrío y lo miro.
—Eres un idiota, Gregor.
Besa mi mejilla.
—Lo sé, Reinita.
Niego con una sonrisa tonta. Liz nos mira.
—Hasta parece otra. ¿La viste, Esteban?
Mi cuñado se encoge de hombros.
—Tú tranquila, malcriada, que si él hace algo malo, se va a quedar sin testículos.
Este idiota también.
—Ya basta todos, Marchetti a trabajar —ordeno alejándome hacia mi estudio—. Ustedes dos —señalo a mi hermana y mi sobrina— se comportan y no acosen a mi hombre, se los pido por favor.
Miro a Greg.
—¿Me haces un té, amor?
Asiente.
—Haré café para el resto y para la niña…
—Ya no me cae bien, me dijo niña, mamá —Ashley se queja.
—Ella tomará café también —expresa Liz.
—Perfecto, ve a trabajar, Cass, yo me encargo.
Me guiña un ojo y me hace sonreír.
—Vamos, Marchetti.
Entro a mi estudio con él detrás de mí.
—Esto yo debería grabarlo, aunque si te quedarás con él tendré material hasta que muera.
Marchetti no se le quita lo tarado.
—¡Marchetti!
Se carcajea mientras cerramos la puerta.
—Déjame disfrutar, tienes una cara de tonta, te ríes como enamorada y le dijiste «mi hombre», la gran Reina de Hielo, sí tenía corazón, un joven se lo derritió, además de embarazarla. ¡Carajos, Cassie! Apenas se conocen.
Le hago burla.
—Seguro, tú usabas mucho condón con mi hermana cuando te la follabas, pervertido.
Abre sus ojos con espanto.
—Pervertido, sí como no, ¿él no es menor que tú?
Sigo burlándome.
—Obvio que sí, como ocho años y no te atrevas a decir nada porque pondré ebria a Lizzie para que el anticonceptivo falle y te pincharé todos los condones.
Me mira horrorizado.
—Eres mala, peor que el diablo, Cassie, tregua, porque esa niña te volvió diabólica. —Me carcajeo—. Me alegra conocer esta faceta tuya, te ves bien, cuñada, feliz y eso me alegra.
Sonrío y lo observo negando.
—Gracias, Marchetti, trabajemos por favor, que estoy a nada de recuperar Industrias Queen.
Me siento en mi escritorio y él lo hace frente a mí.
—Supongo que no de buena manera, por los dos tipos que cuidan la entrada.
Ruedo los ojos.
—Solo es precaución, yo no he hecho nada malo, pero no pienso arriesgarme, hay muchos idiotas dando vueltas.
Afirma con un movimiento de cabeza.
—Entonces supongo esperas que el pánico le haga soltar lo que no le corresponde antes de perder lo suyo.
—Asiento—. Bien jugado, Cassie. Vamos a armar la transferencia de acciones, él pone su firma y oficialmente pasarás a ser de nuevo la dueña y señora.
—Lo miro con obviedad—. Perdón, jefa, cierto que nunca dejaste de serlo.
Sonrío con suficiencia. Nunca jamás.
◆◆◆
Me levanto y son las cinco de la mañana, no he podido dormir en toda la noche, ayer a las nueve de la noche le cortaron la señal al casino Jones Join, no he dejado de esperar la jodida llamada.
—Reinita, ¿qué haces despierta?
Miro a Greg venir a mí con una colcha justo cuando estoy por salir de la habitación.
—Yo... no puedo dormir, no es nada, descansa, iré a revisar unas cosas.
Me observa preocupado.
—Cass, Reinita, ven a la cama, es temprano y necesitas descansar, tú descansas por dos.
Asiento y suspiro. Me envuelve con la colcha los hombros.
—Ven a la cama y dime todo lo que te tiene sin poder dormir.
Carraspeo.
—No es nada, solo….
Me obliga a meterme a la cama y me abraza.
—Qué mentira más grande, te he sentido moverte en la cama toda la noche.
Suspiro.
—Estoy bien, solo…
Yo no suelo compartir lo que me pasa con nadie. Sé que ahora va a ser distinto, pero… mostrar inseguridad es señal de debilidad.
—¿Qué pasa, Reinita? Puedes decirme lo que sea, sabes que somos un equipo, ¿no?
Suspiro y me acurruco con él.
—No quiero que pienses que soy… débil.
Se ríe.
—¿Tú débil? Jamás, hasta cuando estás destruida eres fuerte, mi amor, yo sé lo que eres.
Besa mi cabeza.
—No me ha llamado Randall y no puedo esperar, esperé tres meses y la ansiedad me está matando, Greg, si él no llama…
Me silencia con un ¡Shh!
—Paciencia, Reinita, él llamará, solo debes concentrarte en otra cosa. —Acaricia mi vientre—. Como, por ejemplo, ponerle nombre a nuestra niña, ¿qué opinas?
Levanto la vista.
—Que es una buena idea, la verdad no se me ha ocurrido ningún nombre que rime con Queen…
—Y con Bruno Duarte.
Me carcajeo.
—Pero llevará el Queen primero y usará el Queen, porque… será una Queen.
Se ríe.
—Ay, Reinita, tú me volverás loco. Entonces que rime con Queen Bruno Duarte, ¿qué opinas de… Emily?
Niego.
—Emily… no me gusta, suena a débil.
Se carcajea.
—Okey, mmm, Zaira. —Frunzo el ceño—. Es horrible, no, ese no me gusta. Aurora. —Niego—. Ay, Reinita, no te gusta ninguno. —Acaricia mi vientre—. A ver, princesa, tú dame ideas para elegirte nombre, Abigail, Amelia, A… Agatha. —Jadeo y me mira—. Reinita.
Pienso.
—Agatha Queen Bruno Duarte, ese nombre me gusta, tiene peso, personalidad, es francés, me gusta Agatha. —Siento un burbujeo en mi vientre—. Creo que a ella le gusta.
Sonríe.
—No puedo creerlo. ¿Entonces es Agatha? Me gusta, la princesa Agatha. —Sonríe y asiento—. Mírate, esa hermosa sonrisa, así te quiero ver, enfocando la atención en algo importante, esa llamada…
Mi teléfono comienza a sonar, lo tomo de la mesita de luz. Lo miro y se lo enseño.
RANDALL
—Ya ves, solo debías relajarte.
Aprieto los labios y lo beso.
—Te amo, Greg, voy a atender.
Asiente y me levanto de la cama.